18 abril 2011
Our hopes & expectations
Sólo cuando tenga 6O años comprenderé por qué las señoras tejen bufandas. Con todo respeto a todas ellas, porque aunque a simple vista no se vea, es estresante ver cuando has acabado con la primera mitad de la madeja y pareciera que nunca vas a acabar con ella. Además, ellas disponen de todo el tiempo del mundo para hacer cuantas bufandas les de la gana, no como las estudiantes de Universidad que sólo poseen mes y medio de vacaciones de invierno para realizar una. Una kilométrica, de 3OO gramos de estambre que oscila entre el añil y el violeta, que está plagada de pensamientos de incertidumbre, de esperanzas estúpidas y de promesas que parecían ser 'para siempre' y que, sin embargo, nunca fue entregada a la persona a la cual fue dedicada.
Y es que, por más que quiera, armarme de paciencia para llevar a cabo tareas laboriosas casi nunca ha figurado entre mis virtudes. Así que decidirme por comprar un telar y tres madejas de estambre fue épico porque, de algún modo u otro, sabía que no tendría otra opción más que terminarla, a como diera lugar, para entregarla a tiempo. No estuvo terminada en la fecha que me propuse, aunque sí logré un buen avance. Al final, todas aquellas esperanzas y promesas se rompieron –no me importó que eso fuera 'de mala suerte'–, y ya no tenía caso entregar la bufanda pero, de igual forma, no tuve más opción que usarla, porque regalársela a cualquier otra persona habría sido una grosería.
Se impregnó de mi perfume, de lágrimas y de halagos porque, al parecer, le acomodaba bien a mi cuello [aunque siempre sentí que más bien parecía collarín] y la costumbre de portarla casi diario me hizo olvidar los malos ratos y en cambio, recordar que puedo adquirir nuevas virtudes.
hablo de:
GIRLY / CURSI
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2 comentarios:
Lindo... yo a la paciencia la perdi con el tiempo ¬_¬ no me pidas nada de eso
beso
be happy
Gracias por pasarte!
Beso :)
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