14 diciembre 2014

El último desvelo

…o el último post del 2O14 que originalmente había publicado en el otro blog. Enjoy!



❝ Faltan un par de semanas para que el año termine, y por cursi que parezca, por estas fechas tengo la costumbre de hacer un balance anual y uno semestral de las cosas que hice. Para mí es importante hacerlos porque me enriquece comparar mi año actual con el anterior. Y con el de este año me doy cuenta de que gané más de lo que perdí o dejé. ❞

Estas palabras, que escribí a una persona importante que ya forma parte de mis ganancias, son sólo una breve descripción de lo afortunada que fui este año. Di lo mejor en todo, de verdad, en todo. En los dos concursos grupales de danza donde participé ganamos el segundo lugar. En el maratón de danza no llegué a estar entre las finalistas, pero superé mi marca personal (de 2h12' a 3h55') con una gripe terrible encima. También terminé el servicio social y cada vez veo más cerca el día de recibir mi título y cédula. Y en la búsqueda de empleo descarté lugares que no me parecían tan buenos y fui rechazada de otros, pero esas entrevistas no fueron tiempo perdido porque me ayudaron a entrenarme para las siguientes y me sirvieron para encontrar un lugar muy bueno en el que estoy segura de querer quedarme y en el que, por cierto, desde el 6 de noviembre estoy en proceso de selección.

No fue, sin embargo, un año perfecto. También tuve muchos tropiezos y cometí errores: lastimé gente, fui lastimada y me lastimé a mí misma sintiéndome mediocre en varias ocasiones, impotente por no poder avanzar al ritmo que me hubiera gustado (aunque al final comprendí que a veces es mejor dar un paso a la vez) y frustrada por detenerme cuando no debí hacerlo. De igual manera, lloré todas las lágrimas que había acumulado durante meses y escupí mucho veneno de formas inapropiadas.

Pero viví la relación más constructiva, agridulce y libre que he tenido en mucho tiempo, que terminó como todo lo finito que existe y de la que no puedo decir más que cosas buenas —porque además me dejó una amiga nueva—. Fue medular en este recuento porque esa persona estuvo presente en todo lo que mencioné anteriormente y me hizo entender que en la medida que me esfuerce en lo que sea, obtendré una recompensa proporcional. En pocas palabras, fue una relación épica.

The aftermath

af•ter•math: n. 1. A consequence, esp. of a disaster or misfortune.
Fuente: The American Heritage Dictionary.

El año pasado, por el contrario, fue un aftermath y tuve que limpiar parte de los desastres que no provoqué. Fue de lágrimas, pérdidas, negación y rencor. Fue un 2013 triste y frustrante, ensombrecido por personas equivocadas y malas decisiones. Hubo decepciones y engaños y berrinches que ahora no son más que el recuerdo de un mal sueño.

A pesar de que también sucedieron cosas alegres y dignas de recordar en ese año, fueron muchas menos que en éste. Entre las que recuerdo, están haber terminado la escuela con buenas notas, las clases nocturnas de Fotografía, sacar adelante el horrible proyecto de titulación, las salidas random con Miguel y el descubrimiento de La Verdad, de Riikka Pulkkinen, en la FIL Minería; haber empezado mi pequeño negocio de sublimes postres, la celebración de mi cumpleaños en una pizzería con billar y el viaje a Vallarta. Y hasta ahí, porque desde días antes del cumpleaños comenzaron los meses difíciles.

Creo que por eso ahora me siento agradecida por este año. Mejoró mucho respecto al anterior, maduré en varios aspectos —y me tiene trabajando en otros— y ahora sólo puedo pedir que el siguiente sea aún mejor. Yo también lo seré.

12 noviembre 2014

Everything comes to an end

Fue lindo mientras duró.

Hace una semana, Zam y yo terminamos. No quería escribir este post hasta sentirme un poco tranquila, y ahora que lo hago, no estoy tan segura de qué tanto lo estoy. Duele mucho, pero de forma distinta. Él fue distinto de muchas maneras. A él lo amé, y no lo digo a la ligera. Es muy en serio. Con él hice muchas cosas por primera vez y le mostré otras tantas de mi vida que nunca antes compartí con nadie.

Me siento terrible escribiendo estas líneas mientras escucho a Sonata Arctica, porque fue el grupo que predominó en nuestro playlist durante estos meses y que sí me gustó lo suficiente como para seguir escuchándolo. Pero inevitablemente, cada vez que lo haga me voy a acordar de él.

Duele recordar las palabras que me dijo porque duele saber que el cariño y el amor que le di, al final no fue correspondido en la misma magnitud. ¿Por qué antes sí lo hizo? ¿Por qué me había dicho que quería ser parte de mí, y ahora ya no?

Sé que, probablemente, dentro de unos meses ya estaré bien, que conoceré gente de la que escribiré en las siguientes entradas y que estaré feliz por ello —o paranoica—. Que tal vez, dentro de más tiempo y cuando menos lo espere, regresará a buscarme, como lo hicieron algunos en su momento porque no cerramos bien el ciclo. O tal vez no vuelva nunca, porque él sabía que no doy segundas oportunidades, pero en el fondo, también sabía que no soy tan tajante con ello. Sí he cedido al borrón y cuenta nueva.

Es curioso cómo están llenas de razón hasta las cosas en las que no creo. Como el horóscopo. Ja. Ya sé que es ridículo, aunque sólo lo consulto por diversión porque la mayor parte de las veces nunca coincide lo que dice con lo que vivo. Pero esta vez, sí. Y también eso duele.




Una de las tantas maneras en las que él era diferente es que, incluso en este fin, no me siento perdida en la vida. Ya sé hacia dónde quiero ir. Estoy por conseguir al fin un empleo. Estoy consciente de los malos hábitos que ya debo cambiar. Y todo eso se lo debo a él y aunque estoy triste y decepcionada, sí tengo mucho qué agradecerle.

Y tengo mucho qué pensar sobre mí misma, así como lo hice en las ocasiones anteriores para no repetir después los errores y que en verdad hice porque, aunque me equivoqué incontables veces con él, fueron errores nuevos; ya no cometí con él los anteriores.

Gracias, Alan Zam. De verdad, muchas gracias por todo.
Te amé.

04 noviembre 2014

Dip de cilantro

Este es un post rápido con otra receta que ya intenté y quedó deliciosa. Es para hacer un dip de cilantro rico para botanear. Queda bien con nachos y papas saladas.

Ingredientes:

• 1/2 manojo de cilantro picado
• 1 diente de ajo
• Jalapeños en rajas
• 1 taza de mayonesa
• 1 taza de crema para batir
• Sal y pimienta al gusto

Licuar el cilantro, ajo, rajas, mayonesa y crema hasta obtener una consistencia cremosa. Sazonar con sal y pimienta, refrigerar y servir.

Tip: Para convertirlo en mousse, añadir 3/4 de cucharadita de grenetina diluida en 1 taza de agua y agregar a la mezcla antes de licuar.

Prometo venir a postear pronto con las novedades del mes, ja.

01 octubre 2014

Carambolas

Muero de sueño, pero vine a bloggear porque había estado posponiendo esta entrada que debió quedar archivada en septiembre, pero acabó septiembre sin un solo post y ahora quedará en octubre.

Les cuento. Hace unos días fui de nuevo a una entrevista de trabajo. No quedé seleccionada, aunque ahora sé la clase de preguntas que te hacen cuando vas a una empresa de outsourcing. Todavía sigo analizando la experiencia pensando en qué respuestas me equivoqué, pero eso lo dejaré para otro día de esta semana en el otro blog. Me habría gustado quedarme, a pesar de que el sueldo estaba un poco mal pagado, porque ofrecían posibilidad de crecimiento, experiencia… blah, todas esas cosas que no tienes cuando acabas de salir de la universidad y estás por tramitar tu título y cédula.

Hablando del título y la cédula, quiero hacer todo ese papeleo también durante esta semana, así que tendré que aplicarme buscando mi certificado de la preparatoria porque no recuerdo dónde lo dejé. Es más, ni siquiera sé si me lo devolvieron en la universidad o si aún lo tienen allá. Primero tengo que obtener el certificado de la uni y en cuanto lo tenga podré seguir con el título y la cédula, pero no quiero dejar pasar mucho tiempo entre uno y otro. La idea es terminar de salir por completo de la uni a fin de año o inicios del siguiente.

El mismo día de la entrevista, por la tarde, tuve una sesión de fotos con la ohana. Me sentí feliz cuando Agus, que fue quien tuvo la idea de la sesión, me pidiera ayuda unos días antes para tomar las imágenes, a lo que yo acepté gustosa. Hace mucho que no hacía una sesión y aunque fue muy agotadora también fue muy divertida y gratificante: no sólo ayudé a Agus, también maquillé a algunas de mis compañeras que no tenían idea de cómo hacerlo y les expliqué cómo iba. ¡Hasta coloqué pestañas postizas! Jamás en mi vida había hecho eso con unas pestañas que no fueran las mías y, sin afán de presumir, quedaron muy bien puestas y al primer intento. Como ese día posó la mayoría de las chicas y yo no había tenido tiempo para arreglarme, mis fotos quedaron pendientes para ayer. Varios compañeros me ayudaron a deshacerme las trenzas para que pudiera peinarme, y yo sólo me encargué de mi vestuario, retocar mi maquillaje y colocarme las pestañas. Agus tomó las fotos de una compañera y de mí después de la clase. Posar ante la cámara fue más fácil de lo que creí; tanto, que Agus bromeó diciéndome que seguramente ya había ensayado mis poses, pero no es cierto, ni siquiera me acordé de hacerlo durante el fin de semana.

A principios de noviembre vamos a participar en un concurso y estoy nerviosa porque aún no termino de aprenderme una de las coreografías que estamos montando. Ayer, en mi turno de bailarla sola, me quedé en blanco en algunas partes que no recordé, así que me puse a ensayarla muchas veces durante la clase aunque no fuera mi turno y creo que dentro de un par de semanas ya no tendré problemas. De verdad lo espero porque no quiero arruinar el día del concurso.

Por otra parte, también estoy feliz porque hace poco más de un mes planté unas semillas de carambola y parece que sí están germinando. Al menos, de una ya salió una planta y otra está por salir de la tierra. Unos días atrás me había decepcionado porque pensé que no estaba dándoles los cuidados suficientes y que seguramente ya se habrían muerto, pero no: el sábado por la mañana descubrí que la plantita que ya salió había crecido considerablemente durante la semana que olvidé regar su maceta y me alegré mucho por estar haciendo esto bien. Pero odié descubrir que en esa misma maceta también había un gusano y me dio mucho asco y algo de miedo de pensar que podría comerse las raíces. Intenté sacarlo y deshacerme de él y no pude, así que espero que de verdad sea inofensivo y no le haga daño a las plantas.

Aquí una foto de la plantita y del vaso de Starbucks que tomé por maceta:


¿Verdad que es bonita? Me gusta mucho.

También, hace algunas semanas, fui a visitar a Alex a su casa y fue bonito porque no recuerdo cuándo fue la última vez que lo vi. Creo que fue en mi cumpleaños 23. Me enteré de noticias locas de gente rara mientras desayunaba Choco Krispis con Nesquick y un hielo para enfriar pronto la leche porque salí tarde de mi casa y no tuve tiempo de desayunar decentemente. Hm, también vimos el Live in Moscow de Poets of the Fall y algunos otros conciertos de Nightwish —de cuando todavía estaba Tarja con ellos— y otras bandas que no recuerdo mientras botaneábamos Cheetos de bolita. Fue una lástima no haber podido quedarme a comer como la gente decente, pero ya tenía planes con Zam y no podía cancelarlos, así que quedará para otro día. Lo prometo.

Por ahora es todo lo que ha pasado. Nos 'emos. :)

31 agosto 2014

Feliz día del blog & stuff

Hello, beautiful people!

Este es el primer post que escribo desde la app de Blogger. Espero que se vea decente en web y que el autocorrector no marque acentos donde no van.

También, creo, es el primero en el que felicito a mis amiguitos bloggeros desde que abrí este blog: Mare, Memo, Michelle, Mario, Mique… (¡muchas emes iniciales!). Mare fue mi primera amiga bloggera y es por eso, entre tantas cosas, que le tengo mucho cariño a pesar de que no nos conocemos en persona. Después descubrí que tenía twitter y la seguí también allá. Memo también fue de los primeros que seguí y aunque no recuerdo cómo fue, o por qué, igual es de mis consentidos. Michelle y Mario ya no escriben, pero cuando lo hacían me gustaba mucho leerlos. Y Mique… bueno, necesitaría un post aparte para él.

Pienso que gran parte de mi vida «virtual» desde hace… ¿cinco años? (omg, me sentí vieja) y de las personas que he conocido desde entonces se lo debo a Blogger. Al inicio no tenía grandes expectativas; empecé porque quería tener una especie de diario en donde pudiera escribir sobre mi vida sin que nadie de mis conocidos 1.0 me juzgara. Creo que muchos empezamos así. Pero escribir y no leer a nadie más no era tan divertido y eventualmente, en mis tardes de ocio de la universidad y un poco por chismosa, fui encontrándome con la mayoría de los blogs que hasta ahora sigo.

Sonará cursi, pero escribir un blog me cambió para bien en muchos aspectos. Me ayudó a madurar, me mostró formas interesantes de pensar, me evitó varias caídas en crisis personales y me mostró a mucha gente increíble. Me alegra haber llegado a esta plataforma sin importar que fuera de manera muy tardía, cuando el apogeo de los blogs personales ya comenzaba a decaer. 

Me entristece un poco que ya casi nadie escriba o que ya no lo hagan tan frecuentemente. Sí, me incluyo en estos últimos. Tal vez Twitter tuvo la culpa al mostrarnos que podemos sintetizar una gran idea en pocos caracteres. Digo, es bueno desarrollar esa capacidad de síntesis, pero no acostumbrarse a eso y dejar de lado otra capacidad fabulosa como la de describir detalladamente en un espacio ilimitado. Pienso que parte de lo que nos hace humanos es compartir algo de nosotros mismos con más personas. Por eso no he dejado de bloggear.

Y ya, basta de cursilerías. Yo venía a felicitar a mis bloggeros y a agradecerles por existir. :* No dejen de escribir, les hace bien.

12 agosto 2014

Mousse rico

¡Aloha! Varios de estos días no han sido muy emocionantes ni tan productivos hasta ahora —excepto hoy, hoy sí fue un buen día—, pero igual vendré a platicarles lo que ha sucedido.

En primer lugar, supongo que no me quedé en el lugar explotador que les conté porque no me han llamado para que regrese. Y qué bueno, porque no quería sufrir a lo uei. Después de esa ocasión no volví a buscar ofertas ni llamé a los otros lugares a donde mandé mi CV. No hice nada hasta hoy.

¡Maldita sea! ¡Y tampoco puedo escribir bien en el teclado con las uñas largas! >:(

Les decía, no había hecho nada hasta hoy. Por flojera, por indiferencia, por incongruente. No sé por qué, pero por algo no me había movido. Hasta que anoche, mientras hablaba por teléfono con Alan, me preguntó qué había hecho en el día, y le respondí que nada. Creo que sólo estuve jugando Candy Crush, pero no hice otra cosa. Y él sólo contestó un «chale…», para enseguida cambiar el tema de la conversación. Ese «chale…» sonó muy feo en mi mente. Sonó a que me estaba desperdiciando a mí misma, a que estaba perdiendo de vista la orilla por ir tan despreocupadamente a la deriva y a que si continuaba así, empezaría a perder cosas en verdad importantes. Ay ay. O en palabras más simples, corría el riesgo de que Alan se alejara de mí por improductiva e indiferente. Y no quería eso, así que tenía que hacer algo al respecto. Antes de ir a dormir hice una lista de cosas por hacer hoy y tenía que terminar la mayoría hoy, antes de salir de casa para ir al dentista, ¿y qué creen? Cumplí 8 de 11.

Sí, levantarse está en la lista porque en cuanto despierto puedo pasar horas y horas sin salir de la cama y así desperdicio toda la mañana. Y cuando llega la tarde, pienso que «ya para qué hago cosas». Tan deprimente.

Tal vez mi motivación diaria se resuma a hacer listas antes de dormir.

En otras noticias, el sábado fue el festejo de cumpleaños de Fers y estuvo divertido, aún cuando Zam y yo fuimos los únicos que asistieron de entre todos sus invitados. :( ¡Y no fue Caro, yay! Haha, bueno, de cualquier forma no me iba a detener por esa mustia mujer, pero habría sido un poco incómodo. Y como no sabía qué darle de regalo a Fers, decidí que sería buena idea regalarle un postre porque, ¡dude, yo soy la amiga que prepara y vende los postres ricos! Por la mañana fui a desayunar antes de comprar los ingredientes, para empezar a prepararlo en cuanto regresara a casa. Y como me quedó bien rico, les voy a compartir la receta. :) Lo subrayado y con asterisquito son anotaciones mías.

• Galletas de chocolate. *Yo utilicé 18 piezas de Oreo.
• 1/8 de queso crema. *Sí, es muy poco.
• 1/2 barra de mantequilla.
• 1 cucharadita de saborizante. *Yo usé vainilla, pero puedes probar con el que más te guste.
• Jugo de 1 limón.
• 1/2 taza de crema para batir.
• 1 lata de leche condensada.
• 3/4 de cucharadita de grenetina. *O lo equivalente a dos sobrecitos.
• 3/4 de taza de agua natural.
• 1 molde mediano para pay.
• Colorantes vegetales. *También es a tu gusto, yo usé rojo y azul para hacer morado.
• Frutitas para decorar. *Yo le puse moras.

Empecemos.

Para la base:

Tritura las galletas en la licuadora. Si usas Oreo, quítales la cremita y sepárala de las galletas antes de triturarlas.Con la mantequilla a temperatura ambiente haz una mezcla con las galletas que trituraste y si usaste las Oreo, agrega la cremita a la mezcla. Una vez que sea homogénea, viértela en el molde y aplástala con una pala o cuchara y refrigera.

Para el mousse:

Mezcla la crema para batir, la leche condensada, el limón, el saborizante y el queso crema hasta eliminar grumos. Después, calienta el agua y añade la grenetina. No tiene que hervir, pero sí tiene que estar lo suficientemente caliente para que la grenetina se incorpore bien. Deja enfriar un poco esa agua y luego añádela a la mezcla que has batido. Vuelve a batir e integra perfectamente. Aquí viene la parte divertida. :D Saca el molde con la base que refrigeraste previamente. Puedes usar tantos colores como quieras para tu mousse, sólo tienes que verter parte de la mezcla en diferentes bolsas de plástico, añadirle un color, hacerles un nudo, mezclar bien y cortar una de las esquinas para ir agregando cada color en distinto orden al molde. Cuando tengas el molde lleno de mousse vuelve a refrigerarlo y déjalo una hora. Como aún no ha terminado de cuajar, sácalo para decorarlo con las frutas que elegiste —porque si las agregas antes, se hunden por completo— y llévalo de nuevo al refrigerador. Déjalo al menos tres horas y quedará listo.

Les juro que sabe delicioso, Fers lo comprobó. ;)

¿Qué mas he hecho…? Ah, junté mis dineros y me compré un nuevo iPhone. Está bien chulo, es el 5c, donde la C es para Croc. Madre me ayudó con el resto de los dineros y se lo iré pagando conforme pueda, pero tengo que saldarle antes de que termine octubre para no pagar los intereses del Sears de donde lo compramos. El miércoles pasado fui a comprarle una fundita de plástico, Zam me acompañó. Ahora siento que tengo de regreso parte de mí porque, vamos, todo el mundo tiene una parte de sí mismo guardada en su teléfono. Y estoy feliz.

Y ya. Ahora iré a desmaquillarme para ir a dormir. Buenas. :)

28 julio 2014

Sobreviví… de nuevo

¡Sobreviví!

Qué exagerada. La verdad es que volví a pasarme de paranoica porque no sucedió nada malo. Mi entrevista era a las 15h, pero salí de mi casa dos horas antes porque no sabía cuánto tiempo tardaría en pasar el bus y porque tampoco sabía qué tan atascado estaría el tránsito a esas horas. Pero con el transporte no tuve problema porque llegué en una hora, ¡una hora! ¿Qué haría en el rato que tendría que esperar? Pues comí. Ya empezaba a tener hambre y seguro no habría sido buena idea entrar a la entrevista sin comer; podría tener ruidos incómodos. A un par de calles encontré una fonda y me gustó el menú que ofrecían, por lo que procedí a sentarme y comer a gusto. Una hora es una maravilla para una chica que come lento.

Pasó la hora y estuve en la casa de fachada azul y rejas blancas cinco minutos antes de mi cita. Toqué el interphone. A los dos minutos un hombre joven se asomó por una de las ventanas para preguntarme si venía a entrevista a lo que respondí que sí, así que me llevó a la recepción y me pidió que esperara mientras llamaba a la persona que me atendería. No pasaron más de cinco minutos cuando llegó otro hombre joven y me invitaba a subir las escaleras de esa casa tan silenciosa. Al subir se encontraba la sala de juntas, donde ya se encontraba un compañero de este hombre joven y a donde me invitó a sentarme para que ambos encargaran de llevar a cabo la entrevista. Me sentí cómoda, pero no pude controlar mis manos sudorosas, ¡cómo odio eso! En fin. Empezaron aclarándome datos importantes sobre quiénes eran, para quién trabajan, su forma de trabajo, sus horarios y cómo responden ante los candidatos que son puestos a prueba durante 3O días —que sí son pagados—. Hasta ahí sonaba todo bien, excepto lo de los horarios. Tienen hora de entrada pero no de salida. En sus palabras, «salen hasta que se termina el trabajo» y también laboran los sábados, aunque dependiendo de la carga de trabajo los viernes se decide si se va o no al día siguiente. Poco dinero por muchas horas absorbentes y la probabilidad de quedarme sin medio fin de semana. Aunque, eso sí, la carga depende también de la temporada del año. Y para concluir la primera parte de mi entrevista revisaron mi CV y me pidieron que les mostrara y explicara mi portafolio. Me comentaron que ellos estudiaron en la misma universidad que yo, aunque no supe hace cuánto tiempo; supongo que hace unos 1O. Me sentí bien explicándoles mi portafolio porque a pesar de que lo realicé en dos días, los trabajos que seleccioné son los más representativos y los que me da más gusto mostrar.

Después de esta primera parte, me comentaron que para pasar a la segunda —para la cual me habían pedido las dos horas de disponibilidad— me harían un examen práctico, que consistía en seleccionar tres objetos que hubiera en esa sala, ya fueran míos o de ellos. Eligieron dos míos, que fueron una agenda y una pulsera, y con ellos debía hacer un anuncio en tamaño carta para una promoción en la que, con la compra de la agenda se regalara la pulsera. Al final, debía crear una carpeta en el escritorio y guardar ahí el archivo que generé y avisar a otro de sus compañeros cuando terminara. Así pasó y cuando regresamos a la sala de juntas, uno de los hombres que me entrevistó me entregó mis cosas y me acompañó a la salida diciéndome que revisarían mi archivo y me llamarían si quedé seleccionada.

Como ven, no tenía nada qué temer, pero ah, siempre he de ser una paranoica. Y si me preguntan mi opinión sobre mi día, pues… estuvo bien, a secas. Me sentí cómoda durante la entrevista, no tuve problemas para llegar al lugar y la gente que me atendió fue muy amable… y ya. Pero no me gustaría que el trabajo me absorbiera todo el tiempo sin saber a ciencia cierta cuándo tendré un poco de vida para mí misma. No sé si exagero de nuevo con esto, pero es que si estuviera un poco mejor pagado y no tuviera que ir los sábados, seguramente lo consideraría.

Ah, y creo que la ropita decente que había comprado para la ocasión estuvo bien, pero en lugar de blazer usé una chamarra ligera. Eso sí hubiera sido demasiado formal. Otra de las cosas que aprendí de esto es que puedo ir vestida menos formal en mis siguientes entrevistas. Bien vestida, eso sí, pero no tan formal.

25 julio 2014

Tengo miedito

Sucede que ayer por la tarde recibí una llamada de uno de los tres lugares a los que envié mi CV la semana pasada, para concertar una entrevista. Será el lunes 28 a las 15 h. Me dio mucha emoción, tomé el recado y en cuanto colgué, busqué la dirección para saber cómo llegar. Para calcular rutas de transporte, usé una página que me recomendó Zam y creo que ya sé por dónde iré. Estaba muy emocionada porque por fin me llamaron y procedí a buscar la página del lugar, pero no la tienen. Ni siquiera una de facebook, por lo que se me hizo un poco sospechoso y desde ahí mi emoción empezó a disminuir. :( En el street view parece una casa, con fachada azul y rejas blancas. Otra cosa que tampoco me agradó tanto fue que durante la llamada, el señorcito me dijo que tendría que tener unas dos horas y media para la entrevista. No me encanta, a menos que sea para hacer pruebas psicométricas o esas cosas, aunque creo que es muy pronto para tenerlas. Al final decidí que sólo iré a que me tomen la entrevista pero no le daré seguimiento, no quiero quedarme en ese lugar. Además, el rumbo está medio feo y algo me da mala espina. ¡Temo por mi vida! D:

Sé que a veces soy muy paranoica y que luego no es para tanto, pero aún así quiero estar segura. Voy a pedirle a Zam que me acompañe el fin de semana a buscar el lugar. Hace poco leí un caso medio creepy que contaba cómo a tres diseñadores les robaron sus computadoras durante una entrevista falsa. Qué puto coraje. >:(

Pero volviendo a lo de la entrevista, lo que sí haré será mi book impreso, me pidieron llevarlo junto con mi CV. Pero no sólo por eso, sino porque imagino que los otros lugares tampoco tardarán en llamarme y también debo llevarlo allá —a falta de una tablet donde pueda mostrarlo—. Hace un par de días se me ocurrió una idea para mi retícula, espero que funcione. La he estado imaginando y me gusta saber que está fundamentada científicamente, hell yeah.

Ah, y recordando un poco lo de la vestimenta, me falta conseguir unos zapatos decentes, haha. O tal vez use mis botines de siempre, no sé.

¡Deséenme suerte y rueguen por mi integridad! :D Si no, sepan de nuevo que los quise mucho.


17 julio 2014

De mi búsqueda de ropa y mi éxito casi seguro

Le dije a Zam que ya me iría a dormir, pero no podía dejar de escribir este post porque quiero volver a ser activa en Blogger. Prometo no tardar mucho; son las OO:26 h.

Vine a contarles que estoy emocionada porque el martes mandé mi CV a tres lugares diferentes, luego de que Zam me ayudara el fin de semana a buscar lugares bonitos para postularme. En ninguno me han contestado, pero dicen que a veces se tardan hasta una semana en hacerlo. Y también vine a contarles que mientras eso sucedía, ayer me fui a dar la vuelta a algunas tiendas de ropa para buscar algo qué usar para mis entrevistas. Me probé mucha ropa, pero no toda me gustó cómo se me veía y confirmé que odio usar trajes sastre. Por lo menos los que son de pantalón. No, no. Por más que me veía al espejo y me cambiaba una y otra vez las prendas, no me sentía auténtica ni cómoda. Curiosamente, con los vestidos me sucedió lo contrario.

Me he documentado sobre la vestimenta que se debe usar en entrevistas y con base en eso estuve escogiendo la ropa, pero además de no convencerme nada, me sentía confundida: ¿debería ir de colores muy sobrios aunque mi carrera sea Diseño? Zam me había aconsejado: «trata de no ir taaaan formal», pero no me sentía muy segura. Así estuve cerca de dos horas en una tienda y al final decidí no comprar nada ahí para seguir buscando en otras. Hice un break para comer y luego continuar con mi búsqueda, lo cual me ayudó mucho porque de pronto me vino una pregunta interesante a la mente: «¿quién dice que lo formal no puede llevar ligeros toques de color? No tengo que ir toda aburrida sólo de azul marino y blusa blanca». Con esa premisa en mente, seguí recorriendo tiendas hasta que llegué a una donde encontré prendas que sí me gustaron: un vestido blanco, una falda negra con toques naranjas, una blusa blanca y un blazer negro. Me sentí orgullosa de mi selección. Sólo faltaron los zapatos. Lo único malo es que, por ser época de rebajas, había mucha gente, tanto para entrar a los probadores como para pagar. Y como Zam había llegado por mí mientras yo estaba en esa tienda, no quise tenerlo ahí desesperándose cuando me dijo que no le gustaban las tiendas con demasiada gente. Mañana, bueno, hoy regresaré temprano. No me encanta hacer eso, pero esta vez es necesario. Dejé las prendas a donde las había tomado, al fin que ya sabía dónde estaban, pero con el miedito de no encontrar mis tallas. :(

Espero que me gusten cuando me vea al espejo. Y que me queden, porque era tienda lowcost donde tienen tallas pequeñas. También espero que ya me contesten los mails, ¡ya quiero trabajar! Hahaha. Al rato les contaré qué sucedió.

Y ya terminé el post. Es la 1:O6 h.

Update: 18 de julio, 02:18 h.

Pues sí encontré lo que quería, nadie se llevó mi talla de falda bonita y en otra tienda encontré una blusa que le hace juego. Y cuando me miré al espejo, me di cuenta de que si la llevo dentro de la falda, parece un vestido. Estoy muy feliz con mis compras.

En cuanto llegué a casa, saqué las prendas de la bolsa donde las llevaba para mostrárselas a mamá, quien me felicitó por mi buen gusto, o algo así. Ya sólo faltan los zapatos, pero para conseguirlos iré a otro centro comercial. En la tienda encontré otro blazer que me gustó, pero tenía una parte del forro muy descosida y no me di cuenta hasta que entré al probador, así que se la entregué a la encargada cuando salí de ahí. Y al final decidí no comprar el vestido que había encontrado ayer, porque aunque me gustó y me quedó, recordé que ya tenía uno en casa. El otro blazer, el negro, lo tomé sólo para ver cómo se veía con la falda que sí compré, porque también tengo uno.

Así, pues, fue como tuve éxito en mi búsqueda de ropa decente para las entrevistas. Sólo falta que me respondan mis correos. :(

16 julio 2014

La vida sin smartphone es horrible

No sé cómo podía vivir sin uno cuando tenía 2O años.
Les cuento rápidamente: Hace más o menos un mes, algún malparido me robó el iPhone mientras estaba en una presentación de danza, y no conforme con eso, hizo llamadas de mal gusto a mis contactos: le marcó a Zam para no sé qué rayos, y luego a mi madre para decirle que me tenían secuestrada. ¡Por dios! Pinche gente estúpida sin nada qué hacer. Obviamente, mi madre no se lo creyó e inmediatamente colgó. Cuando regresamos a casa, Zam me prestó su teléfono para reportar el robo del mío, y ya. Bloquearon el número IMEI, así que no funcionará nunca aunque le cambien la SIM. O eso dicen. Luego cambié todas mis contraseñas y nos fuimos a comer. En fin. Tenía que terminar de desahogar mi tragedia en algún lugar. :(
Ahora vuelvo al punto inicial: no soporto no tener smartphone. Ya llevo un mes con un celular de chicles que me prestó mi mamá, y aunque agradezco tener al menos ese medio para estar comunicada —porque sí lo necesito—, me desespera tener que estar pegada a una computadora para darle seguimiento a información que es importante para mí. Desde las notificaciones de facebook para saber si habrá clase de danza hasta los mails desde donde mandé CVs. En el momente intermedio desde que me lo robaron hasta que lo reporté, me sentí muy vulnerable: mis cuentas de mail, mis contactos, mi foursquare. Es increíble cómo guardamos un registro detallado de toda nuestra vida en ese aparatito. Y es creepy hasta que te pones a pensar en eso. Lo único que me encanta no tener es Whatsapp; siempre lo odié.

Por otro lado, el iPhone también era mi medio para entretenerme y jugar. Ya saben, subir fotos a instagram, ver twitter y reírme de los mames por tonterías, ganarle a Zam en Apalabrados (¡muahaha!) y buscar lugares tontos en foursquare. No sé cómo podía vivir sin todo eso a los 2O años, pero seguramente era muy aburrido.

Ahora estoy como hace dos años, guardando todo el dinero que pueda para juntarlo y comprar otro iPhone. ¿Pero por qué un iPhone, Xim, si hay muchos otros smartphones más bonitos y baratos? Porque me gusta mucho la interfaz intuitiva de Apple; nunca he podido acostumbrarme a la de algún Android y porque me parece incongruente comprar un Windows Phone teniendo una Mac. La interfaz Metro de Windows no sirve para nada más que para verse bonita. No sé, pero seguramente es un enredo a la hora de sincronizarlos con la compu. Y porque simplemente es muy cómodo para mí.

Así que, lo único que queda es esperar a tener muchos dineros y ser más cuidadosa con mi información cuando tenga el nuevo teléfono. :(

05 julio 2014

El recuento de los daños

Es difícil darle continuidad a un post después de un mes de haberlo escrito, sobre todo porque el feeling que tenía en ese momento ya se fue o ya estoy pensando en temas distintos. Pero, bueno, intentaré hacerlo.

Me quedé en que les contaría por qué fue difícil tener 23 años desde ese cumpleaños y el balance que hice cuando cumplí los 24.

Unos días antes de cumplir los 23 años, a Mique le diagnosticaron la recaída en la leucemia. Fue a finales de mayo, creo que el 31. Curiosamente, ese día yo también fui a un hospital, a donar sangre porque Alex me lo había pedido. Esa tarde entré al blog de Mique y leí su último post, donde se desahogaba porque no era justo volver a pasar por toda esa situación. Y era cierto. Desde que empezamos de cero y volvimos a ser amigos, dejó claro con sus acciones y actitudes, que estaba dispuesto a enmendar los errores que había cometido, no sólo conmigo, sino en todos los aspectos de su vida. De verdad había cambiado. Cuando leí su post, lo primero que hice fue redactarle un mail para ofrecerle mi ayuda en lo que necesitara. Obviamente, lo primero que me pidió fue sangre y me sentí apenada al tener que responderle que habría que esperar, pues ese mismo día lo había hecho. Y lo que menos había era tiempo.

Why's it feel, like it kills, when you're leaving me
Am I still hanging on to the ends of yesterday in me
When I was crying for my fears, bitter tears
But you made me see we're crazy running
Crazy running like we're running out of time
Running Out Of Time — Poets of the Fall

La noticia no me cayó muy bien. Quería que estuviera en mi cumpleaños y que conociera a mis amigos, a la gente de la que le platicaba y que fuera divertido reír y trollear como siempre, pero no se podía porque el día de la recaída tenía que arreglar sus papeles del hospital para ser internado de inmediato. No había tiempo qué perder.

Cuando pasaron los 45 días reglamentarios para volver a donar sangre, por alguna u otra razón no pude hacerlo: empecé a enfermarme y tener malestares de gripe, pero no quería tomar medicinas en mi afán de tener mi sangre lo más limpia posible —siempre he creído que tardo mucho tiempo en desecharlas de mi cuerpo por completo— y si no era eso, era mi periodo. He leído que eso ya no es impedimento para donar, pero no encontré fuentes que lo corroboraran y preferí no arriesgarme. El día que fui a lo de Alex me sentí físicamente muy mal y por eso creí que no era buena idea donar estando en mi periodo. Y cuando finalmente pude hacerlo, ya era imposible. Había fallecido.

Se fue en septiembre. En agosto fui al festejo de cumpleaños de Fer, donde conocí a Alfredo y Carolina sin imaginarme lo que viviría con este par. Sí tuve buenos momentos con ellos y el resto de sus amigos, pero al final, nosotros tres no terminamos bien. Por Alfredo (y twitter) conocí a Daniel. Comenzamos a salir y todo parecía ir bien, aunque un poco rápido. La pasé bien con él, pero entre mi estupidez y sus patanerías también todo terminó mal. Ahora que hago el recuento, puedo ver que pasó poco tiempo entre el fin con Daniel y el inicio con Alfredo y que, a pesar de haberlos disfrutado, me habría gustado no ser tan ciega con ambos. No era amor, nunca lo fue.

Terminé ese año triste y enojada conmigo misma. Como ya eran los últimos días de diciembre, pensé que sería buena idea sacar esos malos sentimientos y sufrirlos como mejor me pareciera. Lo lloré, lo hablé y lo escribí. Y al mismo tiempo, y de manera simbólica, también empecé a sacar cosas de mi cuarto que ya no me servían. Depuré y me deshice de mucha basura antes de que terminara el año para dar espacio a otras nuevas que llegaran a partir del nuevo año. Suena a cliché, pero funcionó. Enero fue un mes tranquilo, pude regresar a una especie de balance interno y me hizo bien seguir en danza. Y en febrero…

En febrero son las inscripciones.
Ok, no.

En febrero, Alan Zam empezó a escribirme DMs just for the lulz. Para platicar de… cosas. Empezó mandándome un chiste malo y preguntándome si era lo suficientemente malo como para no ser contado, a lo que le respondí que sí era muy malo, pero que también me había hecho reír. Y así pasamos casi un mes, escribiéndonos todos los días y platicando de nuestros asuntos, del día a día. Del trabajo, del servicio social, de música, de danza polinesia. Hasta que, en marzo, me invitó a vernos un día e ir por un café. Llegó el día y aunque sentí miedo, ahí fui. ¿Qué podría salir mal? Ese día resultó fantástico: fuimos por helado, luego al cine y terminó llevándome con mis amigos. Días después de conocernos, estuvo apoyándome por mensajes en el concurso de danza al que fui con la ohana a Puebla. Desde entonces todo ha sido increíble. Abril, mayo y junio fueron meses muy felices.

Todavía me acuerdo de Mique y siempre deseo que siguiera aquí. Me gustaría contarle mil cosas y salir a pasear como siempre lo hacíamos. De alguna manera sigue presente. La ausencia ya no duele tanto pero cuando duele, ahí está Alan Zam conmigo.

Así que, después de tantas palabras, puedo concluir que tuve razón cuando dije hace unos meses que siempre llegan épocas bonitas después de épocas feas, y que agradezco que hayan sucedido de esa manera pues me ayudaron a tomar perspectiva de mí misma. Veo todo lo que pasé y me da gusto poder decir que crecí como persona. Ese fue mi balance: gané más de lo que perdí.

05 junio 2014

Feliz cumpleaños

Musiquita del post:
Life Is Wonderful — Jason Mraz



Hello, beautiful people!

En el último post me quedé en que Alan y yo habíamos cumplido un mes y que les seguiría contando sobre eso. Pues bien, igual cumplimos dos meses y todo ha sido más que fantástico, aunque también hemos tenido un par de malentendidos y discusiones, pero nada que no haya podido arreglarse. Ni modo, es parte de conocer a alguien. Salvo eso, lo hemos pasado muy bien. Ya conozco a sus amigos más cercanos y a él ya lo conocen en mi casa; a mi hermono le cae muy bien. Ya ha ido a verme a mis presentaciones de danza y en el último maratón donde participé y aguanté 3h 55 min, estuvo ahí apoyándome y echándome porras, como cuando me fui a Puebla con la ohana. Ese día, el del maratón, pasó por mí a mi casa, me llevó algunos bocadillos que compró en el camino, me acompañó a comprar electrolitos y estuvo de pie viéndome desde los bailes de exhibición hasta que me salí de la competencia. Dijo que era su manera de apoyarme. :3 Luego me llevó a comer y cuando regresamos a mi casa me ayudó a quitarme el tocado de hojas y flores que usé para la exhibición, y me dejó dormir porque había sido un día muy agotador. Otro día, por ejemplo, fue a visitarme de sorpresa y me llevó un pan de plátano que estaba delicioso. Siempre viene a visitarme los miércoles después del trabajo, a veces también los viernes; en gran parte por eso son mis días favoritos de la semana. Platicamos de nuestros asuntos importantes y es mi confidente: le platico situaciones que me pasan u opiniones, a veces muy venenosas, que tengo de ciertos temas o personas porque no me juzga ni me critica y amplía mi panorama con sus puntos de vista. Me encanta porque es lo más objetivo posible y me escucha con atención. También me dice que cuando está conmigo, se desconecta del resto de su mundo; le reconforta mi presencia y se siente mejor si su día fue horrible.

Y me quiere y me aguanta con todos mis defectos. Es el mejor novio del mundo.

Ayer fue mi cumpleaños y no pudo haber sido mejor. Este cumpleaños fue particularmente especial porque es el primero que paso al lado de un novio; es algo que añoraba desde hace muchos años y finalmente se cumplió mi deseo. Lo primero que hizo fue esperar a la media noche para llamarme y cantar «Feliz cumpleaños». Juro que lloré de emoción y felicidad porque nadie había hecho eso antes y me sentí muy afortunada de estar a su lado. Luego platicamos un rato, como todas las noches, y después fuimos a dormir. Por la mañana, para variar, desperté bastante tarde y apenas me dio tiempo de arreglarme. Él pidió la mitad del día en el trabajo para pasar toda la tarde conmigo y llevarme a donde yo quisiera, así que le dije que fuéramos a comer pizza. Cuando llegó por mí, me regaló una bolsa enorme con mis botanas favoritas: bombones cubiertos de chocolate y nueces de la India. Me cayeron perfecto en ese momento porque ya era la hora de la comida y tenía mucha hambre, así que me fui comiendo algunas nueces en el camino a la pizzería. Después de ahí me llevó al boliche y nos divertimos mucho, aunque creo que más él porque siempre me ganó. Yo no hice una sola chuza. :( Y finalmente, fuimos a un Starbucks que nos quedaba cerca de ahí, para pedir unos frappés y sentarnos a platicar. Él quería mostrarme un mail que le había mandado Dulce, su mejor amiga y que por ahora vive en Alemania, y yo quería que viera parte de la gran conversación que tuve con Alex en la madrugada. Platicar con Alex fue otra de las cosas que disfruté del día, porque ya habían pasado muchos meses sin que lo hiciéramos y me dio gusto saber cómo está. No me importó desvelarme.

Cuando Alan y yo íbamos camino a casa me comentaba algunas anécdotas de conocidos suyos referentes a los cumpleaños, y cómo esas fechas les ayudan a hacer un balance de los aspectos en los que han crecido y cambiar la perspectiva sobre lo que no les gusta. Todo eso surgió para ayudarme a hacer mi propio balance, que empezó con un recuento de mis festejos desde los 2O o 21 años, en dónde he estado, hacia dónde me gustaría ir, a dónde no quiero regresar nunca y darme cuenta de que, sin importar que existan etapas difíciles, éstas no duran para siempre y llegan etapas más agradables. Por ejemplo, el año pasado fue complicado desde los días previos al cumpleaños 23…

…que les contaré pronto.

Gracias a los que han estado y a los que me han permitido estar; a los que agradezco haber conocido y a los que tuve el infortunio de encontrarme.
A todos, gracias.

22 abril 2014

Such a perfect place to start

¡Holi, lectores bonitos! Gracias por sus comentarios en los posts recientes, les responderé en cuanto termine de escribir este post feliz que le debo a Mare desde hace algunas semanas. Es un post un poco largo porque debería estar separado en dos partes.

Y aquí voy. En la entrada anterior les platicaba sobre la primera salida con Alan, que fue muy divertida, y que la había pasado tan bien que quería una segunda salida pero que no estaba segura de la reacción de él y por lo tanto, prefería no hacerme ilusiones. Pues todo salió muy bien: sí nos vimos de nuevo y durante los días que transcurrieron entre ambas salidas continuamos mensajeándonos por DM y por iMessage. El siguiente fin de semana no nos pudimos ver porque los tres días me fui a Puebla a un concurso de danza con la ohana, pero ni siquiera eso fue impedimento para escribirnos: de hecho, durante el viaje me echaba porras y me decía que todo saldría bien; me aconsejaba dormir mientras pudiera —porque me había desvelado demasiado haciendo los vestuarios naturales y en el día moría de sueño— y durante el día del concurso estuvo al pendiente de los imprevistos que surgieron por la mala organización y me mandaba buena onda para calmar mis nervios. Siempre estuvo muy atento y aunque evidentemente no estuvo presencialmente, me sentí apoyada y lo sentí cerca.

Al día siguiente del regreso nos vimos porque era lunes de puente y pasamos un día fantástico comiendo helado y después paseando en la Cineteca. Dijo que quería llevarme ahí porque la vez anterior, en vez de 300, queríamos ver Her pero ya la habían quitado de las carteleras, aunque se enteró por uno de sus amigos que aún la proyectaban en la Cineteca. Pero cuando estábamos formados en la taquilla escuchamos que las entradas para Her ya se habían agotado, así que para no desaprovechar que ya estábamos en el lugar, buscamos otras películas que nos parecieran interesantes y así fue como decidimos entrar a ver La Gran Belleza aunque tuviéramos que esperar una hora recostados en el pastito viendo el cielo. La película nos gustó, pero comentamos que hubo partes que no entendimos bien y que tal vez deberíamos ver de nuevo para entenderla por completo. Y durante la función, en algún momento me susurró al oído un «me gustas mucho», ¡aaaw!, aunque no supe qué responder y solamente lo miré a los ojos y le sonreí. Como era la segunda vez que salíamos, todavía tenía un poquito de miedo y me pareció muy rápido que me dijera eso. Además recordé que el tonto de Daniel había hecho algo similar y no quería caer de nuevo con un patán. Pero no. Alan no fue un patán, nunca se aprovechó de nada. Salimos de la función algo tarde y con un poco de hambre, así que entramos a cenar a uno de los cafés que hay ahí. Luego me llevó a casa para después irse a la suya. Ese día fue maravilloso.

Después, el viernes de esa misma semana salimos otra vez. Como el lunes dijo que tenía muchas ganas de volver a verme, me preguntó si podría ese día. Estrictamente no porque era día de ensayo con la ohana, pero casi nunca falto, así que en realidad no había problema. Fuimos a cenar, pero fue especial porque él tenía la intención de que fuera sorpresa, así que me hice rizos lindos para mi peinado y cargué un poquito mi maquillaje; la ocasión lo ameritaba. Llegamos al lugar bonito, cenamos, platicamos mucho y después fuimos por un café a un Starbucks cerca de donde estábamos. Cuando tuvimos nuestra orden y nos fuimos a sentar para seguir platicando, en algún momento me abrazó y sentí cómo mi pulso se aceleraba un poco. El mismo ritmo de la conversación nos fue acercando y cuando menos lo sentimos, nos besamos. Confieso que después del beso me sentí muy feliz y tuve la impresión de que no era simple atracción física lo que él sentía por mí ni yo por él. Era… era algo diferente, como si alguna vocecita interna me susurrara que no tuviera miedo porque con él viviría cosas de verdad importantes. Esa felicidad provocó que mi primer impulso fuera preguntarle, así sin más, si quería ser mi novio. No lo pensé, sólo lo dije, y cuando me di cuenta de lo que había hecho tuve sentimientos encontrados porque supe que me exponía a un rechazo o a arruinar todo lo bonito que había sucedido hasta entonces. Pero él sonrió mientras respondía que sí quería y después volvió a besarme. Luego del segundo beso me dijo que fue curioso que le preguntara eso porque él estaba pensando hacer lo mismo, pero me adelanté y no le di tiempo, aunque se sintió sorprendido gratamente. Ambos nos sentíamos felices. Todo era perfecto.

Todo era perfecto… y así ha continuado desde entonces. Ayer, 21, cumplimos nuestro primer mes juntos. Pero de eso escribiré en el siguiente post.

08 marzo 2014

08

¡Sobreviví! Y me río mucho de mi paranoia estúpida, hahaha. La verdad es que pasé un día fantástico con Alan; me pareció muy buena onda y me cayó muy bien con todo y sus chistes malos. Me confesó que nunca había conocido a alguien de internet, entonces, por eso creo que mi paranoia fue estúpida. Seguramente él habría estado igual o más nervioso.

Llegué puntual (¡por fin!) al café que me sugirió, pero cuando estuve ahí me pareció una mala broma porque el lugar estaba cerrado y no vi a alguien cerca que se pareciera a él. Ayer por la mañana me envió su número por si acaso, y estaba a punto de mandarle un mensaje y luego echarme a correr para preguntarle que si aquella cita era en serio cuando lo vi atravesar la calle mientras me saludaba:

—¡Hola!
—Eh, ¡hola!
—¿Xim?
—Sí… Alan.
—Eh, me acabo de dar cuenta que te invité a un lugar que está cerrado…
—Jaja, sí, es lo que veo…
—¿Quieres que vayamos a otro café, o por un helado?
—¡Sí, helado! ¿Por aquí cerca?
*Xim pensando*
—Sí, ¿o tienes algo en mente?
—Pues… hay un lugar por Revolución donde venden un helado muy rico. Seguro te va a gustar.
—¿Sabes llegar?
—¡Claro!
—Bueno, pues vamos. Mi coche está por acá.

Caminamos hacia donde estaba su coche mientras platicábamos de cosas random: primero hablamos creo que de comida y a los pocos minutos hablábamos de otro tema totalmente distinto; eso me encanta. Me gustó que al llegar me abriera la puerta para entrar y lo volviera hacer para bajar. Puede que sea algo chapada, pero esas cortesías siempre hacen considerar a un chico en serio, sea amigo, familiar, novio o lo que sea. Lo guié bien por el camino y llegamos a la heladería; no sé cuánto tiempo estuvimos ahí platicando, pero la idea que tuvo para la conversación fue fabulosa: propuso a que, por turnos, jugáramos a decir qué es lo que pensábamos el uno del otro con base en lo poquito que nos hemos escrito por DMs, y al final desmentir —o confirmar— esas suposiciones. Su idea, debo decirlo, fue un gran acierto y resultó muy divertida. Así estuvimos ese rato y después me sugirió ir a caminar por las calles cercanas mientras continuábamos con el jueguito de la plática. Mientras caminábamos, la verdad es que no me fijaba mucho en dónde daba mis pasos por mirarlo a los ojos y, nada, en un pedazo feo de banqueta me caí enfrente de él pero ni me inmuté porque no es la primera vez que eso me pasa. Ya me acostumbré a ese tipo de osos :( Me ayudó a levantarme y después nos sentamos mientras se me pasaba el dolor y el desarrollo de la plática volvió a cambiar para tocar el tema de las películas recientes que hemos querido ver. Ahí, sugirió que fuéramos a algún cine cercano a ver si había algo bueno en cartelera. Terminamos en el centro comercial de Reforma y sí, la cartelera no estaba tan mal y decidimos ver 300, pero después de comer porque ya teníamos hambre. También me cayó muy bien que la comida fuera sushi porque es algo que a mí me encanta pero no a la mayoría de la gente con la que salgo y vaya, hasta en el sabor de nuestras bebidas coincidimos. ¡Y descubrimos que tenemos en común el interés por Finlandia! Amé eso también.

Continuamos con nuestra plática sobre algún otro tema random mientras comíamos y hacíamos tiempo para el inicio de la función y cuando salimos, me dijo que no podía quedarse por mucho rato porque una amiga suya estaba festejando su cumple y que iría a alcanzarla, peeeero… ¡se ofreció a llevarme a casa! Otro detalle lindo. Le dije que antes de eso yo también tenía planes de ver a un amigo que precisamente hoy abrió su nueva tienda/taller de bicis y que iría a saludarlo un rato antes de volver a casa. Y pues, me llevó a la tienda de Benito, que está muy cerca de donde estábamos; me acompañó hasta la entrada (y me ofreció su brazo mientras caminábamos buscando la dirección, para asegurarse de que no me pasara algo) y una vez ahí, nos despedimos.

En la tienda de Benito vi a los tool (mis amigos de la uni) y amé estar con ellos, aunque fuera un ratito breve, porque ya tenía mucho tiempo de no verlos. Pero mucho, en serio. Sentirlos igual que siempre y hacer nuestros chistes locales como siempre también fue muy divertido.

Todo el día la pasé muy cool. Le agradecí las invitaciones y quedamos en ir otro día por más helado por una apuesta que hicimos en el cine. No hay fecha aún para eso porque los fines de semana de este mes ambos tendremos cosas qué hacer, aunque es posible que me diga algo de vernos entre semana porque los horarios de su trabajo son muy flexibles. O eso dice. No sé, no quiero pensar en una fecha concreta por ahora. Dice que le gustará volvernos a ver… y a mí también, por supuesto. Ya veré si es en serio y si hay una tercera salida también.

06 marzo 2014

Paranoia

Al principio del post anterior mencioné que sentía un poco de miedo porque, de la nada, Alan Z. empezó a platicar conmigo por DM y que la vocecita en mi cabeza me decía que tuviera cuidado. Bueno, pues como no me quedé tranquila, debo confesar que googleé su username para ver qué encontraba. La verdad es que no siempre hago esas cosas, me choca stalkear, pero los resultados que arrojó el buscador sí me calmaron un poco. Y fue hasta que encontré su perfil de G+ cuando me calmé por completo. Vi algunas fotos suyas de hace un par de años y sí se parece a la que tiene en twitter, haha. También coincide la información de la uni donde me dijo que estudió y aunque de todas formas eso no me asegura nada por completo, defiendo mi sensación de seguridad porque creo que si tuviera algo qué esconder, no habría encontrado nada en el buscador. «Si no quieres que nadie se entere/sepa quién eres, no lo subas a internet», dicen por ahí.

Hm, ahora que lo escribo, me siento sucia contando eso que hice D:

Verán: tenía que asegurarme de que no se trataba de un fake porque… ayer me invitó a que saliéramos el sábado por un café. Me sugirió uno que creo que le gusta —y que me queda más o menos cerca de donde vivo— y me mandó el mapa con la ubicación del lugar, así que cuando llegué a casa lo abrí en la compu para verlo bien [por aquello de que es complicado ver mapas en la pantallita del iPhone] y saber en qué estación del metrobus tengo que bajar. Ahora bien: no muchos saben, pero tengo la costumbre de ir días antes de una cita a los lugares donde no he ido o no conozco para saber qué rutas me convienen para llegar. Sí, ya sé que para eso sirven los mapas de Google y de verdad abrí el mapa que Alan me mandó, pero el street view estaba todo chafa: de un lado de la calle las fotos eran del 2O11 y del otro, del 2OO9. WTF? Como no vi el lugar con el street view [supongo que entonces tiene máximo dos años desde que lo abrieron], por la tarde al salir de la escuela fui a buscar la dirección. Y sí, pensé que podría haber sido un fake y que al llegar a la cita no existiera el lugar y en vez de eso alguien me raptara o algo así, cosa que posiblemente no suceda porque aunque esté en el establo estado de México, el lugar sí existe, se ve bonito por dentro y las calles cercanas son tranquilas.

Entonces, si sobrevivo, ya les contaré cómo me fue el sábado. Si no, sepan que los quise mucho.

02 marzo 2014

Heaven

Y sí, las cosas bonitas continúan sucediendo. El sábado anterior, por ejemplo, de la nada empezó a hablarme por DM un dude con el que nunca había platicado. Me cayó bien; se llama Alan. Toda la semana hemos estado platicando por DM de… cosas. De cómo fue tu día, de qué música escuchas, de chistes malos. De esas cosas. No sé por qué, pero en el fondo siento un poco de miedo. Será que ya no quiero conocer gente por internet. No me había pasado antes, pero es como si una vocecita me dijera que tenga cuidado. No sé si sea paranoia, pero lo tendré en cuenta. Será…

El miércoles me fui de noche de museos con Mau y Gus al Museo del Tequila. Este museo todavía no entra propiamente en el programa de noches de museos, pero como entre semana cierra a las 10 de la noche resulta casi igual. Y está fabuloso: en el primer piso está la exposición permanente donde te explican paso a paso la elaboración del tequila y del mezcal y los tipos de agave que existen. También hay una colección enorme de botellas de formas extrañas e interesantes. Al otro lado de la sala se exhibe sobre la cultura de los mariachis: los instrumentos que tocan, las canciones más famosas, fotografías de la zona de Garibaldi y las cantinas más representativas. La entrada al museo incluye una degustación de tequila y mezcal que disfrutas en la terraza que está en el segundo piso. Desde ahí tienes una vista maravillosa de la plaza de Garibaldi y de las fachadas de las cantinas iluminadas con luces que cambian de color. La brisa es muy agradable y los meseros te ofrecen la carta de botanas y bebidas por si quieres consumir algo. ¡Y la música de los mariachis que se escucha desde la plaza! Todo forma un escenario fantástico; perfecto, en palabras de Gus, para pedir matrimonio, haha.

El viernes fui a la Feria del Libro del Palacio de Minería y el sábado regresé por un libro que vi el viernes y que no pude comprar porque me quedé corta de dinero. Esta vez no compré tantos libros como el año pasado pero estuvo bien porque todavía tengo muchos que leer. El viernes compré un ejemplar (muy) atrasado de la Algarabía; la segunda parte de una saga que me encanta (El Temor de un Hombre Sabio) y una edición en inglés de Sentido y Sensibilidad, de Jane Austen, porque el señor británico que atendía el stand me cayó muy bien. ¡Y le hablé en inglés! Haha, sé que suena un poco ridículo, pero es que a veces me da pánico hablarle a los extranjeros en inglés si no es en clase. Pero ese día fue un epic win.

En cambio, el sábado que regresé resultó un poco… diferente. Entré a la Feria con algo de prisa por el miedo de no encontrar el libro que buscaba y cuando lo encontré, efectivamente, sólo quedaba un ejemplar en el estante. Bendita suerte :) Fui a la caja a pagarlo y después fui a dar la vuelta al stand de otra editorial a ver si de casualidad tenían algún otro libro de aquella autora finlandesa que descubrí el año pasado —Riikka Pulkkinen—, pero el intento fue fallido, no había nada de ella esta vez. Salí de la Feria con algo de hambre y después de pensar en las opciones que tenía para ir a cenar decidí a ir aquel Starbucks donde pasé la tarde que conocí a Daniel. Hace unos meses me había prometido no regresar nunca a ese lugar, pero eso fue hace tanto tiempo que honestamente ahora me vale madre.

Ahí fue cuando algo dentro de mí se volvió a romper. Pedí mi bebida y mi panini, busqué una mesa libre y me senté a comer. A pesar de que lo que pedí fue lo que más me gusta del menú, no me supo igual. Mi bebida era un frappuccino chip. A Miguel también le gustaba. Mi panini era de tres quesos. Lo probé por primera vez después de que Miguel fue a verme al Miss Aloha de hace dos años. El año pasado descubrí la FIL porque él quería llevarme antes de aceptar la invitación que alguien más le había hecho para ir. Y asistir sola, sin nadie con quién trollear títulos absurdos, publicaciones vacías, portadas ridículas o snobs patéticos con toda la confianza del mundo no tenía mucho sentido.

Ciertamente, podría haber invitado a cualquier otra persona si la intención era ir acompañada, aunque hacerlo implicaba olvidar lo que hacía con Miguel. Y ya sé, bien me lo dijo Efrén: «[…] no es bueno vivir en la nostalgia del pasado; recordar cosas es lindo, pero no quedarse siempre ahí». Pero es que hay cosas que toma tiempo asimilar. La ausencia de Miguel me duele y no sé cuánto tiempo más continúe así. Aprender a vivir con la ausencia es más difícil de lo que imaginé. Sé que muy a su manera sigue haciéndose presente. Hoy fue con una canción que Alan me compartió: Alone in Heaven, de Sonata Arctica.

❝ Heaven. What the hell would I do
in that place without you?


I'll never leave you behind
It's one for all, and all for life. ❞

…Y sí, le gustaba ese grupo. A pesar de ser una felicidad incompleta, celebro todas las cosas que hice y que conocí con Miguel y agradezco que hayan sucedido. Me atrevo a decir que, a mi no tan corta edad, sé qué es el amor porque todo eso fue una forma del mismo.

A veces creo que me hace daño pensar tanto en eso y que incluso tal vez necesite algún tipo de terapia, pero no me siento lista aún. Ese día casi hago el oso en el Starbucks con mis ojos vidriosos porque comer llorando siempre me ha parecido ridículo, pero como prácticamente ya había terminado mi panini, sólo me levanté, me colgué la bolsa al hombro y tomé mi café para salir de ahí lo más invisible que pude.

Por ahora me refugiaré en los libros, queridos.
Gracias por leer.

21 febrero 2014

Happiness is a warm gun

Hello, beautiful people!

Ya tenía rato que quería venir a postear, pero aquel asunto de la entrada anterior no me dejaba tranquila y básicamente, era lo único en lo que pensaba. Y qué flojera seguir hablando de lo mismo, supongo. Pero ya pasó y ya me siento mejor, y ya extrañaba venir a escribirles.

Hoy quiero contarles que han pasado cosas bonitas desde año nuevo, y que estoy feliz y me siento súper cool, goe… No, en serio, sí me siento súper cool. Primero, rescaté un blog que tenía olvidado en wordpress, en donde me desahogo de las cosas que me hace daño pensar. O sea, casi lo mismo que hago aquí, pero sin dar explicaciones (el tagline dice: «uso wordpress porque en algún lugar tenía que tirar la basura mental que no va en blogger»), y me ha servido mucho. Tengo la mala costumbre de callarme pensamientos en verdad venenosos porque no tengo a alguien con quién hablarlos en total libertad sin sentirme juzgada o cuestionada; sólo podía hacerlo con Miguel, pero él ya no está y como ya no podía seguir callándome lo que me lastimaba empecé a soltarlo allá. Ese wordpress también me ha ayudado a ver en retrospectiva y analizar fríamente sobre el pasado y las cosas que hice mal (porque aquí en blogger siempre tengo la razón); aceptar mis estupideces y dejarlas ir. No quería decirlo de la manera cursi, pero… me ayudó a perdonarme. Y cuando te perdonas es más fácil seguir. Es como si te liberaras de un ancla muy pesada.

Ok, basta de filosofía de libro de autoayuda de Sanborns.

Otra de las cosas lindas que me sucedieron fue la convivencia con el grupo de danza, mi ohana. En algún momento escribí una serie de tuits relatando mi historia con la ohana y cómo me salvó en una etapa difícil, y lo importante que es la danza para mí; tal vez la escriba aquí después. Esta vez no fue la excepción y me volvió a ayudar, sumado a que también bajé una talla de jeans. Los planes que hay para este año con ellos y las coreografías nuevas me tienen feliz y distraída de los pensamientos venenosos.

También retomé la venta de pay de limón. Momó es mi socia y nos va bien, y hemos perfeccionado la receta que Mare me dio (¡gracias, Mare!). A la gente de su trabajo le gusta mucho el pay y lo pide seguido. Pueden hacer sus pedidos, con confianza, cuando gusten. Les aseguro que lo van a amar.

Finlandia. Este punto es importante. Algunos de ustedes saben el amor que le tengo a este país y las ganas que tengo de viajar a Helsinki, su capital. Pues bien, el viaje que estaba planeando para pasar mi cumple dentro de dos años allá cambió un poco: ya no pienso irme de vacaciones, sino a estudiar mi maestría. Uno de mis primos me alentó y aunque al principio me pareció algo descabellado ya tomé la decisión. Ya encontré el programa y la universidad que quiero así como la información sobre las cuotas que hay que cubrir; convocatorias para becas… ¡hasta información del clima! Me emociona mucho y me gusta imaginarme allá.

Por ahora eso es lo que recuerdo. No me puedo quejar, al contrario, lo agradezco, sólo espero que no pase algo que lo arruine. Ya veremos…

02 enero 2014

¿Feliz? Año Nuevo

Sí, feliz, a pesar de la manera tan confusa en que terminó.

Alfredo y yo no duramos más que un par de semanas. Todo iba bien, o al menos eso parecía. Parecía que él estaba dispuesto a hacer su vida bien, pero no fue así. Al verlo tan aparentemente feliz, Caro empezó a actuar de manera chantajista, como cuando se perdió en alcohol en aquella fiesta en casa de Vicky. En otra ocasión, le dijo a Alfredo que había dejado a su novio Luis porque se dio cuenta de que con quien quería estar en realidad, era con él. En ese momento, Alfredo le dejó claro que era bueno el hecho de dejar una relación que la estaba dañando —porque, sí, Luis la maltrataba—, pero que así como anteriormente ella había dejado a Alfredo para regresar con Luis y lo obligó a continuar y ser feliz y demás cursilerías, ahora los papeles se invertían y debía ser ella quien siguiera adelante y ser feliz, porque ya no había vuelta atrás.

¿Entonces qué sucedió? Sucedió que, al salir del primer concierto de Foo Fighters, Alfredo me dijo que tenía que hablar conmigo. Yo creo que no era el momento más indicado, pero dada la importancia que esa plática tenía para él, accedí a hablar. Así que me dijo que no se sentía precisamente en el mejor momento de su vida: recién había terminado el último semestre de su carrera, probablemente no volvería a ver a sus cuatro amigos de casi toda la carrera (Vicky, Mau, Carlos y Caro) porque todos tomarían rumbos distintos debido a sus intereses profesionales y se sentía a la deriva. Claro que siempre tendría a Ed, su mejor amigo de siempre, pero había cosas que inevitablemente cambiarían en su vida y eso le provocaba confusión. Además, al no sentirse totalmente bien consigo mismo, pensaba que estaba mal no poder estar al 100 con una pareja, en este caso yo. Me dolió, pero ciertamente no podía hacer algo al respecto. Pero eso sí, que si más adelante existiera la posibilidad de empezar de cero en nuestra relación —y claro, si yo aún quería—, estaría encantado. Que quería que nos siguiéramos tratando como los amigos que éramos y un largo, largo etcétera. Eso sucedió aquel día. Los días posteriores continuó hablándome por el chat de facebook, pero a mí me resultaba extraño; digo, eso de platicar con un exnovio de un par de semanas como si no hubiera pasado nada no es precisamente lo mío. No dejé de ser cortés, pero la situación seguía siendo extraña.

Un par de semanas después volvió a contactarme por el mismo medio por la noche. Primero me contó sobre la introspección que había tenido durante ese tiempo —bastante extensa, a mi parecer, y con varios detalles que no venían al caso—, para al final decirle lo que no había querido decirle antes: que me lastimaba que me siguiera hablando como si nada, y me respondiera que precisamente porque no quería lastimarme más, que era mejor ser sincero. ¿Por qué? Porque regresaría con Caro. Sí, así, tan simple y llanamente.

Con todas las cosas que me platicó sobre ella desde que empezamos a tratarnos, de lo mucho que ella lo lastimó y del daño que le hizo en el pasado, lo único que sentí en ese momento fue confusión. ¿Cómo era posible que no aprendiera a irse de una vez por todas de donde solamente resultaba herido? ¿Por qué pensaba que esta vez, después de incontables ocasiones, las cosas entre ellos serían diferentes? No lo sé, pero más que entristecerme, me decepcionó. Lo creía sensato. También sentí cierta rabia hacia Caro, por ser tan buena manipuladora y por lo siguiente: Caro, teniendo 29 años (Alfredo recién cumplió 24), viene de una familia de Tlaxcala algo conservadora. La mayoría de los parientes de su edad ya se casaron, así que la siguiente que tendría que hacerlo es ella. Pero como ni siquiera tiene pareja, pensaría que sería bueno probar suerte con el primer incauto que tuviera a la mano. Y lo logró. Pudo chantajear lo suficiente a Alfredo para hacerlo regresar a ella. Y sé que no soy nadie para juzgar, aunque no deja de ser hasta lastimera esa manera de pensar. El miedo a estar sola, sin importar que te hagan daño y aferrarte a lo que ya conoces, simplemente no está bien.

Eso es algo que yo ya aprendí con mucho de lo que he vivido; sé dónde no hay amor, dónde se hace daño, dónde no sirve quedarse y cuándo es mejor decir adiós, pero ellos aún no lo comprenden y tendrán que hacerlo por la mala. Incluso podrían seguir pasando años hasta que eso suceda.

Por otra parte, también me confundía pensar en cómo trataría a sus amigos después de que supieran esa situación. Al principio creí que yo ya no tenía nada que hacer ahí y debía alejarme poco a poco y en silencio, pero ellos no dejaron de ser amables conmigo. ¿Entonces? Pues al ver que no resulté incómoda y que algunos de ellos demostraran que aún me querían en sus vidas, decidí quedarme y seguir tratándolos tan bien como lo habían hecho conmigo. :)

Así terminó mi 2013, pero ese dolor y tristeza se quedó ahí. Igual que el del 2012 cuando inició el 2013. Creo que no merecía semejante patada en el trasero, pero ya qué. Sucedió y ya, y no lo puedo cambiar, pero sí puedo no seguir sintiéndome mal por ello. Al rato me voy a la playa, con todo y el clima que parece no ser bueno, pero irme tal vez me haga bien.

Y respondiendo a la pregunta que da título al post, sí, es un feliz año nuevo para mí. Espero que también lo sea para ustedes, beautiful people. Gracias por aguantarme otro año leyendo mis tonterías.