Me quedé en que les contaría por qué fue difícil tener 23 años desde ese cumpleaños y el balance que hice cuando cumplí los 24.
Unos días antes de cumplir los 23 años, a Mique le diagnosticaron la recaída en la leucemia. Fue a finales de mayo, creo que el 31. Curiosamente, ese día yo también fui a un hospital, a donar sangre porque Alex me lo había pedido. Esa tarde entré al blog de Mique y leí su último post, donde se desahogaba porque no era justo volver a pasar por toda esa situación. Y era cierto. Desde que empezamos de cero y volvimos a ser amigos, dejó claro con sus acciones y actitudes, que estaba dispuesto a enmendar los errores que había cometido, no sólo conmigo, sino en todos los aspectos de su vida. De verdad había cambiado. Cuando leí su post, lo primero que hice fue redactarle un mail para ofrecerle mi ayuda en lo que necesitara. Obviamente, lo primero que me pidió fue sangre y me sentí apenada al tener que responderle que habría que esperar, pues ese mismo día lo había hecho. Y lo que menos había era tiempo.
Why's it feel, like it kills, when you're leaving me
Am I still hanging on to the ends of yesterday in me
When I was crying for my fears, bitter tears
But you made me see we're crazy running
Crazy running like we're running out of time
Running Out Of Time — Poets of the Fall
La noticia no me cayó muy bien. Quería que estuviera en mi cumpleaños y que conociera a mis amigos, a la gente de la que le platicaba y que fuera divertido reír y trollear como siempre, pero no se podía porque el día de la recaída tenía que arreglar sus papeles del hospital para ser internado de inmediato. No había tiempo qué perder.
Cuando pasaron los 45 días reglamentarios para volver a donar sangre, por alguna u otra razón no pude hacerlo: empecé a enfermarme y tener malestares de gripe, pero no quería tomar medicinas en mi afán de tener mi sangre lo más limpia posible —siempre he creído que tardo mucho tiempo en desecharlas de mi cuerpo por completo— y si no era eso, era mi periodo. He leído que eso ya no es impedimento para donar, pero no encontré fuentes que lo corroboraran y preferí no arriesgarme. El día que fui a lo de Alex me sentí físicamente muy mal y por eso creí que no era buena idea donar estando en mi periodo. Y cuando finalmente pude hacerlo, ya era imposible. Había fallecido.
Se fue en septiembre. En agosto fui al festejo de cumpleaños de Fer, donde conocí a Alfredo y Carolina sin imaginarme lo que viviría con este par. Sí tuve buenos momentos con ellos y el resto de sus amigos, pero al final, nosotros tres no terminamos bien. Por Alfredo (y twitter) conocí a Daniel. Comenzamos a salir y todo parecía ir bien, aunque un poco rápido. La pasé bien con él, pero entre mi estupidez y sus patanerías también todo terminó mal. Ahora que hago el recuento, puedo ver que pasó poco tiempo entre el fin con Daniel y el inicio con Alfredo y que, a pesar de haberlos disfrutado, me habría gustado no ser tan ciega con ambos. No era amor, nunca lo fue.
Terminé ese año triste y enojada conmigo misma. Como ya eran los últimos días de diciembre, pensé que sería buena idea sacar esos malos sentimientos y sufrirlos como mejor me pareciera. Lo lloré, lo hablé y lo escribí. Y al mismo tiempo, y de manera simbólica, también empecé a sacar cosas de mi cuarto que ya no me servían. Depuré y me deshice de mucha basura antes de que terminara el año para dar espacio a otras nuevas que llegaran a partir del nuevo año. Suena a cliché, pero funcionó. Enero fue un mes tranquilo, pude regresar a una especie de balance interno y me hizo bien seguir en danza. Y en febrero…
En febrero, Alan Zam empezó a escribirme DMs just for the lulz. Para platicar de… cosas. Empezó mandándome un chiste malo y preguntándome si era lo suficientemente malo como para no ser contado, a lo que le respondí que sí era muy malo, pero que también me había hecho reír. Y así pasamos casi un mes, escribiéndonos todos los días y platicando de nuestros asuntos, del día a día. Del trabajo, del servicio social, de música, de danza polinesia. Hasta que, en marzo, me invitó a vernos un día e ir por un café. Llegó el día y aunque sentí miedo, ahí fui. ¿Qué podría salir mal? Ese día resultó fantástico: fuimos por helado, luego al cine y terminó llevándome con mis amigos. Días después de conocernos, estuvo apoyándome por mensajes en el concurso de danza al que fui con la ohana a Puebla. Desde entonces todo ha sido increíble. Abril, mayo y junio fueron meses muy felices.
Todavía me acuerdo de Mique y siempre deseo que siguiera aquí. Me gustaría contarle mil cosas y salir a pasear como siempre lo hacíamos. De alguna manera sigue presente. La ausencia ya no duele tanto pero cuando duele, ahí está Alan Zam conmigo.
Así que, después de tantas palabras, puedo concluir que tuve razón cuando dije hace unos meses que siempre llegan épocas bonitas después de épocas feas, y que agradezco que hayan sucedido de esa manera pues me ayudaron a tomar perspectiva de mí misma. Veo todo lo que pasé y me da gusto poder decir que crecí como persona. Ese fue mi balance: gané más de lo que perdí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario