[ *El título del post es una canción de IAMX en donde la letra nada tiene qué ver con la entrada de hoy, sólo me sirve para preguntarme de qué lado estoy con lo que vengo a escribir: si soy stupid o soy proud. O ambas. ]
Aloha!
Siento que otra vez pasó mucho tiempo desde el último post hasta el día de hoy, pero he tenido mucho trabajo y poca energía emocional para venir, pero ahora que tengo el tiempo y las ganas para escribir no las voy a desperdiciar.
Siempre que estoy por escribir una nueva entrada, acostumbro leer primero lo último que publiqué, porque me sirve para saber en qué me quedé y si lo que sentía en ese momento sigue vigente o ya quedó enterrado para siempre y esta vez me encontré con que estaba muy enojada con mi mamá porque sentía que no me comprendía y porque su humor no era precisamente el más agradable. ¿Y qué creen? Que hoy sigo pensando eso.
El miércoles, que fue el último día antes de las vacaciones de semana santa (hoy es viernes santo), no vi a Zam porque se fue con su familia a Acámbaro desde el domingo en la tarde y regresarían ese día, pero no iba a poder verlo porque se quedaría en casa de sus papás para regresarse a su depa hasta el jueves en la mañana. Entonces regresé a casa después del trabajo como si fuera cualquier otro día de la semana. La dinámica es: una vez que llego a la estación del bus de por mi casa, le aviso a mi mamá para que vaya a recogerme —le da miedo, o eso dice, si me regreso sola por el peligro que implica atravesar la colonia de noche—, y la espero adentro de un Oxxo que hay por ahí o adentro de la estación del bus. Ese día todo parecía normal, seguí la dinámica de siempre y en cuanto me subí al coche y saludé a mi mamá, lo primero que me preguntó fue, en tono de reclamo:
«¿Qué día es hoy?»
Le respondí toda sacada de onda que «miércoles», y entonces empezó a gritarme que por qué no le había avisado que ese día fuera por mí, y le dije que sí le había comentado desde el fin de semana pasado sobre los planes de Zam, que se acordara que sí le platiqué, pero se enojó más porque me gritó que no era su obligación estar al pendiente de ese tipo de cosas y mucho menos recordarlas y que a la próxima vez me encargara de decirle bien y recordarle si había cambio en los planes.
Ya sé, ya sé que suena de lo más exagerado pero les juro que no estoy haciendo esto más grande de lo que en realidad era porque de verdad pasó así como lo estoy describiendo. Se enojó de la nada. No sé, y a estas alturas no me interesa saber, qué es lo que le sucede. Estoy harta de tratar de entenderla pero cada vez la entiendo menos porque cuando quiero explicarle cosas simplemente no tiene la disposición y así pienso que ya ni vale la pena desgastarme intentado abrir un diálogo ni nada de esas mierdas. Alv con la empatía, entonces. Después de un rato empecé a buscar lugares en renta para irme a vivir a otro lado, con mi filtro todo ridículo de poquitos pesos porque lol no me alcanza mi sueldo, pero los lugares que encontré están en zonas más feas que donde vivo actualmente o son depas todos descuidados y feos. Odio mi vida.
Luego, ayer por la tarde le pregunté si como cada viernes santo iríamos al paseo en Xochimilco con lo que queda de la familia pero me respondió que no, porque esos que quedan salieron a otras ciudades y ella no quería manejar sola hasta allá; sin embargo, me comentó que una de las tías que no salieron le sugirió ir hoy a un parque que casualmente es mi favorito, y me encargó comprar botanas y refresco para el kinda picnic que querían organizar. La verdad es que no tenía ganas de ir porque seguramente no iba a faltar el momento en que de la nada me hiciera pasar alguna vergüenza con uno de los comentarios pasivo-agresivos que acostumbra hacer y no quería que eso me arruinara justamente ese parque al que tanto me gusta ir. Pero con ella no tengo la opción de decir que no, así que fui muy a la fuerza y por lo tanto no hice nada: alternaba los juegos en el celular con un poco de botana o simplemente con mirar a la nada. No tenía ganas de ir a caminar con mis primas que también fueron y mucho menos de ir a ver el invernadero de orquídeas aunque me haya quedado con las ganas de entrar hace un par de semanas que fui con Zam porque ya estaban cerrando el parque aquella vez. Fue una salida horrible la de hoy.
A ratos pienso si no es ella la que me drena la energía emocional —por decirlo de alguna forma y sin la intención de sonar soberbia— porque, de verdad, no encuentro otra razón por la que me siento tan desganada los días posteriores a sus cambios todos horribles de humor. Ayer, por ejemplo, estuve a nada de cancelarle los planes a Zam porque lo único que tenía eran ganas de dormir; no quería salir, no quería arreglarme ni hacer limpieza ni absolutamente nada, pero mal hubiera hecho en ese caso, porque cuando lo vi y salimos me sentí mucho mejor y se me quitó el ánimo de dormir.
Una de las cosas que platicaba con Zam el miércoles, era que yo sabía que algún día llegará el momento en el que me vaya de casa de mi mamá y que cuando eso suceda, me gustaría que fuera en el mejor de los términos, es decir, salirme porque es parte de mis planes personales y no por el impulso de decir que me tiene harta. De verdad, aún con todo esto, quiero hacer las cosas bien, pero a veces parece que no vale la pena. Ya no sé qué pensar; trato de que no me afecten los comentarios de ella ni sus malas actitudes pero es muy difícil, cada día es más complicada.
Voy por un poco de agua para calmarme y hablar con Zam.
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30 marzo 2018
17 febrero 2018
Ya no quiero nada
Creo, quiero pensar, que mi mamá ya no está molesta conmigo. Unos días antes de comenzar el year in pixels (un jueves, y empecé el YIP el martes siguiente), se enojó mucho porque salí tardísimo de la oficina y olvidé avisarle que ya iba en camino. Sí, acepto que por mi descuido se quedó con la preocupación, pero me sacó de onda la manera en la que me gritó al teléfono. Para ese momento ya me encontraba a menos de cinco minutos en el coche —Zam pasó por mí al trabajo para llevarme a casa, pero a ella preferí decirle que tomé un uber— y a pesar de que no puse el altavoz, Zam escuchó todo el escándalo al teléfono; qué pena me dio. Y no voy a justificarme, sino a decir que estaba tan cansada mentalmente que, honestamente, olvidé avisarle que ya iba en camino. Estaba muy saturada, ya tenía mucho sueño y me dolían las piernas de estar tanto tiempo sentada. Desde ese día creo que transcurrió toda una semana sin que me hablara ni se despidiera de mí en las mañanas antes de irse al trabajo. Me conflictuó tanto su actitud, que en un arranque le dije a Zam que ya quería salirme de casa e irme a vivir por mi cuenta, y aunque hoy ya tengo la cabeza más fría, sigo pensando que ya es momento de irme.
Siento que desde que ella corrió de la casa a mi hermano menor, que para colmo fue el día de mi cumpleaños, comenzaron los problemas entre ella y yo. A veces me siento ignorada en lo que siento, que sólo la opinión de ella es la que cuenta, que sus emociones son las únicas que importan, y todo eso me lo hizo sentir a partir de aquel día. Me trata como si otra vez tuviera 16 años y tuviera que estar cuidando mi hora de llegada respecto a la que salí de casa cada vez que salgo con gente, cuando eso ya no sucedía desde hace unos seis años. En verdad no entiendo. No le he fallado tan terriblemente ni he sido una mala hija como para que me trate así.
En fin, toda esta introducción fue para dar un poco de contexto sobre el día de hoy. En general fue un día muy lindo con Zam: fuimos a nuestro sushi favorito, nos acurrucamos y dormimos un rato en su depa y después fuimos a una reunión en casa de unos amigos suyos para festejar que en unos meses van a ser papás. La reunión fue divertida, a pesar de que en cierto punto nos sentimos un poco fuera de lugar porque la mayoría eran médicos y hacían chistes locales con tantos tecnicismos que sólo nos quedaba reírnos por seguir la corriente. Ya cuando cambiaron el tema nos sentimos más incluidos. El tiempo se fue rápido y cuando Zam vio la hora me preguntó si ya quería que me regresara a casa. Me asusté un poco a pesar de que solamente eran las 22h, pues olvidé que salimos a eso de las 15h y seguramente al regresar mi mamá me iba a reclamar por enésima vez la hora de llegada porque «era mucho tiempo afuera». Afortunadamente no fue así porque cuando llegué ella ya estaba dormida.
Pero volví a pensar en lo que mencioné en la introducción de este post. Llega un momento en el que me entristece la actitud de mi mamá porque siento que cualquier esfuerzo que haga para demostrarle que no voy a defraudar su confianza es en vano y me estoy cansando de esto. No quiero llegar a un punto de indiferencia que rompa definitivamente la relación y sé que para que eso no suceda lo mejor será salirme. Ojalá pudiera hacerlo ahora pero mi sueldo no es suficiente y lo ideal es que no quiero roomies, pero tampoco puedo ponerme exigente.
Ya, de verdad, no sé cómo hacer para lidiar con su actitud. Trato mucho de convencerme de que no me afecte y de que ya no está en mí si entiende o no entiende que no soy mala hija, que estoy llegando al punto de darle por su lado porque sé que jamás voy a ser escuchada.
Y no está bien, no es sano mentalmente vivir con incertidumbres de que hoy puede estar muy bien de ánimos pero quién sabe mañana. Ella me ha dicho, entre broma y entre verdad, que me va a tocar aguantar sus cambios de humor ya que por la menopausia «va a estar como adolescente». Y puedo entender las consecuencias de la menopausia, pero lo que no, es que se justifique en eso para hacer sus desmanes.
Ya me voy a dormir a ver si se me pasan los feelz.
Siento que desde que ella corrió de la casa a mi hermano menor, que para colmo fue el día de mi cumpleaños, comenzaron los problemas entre ella y yo. A veces me siento ignorada en lo que siento, que sólo la opinión de ella es la que cuenta, que sus emociones son las únicas que importan, y todo eso me lo hizo sentir a partir de aquel día. Me trata como si otra vez tuviera 16 años y tuviera que estar cuidando mi hora de llegada respecto a la que salí de casa cada vez que salgo con gente, cuando eso ya no sucedía desde hace unos seis años. En verdad no entiendo. No le he fallado tan terriblemente ni he sido una mala hija como para que me trate así.
En fin, toda esta introducción fue para dar un poco de contexto sobre el día de hoy. En general fue un día muy lindo con Zam: fuimos a nuestro sushi favorito, nos acurrucamos y dormimos un rato en su depa y después fuimos a una reunión en casa de unos amigos suyos para festejar que en unos meses van a ser papás. La reunión fue divertida, a pesar de que en cierto punto nos sentimos un poco fuera de lugar porque la mayoría eran médicos y hacían chistes locales con tantos tecnicismos que sólo nos quedaba reírnos por seguir la corriente. Ya cuando cambiaron el tema nos sentimos más incluidos. El tiempo se fue rápido y cuando Zam vio la hora me preguntó si ya quería que me regresara a casa. Me asusté un poco a pesar de que solamente eran las 22h, pues olvidé que salimos a eso de las 15h y seguramente al regresar mi mamá me iba a reclamar por enésima vez la hora de llegada porque «era mucho tiempo afuera». Afortunadamente no fue así porque cuando llegué ella ya estaba dormida.
Pero volví a pensar en lo que mencioné en la introducción de este post. Llega un momento en el que me entristece la actitud de mi mamá porque siento que cualquier esfuerzo que haga para demostrarle que no voy a defraudar su confianza es en vano y me estoy cansando de esto. No quiero llegar a un punto de indiferencia que rompa definitivamente la relación y sé que para que eso no suceda lo mejor será salirme. Ojalá pudiera hacerlo ahora pero mi sueldo no es suficiente y lo ideal es que no quiero roomies, pero tampoco puedo ponerme exigente.
Ya, de verdad, no sé cómo hacer para lidiar con su actitud. Trato mucho de convencerme de que no me afecte y de que ya no está en mí si entiende o no entiende que no soy mala hija, que estoy llegando al punto de darle por su lado porque sé que jamás voy a ser escuchada.
Y no está bien, no es sano mentalmente vivir con incertidumbres de que hoy puede estar muy bien de ánimos pero quién sabe mañana. Ella me ha dicho, entre broma y entre verdad, que me va a tocar aguantar sus cambios de humor ya que por la menopausia «va a estar como adolescente». Y puedo entender las consecuencias de la menopausia, pero lo que no, es que se justifique en eso para hacer sus desmanes.
Ya me voy a dormir a ver si se me pasan los feelz.
16 febrero 2018
Perfect Life
Musiquita del post:
Todo el disco Hand Cannot Erase de Steven Wilson.
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Neptuno II, en mi flickr perdido. |
En otra ocasión me acompañó a buscar un cuentahilos para la clase de Artes Gráficas. Otro día me llevó a la FIL Minería y gracias a eso encontré este libro que me gustó mucho, de una autora finlandesa:
Y desde entonces no dejé de ir a la FIL Minería:
Pero no había vuelto al centro desde que el patán de Manuel me hizo borrar una foto que le tomé frente a Bellas Artes sin que se diera cuenta, pero que a mí me había encantado por lo natural del momento:
Long story short: a los diez minutos de subirla a mi instagram, sin siquiera haberlo etiquetado en la imagen, me dijo en un comentario, sí, ahí publicado: «borra eso». Y la borré y me enojé tanto, que desde entonces no me quedaron ganas de regresar a ese lugar que, a pesar de que me gustaba tanto por los recuerdos bonitos, me fue arruinado por el comentario de un imbécil.
Pero hoy, a casi un año de ese incidente, regresé y le di a uno de mis lugares favoritos una segunda oportunidad. O mejor dicho, ese lugar me la dio a mí, y no me arrepiento:
Pedí permiso de faltar hoy al trabajo para ir a obtener mi número de seguridad social, que me pedían para tener sus registros en orden. Pensé que iba a tardar mucho tiempo pero no fue así, ya que mi papá me ayudó con un contacto suyo, y en quince minutos ya tenía mi trámite resuelto. La oficina a la que tenía que ir se encuentra atrás de Bellas Artes, y como terminé ese asunto rápido, tenía que aprovechar el resto del día. No podía ser en otra ocasión, hoy era el momento perfecto. Así que estuve recorriendo algunos de los lugares por los que Mique me acompañó. Empecé por la explanada del Palacio de Bellas Artes:
Me detuve en un Starbucks y pedí la bebida que solía pedir con él:
Continué mi camino y llegué a Lumen para comprar el Sharpie rojo que me faltaba para el año en pixeles —color que espero usar lo menos posible—. Después me disponía a ir por mi boleto para e concierto de Steven Wilson, pero no lo hice porque en el camino iba mensajeando con Zam y me pidió que le comprara uno también, y como no llevaba suficiente dinero para ambos ni él podía depositarme en ese momento, decidí posponer la compra al próximo fin de semana para comprarlos juntos, y entonces regresé a casa. Además hizo mucho calor y no quería que eso me provocara fatiga o migraña. En uno de los buses en camino a la taquilla del lugar donde será el concierto, una señora me dijo que qué bonito era mi cabello. Me alegró mucho.
Amé mucho este día por haber hecho las paces con mis lugares favoritos.
14 febrero 2018
¡Ya voy a ir a ver a Poets of the Fall!
Hace rato estaba pensando en que tal vez, gran parte de lo que escriba en esta serie de posts del year in pixels van a ser situaciones del trabajo. *caritapensando.emoji* Y primero pensé que eso podría resultar en algo aburrido, pero me regresé en el archivo del blog a principios del 2010 y vi que era igual de aburrida pero con temas de novios o de mis desvelos por hacer tarea de la universidad, y no importa.
Lo digo porque hoy tuve que bloquear de whatsapp a una chava del trabajo que es más bien como de esas tías piolinas, aunque no es taaan tía porque no es tan vieja y hay otras de su misma área que lo son más. Resulta que no dejaba de mandarme mensajes para darle seguimiento a mi trabajo pendiente y ya empezaba a hartarme, pero no quería ser grosera. Entonces pensé que si me tardaba en contestarle o si de plano no veía sus mensajes, eso la obligaría a marcar a la extensión de mi área para hablar conmigo o en el peor de los casos, vendría a preguntar. ¡Pero no lo hizo! Y tampoco es como que la oficina esté muy grande como para que sea muy cansado subir o bajar las escaleras (justamente para evitar esa fatiga nos pusieron el conmutador, lol). Así que aproveché un momento en el que ya no me estaba mandando nada, para darle block. Después, para blindarme un poco, le comenté eso a mi jefe y no tuvo problema. Entiendo que a veces olvido hacer algunos pendientes porque no los apunto y confío en mi memoria, pero nunca he provocado regaños a otras personas por mis descuidos, simplemente son cosas que pueden salir a primera hora del día siguiente y ya, o en el peor de los casos, me quedo tarde y lo termino si la urgencia es mucha. Pero en este caso, en mis pendientes de hoy, estaba concentrada porque tengo varios por entregar mañana; además, el viernes no vendré porque iré a tramitar mi número de seguro social. Calculé bien mis tiempos y pensé: «sí los termino todos». En eso estaba cuando comenzaron a llegar los mensajes de esta chava y aparte de quitarme el tiempo, lo que también me molestó fue el tono de mamá gallina en el que me escribía: «Xim, no olvides que mañana tenemos que entregarle al cliente A, B, C y D, porfa no se te olvide porque b l a b l a b l a». O después eran de: «¿Cómo vamos con esto del pendiente A?». Ugh, esa pregunta de «¿cómo vamos?» me súper pone de malas. En fin, llegó el momento del block y santo remedio. Otra cosa que me estresaba era que mi Office de Mac crasheaba a cada rato y eso me retrasaba más. :( Sucedía, sobre todo, cuando quería cambiar algún elemento por segunda vez. Por ejemplo, si a un texto le cambiaba el color a rojo pero elegía el equivocado, al momento de seleccionar el rojo correcto, el programa dejaba de responder y tenía que forzarlo a que se cerrara para abrirlo de nuevo. La primera vez que eso pasó no había guardado mis avances y tuve que hacerlos otra vez, pero ya a partir de ahí, cada tres segundos guardaba los cambios.
Cuando llegó mi hora de salida, solamente me quedé como diez minutos más para terminar la sección de la presentación en la que estaba trabajando para no dejarla inconclusa, pero una vez que terminé, cerré todo y apagué la compu antes de que se fuera primero la tía para que no me viera, porque es miércoles y los miércoles son mis días de ver a Zam entre semana; obviamente no iba a quitarle de nuestro tiempo por estar en la oficina. Además es día de San Valentín, así que nos fuimos por baguettes y frappé a nuestro café favorito porque ya teníamos mucho tiempo sin ir y queríamos consentirnos y celebrar nuestro amor, aaaw.
Estábamos esperando a que nos trajeran nuestra orden y en eso entré a googlear las fechas de los conciertos de Poets of the Fall en Finlandia porque ¡nos vamos a Finlandia! :D Vamos a estar allá un par de semanas y por supuesto que no me voy a perder a mi banda finlandesa favorita. Vimos que la fecha más conveniente es justamente el día que llegamos allá y sé que vamos a llegar destruidos pero sé también que vale la pena totalmente. Vamos a llegar al aeropuerto de Helsinki a eso de las 15h, luego tenemos que tomar el bus a Espoo, que es donde está nuestro airbnb porque los de Helsinki estaban carísimos o no tenían disponibilidad para nuestras fechas, y de ahí tomaremos el tren que nos llevará a Lahti, que es la ciudad donde será el concierto a las 21h. Seguramente correremos mucho pero mi yo de 18 años me dice que lo haga.
Aquí les pongo unos screens de los mapas para que se den una idea. El tren de Espoo a Lahti hace unos 50 minutos si es directo, o poquito más si hace escala en Pasila. Clic sobre las imágenes para verlas en su tamaño original. O búsquenlas en este link de Google Maps si quieren. :v
En la primera parte de este otro post les platicaba de la vez que Poets me respondieron un tuit de si vendrían alguna vez a México y con los años me di cuenta de que si quería verlos, era más probable que yo viajara y hoy, ocho años después, estoy a un par de meses de que eso suceda. En serio estoy muy feliz. Después de toda esa emoción llegaron nuestras baguettes y cenamos súper rico. Le dije a Zam que voy a llevarme una banderita de México en la maleta para sacarla en el concierto, haha.
Lo digo porque hoy tuve que bloquear de whatsapp a una chava del trabajo que es más bien como de esas tías piolinas, aunque no es taaan tía porque no es tan vieja y hay otras de su misma área que lo son más. Resulta que no dejaba de mandarme mensajes para darle seguimiento a mi trabajo pendiente y ya empezaba a hartarme, pero no quería ser grosera. Entonces pensé que si me tardaba en contestarle o si de plano no veía sus mensajes, eso la obligaría a marcar a la extensión de mi área para hablar conmigo o en el peor de los casos, vendría a preguntar. ¡Pero no lo hizo! Y tampoco es como que la oficina esté muy grande como para que sea muy cansado subir o bajar las escaleras (justamente para evitar esa fatiga nos pusieron el conmutador, lol). Así que aproveché un momento en el que ya no me estaba mandando nada, para darle block. Después, para blindarme un poco, le comenté eso a mi jefe y no tuvo problema. Entiendo que a veces olvido hacer algunos pendientes porque no los apunto y confío en mi memoria, pero nunca he provocado regaños a otras personas por mis descuidos, simplemente son cosas que pueden salir a primera hora del día siguiente y ya, o en el peor de los casos, me quedo tarde y lo termino si la urgencia es mucha. Pero en este caso, en mis pendientes de hoy, estaba concentrada porque tengo varios por entregar mañana; además, el viernes no vendré porque iré a tramitar mi número de seguro social. Calculé bien mis tiempos y pensé: «sí los termino todos». En eso estaba cuando comenzaron a llegar los mensajes de esta chava y aparte de quitarme el tiempo, lo que también me molestó fue el tono de mamá gallina en el que me escribía: «Xim, no olvides que mañana tenemos que entregarle al cliente A, B, C y D, porfa no se te olvide porque b l a b l a b l a». O después eran de: «¿Cómo vamos con esto del pendiente A?». Ugh, esa pregunta de «¿cómo vamos?» me súper pone de malas. En fin, llegó el momento del block y santo remedio. Otra cosa que me estresaba era que mi Office de Mac crasheaba a cada rato y eso me retrasaba más. :( Sucedía, sobre todo, cuando quería cambiar algún elemento por segunda vez. Por ejemplo, si a un texto le cambiaba el color a rojo pero elegía el equivocado, al momento de seleccionar el rojo correcto, el programa dejaba de responder y tenía que forzarlo a que se cerrara para abrirlo de nuevo. La primera vez que eso pasó no había guardado mis avances y tuve que hacerlos otra vez, pero ya a partir de ahí, cada tres segundos guardaba los cambios.
Cuando llegó mi hora de salida, solamente me quedé como diez minutos más para terminar la sección de la presentación en la que estaba trabajando para no dejarla inconclusa, pero una vez que terminé, cerré todo y apagué la compu antes de que se fuera primero la tía para que no me viera, porque es miércoles y los miércoles son mis días de ver a Zam entre semana; obviamente no iba a quitarle de nuestro tiempo por estar en la oficina. Además es día de San Valentín, así que nos fuimos por baguettes y frappé a nuestro café favorito porque ya teníamos mucho tiempo sin ir y queríamos consentirnos y celebrar nuestro amor, aaaw.
Estábamos esperando a que nos trajeran nuestra orden y en eso entré a googlear las fechas de los conciertos de Poets of the Fall en Finlandia porque ¡nos vamos a Finlandia! :D Vamos a estar allá un par de semanas y por supuesto que no me voy a perder a mi banda finlandesa favorita. Vimos que la fecha más conveniente es justamente el día que llegamos allá y sé que vamos a llegar destruidos pero sé también que vale la pena totalmente. Vamos a llegar al aeropuerto de Helsinki a eso de las 15h, luego tenemos que tomar el bus a Espoo, que es donde está nuestro airbnb porque los de Helsinki estaban carísimos o no tenían disponibilidad para nuestras fechas, y de ahí tomaremos el tren que nos llevará a Lahti, que es la ciudad donde será el concierto a las 21h. Seguramente correremos mucho pero mi yo de 18 años me dice que lo haga.
Aquí les pongo unos screens de los mapas para que se den una idea. El tren de Espoo a Lahti hace unos 50 minutos si es directo, o poquito más si hace escala en Pasila. Clic sobre las imágenes para verlas en su tamaño original. O búsquenlas en este link de Google Maps si quieren. :v
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El mapa de Finlandia. |
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Las distancias entre Helsinki, Espoo y Lahti. |
En la primera parte de este otro post les platicaba de la vez que Poets me respondieron un tuit de si vendrían alguna vez a México y con los años me di cuenta de que si quería verlos, era más probable que yo viajara y hoy, ocho años después, estoy a un par de meses de que eso suceda. En serio estoy muy feliz. Después de toda esa emoción llegaron nuestras baguettes y cenamos súper rico. Le dije a Zam que voy a llevarme una banderita de México en la maleta para sacarla en el concierto, haha.
13 febrero 2018
El 2018 en pixeles
Hello, beautiful people.
Como lo prometí en algún momento, he vuelto a desempolvar este blog que tenía en el abandono total. No recuerdo cuál fue el último post que escribí, pero el que sí recuerdo es en el que hablaba de Manuel —porque acabo de abrir en enlace, lol—. El tiempo pasó muy rápido y muchas cosas cambiaron. Terminé con él. Sí, ahora fui yo quien terminó una relación. Nunca me imaginé que eso sucedería porque les juro que lo quise mucho, pero aparentemente eso no era recíproco. Ya después les contaré de eso porque, a pesar de que yo di por terminado eso una semana después de mi cumpleaños 27 —hace exactamente ocho meses—, apareció de pronto en navidad, en año nuevo y a finales de enero y no fue nada agradable. Pero les digo que después hablaré de eso y de mi posterior regreso con Zam porque el motivo de mi regreso al blog es otro muy distinto.
La razón por la que regresé es porque quiero escribir mis feels como lo hacía antes, porque de verdad necesito algo así como mi safe space para desahogar todo lo que traigo en mi cabeza. Encontré hace poco una imagen que se llama Year in Pixels. Es un calendario muy burdo en el que coloreas el cuadrito correspondiente de cada día de acuerdo a una tabla de colores donde cada uno representa una emoción con la que definirías ese día.
Adjunto ejemplo (clic sobre la imagen para ver más grande):
«¿Adjunto ejemplo?» ¿Qué me pasa? Soné súper godínez. >:(
Entonces, decidí que para complementar este registro vendría, en la medida de lo posible, a escribir cómo estuvo mi día. Así nada más. Por el puro gusto y por tener más claro por qué me siento de tal o cual ánimo y hacer el balance general (¿balance general? ¿Otra vez godineando?) a finales de diciembre. No importa que ya haya transcurrido un mes y medio del año.
También adjunto el link de descarga del que yo hice aquí por si quieren imprimirlo, es tamaño carta.
Dicho todo esto, empiezo con el día de hoy.
Ando muy contentilla porque en la mañana, el dueño de la agencia donde trabajo me pidió que subiera a su oficina para hablar de un tema importante. Al principio sí me asusté porque minutos antes estaba quejándome de una brand leader de la oficina que está toda torpe y no sabe explicar las cosas que necesita; incluso creo que mi tono de voz fue bastante alto y me dio miedo que las otras brand torpes me hubieran escuchado y hubieran ido a acusarme, lol. Pero nada de eso sucedió, al contrario: el jefe quería hablar conmigo para primero, preguntarme cómo me he sentido a lo largo de estos meses trabajando en la agencia, y después de responderle que ha sido satisfactorio y productivo, hacerme saber que me iban a dar un incremento en el sueldo que correría a partir de esta quincena; además, tendría que enviarle mi RFC con homoclave y algo del seguro social para darme de alta en esas cosas que después te sirven para cotizar semanas de antigüedad. O sea, llevaba desde mayo que entré, sin prestaciones de ley. :( Pero ya me las van a dar. :)
Sin embargo, lo que me hizo más feliz de todo esto fue que su opinión sobre mí y mi trabajo es que es muy bueno, que está bien con lo que ha visto que hago y que la opinión general de la gente con la que trabajo también es positiva: que entrego rápido los pendientes, que soy bien hecha y comprometida. Y que lo único en lo que tengo que trabajar es en integrarme más con el equipo en el sentido de no tener miedo de preguntar cómo hacer algo que no sé; vaya, pedirle ayuda a mis compañeros que tienen más experiencia. Yo siento que sí lo hago, pero si me lo dijo fue por algo y estoy bien con eso. Le haré caso.
En otros temas, he estado tratando de mejorar mis hábitos de alimentación porque hace unos días tenía una sensación extraña en los brazos, como si se me cortara la circulación cuando los alzaba para peinarme, por ejemplo, o por el simple hecho de tenerlos flexionados. Ahora que lo pienso, se lo achaco a haber comido sushi muy seguido en ¿dos semanas? ¿Tres, tal vez? Porque ya tengo otras tres semanas sin comer sushi y ya no he tenido esa sensación. Dicen que los mariscos tienen mercurio y colesterol, quizá haya sido una especie de sobredosis o algo así. Así que decidí desayunar más saludable: llevo fruta picada, a veces avena, y sándwich de queso en pan integral a la oficina y me preparo un té allá porque no me da tiempo de desayunar en casa. Por lo mismo, procuro cenar un poquito tarde para que no sean tantas las horas de ayuno hasta el día siguiente. Pero a la hora de la comida es cuando más trabajo me cuesta porque aunque quedo satisfecha, me da mucho antojo de ir por helado o papitas con salsa inglesa y, ay, ya se me hizo agua la boca. :( A veces tengo tanto trabajo que se me olvida ir a la tienda o a los helados y cuando salgo de la oficina ya ni tengo el antojo porque siento que ya no son horas de comer chatarra. Pero cuando sí es muy fuerte el antojo no puedo resistirme. ¿Cómo le hacía a los 20 años para tener tanta fuerza de voluntad? :( En general creo que no voy tan mal pero sé que puedo ir mejor. Espero lograrlo.
También me prometí ir a dormir temprano y en eso sí he estado fallando durísimo. Por ejemplo, ahorita. Empecé a escribir este post a las 23h cuando a esa hora ya debería estar envuelta en las cobijas, aunque hoy decidí hacer una excepción porque a Zam le faltaba una hora de estudio y yo decidí hacer tiempo escribiendo esto.
Ya voy a desmaquillarme y prepararme para dormir.
Gracias por leer hasta aquí, regreso mañana y esta vez sí es en serio. :)
Como lo prometí en algún momento, he vuelto a desempolvar este blog que tenía en el abandono total. No recuerdo cuál fue el último post que escribí, pero el que sí recuerdo es en el que hablaba de Manuel —porque acabo de abrir en enlace, lol—. El tiempo pasó muy rápido y muchas cosas cambiaron. Terminé con él. Sí, ahora fui yo quien terminó una relación. Nunca me imaginé que eso sucedería porque les juro que lo quise mucho, pero aparentemente eso no era recíproco. Ya después les contaré de eso porque, a pesar de que yo di por terminado eso una semana después de mi cumpleaños 27 —hace exactamente ocho meses—, apareció de pronto en navidad, en año nuevo y a finales de enero y no fue nada agradable. Pero les digo que después hablaré de eso y de mi posterior regreso con Zam porque el motivo de mi regreso al blog es otro muy distinto.
La razón por la que regresé es porque quiero escribir mis feels como lo hacía antes, porque de verdad necesito algo así como mi safe space para desahogar todo lo que traigo en mi cabeza. Encontré hace poco una imagen que se llama Year in Pixels. Es un calendario muy burdo en el que coloreas el cuadrito correspondiente de cada día de acuerdo a una tabla de colores donde cada uno representa una emoción con la que definirías ese día.
Adjunto ejemplo (clic sobre la imagen para ver más grande):
«¿Adjunto ejemplo?» ¿Qué me pasa? Soné súper godínez. >:(
Entonces, decidí que para complementar este registro vendría, en la medida de lo posible, a escribir cómo estuvo mi día. Así nada más. Por el puro gusto y por tener más claro por qué me siento de tal o cual ánimo y hacer el balance general (¿balance general? ¿Otra vez godineando?) a finales de diciembre. No importa que ya haya transcurrido un mes y medio del año.
También adjunto el link de descarga del que yo hice aquí por si quieren imprimirlo, es tamaño carta.
Dicho todo esto, empiezo con el día de hoy.
Ando muy contentilla porque en la mañana, el dueño de la agencia donde trabajo me pidió que subiera a su oficina para hablar de un tema importante. Al principio sí me asusté porque minutos antes estaba quejándome de una brand leader de la oficina que está toda torpe y no sabe explicar las cosas que necesita; incluso creo que mi tono de voz fue bastante alto y me dio miedo que las otras brand torpes me hubieran escuchado y hubieran ido a acusarme, lol. Pero nada de eso sucedió, al contrario: el jefe quería hablar conmigo para primero, preguntarme cómo me he sentido a lo largo de estos meses trabajando en la agencia, y después de responderle que ha sido satisfactorio y productivo, hacerme saber que me iban a dar un incremento en el sueldo que correría a partir de esta quincena; además, tendría que enviarle mi RFC con homoclave y algo del seguro social para darme de alta en esas cosas que después te sirven para cotizar semanas de antigüedad. O sea, llevaba desde mayo que entré, sin prestaciones de ley. :( Pero ya me las van a dar. :)
Sin embargo, lo que me hizo más feliz de todo esto fue que su opinión sobre mí y mi trabajo es que es muy bueno, que está bien con lo que ha visto que hago y que la opinión general de la gente con la que trabajo también es positiva: que entrego rápido los pendientes, que soy bien hecha y comprometida. Y que lo único en lo que tengo que trabajar es en integrarme más con el equipo en el sentido de no tener miedo de preguntar cómo hacer algo que no sé; vaya, pedirle ayuda a mis compañeros que tienen más experiencia. Yo siento que sí lo hago, pero si me lo dijo fue por algo y estoy bien con eso. Le haré caso.
En otros temas, he estado tratando de mejorar mis hábitos de alimentación porque hace unos días tenía una sensación extraña en los brazos, como si se me cortara la circulación cuando los alzaba para peinarme, por ejemplo, o por el simple hecho de tenerlos flexionados. Ahora que lo pienso, se lo achaco a haber comido sushi muy seguido en ¿dos semanas? ¿Tres, tal vez? Porque ya tengo otras tres semanas sin comer sushi y ya no he tenido esa sensación. Dicen que los mariscos tienen mercurio y colesterol, quizá haya sido una especie de sobredosis o algo así. Así que decidí desayunar más saludable: llevo fruta picada, a veces avena, y sándwich de queso en pan integral a la oficina y me preparo un té allá porque no me da tiempo de desayunar en casa. Por lo mismo, procuro cenar un poquito tarde para que no sean tantas las horas de ayuno hasta el día siguiente. Pero a la hora de la comida es cuando más trabajo me cuesta porque aunque quedo satisfecha, me da mucho antojo de ir por helado o papitas con salsa inglesa y, ay, ya se me hizo agua la boca. :( A veces tengo tanto trabajo que se me olvida ir a la tienda o a los helados y cuando salgo de la oficina ya ni tengo el antojo porque siento que ya no son horas de comer chatarra. Pero cuando sí es muy fuerte el antojo no puedo resistirme. ¿Cómo le hacía a los 20 años para tener tanta fuerza de voluntad? :( En general creo que no voy tan mal pero sé que puedo ir mejor. Espero lograrlo.
También me prometí ir a dormir temprano y en eso sí he estado fallando durísimo. Por ejemplo, ahorita. Empecé a escribir este post a las 23h cuando a esa hora ya debería estar envuelta en las cobijas, aunque hoy decidí hacer una excepción porque a Zam le faltaba una hora de estudio y yo decidí hacer tiempo escribiendo esto.
Ya voy a desmaquillarme y prepararme para dormir.
Gracias por leer hasta aquí, regreso mañana y esta vez sí es en serio. :)
02 julio 2016
A mi edad
Qué raro se siente volver a blogger y ver que ya nadie escribe. Lo sé, yo también me alejé de estos rumbos por poco más de un año; no sé por qué, pero no volveré a hacerlo. Me prometí que volvería a escribir, no tan seguido como cuando empezaba, pero ya me encontrarán de nuevo por aquí.
Una de las razones por las que dejé de escribir fue por la primita chismosa que un día vino a leer y malinterpretó cierta entrada que publiqué, donde me hablaba de que «madurara y fuera responsable» (cuando ella ni siquiera le cambiaba los pañales a su propio hijo). Incluso, eso dio pie a que muchas veces me guardara sentimientos difíciles que únicamente podía sacar por aquí, mi propio espacio, y evitara escribir sobre ello. ¿Cómo es posible que le haya dado tanta importancia a esa estúpida? No lo sé, pero tampoco volveré a censurarme.
Esos ya son tiempos muy lejanos y probablemente ya no se acuerde de mi blog. O eso espero.
Tengo tantas cosas qué contarles. La primera, y que tiene que ver con este tema tan difícil de la familia paterna, es que mi papá por fin ya se salió de la casa después de cinco años del divorcio. ¡Cinco años! ¿Se imaginan? Cinco años en los que la convivencia con él era dañina, tóxica. Nos hacía la vida pesada a todos. Como estudió psicología, sabe perfectamente cómo manipular a las personas y crearles sentimientos de culpa por cualquier cosa. En serio. Todo el tiempo, todos en casa estaban peleados o de malas. Invadía los espacios ajenos, se metía a escondidas al cuarto de mi mamá y a veces hasta al mío y se atrevía a dormir en mi cama cuando yo no estaba. Cuando se firmó el divorcio, hubo una orden del juez que establecía que él se tenía que salir de la casa, pero no lo hizo en todos esos años. Su pretexto era que como él pagaba la hipoteca del departamento, le pertenecía y por ello tenía derecho a quedarse, y siempre decía que en todo caso, los que teníamos que salirnos éramos mi mamá, mis hermanos y yo. Muchas veces llegué a pensar que es un enfermo mental y que necesita ayuda urgente. Mi mamá le había propuesto un trato en el que ella no le exigiría ninguno de sus bienes (la casa de Veracruz que se está cayendo a pedazos, y sus coches que también se están cayendo a pedazos), y que además absorbería la deuda de la hipoteca, pero mi papá nunca aceptó. O sea, ¿qué tan enfermo tienes que estar, que con tal de joder la existencia ajena no aceptas un trato que te beneficia económicamente? A ese grado él lo estaba, o está.
Todo eso cambió el día de la audiencia con el juez, a principios de mayo de este año. Lo que sé, es que en esa ocasión sus abogados no llegaron a la audiencia. Nadie sabe qué pasó, nunca le avisaron que no podrían ir y él no pudo comunicarse con ellos, lo que le dio una gran ventaja a mi mamá para ganar la audiencia, de tal forma que a mi papá no le quedó otra opción más que él mismo establecer la fecha en que se saldría. Un escribano redactó el documento que después ambos tuvieron que firmar y en caso de que él incumpliera, mi mamá podría proceder otra vez, con consecuencias peores para él. Y como no hay plazo que no se cumpla, por fin llegó el día, a mediados de junio. Después de eso, mi mamá pidió unos días de vacaciones para hacer limpieza y cambiar las chapas. Yo renuncié a mi empleo por razones que contaré en la siguiente entrada, aunque una de ellas era para vigilar que mi papá no entrara a escondidas a la casa mientras no había nadie y llamar a una patrulla en caso de ser necesario. Ya sé, se escucha horrible, pero no había otra salida. Afortunadamente, eso nunca sucedió.
Bueno, eso es en lo que respecta a la terrible relación entre ellos. En cuanto a mí, es difícil. Decidí cortar lo más posible los vínculos con él, porque también me hizo mucho daño. Y tengo sentimientos encontrados porque pues, tengo buenos recuerdos, especialmente de uno de los últimos viajes a Veracruz, pero por otro lado, también recuerdo el daño que me hizo y que aunque una parte de eso ya está sanado, aún me cuesta trabajo. Terminar una relación dañina no es tan difícil cuando se trata de un extraño, ya sea de amistad, de pareja, de trabajo, etc. Pero cuando es alguien de tu familia cercana, alguien con quien prácticamente has convivido toda tu vida casi 24/7, duele distinto y duele mucho… pero al final sabes que te alejas por tu propio bien, por tu bienestar y por tu salud mental.
Sólo tengo una canción para describir ese sentimiento, la pongo a continuación (no hagan caso al video):
Lo único que espero es que mi papá no se arrepienta de sus malas decisiones cuando ya sea muy tarde.
Una de las razones por las que dejé de escribir fue por la primita chismosa que un día vino a leer y malinterpretó cierta entrada que publiqué, donde me hablaba de que «madurara y fuera responsable» (cuando ella ni siquiera le cambiaba los pañales a su propio hijo). Incluso, eso dio pie a que muchas veces me guardara sentimientos difíciles que únicamente podía sacar por aquí, mi propio espacio, y evitara escribir sobre ello. ¿Cómo es posible que le haya dado tanta importancia a esa estúpida? No lo sé, pero tampoco volveré a censurarme.
Esos ya son tiempos muy lejanos y probablemente ya no se acuerde de mi blog. O eso espero.
Tengo tantas cosas qué contarles. La primera, y que tiene que ver con este tema tan difícil de la familia paterna, es que mi papá por fin ya se salió de la casa después de cinco años del divorcio. ¡Cinco años! ¿Se imaginan? Cinco años en los que la convivencia con él era dañina, tóxica. Nos hacía la vida pesada a todos. Como estudió psicología, sabe perfectamente cómo manipular a las personas y crearles sentimientos de culpa por cualquier cosa. En serio. Todo el tiempo, todos en casa estaban peleados o de malas. Invadía los espacios ajenos, se metía a escondidas al cuarto de mi mamá y a veces hasta al mío y se atrevía a dormir en mi cama cuando yo no estaba. Cuando se firmó el divorcio, hubo una orden del juez que establecía que él se tenía que salir de la casa, pero no lo hizo en todos esos años. Su pretexto era que como él pagaba la hipoteca del departamento, le pertenecía y por ello tenía derecho a quedarse, y siempre decía que en todo caso, los que teníamos que salirnos éramos mi mamá, mis hermanos y yo. Muchas veces llegué a pensar que es un enfermo mental y que necesita ayuda urgente. Mi mamá le había propuesto un trato en el que ella no le exigiría ninguno de sus bienes (la casa de Veracruz que se está cayendo a pedazos, y sus coches que también se están cayendo a pedazos), y que además absorbería la deuda de la hipoteca, pero mi papá nunca aceptó. O sea, ¿qué tan enfermo tienes que estar, que con tal de joder la existencia ajena no aceptas un trato que te beneficia económicamente? A ese grado él lo estaba, o está.
Todo eso cambió el día de la audiencia con el juez, a principios de mayo de este año. Lo que sé, es que en esa ocasión sus abogados no llegaron a la audiencia. Nadie sabe qué pasó, nunca le avisaron que no podrían ir y él no pudo comunicarse con ellos, lo que le dio una gran ventaja a mi mamá para ganar la audiencia, de tal forma que a mi papá no le quedó otra opción más que él mismo establecer la fecha en que se saldría. Un escribano redactó el documento que después ambos tuvieron que firmar y en caso de que él incumpliera, mi mamá podría proceder otra vez, con consecuencias peores para él. Y como no hay plazo que no se cumpla, por fin llegó el día, a mediados de junio. Después de eso, mi mamá pidió unos días de vacaciones para hacer limpieza y cambiar las chapas. Yo renuncié a mi empleo por razones que contaré en la siguiente entrada, aunque una de ellas era para vigilar que mi papá no entrara a escondidas a la casa mientras no había nadie y llamar a una patrulla en caso de ser necesario. Ya sé, se escucha horrible, pero no había otra salida. Afortunadamente, eso nunca sucedió.
Bueno, eso es en lo que respecta a la terrible relación entre ellos. En cuanto a mí, es difícil. Decidí cortar lo más posible los vínculos con él, porque también me hizo mucho daño. Y tengo sentimientos encontrados porque pues, tengo buenos recuerdos, especialmente de uno de los últimos viajes a Veracruz, pero por otro lado, también recuerdo el daño que me hizo y que aunque una parte de eso ya está sanado, aún me cuesta trabajo. Terminar una relación dañina no es tan difícil cuando se trata de un extraño, ya sea de amistad, de pareja, de trabajo, etc. Pero cuando es alguien de tu familia cercana, alguien con quien prácticamente has convivido toda tu vida casi 24/7, duele distinto y duele mucho… pero al final sabes que te alejas por tu propio bien, por tu bienestar y por tu salud mental.
Sólo tengo una canción para describir ese sentimiento, la pongo a continuación (no hagan caso al video):
Tiziano Ferro – A mi edad
Lo único que espero es que mi papá no se arrepienta de sus malas decisiones cuando ya sea muy tarde.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
DAMN,
XXIM RESPONDE
2 comentarios:
01 junio 2016
Resumen tardío del 2015, parte 2: Manuel.
Manuel.
Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.
Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.
Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3
Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.
Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.
Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.
Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.
Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3
Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.
Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.
Resumen tardío del 2015, parte 1: El caos.
Uf, damn 2015, qué año. Sé que otra vez me desaparecí mucho tiempo y ahora que regresé, pensé primero en escribir un post por cada día relevante, pero la verdad es que fueron tantos que mejor decidí escribir el resumen de todo lo que dejé sin concluir y extenderme un poquito más en un par de asuntos más importantes. Vaya que la segunda mitad del año fue vertiginosa.
El resumen
Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.
Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.
Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.
Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.
Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.
Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.
Así fue la primera mitad de mi 2015.
El resumen
Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.
Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.
Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.
Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.
Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.
Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.
Así fue la primera mitad de mi 2015.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ALAN Z.,
ATTITUDE,
DAMN,
HÉCTOR,
JAVIER
1 comentario:
22 junio 2015
Absolutely zero
Musiquita del post:
Jason Mraz — Absolutely Zero
You, you were a friend
You were a friend of mine, I let you spend the night
You see, it was my fault, of course it was mine.
El fin de semana rompí el corazón de un dude y no me siento orgullosa de haberlo hecho, al contrario, me siento miserable por haberle hecho ilusiones para después decirle que no quería nada.
Se llamaba Octavio. Como es costumbre, empecé a tratarlo por twitter hace un par de semanas y nos llevábamos muy bien, incluso intercambiamos whats y por mensajes me decía que le agradaba mucho, tanto físicamente como por mi forma de ser. Confieso que también me dejé llevar un poco rápido al sentirme halagada por sus palabras, pues siempre tenía algo lindo qué decirme. Creí que también me gustaba después de haberlo escuchado por una notita de voz además de haber visto varias fotos suyas, puesto que salía bien y sabía enfocar sus ojos verdes, así que también comencé a corresponderle los mensajes. Todas las mañanas me escribía para desearme buenos días y platicar un poco antes de que yo tuviera que salir. Un día pensamos que sería buena idea vernos en persona y pasar la tarde, y entonces arreglamos todo para que el miércoles fuera el día indicado. Solamente fuimos a comer, ya que de último minuto le habían avisado en el trabajo que tendría que regresar en la tarde-noche. Con tal de verlo y evaluar si un ratito sería suficiente para decidir si quería verlo de nuevo o no, le respondí que no habría problema. Entonces llegó el momento: nos vimos donde habíamos acordado y luego de haber caminado algunas cuadras, al llegar hasta su coche me pidió un abrazo… y fue ahí cuando sentí que las cosas no irían tan bien, aunque no quise predisponerme. Lo abracé como al resto de mis amigos, pero él me abrazó más fuerte y olió mi cabello. Un amigo no huele tu cabello tan efusivamente. De alguna manera también quería besarme pero no lo dejé y me las arreglé para no hacer incómodo el momento y lograr que nos subiéramos al coche pronto para ir a comer. Abrió la puerta y, sorpresa, otra señal de incomodidad: por dentro estaba todo sin aspirar. Tal vez soy demasiado quisquillosa, tal vez otra persona no se hubiera fijado en eso… pero yo sí, y es algo que no me gusta porque me hace pensar que si no tienen cuidado con su coche, quizá no lo tengan para el resto de sus cosas o peor aún, para los demás. Tan incómoda me sentí que no quise dejar mi bolsa en el tapete como suelo hacerlo, sino que la acomodé a un lado como pude. Llegamos al restaurante y mientras él le ponía dinero al parquímetro, le quité su sombrero y descubrí que el pobre dude, a sus treinta años, ya sufría de alopecia, haha. D: Se volteó hacia mí y en su expresión noté claramente su incomodidad, así que rápidamente me puse su sombrero y le dije que sólo quería ver cómo me veía para tomarme una selfie (que después borré) y luego devolvérselo. Aquella incomodidad mía no fue por el aspecto físico sino que, como vi más adelante al sentarnos a la mesa, estaba más acomplejado de lo que parecía por su problema, al grado de no quitarse el sombrero para comer. La comida transcurrió alternando pláticas con algunos silencios y su mano tomando la mía o acariciando mi mejilla. Los silencios fueron incómodos porque para él lo eran; yo no tengo problema si de pronto no hay algo qué decir, pero la mayoría de la gente no piensa así y sienten que deben decir algo, lo que sea, y eso resulta a veces contraproducente.
Llegó el momento de irnos y cuando estuvimos de regreso en el coche me dio algunos besos en la mejilla después de oler nuevamente mi cabello. Nunca se aprovechó de la situación ni nada parecido, pero fue raro para mí tener ese tipo de trato en una primera cita. Algo apresurado, creo. Al menos al camino hacia la estación de regreso no le faltó plática, lo cual fue bueno porque el tránsito avanzaba lento y torpe por la lluvia. Llegamos, bajamos y me acompañó a despedirme hasta los torniquetes, donde quiso besarme por segunda ocasión. Tampoco lo dejé y esquivé ese beso como he aprendido a hacerlo; me despedí y cada uno se fue por su cuenta.
Al día siguiente no intercambiamos ningún mensaje, sino hasta el viernes. Me dijo que no había querido incomodarme en ningún momento y me reiteró que yo sería su prioridad y que quería que me sintiera bien, pero que le hiciera saber qué pensaba yo de todo eso. Oh, no, eso era una señal muy mala y debía frenarlo como fuera, pero amablemente y sin ser grosera para no lastimarlo (tanto). Todo el día estuve pensando en alguna respuesta lo más sutil posible y por ello le respondí hasta el sábado por la noche. Lo sé, tampoco debí haber tardado tanto, pero de que tendría una respuesta, eso era seguro. Usé las palabras más amables que encontré y le escribí agradeciéndole por la tarde que había pasado con él y que percibí que era un buen hombre, pero que me sentía rara por la rapidez con la que todo se estaba dando y que con ello me había dado cuenta de que realmente no me sentía lista para una relación (cosa que en parte era cierta). Me disculpé varias veces diciéndole que nunca quise jugar con él ni haberle hecho ilusiones (lo cual sí era totalmente cierto), y que si él aún lo quería, solamente podría ofrecerle mi amistad. Luego me despedí deseándole que encontrara a alguien que lo correspondiera como se merecía y que pasara buena noche. Su respuesta, al mediodía de ayer, me rompió lo poco que me quedaba de corazón sin romper. Me dijo que era algo que él ya presentía y también se disculpó por las incomodidades que pudo haberme causado, que tampoco fue su intención. Que no me preocupara, pues él no tenía memoria. Me agradeció por haberle dado un poco de mi tiempo y… se despidió. Era evidente que no le encantó la idea de la amistad y que mejor decidía alejarse.
Me sentí muy apenada, en verdad nunca quise jugar con él. Y aunque sé que él pudo haber ido algo rápido, también acepto que fue mi culpa haber alimentado sus esperanzas antes de tiempo. Todavía recuerdo todo eso y me siento un poco mal. Supongo que es algo que se me quitará con el tiempo, ¿pero y él? En fin, de todas formas, ya no hay vuelta atrás.
Jason Mraz — Absolutely Zero
You, you were a friend
You were a friend of mine, I let you spend the night
You see, it was my fault, of course it was mine.
El fin de semana rompí el corazón de un dude y no me siento orgullosa de haberlo hecho, al contrario, me siento miserable por haberle hecho ilusiones para después decirle que no quería nada.
Se llamaba Octavio. Como es costumbre, empecé a tratarlo por twitter hace un par de semanas y nos llevábamos muy bien, incluso intercambiamos whats y por mensajes me decía que le agradaba mucho, tanto físicamente como por mi forma de ser. Confieso que también me dejé llevar un poco rápido al sentirme halagada por sus palabras, pues siempre tenía algo lindo qué decirme. Creí que también me gustaba después de haberlo escuchado por una notita de voz además de haber visto varias fotos suyas, puesto que salía bien y sabía enfocar sus ojos verdes, así que también comencé a corresponderle los mensajes. Todas las mañanas me escribía para desearme buenos días y platicar un poco antes de que yo tuviera que salir. Un día pensamos que sería buena idea vernos en persona y pasar la tarde, y entonces arreglamos todo para que el miércoles fuera el día indicado. Solamente fuimos a comer, ya que de último minuto le habían avisado en el trabajo que tendría que regresar en la tarde-noche. Con tal de verlo y evaluar si un ratito sería suficiente para decidir si quería verlo de nuevo o no, le respondí que no habría problema. Entonces llegó el momento: nos vimos donde habíamos acordado y luego de haber caminado algunas cuadras, al llegar hasta su coche me pidió un abrazo… y fue ahí cuando sentí que las cosas no irían tan bien, aunque no quise predisponerme. Lo abracé como al resto de mis amigos, pero él me abrazó más fuerte y olió mi cabello. Un amigo no huele tu cabello tan efusivamente. De alguna manera también quería besarme pero no lo dejé y me las arreglé para no hacer incómodo el momento y lograr que nos subiéramos al coche pronto para ir a comer. Abrió la puerta y, sorpresa, otra señal de incomodidad: por dentro estaba todo sin aspirar. Tal vez soy demasiado quisquillosa, tal vez otra persona no se hubiera fijado en eso… pero yo sí, y es algo que no me gusta porque me hace pensar que si no tienen cuidado con su coche, quizá no lo tengan para el resto de sus cosas o peor aún, para los demás. Tan incómoda me sentí que no quise dejar mi bolsa en el tapete como suelo hacerlo, sino que la acomodé a un lado como pude. Llegamos al restaurante y mientras él le ponía dinero al parquímetro, le quité su sombrero y descubrí que el pobre dude, a sus treinta años, ya sufría de alopecia, haha. D: Se volteó hacia mí y en su expresión noté claramente su incomodidad, así que rápidamente me puse su sombrero y le dije que sólo quería ver cómo me veía para tomarme una selfie (que después borré) y luego devolvérselo. Aquella incomodidad mía no fue por el aspecto físico sino que, como vi más adelante al sentarnos a la mesa, estaba más acomplejado de lo que parecía por su problema, al grado de no quitarse el sombrero para comer. La comida transcurrió alternando pláticas con algunos silencios y su mano tomando la mía o acariciando mi mejilla. Los silencios fueron incómodos porque para él lo eran; yo no tengo problema si de pronto no hay algo qué decir, pero la mayoría de la gente no piensa así y sienten que deben decir algo, lo que sea, y eso resulta a veces contraproducente.
Llegó el momento de irnos y cuando estuvimos de regreso en el coche me dio algunos besos en la mejilla después de oler nuevamente mi cabello. Nunca se aprovechó de la situación ni nada parecido, pero fue raro para mí tener ese tipo de trato en una primera cita. Algo apresurado, creo. Al menos al camino hacia la estación de regreso no le faltó plática, lo cual fue bueno porque el tránsito avanzaba lento y torpe por la lluvia. Llegamos, bajamos y me acompañó a despedirme hasta los torniquetes, donde quiso besarme por segunda ocasión. Tampoco lo dejé y esquivé ese beso como he aprendido a hacerlo; me despedí y cada uno se fue por su cuenta.
Al día siguiente no intercambiamos ningún mensaje, sino hasta el viernes. Me dijo que no había querido incomodarme en ningún momento y me reiteró que yo sería su prioridad y que quería que me sintiera bien, pero que le hiciera saber qué pensaba yo de todo eso. Oh, no, eso era una señal muy mala y debía frenarlo como fuera, pero amablemente y sin ser grosera para no lastimarlo (tanto). Todo el día estuve pensando en alguna respuesta lo más sutil posible y por ello le respondí hasta el sábado por la noche. Lo sé, tampoco debí haber tardado tanto, pero de que tendría una respuesta, eso era seguro. Usé las palabras más amables que encontré y le escribí agradeciéndole por la tarde que había pasado con él y que percibí que era un buen hombre, pero que me sentía rara por la rapidez con la que todo se estaba dando y que con ello me había dado cuenta de que realmente no me sentía lista para una relación (cosa que en parte era cierta). Me disculpé varias veces diciéndole que nunca quise jugar con él ni haberle hecho ilusiones (lo cual sí era totalmente cierto), y que si él aún lo quería, solamente podría ofrecerle mi amistad. Luego me despedí deseándole que encontrara a alguien que lo correspondiera como se merecía y que pasara buena noche. Su respuesta, al mediodía de ayer, me rompió lo poco que me quedaba de corazón sin romper. Me dijo que era algo que él ya presentía y también se disculpó por las incomodidades que pudo haberme causado, que tampoco fue su intención. Que no me preocupara, pues él no tenía memoria. Me agradeció por haberle dado un poco de mi tiempo y… se despidió. Era evidente que no le encantó la idea de la amistad y que mejor decidía alejarse.
Me sentí muy apenada, en verdad nunca quise jugar con él. Y aunque sé que él pudo haber ido algo rápido, también acepto que fue mi culpa haber alimentado sus esperanzas antes de tiempo. Todavía recuerdo todo eso y me siento un poco mal. Supongo que es algo que se me quitará con el tiempo, ¿pero y él? En fin, de todas formas, ya no hay vuelta atrás.
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OCTAVIO
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31 mayo 2015
I never learn
• 2015 •
Durante estos días me he sentido un poco (muy) melancólica, entre los hechos relativamente recientes y entre memorias lejanas que todavía no me dejan en paz. A veces me gustaría no recordar con tanta exactitud aquello que de alguna manera me lastima. Y la música que no me ayuda; esta vez es el disco I Never Learn, de Lykke Li, que me gusta mucho pero siempre me da right in the feelz. Hoy, por ejemplo, serían dos años de que a Miguel le diagnosticaron la recaída en la leucemia y como tenía que ser ingresado de urgencia al hospital, ya no pudo ir conmigo al festejo de mi cumple. Ya falta poco, btw. Por otra parte, también hoy pero hace un año tuve una discusión tan fuerte con Zam que pensé que terminaría muy mal, ay, y todo empezó por una tontería y la incongruencia de mi mamá. Últimamente recuerdo mucho a Zam; no en el sentido de querer regresar con él ni nada por el estilo, sino porque muchas de las cosas que viví con él aplican ahora como aprendizajes sobre cómo debo o no actuar en ciertas situaciones. Él me dejó marcas más profundas de lo que pude imaginar.
Héctor no volvió a mensajearme y aunque pretendo que no me importa, en el fondo debo aceptar que aún me duele un poco. Valeria no me ha escrito nada al respecto y yo decidí alejarme de él. Hace unos días fue su cumpleaños y sí lo recordé y tuve muchas ganas de escribirle una felicitación, pero no lo hice. Me detuvo pensar en lo terrible que me sentiría si me ignoraba. ¿Otra vez? No, gracias.
• 2014 •
Aquella discusión con Zam fue muy fuerte, todo derivó en un malentendido muy grave que se resolvió porque él fue a buscarme después del trabajo al lugar a donde voy a ensayar. Me llamó para pedirme que saliera, pero ese día no había ensayo y le dije que estaba en casa. «¿Puedo ir a tu casa?», me preguntó. Le respondí que si quería, lo hiciera y al cabo de cinco minutos llegó. Bajé, fuimos a su coche y hablamos entre muchas lágrimas. Me partió verlo llorar. Me dio una explicación larga de cómo se sentía, de lo mal que le fue ese día y me dijo que me quería. Y era cierto. Hoy, después de un año, también es cierto lo que tanto escuché en mi vida:
Quien en verdad esté interesado en ti, encontrará hasta el último recurso para buscarte.
• 2015 •
Zam lo demostró en su momento. Y ahora que lo sé de primera mano, no hay pretexto que valga. Por eso me confunde recordar cuando Héctor me dijo que era muy difícil que una chica le gustara y que tuviera tantas atenciones conmigo cuando después se alejó sin al menos despedirse.
Ah, y Javier. De él no hay mucho qué decir. Aquel día que me canceló el desayuno, me preguntó si estaría libre en la tarde, pues él también se desocuparía. Le contesté que no porque ya tenía planes… Mentira, no tenía planes. Bueno, sí los tenía pero sola, para ir al FILUX —que ni estuvo tan padre, ¿eh?—. Pero tampoco se trataba de estar a su disposición.
—Perdón, Xim, en verdad quería verte hoy. Vas a pensar que soy una mala persona y ya no querrás volver a verme.Y ya. Después de eso no volvió a buscarme. Menos mal. No sé si en verdad se habría sentido apenado o si solamente era una salida más, pero al menos me evité la pena de mandarlo al diablo de una manera más fea.
—Descuida, pero al menos me hubieras avisado antes. Porque me cancelas a la mera hora y así no juego.
—:(
Como si no fuera suficiente con todo eso, también me molesté con Valeria. Por la mañana del viernes pasado le envié un mensajito para contarle un chisme importante de algo que me pasó pero que no puedo contar por acá, y no tuve respuesta hasta el domingo por la tarde. ¡Domingo por la tarde! El problema no es el tiempo que tardó (a veces yo también tardo tanto en contestar mensajes), sino que la vi en facebook haciendo un check-in en no sé dónde y luego subiendo algunas fotos, todo durante los días que no respondió. Chale. En su mensaje me pedía que le contara el chisme, pero la verdad es que me desanimé con eso que pasó y ya ni me dieron ganas de responderle.
Ya casi es mi cumpleaños y, a diferencia de otros años, éste no quiero celebrarlo. No tengo ánimos. Quiero estar sola, hacer un viaje corto a la playa y desaparecer por unos días. Si no, solamente ir a jugar billar mientras tomo una cerveza. Es triste porque para mí es importante esta edad: es el cuarto de siglo y logré algo importante antes de alcanzarlo cuando parecía que las probabilidades estaban en mi contra. No sé qué decidiré, sólo espero que mi humor mejore un poquito.
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VALERIA
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09 mayo 2015
Así me quedo
Musiquita del post:
Motel — Así me quedo
Pero al final juegas y luego te vas
sólo en un instante mueves todo y pierdo la razón
y así me quedo en la confusión
de no poder encontrar
la razón que usaste para divertir tu corazón
y así me quedo yo, no, no, no…
Disculpen mi música de teenager.
Como siempre, tuve que regresar a la página principal para ver en qué me quedé y cuándo escribí por última vez. Ya recordé y no me gustó.
Me quedé en el malentendido con este hombre y en que me sentía insoportable. Pues bien, hice lo contrario a lo que le dije a Valeria y lo busqué. El martes le mandé un mensajito por whats solamente para saludarlo… o no. En realidad lo hice para saber que si no me contestaba, ya no habría nada más por hacer. A buen entendedor…, dicen por ahí. Pero al cabo de unas horas me respondió:
Por otra parte, ¿recuerdan que escribí sobre un tal Javier? Pues haber platicado en la semana con él coincidió más o menos con los momentos en que hablaba también con Héctor. Y no me cayó mal, parece buena persona. Hasta me mandó captura de pantalla de una oferta de trabajo. Lo que me cae mal es que soy una chocante grammar nazi que odia la mala puntuación de Javier. Ah, y que use tantos emojis. Si yo fuera otra persona, también me caería mal por ser tan chocante. El punto es que quedamos en ir a desayunar… en unas horas, así que tengo que ir a dormir pronto para no llegar tarde. Hay detalles que aún me ¿sorprenden? por decirlo de alguna forma, como el hecho de que me haya pedido mi face para agregarme. ¡Dude, tenemos cinco días platicando poquito! Le acepté la solicitud y vi que en su muro tiene casi las mismas publicaciones enlazadas de su twitter y no interactúa ni nada. Y es algo vanidoso: sube más selfies que una señorita. Pero es fotogénico. Ya veré al rato, jaja.
En realidad ni sé si lo veré, lo último que dijo fue ¡sí, vamos ahí!, pero no me confirmó si la hora que le propuse estaba bien. Eso fue el miércoles por la noche. Ayer le mandé un whats y tampoco contestó y no sé si la tonta app está fallando o qué demonios pasa que Héctor tampoco ha visto los mensajitos de buenos días que le mandé el jueves junto con la pregunta de si podría verlo. Me voy a enojar mucho si me despierto temprano y no veo a Javier. Y me estoy haciendo a la idea de que sí se rompió algo entre Héctor y yo y que posiblemente ya no volveré a verlo. Ojalá me equivoque.
Odio hacerme tantas historias en la cabeza, ¡parezco adolescente! Siento que no sé hacia dónde ir y que volveré a mandar al mundo al diablo si las cosas me salen mal, pero tengo un plan B por si eso pasa.
Por lo pronto, iré a desmaquillarme y a dormir, que me hace mucha falta.
Motel — Así me quedo
Pero al final juegas y luego te vas
sólo en un instante mueves todo y pierdo la razón
y así me quedo en la confusión
de no poder encontrar
la razón que usaste para divertir tu corazón
y así me quedo yo, no, no, no…
Disculpen mi música de teenager.
Como siempre, tuve que regresar a la página principal para ver en qué me quedé y cuándo escribí por última vez. Ya recordé y no me gustó.
Me quedé en el malentendido con este hombre y en que me sentía insoportable. Pues bien, hice lo contrario a lo que le dije a Valeria y lo busqué. El martes le mandé un mensajito por whats solamente para saludarlo… o no. En realidad lo hice para saber que si no me contestaba, ya no habría nada más por hacer. A buen entendedor…, dicen por ahí. Pero al cabo de unas horas me respondió:
—¡Hola, fresa!Platicamos algunas líneas más y sentí que las cosas ya se habían calmado un poco, pero no estuve muy segura. Al día siguiente me sorprendió porque me mandó un mensaje de buenos días sin que yo le hubiera dicho nada primero y aproveché para preguntarle si podría verlo hoy porque quería invitarlo a un lugar sorpresa. Mentira… mentira a medias. Sí quería verlo y sí quería llevarlo a un lugar sorpresa —todavía ni sé a dónde lo llevaría—, pero sólo era un pretexto para verlo y hablar de frente sobre el malentendido porque ya no quise tocar ese tema por whats para no estar molestando con lo mismo, pero no me ha respondido. Sólo me preguntó a qué hora, pero hasta ahora no me ha confirmado nada. Meh. Y tampoco he platicado con Valeria desde la semana pasada, ya que aunque me dijo que ella debía hablar con él, no sé si pudo hacerlo y tampoco he querido preguntarle porque tampoco quiero hartarla. No sé, no me gusta dejar los malentendidos sin arreglar, pero cuando la otra persona no quiere hablar, tampoco puedo hacer mucho. Ya no quedó en mí.
—¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Ya no estás tan enojada?
—No, ya no estoy enojada. ¿Tú cómo estás?
—Bien, llegando de dar clase. […]
Por otra parte, ¿recuerdan que escribí sobre un tal Javier? Pues haber platicado en la semana con él coincidió más o menos con los momentos en que hablaba también con Héctor. Y no me cayó mal, parece buena persona. Hasta me mandó captura de pantalla de una oferta de trabajo. Lo que me cae mal es que soy una chocante grammar nazi que odia la mala puntuación de Javier. Ah, y que use tantos emojis. Si yo fuera otra persona, también me caería mal por ser tan chocante. El punto es que quedamos en ir a desayunar… en unas horas, así que tengo que ir a dormir pronto para no llegar tarde. Hay detalles que aún me ¿sorprenden? por decirlo de alguna forma, como el hecho de que me haya pedido mi face para agregarme. ¡Dude, tenemos cinco días platicando poquito! Le acepté la solicitud y vi que en su muro tiene casi las mismas publicaciones enlazadas de su twitter y no interactúa ni nada. Y es algo vanidoso: sube más selfies que una señorita. Pero es fotogénico. Ya veré al rato, jaja.
En realidad ni sé si lo veré, lo último que dijo fue ¡sí, vamos ahí!, pero no me confirmó si la hora que le propuse estaba bien. Eso fue el miércoles por la noche. Ayer le mandé un whats y tampoco contestó y no sé si la tonta app está fallando o qué demonios pasa que Héctor tampoco ha visto los mensajitos de buenos días que le mandé el jueves junto con la pregunta de si podría verlo. Me voy a enojar mucho si me despierto temprano y no veo a Javier. Y me estoy haciendo a la idea de que sí se rompió algo entre Héctor y yo y que posiblemente ya no volveré a verlo. Ojalá me equivoque.
Odio hacerme tantas historias en la cabeza, ¡parezco adolescente! Siento que no sé hacia dónde ir y que volveré a mandar al mundo al diablo si las cosas me salen mal, pero tengo un plan B por si eso pasa.
Por lo pronto, iré a desmaquillarme y a dormir, que me hace mucha falta.
Update 1. 8:44 a.m.: Este dude me acaba de avisar que no podrá ir al desayuno por un compromiso familiar o algo así. Meh. Habría podido seguir durmiendo.
Update 2. 12:31 p.m.: Ya había dicho que no quería seguir los malos consejos de mi mamá —y mantengo mi postura—, pero hace un rato me dijo uno que tal vez sí aplique porque suena medianamente cuerdo:
A los hombres hay que educarlos para que no piensen que pueden disponer de ti cuando les dé la gana. Si Javier te habla de nuevo y te dice que se vean otro día, acepta, y le cancelas ese mismo día. ¡Que sienta tu rigor!
Y tiene algo de razón. La verdad es que esas palabras me hicieron reír mucho por la maldad que implican y pensándolo bien, creo que la idea no suena tan descabellada… Y lo mismo aplicaría con Héctor. Sigue sin contestarme, ni siquiera ha leído mis mensajes. :( Quiero dejar de estresarme por este tipo de cosas, ¡ya basta! D:
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VALERIA
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03 mayo 2015
Perdona lo que te hice ayer
Ya vine a desahogarme porque me he vuelto insoportable conmigo misma. Sucede que tuve un malentendido con Héctor y hace una semana que no nos hablamos. :( El post tiene tres partes: el sábado, el domingo y después del domingo hasta ahora; intentaré no extenderme tanto en cada una para no hacerlo más confuso.
El sábado anterior salí con él y la pasamos increíble: nos vimos en Buenavista, como siempre, y de ahí nos fuimos a una bonita casa de té ubicada en la Condesa. En dos semáforos me pidió que cerrara los ojos para darme los regalos que me había comprado: uno era un tazón para cereal decorado con motivos de gatitos y un peluche de Rilakkuma; del otro hablaré más adelante. Escuchar sus anécdotas del viaje fue maravilloso; adoro platicar con gente que viaja porque me muestran un poquito del mundo y de culturas distantes, además de que me inspiran para no dejar nunca mis ganas de viajar a Finlandia. Le pregunté sobre algunas de las fotos que me mandó así como las que vi en su muro de facebook. Por haber sido un viaje de trabajo y tener contacto con empresas grandes, fue invitado varias veces a restaurantes nice. En uno de ellos, el postre fue una bola de helado de chocolate con una punta cubierta con una lámina delgada de oro. Otro día fue al mercado de mariscos, otro día a Akihabara… Me imaginé los escenarios según me los describía y aunque probablemente mis imágenes mentales no tengan nada qué ver con la realidad, sentir el viento en mi rostro y disfrutar mi té de frutos rojos mientras lo escuchaba hablar es algo que no quisiera olvidar. Después de acompañar nuestras bebidas con galletitas de mermelada fuimos a caminar a dos parques cercanos. En uno de ellos nos sentamos, lejos de donde hubiera tanta gente y continuamos platicando luego de la caminata divertida porque me hizo cosquillas otra vez. En algún momento sentí ganas de besarlo y sin pensarlo lo hice: me planté frente a él, lo tomé del rostro y me dejé llevar. Fue increíble porque me correspondió los besos y aunque también me acariciaba, no le dejaba tocar de más por estar en público. De hecho, vimos una pareja que estaba peor y a la que no me faltaron ganas de gritarles ¡váyanse a un cuarto! y echarme a correr, ja, pero no lo hice. En los mensajes que me mandó durante el viaje, varios tenían insinuaciones. Sí, de eso que están imaginando. Así pues, el segundo regalo que me dio no lo trajo de Japón, sino de una tienda de aquí y era un conjunto coqueto de lencería. No le creí cuando me comentó que sí sería capaz de regalarme algo así porque de broma de dije que sí se lo modelaría si me lo compraba, pero lo hizo. Y aunque le dije que tendría que esperar mucho tiempo para que eso pasara, lo consideré durante el paseo por el parque y finalmente acepté. Sí, ya sé que fue demasiado pronto, hasta mi hermano me llamó la atención (¡te estoy diciendo, pero eres necia!, me espetó), pero no me arrepiento porque en el fondo era algo que sí quería hacer. Sucedió después del parque, fuimos a un lugar bonito que estaba a unas calles de ahí.
El domingo tuve exhibición de danza con la ohana. Héctor ya sabía de esto porque en alguna de nuestras primeras salidas me pidió que le avisara cuando tuviera algún evento de danza para que fuera a verme, así que le comenté de esta última pero sin ilusionarme tanto porque la muestra fue en Teotihuacán —en un balneario horrible, por cierto—, pero aún así insistió en ir y el sábado quedamos en que aunque él llegaría por su cuenta, ahí estaría. Yo llegué primero junto con la ohana porque el registro de entrada para grupos era temprano y tenían que entrar completos. Tomé una foto de la fachada y se la envié por whats junto con otros mensajes: uno de buenos días, otros para confirmarle la hora en que sería el turno del grupo y uno más para avisarle media hora antes que ya no podría contestarle hasta después de la participación… pero no contestó ninguno, de hecho, ni siquiera los vio. Me sentí mal y varias veces pensé en que sólo me había usado el día anterior, pero no quise darle tantas vueltas al asunto en ese momento porque mis amigas querían que nos aventáramos a la alberca juntas. Olvidé el problema un rato y estuve con ellas nadando y posando para las fotitos. De regreso a casa estuve dormida durante la mitad del camino. El esposo de una de mis amigas pasó por nosotras y nos dejaron en una estación del metro a otra amiga y a mí, ya que ellos se desviarían mucho para regresar a su casa, pero estuvo bien porque me hacía falta caminar. Cuando llegué a casa volví a conectarme al whats pero seguía sin tener respuesta de Héctor. Me enojé mucho y luego de acomodar mis cosas y la ropa que lavaría al día siguiente, me quedé dormida.
No tuve respuesta de Héctor sino hasta el lunes a mediodía. Su mensaje tenía una disculpa por no haber ido ni contestado el día anterior y algo que más o menos se entendía como que se había quedado sin celular, pero no se explicaba bien y no dijo nada más. Después de un par de horas, lo único que le respondí fue un habla con la mano que obviamente no contestó. Para ese momento ya no me sentía tan enojada, más bien estaba desconcertada y si agregamos que su mensaje tan breve no decía mucho, pues también estaba confundida y con ganas de mandar al mundo al demonio por unas horas, pero luego de un rato me arrepentí de haber sido tan grosera. Por la noche hablé con Valeria y le conté todo lo que pasó; me aconsejó marcarle y hablar con él para disculparme (le mandé una notita de voz porque no tengo mucho saldo) y siguiendo sus palabras, también le dije que cuando pudiera, querría platicar con él. No sirvió de nada porque desde entonces no he tenido respuesta de él a pesar de que sí escuchó la notita… hasta el miércoles. Valeria me contó que ellos quedaron de platicar el jueves; ella le preguntó por mí pero él solamente respondió que hablaran el jueves cuando bajaran sus cargas de trabajo, pero no hablaron porque ella salió con su novio y él no dejó de tener tanto trabajo.
Así que ahora no sé nada. Después de la notita de voz no volví a mandarle ningún mensaje a Héctor por miedo a quedar como una rogona y porque además, tampoco sé si siga sin celular o algo así, y no he vuelto a tocar el tema con Valeria para no hartarla con lo mismo de siempre. Ella prometió darme noticias en cuanto supiera algo y sólo me queda esperar a que eso pase. Durante estos días, la mayor parte del tiempo me he sentido insoportable conmigo misma, pero he intentado no explotar con los demás porque no viene al caso. Admito que fui muy grosera con mi mensaje a Héctor y que probablemente me mandó al demonio porque ni siquiera le di oportunidad de explicarme lo que le pasó, pero no me parece justo que me ignorara después de haberle ofrecido disculpas. Estoy haciéndome historias en la cabeza, ¡justo lo que no quería!, pensando en que él ya no quiere saber nada de mí, recordando que el sábado me dijo que probablemente no lo vería sino hasta la siguiente semana por tanto trabajo que tendría e intentando resignarme a darle la vuelta a la página y dejar todo esto atrás. Es que no quiero. Para colmo, un dude de twitter me invitó a salir. Lo que me faltaba. Se llama Javier. Aún no hay fecha definida para vernos, pero la verdad es que no tengo ánimos para ir porque lo único que me interesa es arreglar las cosas con Héctor y estar con él; no quiero a alguien más. Tampoco quiero aferrarme a él, pues si no quiere hablar tampoco voy a obligarlo, pero es una pena que las cosas terminaran tan pronto y de una manera tan horrible.
Aaah, me gustaría adelantar los días y ya no estar dándole las mismas vueltas a todo este asunto. Me tengo harta.
El sábado anterior salí con él y la pasamos increíble: nos vimos en Buenavista, como siempre, y de ahí nos fuimos a una bonita casa de té ubicada en la Condesa. En dos semáforos me pidió que cerrara los ojos para darme los regalos que me había comprado: uno era un tazón para cereal decorado con motivos de gatitos y un peluche de Rilakkuma; del otro hablaré más adelante. Escuchar sus anécdotas del viaje fue maravilloso; adoro platicar con gente que viaja porque me muestran un poquito del mundo y de culturas distantes, además de que me inspiran para no dejar nunca mis ganas de viajar a Finlandia. Le pregunté sobre algunas de las fotos que me mandó así como las que vi en su muro de facebook. Por haber sido un viaje de trabajo y tener contacto con empresas grandes, fue invitado varias veces a restaurantes nice. En uno de ellos, el postre fue una bola de helado de chocolate con una punta cubierta con una lámina delgada de oro. Otro día fue al mercado de mariscos, otro día a Akihabara… Me imaginé los escenarios según me los describía y aunque probablemente mis imágenes mentales no tengan nada qué ver con la realidad, sentir el viento en mi rostro y disfrutar mi té de frutos rojos mientras lo escuchaba hablar es algo que no quisiera olvidar. Después de acompañar nuestras bebidas con galletitas de mermelada fuimos a caminar a dos parques cercanos. En uno de ellos nos sentamos, lejos de donde hubiera tanta gente y continuamos platicando luego de la caminata divertida porque me hizo cosquillas otra vez. En algún momento sentí ganas de besarlo y sin pensarlo lo hice: me planté frente a él, lo tomé del rostro y me dejé llevar. Fue increíble porque me correspondió los besos y aunque también me acariciaba, no le dejaba tocar de más por estar en público. De hecho, vimos una pareja que estaba peor y a la que no me faltaron ganas de gritarles ¡váyanse a un cuarto! y echarme a correr, ja, pero no lo hice. En los mensajes que me mandó durante el viaje, varios tenían insinuaciones. Sí, de eso que están imaginando. Así pues, el segundo regalo que me dio no lo trajo de Japón, sino de una tienda de aquí y era un conjunto coqueto de lencería. No le creí cuando me comentó que sí sería capaz de regalarme algo así porque de broma de dije que sí se lo modelaría si me lo compraba, pero lo hizo. Y aunque le dije que tendría que esperar mucho tiempo para que eso pasara, lo consideré durante el paseo por el parque y finalmente acepté. Sí, ya sé que fue demasiado pronto, hasta mi hermano me llamó la atención (¡te estoy diciendo, pero eres necia!, me espetó), pero no me arrepiento porque en el fondo era algo que sí quería hacer. Sucedió después del parque, fuimos a un lugar bonito que estaba a unas calles de ahí.
El domingo tuve exhibición de danza con la ohana. Héctor ya sabía de esto porque en alguna de nuestras primeras salidas me pidió que le avisara cuando tuviera algún evento de danza para que fuera a verme, así que le comenté de esta última pero sin ilusionarme tanto porque la muestra fue en Teotihuacán —en un balneario horrible, por cierto—, pero aún así insistió en ir y el sábado quedamos en que aunque él llegaría por su cuenta, ahí estaría. Yo llegué primero junto con la ohana porque el registro de entrada para grupos era temprano y tenían que entrar completos. Tomé una foto de la fachada y se la envié por whats junto con otros mensajes: uno de buenos días, otros para confirmarle la hora en que sería el turno del grupo y uno más para avisarle media hora antes que ya no podría contestarle hasta después de la participación… pero no contestó ninguno, de hecho, ni siquiera los vio. Me sentí mal y varias veces pensé en que sólo me había usado el día anterior, pero no quise darle tantas vueltas al asunto en ese momento porque mis amigas querían que nos aventáramos a la alberca juntas. Olvidé el problema un rato y estuve con ellas nadando y posando para las fotitos. De regreso a casa estuve dormida durante la mitad del camino. El esposo de una de mis amigas pasó por nosotras y nos dejaron en una estación del metro a otra amiga y a mí, ya que ellos se desviarían mucho para regresar a su casa, pero estuvo bien porque me hacía falta caminar. Cuando llegué a casa volví a conectarme al whats pero seguía sin tener respuesta de Héctor. Me enojé mucho y luego de acomodar mis cosas y la ropa que lavaría al día siguiente, me quedé dormida.
No tuve respuesta de Héctor sino hasta el lunes a mediodía. Su mensaje tenía una disculpa por no haber ido ni contestado el día anterior y algo que más o menos se entendía como que se había quedado sin celular, pero no se explicaba bien y no dijo nada más. Después de un par de horas, lo único que le respondí fue un habla con la mano que obviamente no contestó. Para ese momento ya no me sentía tan enojada, más bien estaba desconcertada y si agregamos que su mensaje tan breve no decía mucho, pues también estaba confundida y con ganas de mandar al mundo al demonio por unas horas, pero luego de un rato me arrepentí de haber sido tan grosera. Por la noche hablé con Valeria y le conté todo lo que pasó; me aconsejó marcarle y hablar con él para disculparme (le mandé una notita de voz porque no tengo mucho saldo) y siguiendo sus palabras, también le dije que cuando pudiera, querría platicar con él. No sirvió de nada porque desde entonces no he tenido respuesta de él a pesar de que sí escuchó la notita… hasta el miércoles. Valeria me contó que ellos quedaron de platicar el jueves; ella le preguntó por mí pero él solamente respondió que hablaran el jueves cuando bajaran sus cargas de trabajo, pero no hablaron porque ella salió con su novio y él no dejó de tener tanto trabajo.
Así que ahora no sé nada. Después de la notita de voz no volví a mandarle ningún mensaje a Héctor por miedo a quedar como una rogona y porque además, tampoco sé si siga sin celular o algo así, y no he vuelto a tocar el tema con Valeria para no hartarla con lo mismo de siempre. Ella prometió darme noticias en cuanto supiera algo y sólo me queda esperar a que eso pase. Durante estos días, la mayor parte del tiempo me he sentido insoportable conmigo misma, pero he intentado no explotar con los demás porque no viene al caso. Admito que fui muy grosera con mi mensaje a Héctor y que probablemente me mandó al demonio porque ni siquiera le di oportunidad de explicarme lo que le pasó, pero no me parece justo que me ignorara después de haberle ofrecido disculpas. Estoy haciéndome historias en la cabeza, ¡justo lo que no quería!, pensando en que él ya no quiere saber nada de mí, recordando que el sábado me dijo que probablemente no lo vería sino hasta la siguiente semana por tanto trabajo que tendría e intentando resignarme a darle la vuelta a la página y dejar todo esto atrás. Es que no quiero. Para colmo, un dude de twitter me invitó a salir. Lo que me faltaba. Se llama Javier. Aún no hay fecha definida para vernos, pero la verdad es que no tengo ánimos para ir porque lo único que me interesa es arreglar las cosas con Héctor y estar con él; no quiero a alguien más. Tampoco quiero aferrarme a él, pues si no quiere hablar tampoco voy a obligarlo, pero es una pena que las cosas terminaran tan pronto y de una manera tan horrible.
Aaah, me gustaría adelantar los días y ya no estar dándole las mismas vueltas a todo este asunto. Me tengo harta.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
DAMN,
HÉCTOR,
I ❤ POLYNESIA,
JAVIER,
VALERIA
1 comentario:
16 abril 2015
No siempre puedo tener 16 años
Otra vez es de madrugada y ya debería estar durmiendo; hoy con más razón porque Héctor está de viaje y seguro me va a mensajear a las 6:00 o 7:00 h de aquí (por la diferencia de horarios). Pero en lugar de eso, escribo esta entrada porque me siento inspirada y porque me gustaría escribir más seguido.
Es sobre la edad. Últimamente he hecho hincapié en que ya casi tengo 25 años, ya sea aquí o en twitter, y no sé si se trate de una crisis porque no siento que esté actuando a destiempo haciendo ahora lo que no pude hacer algunos años atrás, pero han sucedido varias situaciones que me han hecho preguntarme si en realidad sea una pequeña crisis o si sólo son alucinaciones mías.
En parte es por lo de mi titulación. ¡Así es! Ya casi me titulo, este es el año. Para el trámite, la universidad me pide el certificado del bachillerato, pero resulta que por más que busqué, no lo tengo en casa. Atravesé toda la ciudad para llegar a la rectoría y preguntar si estaba ahí, pero me mostraron un documento en el que firmé de recibido y que ellos ya no lo tenían, por lo que entonces me quedaban dos opciones:
a) Seguir buscando como loca en la casa
b) Preguntar en el bachillerato por la reposición
Y como eso de buscar en la casa no sonaba tan divertido, opté por la segunda. Ese día después del viaje inútil a rectoría, antes de las vacaciones de Semana Santa, pasé al bachillerato a pedir información y me dijeron que sí realizan el trámite y que no es tan tardado, en 30 días hábiles ya está listo. Sólo requerían un pago y un par de fotos. Llegar a la escuela fue… raro. El vigilante me reconoció de inmediato, nos saludamos con mucho gusto y luego de contarle por qué me aparecí tan inesperadamente me dejó pasar a Control Escolar.
Por alguna razón que desconozco (la verdad es que perdí la noción del tiempo), apenas esta semana regresé para hacer el pago y entregar las fotos. Volví a platicar un poquito con el vigilante y recordé cuando el señor me preguntaba por Mayra. Ay, Mayra. Mayra fue la persona más importante para mí en esa época. A resumidas cuentas, Mayra me dejó poner mi nombre en un trabajo de Fotografía cuando el resto del salón dejó de hablarme de repente aún cuando casi los tres años me porté súper grosera con ella. Pero mi forma de ser tan miserable de preparatoriana no es el tema principal de esto, así que continúo con lo importante.
Procedí a entregar los documentos a Control Escolar y la secretaria me dijo que me llamaría en cuanto tuviera el certificado. A los pocos días de la primera visita a la escuela empezaron los conflictos de la edad, pues en casa encontré una libretita en la que apuntaba las canciones que más me gustaban en esos tiempos, separadas por ciclo escolar (secundaria) o semestre (prepa). Se me ocurrió hacer una selección —porque algunas sí son muy vergonzosas— para armar un playlist en Spotify al que nombré «Siempre puedo tener 16 años». Ese título es más bien simbólico, porque así como recuerdo que fui la persona más miserable y maldita, también sé que tuve una seguridad en mí misma muy grande para actuar sin miedo al ridículo o a la opinión ajena y eso pretendí rescatar con el playlist.
Con el pretexto de buscar el certificado, comencé a poner orden en mi cuarto y a depurar todo aquello que ya no me sirviera. Saqué mucha basura, sí, pero entre las cosas que encontré, estaban mis diarios de secundaria y prepa. Algo así como este blog, pero en papel y más ridícula. Volví a leer los de secundaria junto con mi hermano y nos reímos mucho, pero al día siguiente los tiré. El de prepa lo encontré hace un par de días, lo leí a solas y no lo he tirado… Es que es diferente. Ahí me leí como si se tratara de otra persona; una Xim que sentía intensamente y que era demasiado inocente como para ver la maldad en otra gente, por eso le hicieron tanto daño. No le tengo lástima, es sólo que si hubiera sabido lo que ahora sé, habría evitado desgastarse inútilmente con tantas personas estúpidas y dañinas incluído su papá. Me habría gustado que supiera que no todo era tan malo como parecía.
Respecto al playlist, se trata de un montón de canciones pop mainstream en español —excepto la de JD Natasha; respect Natasha, motherf*ckers!— y me sorprendí de cómo es que pudieron gustarme, pero cuando las volví a escuchar me movieron fibras muy profundas y entonces lo entendí. Primero, me quedó claro aquello de la seguridad en mí que quería recuperar a esos niveles (sin ser miserable otra vez, claro está), y en segundo lugar, son canciones tan mías que no tendría razón para sentir culpa por escucharlas. Tercero, me ayudaron a ver en retrospectiva lo mucho que he avanzado y de alguna manera me dieron pauta para saber hacia dónde ir.
Todo esto me inspiró también para escribir las dos entradas anteriores. Cada día que pasa me siento más segura de mis pasos, no sólo con Héctor, sino en todos los aspectos de mi vida. Recordarme así a los 16 estando tan cerca de los 25 me hizo ver que quiero llegar al primer cuarto de siglo:
• Sin miedo a enfrentar a la gente que quisiera hacerme enojar.
• Sacando de mi vida lo que ya no me sirva, simbólica y literalmente hablando, incluyendo personas y rencores.
• Viviendo libre bajo lo que yo crea, quiera y desee. Mención especial en este punto a Mare.
• Saludable, fuerte y equilibrada.
• Dejando de postergar los deberes.
Así que lo que sigue es llevar estos puntos a cabo. No me quiero detener por miedo. Hola, primeros 25 años.
Es sobre la edad. Últimamente he hecho hincapié en que ya casi tengo 25 años, ya sea aquí o en twitter, y no sé si se trate de una crisis porque no siento que esté actuando a destiempo haciendo ahora lo que no pude hacer algunos años atrás, pero han sucedido varias situaciones que me han hecho preguntarme si en realidad sea una pequeña crisis o si sólo son alucinaciones mías.
En parte es por lo de mi titulación. ¡Así es! Ya casi me titulo, este es el año. Para el trámite, la universidad me pide el certificado del bachillerato, pero resulta que por más que busqué, no lo tengo en casa. Atravesé toda la ciudad para llegar a la rectoría y preguntar si estaba ahí, pero me mostraron un documento en el que firmé de recibido y que ellos ya no lo tenían, por lo que entonces me quedaban dos opciones:
a) Seguir buscando como loca en la casa
b) Preguntar en el bachillerato por la reposición
Y como eso de buscar en la casa no sonaba tan divertido, opté por la segunda. Ese día después del viaje inútil a rectoría, antes de las vacaciones de Semana Santa, pasé al bachillerato a pedir información y me dijeron que sí realizan el trámite y que no es tan tardado, en 30 días hábiles ya está listo. Sólo requerían un pago y un par de fotos. Llegar a la escuela fue… raro. El vigilante me reconoció de inmediato, nos saludamos con mucho gusto y luego de contarle por qué me aparecí tan inesperadamente me dejó pasar a Control Escolar.
Por alguna razón que desconozco (la verdad es que perdí la noción del tiempo), apenas esta semana regresé para hacer el pago y entregar las fotos. Volví a platicar un poquito con el vigilante y recordé cuando el señor me preguntaba por Mayra. Ay, Mayra. Mayra fue la persona más importante para mí en esa época. A resumidas cuentas, Mayra me dejó poner mi nombre en un trabajo de Fotografía cuando el resto del salón dejó de hablarme de repente aún cuando casi los tres años me porté súper grosera con ella. Pero mi forma de ser tan miserable de preparatoriana no es el tema principal de esto, así que continúo con lo importante.
Procedí a entregar los documentos a Control Escolar y la secretaria me dijo que me llamaría en cuanto tuviera el certificado. A los pocos días de la primera visita a la escuela empezaron los conflictos de la edad, pues en casa encontré una libretita en la que apuntaba las canciones que más me gustaban en esos tiempos, separadas por ciclo escolar (secundaria) o semestre (prepa). Se me ocurrió hacer una selección —porque algunas sí son muy vergonzosas— para armar un playlist en Spotify al que nombré «Siempre puedo tener 16 años». Ese título es más bien simbólico, porque así como recuerdo que fui la persona más miserable y maldita, también sé que tuve una seguridad en mí misma muy grande para actuar sin miedo al ridículo o a la opinión ajena y eso pretendí rescatar con el playlist.
Con el pretexto de buscar el certificado, comencé a poner orden en mi cuarto y a depurar todo aquello que ya no me sirviera. Saqué mucha basura, sí, pero entre las cosas que encontré, estaban mis diarios de secundaria y prepa. Algo así como este blog, pero en papel y más ridícula. Volví a leer los de secundaria junto con mi hermano y nos reímos mucho, pero al día siguiente los tiré. El de prepa lo encontré hace un par de días, lo leí a solas y no lo he tirado… Es que es diferente. Ahí me leí como si se tratara de otra persona; una Xim que sentía intensamente y que era demasiado inocente como para ver la maldad en otra gente, por eso le hicieron tanto daño. No le tengo lástima, es sólo que si hubiera sabido lo que ahora sé, habría evitado desgastarse inútilmente con tantas personas estúpidas y dañinas incluído su papá. Me habría gustado que supiera que no todo era tan malo como parecía.
Respecto al playlist, se trata de un montón de canciones pop mainstream en español —excepto la de JD Natasha; respect Natasha, motherf*ckers!— y me sorprendí de cómo es que pudieron gustarme, pero cuando las volví a escuchar me movieron fibras muy profundas y entonces lo entendí. Primero, me quedó claro aquello de la seguridad en mí que quería recuperar a esos niveles (sin ser miserable otra vez, claro está), y en segundo lugar, son canciones tan mías que no tendría razón para sentir culpa por escucharlas. Tercero, me ayudaron a ver en retrospectiva lo mucho que he avanzado y de alguna manera me dieron pauta para saber hacia dónde ir.
Todo esto me inspiró también para escribir las dos entradas anteriores. Cada día que pasa me siento más segura de mis pasos, no sólo con Héctor, sino en todos los aspectos de mi vida. Recordarme así a los 16 estando tan cerca de los 25 me hizo ver que quiero llegar al primer cuarto de siglo:
• Sin miedo a enfrentar a la gente que quisiera hacerme enojar.
• Sacando de mi vida lo que ya no me sirva, simbólica y literalmente hablando, incluyendo personas y rencores.
• Viviendo libre bajo lo que yo crea, quiera y desee. Mención especial en este punto a Mare.
• Saludable, fuerte y equilibrada.
• Dejando de postergar los deberes.
Así que lo que sigue es llevar estos puntos a cabo. No me quiero detener por miedo. Hola, primeros 25 años.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ATTITUDE,
GIRLY / CURSI,
HÉCTOR
1 comentario:
11 abril 2015
Cuando lo conocí tenía 16…, pt. 2
De repente todavía pienso en aquella frase que decía Roberto: déjate llevar.
Definitivamente no lo haría en el sentido sexual que tenía para él,
pero sí me he preguntado el sentido que yo podría darle a esas palabras.
¿Qué sería para mí dejarme llevar? Creo que parte de mis miedos
para hacer cosas es por la opinión de mi mamá. Ya sé, es ridículo y
patético. A pesar de que soy muy cercana a ella y normalmente le cuento mi día a día no siempre le doy detalles porque odio ciertas reacciones suyas. No
es justificación, pero pienso que he pasado muchos años actuando en
muchos aspectos conforme a lo que ella pensaría que es correcto cuando posteriormente le platicara mis cosas, pero ahora que estoy aún más cerca de cumplir 25 años sé muy bien que ya no es correcto
vivir de esa manera. En ejemplos prácticos, uno sería no dejarme besar
por un hombre que me guste hasta que no hubiera una declaración formal o
algo así. Me gustan las ideas románticas de antaño, pero incluso eso me
parece súper anticuado.
Tal vez ése sea el sentido que le estoy buscando a dejarme llevar.
Recuerdo que cuando le conté de mi primer novio en la vida, cuando tenía 14 años, y de que fui yo la que hizo la declaración, en vez de alegrarse o algo así, me regañó porque eso para ella era inadmisible y entre todo su sermón me dijo que la mujer está para escoger, no para ser escogida, lo cual me parecía incongruente porque precisamente por esa razón me declaré a aquel niño: simplemente me gustaba mucho y lo elegí a él para que fuera mi novio y él aceptó. Pero desde entonces ella nunca lo ha entendido y me causa cierta impotencia que aunque con los años se haya vuelto un poco más abierta de mente, todavía mantenga firmes muchos de sus paradigmas.¿Y saben qué? Empieza a darme igual. Jamás le voy a dar gusto ni voy a lograr que cambie de parecer. Ella también actúa de formas con las que sabe que no estoy de acuerdo y aún así, sigue haciéndolo. Vengo para liberarme de mi estúpida inocencia, dice la canción de Natasha, y si bien es cierto que probablemente vuelva a equivocarme y siga siendo tan naïve como siempre, en esta ocasión no quiero dejar de hacer algo que me nazca por miedo.
Tal vez ése sea el sentido que le estoy buscando a dejarme llevar.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
DAMN
3 comentarios:
Cuando lo conocí tenía 16…, pt. 1
Se supone que ya debería estar dormida o de lo contrario no podré levantarme temprano (sí, aunque sea sábado), así que intentaré no tardar mucho redactando el post de hoy.
Quería venir a contarles que traigo un montón de sentimientos encontrados desde hace un par de semanas. Conocí a alguien nuevo, se llama Héctor y me lo presentó Valeria, mi mejor amiga, el día del concierto de Sonata Arctica (domingo, 22 de marzo). Que, por cierto, estuvo de lujo; lo disfruté muchísimo, especialmente cuando tocaron I Have A Right, pero ése tal vez sea tema de otro post. O tal vez no. Hay que mencionar que Héctor es compañero/amigo del trabajo de Valeria.
Damn, me he desconectado tanto de la compu que ahora tengo muchos typos mientras escribo en el teclado. El teléfono me está haciendo mal. :(
Ese día quedé de verme con Valeria para ir a la Cineteca, porque Héctor quería ver Whiplash y le preguntó si ella podría acompañarlo; Valeria le explicó que ya tenía plan conmigo pero él le respondió que no tenía problema en ir a dejarnos al concierto después de la función, así que estuvo bien. Al día siguiente, Héctor me agregó a facebook pero no fue sino hasta en la noche que comenzamos a escribirnos por el chat. Bueno, él lo hizo primero. Fue una plática… cool, me cayó bien, y después de contarme que su postre favorito era el pay de limón y responderle que el mío no queda nada mal —modesta la muchacha, ¿verdad?— me invitó a salir por uno en el transcurso de la semana a un café que le queda cerca del trabajo. Ese día fue increíble porque por la mañana fui a una entrevista de trabajo de la que sí escribiré más adelante, pero por ahora puedo decir que todo salió perfectamente bien; por la tarde regresé a casa y después de regresar de nuevo porque tuve que ir al banco, me arreglé para la cita. La verdad es que sí estaba emocionada por verlo y como me había hablado maravillas de ese pay, no podía dejar de probarlo. Quedamos de vernos por la tarde-noche en una estación de metrobús y de ahí caminaríamos al café.
La velada fue maravillosa. Héctor resultó ser muy agradable y muy interesante: no hubo un solo momento de silencios incómodos en la plática. También fue comprensivo cuando le expliqué que olvidé llevarle mi portafolio como le había prometido y que, no sólo eso, sino que me percaté de que no traía mi cartera cuando llegué a la estación del metrobús. El problema no era pagar mi cuenta pues se trataba de una invitación, sino que entonces no habría tenido modo de regresarme sola si algo salía mal porque además tenía poco saldo en el celular como para pedir un taxi de app y mi tarjeta del DF estaba en ceros. Pero nada de eso sucedió y él, muy amablemente, me dijo que no me preocupara por la cuenta del café. Y al final me llevó de regreso a casa; su coche estaba a unas cuadras de ahí.
El domingo por la tarde volvimos a vernos y como en esta ocasión era mi turno de elegir lugar, le sugerí la heladería bonita que conocí gracias a Efren. Quedó encantado, o eso dijo: la música era agradable, el menú era amplio y los postres deliciosos. Después de refrescarnos por el calor tan insano que hacía ese día fuimos a caminar por las calles cercanas. Debo señalar que no son muy seguras, pero algo me decía en el fondo que no pasaría nada y que si así fuera, mejor ni lo pensara. Fue muy divertido caminar con él mientras me contaba sobre su vida, sus pasatiempos, su trabajo… además del ataque de cosquillas que me hizo. Nunca aguanto mucho tiempo las cosquillas y me rindo muy rápido porque no puedo dejar de reír, pero me agradaba pensar en la idea de quedar rodeada en sus brazos. Ya saben, romántica la mujer, igual que cuando le pedí que me enseñara algunos pasos de baile. Y luego fuimos a un bar bonito en la Roma-Condesa que tenía una terraza fabulosa. Me mareé un poco con la bebida, pero se me quitó con la comida y la plática. Al cabo de un rato me regresó a casa, pero antes de bajarme del coche me abrazó y me dio un beso tan largo y tan delicioso que sonrío cuando lo recuerdo.
Y el miércoles nos vimos de nuevo porque él tenía ganas de ir a Coyocán. Para mí fue inevitable recordar la última vez que estuve ahí por el incómodo de Roberto, pero meh. ¿Han escuchado esa frase que dice que los caballeros no tienen memoria? Pues las damas tampoco. ¡Les digo que soy una romántica! Aunque, eso sí, me enojé cuando vi a Héctor porque me dejó esperándolo media hora. Una hora antes de lo acordado me avisó que llegaría tarde y fijó otra hora con la que no tuve problema porque yo también sentía que iba algo tarde —y terminé llegando a la hora original—, pero cuando fue la nueva hora me avisó que tardaría aún más. No sabía si esperarlo o irme porque, de verdad, no saben cuánto odio que me hagan eso. Cuando al fin llegó y me subí al coche, me metí en mi papel de mujer enojada y le advertí que fuera la última vez que hiciera eso. Ja, ya me imagino cómo se debió haber sentido, pero ni modo. Y en realidad no estaba tan enojada como lo fingí, pero como le dije a Franco: es la única forma que tengo de educar a la gente con mi tiempo, aún si se trata de alguien que me guste mucho, como Héctor.
Regresando al tema de la cita, en vez de pensar en aquella salida con Roberto, estuve observando las calles y casi de inmediato reconocí algunas por donde ya había pasado mientras imaginaba el café y los churros tan ricos de los que Héctor me hablaba. Entonces, después de estacionarnos fuimos a conseguirlos y luego buscamos una banca para sentarnos. No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero de nuevo terminé encantada con su plática. A veces me trollea y es divertido también. Caminamos otro poco y luego me regresó a casa. Y sí, antes de bajar del coche me besó otra vez y me volvió a gustar. Me hizo estremecer, de verdad. No puedo esperar para verlo de nuevo.
Sé que sonará demasiado apresurado, pero siento que podría querer intensamente a este hombre. Físicamente, me encanta que sea alto; por lo demás, sus pláticas siempre son divertidas; es interesante: tiene dos ingenierías y una maestría, toma clases de guitarra y de salsa, sabe aikido y algo de krav maga, habla alemán y japonés, da clases de ingeniería en una universidad y… es unos años mayor que yo. Sí, ya sé que la edad no es garantía de nada —de hecho, nada lo es—, pero este detalle me llama la atención porque no acostumbro salir con chicos que me llevan algo de tiempo. En realidad no es tanto… creo; son seis años. La última vez que salí con alguien que me llevaba seis años fue en la universidad, con Adán; yo tenía 19. Fue un fracaso y no duramos ni un mes, pero viéndolo en retrospectiva, en parte fue porque él ¡obviamente! ya no era de manita sudada y yo aún tenía miedo de pensar en tener sexo porque me parecía muy pronto. De hecho, ahora que lo pienso, sí era muy inmadura y miedosa para muchas cosas. Luego, Alan M., que me llevaba cinco: yo tenía 21 y él, 26. Tampoco funcionó, pero duramos unos meses más. Aunque ahora que he estado saliendo con Héctor, siento que ya no soy esa de antes y que ya no hay razón para sentir los miedos de entonces. Me gusta mucho cómo me abraza para besarme y lo que me provoca después del beso, pero aún no le dejo acariciarme más de lo debido y mucho menos pensaría en acostarme con él si llevo tan poco tiempo de conocerlo.
Pero a veces me siento como en ciertos versos de la canción Tatuaje, de JD Natasha:
Y yo no quiero quedarme ciega, pero sí me veo viviendo cosas muy intensas a su lado aún sabiendo el riesgo de quedar tatuada que ello implica.
Quería venir a contarles que traigo un montón de sentimientos encontrados desde hace un par de semanas. Conocí a alguien nuevo, se llama Héctor y me lo presentó Valeria, mi mejor amiga, el día del concierto de Sonata Arctica (domingo, 22 de marzo). Que, por cierto, estuvo de lujo; lo disfruté muchísimo, especialmente cuando tocaron I Have A Right, pero ése tal vez sea tema de otro post. O tal vez no. Hay que mencionar que Héctor es compañero/amigo del trabajo de Valeria.
Damn, me he desconectado tanto de la compu que ahora tengo muchos typos mientras escribo en el teclado. El teléfono me está haciendo mal. :(
Ese día quedé de verme con Valeria para ir a la Cineteca, porque Héctor quería ver Whiplash y le preguntó si ella podría acompañarlo; Valeria le explicó que ya tenía plan conmigo pero él le respondió que no tenía problema en ir a dejarnos al concierto después de la función, así que estuvo bien. Al día siguiente, Héctor me agregó a facebook pero no fue sino hasta en la noche que comenzamos a escribirnos por el chat. Bueno, él lo hizo primero. Fue una plática… cool, me cayó bien, y después de contarme que su postre favorito era el pay de limón y responderle que el mío no queda nada mal —modesta la muchacha, ¿verdad?— me invitó a salir por uno en el transcurso de la semana a un café que le queda cerca del trabajo. Ese día fue increíble porque por la mañana fui a una entrevista de trabajo de la que sí escribiré más adelante, pero por ahora puedo decir que todo salió perfectamente bien; por la tarde regresé a casa y después de regresar de nuevo porque tuve que ir al banco, me arreglé para la cita. La verdad es que sí estaba emocionada por verlo y como me había hablado maravillas de ese pay, no podía dejar de probarlo. Quedamos de vernos por la tarde-noche en una estación de metrobús y de ahí caminaríamos al café.
La velada fue maravillosa. Héctor resultó ser muy agradable y muy interesante: no hubo un solo momento de silencios incómodos en la plática. También fue comprensivo cuando le expliqué que olvidé llevarle mi portafolio como le había prometido y que, no sólo eso, sino que me percaté de que no traía mi cartera cuando llegué a la estación del metrobús. El problema no era pagar mi cuenta pues se trataba de una invitación, sino que entonces no habría tenido modo de regresarme sola si algo salía mal porque además tenía poco saldo en el celular como para pedir un taxi de app y mi tarjeta del DF estaba en ceros. Pero nada de eso sucedió y él, muy amablemente, me dijo que no me preocupara por la cuenta del café. Y al final me llevó de regreso a casa; su coche estaba a unas cuadras de ahí.
El domingo por la tarde volvimos a vernos y como en esta ocasión era mi turno de elegir lugar, le sugerí la heladería bonita que conocí gracias a Efren. Quedó encantado, o eso dijo: la música era agradable, el menú era amplio y los postres deliciosos. Después de refrescarnos por el calor tan insano que hacía ese día fuimos a caminar por las calles cercanas. Debo señalar que no son muy seguras, pero algo me decía en el fondo que no pasaría nada y que si así fuera, mejor ni lo pensara. Fue muy divertido caminar con él mientras me contaba sobre su vida, sus pasatiempos, su trabajo… además del ataque de cosquillas que me hizo. Nunca aguanto mucho tiempo las cosquillas y me rindo muy rápido porque no puedo dejar de reír, pero me agradaba pensar en la idea de quedar rodeada en sus brazos. Ya saben, romántica la mujer, igual que cuando le pedí que me enseñara algunos pasos de baile. Y luego fuimos a un bar bonito en la Roma-Condesa que tenía una terraza fabulosa. Me mareé un poco con la bebida, pero se me quitó con la comida y la plática. Al cabo de un rato me regresó a casa, pero antes de bajarme del coche me abrazó y me dio un beso tan largo y tan delicioso que sonrío cuando lo recuerdo.
Y el miércoles nos vimos de nuevo porque él tenía ganas de ir a Coyocán. Para mí fue inevitable recordar la última vez que estuve ahí por el incómodo de Roberto, pero meh. ¿Han escuchado esa frase que dice que los caballeros no tienen memoria? Pues las damas tampoco. ¡Les digo que soy una romántica! Aunque, eso sí, me enojé cuando vi a Héctor porque me dejó esperándolo media hora. Una hora antes de lo acordado me avisó que llegaría tarde y fijó otra hora con la que no tuve problema porque yo también sentía que iba algo tarde —y terminé llegando a la hora original—, pero cuando fue la nueva hora me avisó que tardaría aún más. No sabía si esperarlo o irme porque, de verdad, no saben cuánto odio que me hagan eso. Cuando al fin llegó y me subí al coche, me metí en mi papel de mujer enojada y le advertí que fuera la última vez que hiciera eso. Ja, ya me imagino cómo se debió haber sentido, pero ni modo. Y en realidad no estaba tan enojada como lo fingí, pero como le dije a Franco: es la única forma que tengo de educar a la gente con mi tiempo, aún si se trata de alguien que me guste mucho, como Héctor.
Regresando al tema de la cita, en vez de pensar en aquella salida con Roberto, estuve observando las calles y casi de inmediato reconocí algunas por donde ya había pasado mientras imaginaba el café y los churros tan ricos de los que Héctor me hablaba. Entonces, después de estacionarnos fuimos a conseguirlos y luego buscamos una banca para sentarnos. No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero de nuevo terminé encantada con su plática. A veces me trollea y es divertido también. Caminamos otro poco y luego me regresó a casa. Y sí, antes de bajar del coche me besó otra vez y me volvió a gustar. Me hizo estremecer, de verdad. No puedo esperar para verlo de nuevo.
Sé que sonará demasiado apresurado, pero siento que podría querer intensamente a este hombre. Físicamente, me encanta que sea alto; por lo demás, sus pláticas siempre son divertidas; es interesante: tiene dos ingenierías y una maestría, toma clases de guitarra y de salsa, sabe aikido y algo de krav maga, habla alemán y japonés, da clases de ingeniería en una universidad y… es unos años mayor que yo. Sí, ya sé que la edad no es garantía de nada —de hecho, nada lo es—, pero este detalle me llama la atención porque no acostumbro salir con chicos que me llevan algo de tiempo. En realidad no es tanto… creo; son seis años. La última vez que salí con alguien que me llevaba seis años fue en la universidad, con Adán; yo tenía 19. Fue un fracaso y no duramos ni un mes, pero viéndolo en retrospectiva, en parte fue porque él ¡obviamente! ya no era de manita sudada y yo aún tenía miedo de pensar en tener sexo porque me parecía muy pronto. De hecho, ahora que lo pienso, sí era muy inmadura y miedosa para muchas cosas. Luego, Alan M., que me llevaba cinco: yo tenía 21 y él, 26. Tampoco funcionó, pero duramos unos meses más. Aunque ahora que he estado saliendo con Héctor, siento que ya no soy esa de antes y que ya no hay razón para sentir los miedos de entonces. Me gusta mucho cómo me abraza para besarme y lo que me provoca después del beso, pero aún no le dejo acariciarme más de lo debido y mucho menos pensaría en acostarme con él si llevo tan poco tiempo de conocerlo.
Pero a veces me siento como en ciertos versos de la canción Tatuaje, de JD Natasha:
“Vengo para liberarme de mi estúpida inocencia”El resto de la canción no tiene mucho qué ver con cómo me siento porque habla de que el hombre del que se enamoró la dejó, pero sí me identifico con la manera tan intensa que ella cuenta que lo quiso porque le dejó recuerdos muy marcados… como tatuajes. También habla de cuánto puedes llegar a cambiar tu esencia cuando quieres o crees querer a alguien con tal intensidad porque te deslumbra tanto que te deja ciega.
“Cuando lo conocí tenía 16,
me enamoré de sus ojos que me desnudaban”
“Sin querer me hipnotizó con su sexy inmoralidad”
Y yo no quiero quedarme ciega, pero sí me veo viviendo cosas muy intensas a su lado aún sabiendo el riesgo de quedar tatuada que ello implica.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ATTITUDE,
HÉCTOR,
VALERIA
3 comentarios:
02 marzo 2015
I guess we can just agree to disagree, pt. 2
He aquí el review con mis conclusiones del post anterior. Durante gran parte del día me dediqué a pensar lo que escribí, a recordar experiencias anteriores y a definir qué es lo que quiero y por qué actúo como lo hago. Enumeré todos los puntos, aunque no necesariamente tengan continuidad unos con otros; los escribí según los fui pensando.
1
En primer lugar, recordé que Daniel tenía una manera similar de pensar a Roberto. Así empezó con Vicky y creo que ya llevan más de un año juntos. Qué bueno por ellos si les funcionó irse a la cama y luego ver si aparecía algún sentimiento después del sexo. Yo no pienso así y así he estado perfecto durante estos años, y es una pena por Roberto que él no lo entienda, pero tampoco voy a desgastarme discutiendo con alguien que no entiende razones.
2
Haciendo memoria, recordé un post que escribí aquí cuando apenas empezaba el blog. Lo enlazaría, pero lo borré. Tenía 19 años y en ese entonces me gustaba mucho un dude de otro grupo de la carrera que se llamaba Samuel. Un día al final del trimestre, después de clases, me lo encontré cerca de los talleres de Industrial. Después de vagar por un poco por los pasillos de la escuela nos encerramos en un salón vacío para besarnos y fajar. Al principio me sentí otra persona, pues había hecho algo que nunca antes y extrañamente me sentí bien: atrevida, diferente y renovada. Creí que al cabo de unos días él llegaría a decirme que quería algo más formal, pero lo que encontré fue peor: el día de la exposición de trabajos finales lo vi abrazando de la cintura y besando a una chica mucho mejor: guapa, delgada, bien vestida y maquillada. Todo lo contrario a lo que era yo en ese momento: gorda, medio fodonga
para vestir, no me maquillaba y tenía el cutis lleno de acné. Me sentí chinche y quise salir corriendo de ahí. Pasó mucho tiempo para que volviera a sentirme tan ligera como el día del encerrón.
3
La siguiente vez fue a los 21. Sexteé con un follower —a quien llamaremos F y que nunca me gustó físicamente— durante algunos días, pero de él no hay mucho qué contar pues desapareció al cabo de un par de semanas y no volví a saber de él hasta hace unos meses. Sólo lo vi una vez, antes del sexteo y nunca volvimos a tocar el tema. Luego de otro par de años, mientras le platicaba a Mique sobre F le confesé lo que hice y el nulo gusto que le tenía, a lo que me respondió:—Si el dude no te iba, ¿por qué sexteaste?Luego llegó Alan M. y olvidé ese mood despreocupado. En ese momento decidí de nuevo que eso no era lo mío.
—Pues porque estaba en un mood tan despreocupado, que me importaba un pepino lo que sucediera con X o Y dude.
—¿Qué despreocupada, eh? Qué valemadres…
4
Entonces, ayer por la mañana recordé la pregunta de Mique pero en el transcurso de la tarde con Roberto pensé que no perdía nada por algunos besos, y en caso de que me gustaran, yo decidiría si le seguía el paso para dejarme llevar, por eso le correspondí el primero que me robó. Pero no fue así y como faltaba poco tiempo para irnos, pues ya me dio lo mismo recibirle los siguientes besos. Y decidí por tercera vez que eso de ser tan ligera no iba conmigo, aunque en esta ocasión ya estoy segura de ello.
5
Entre otras cosas, Roberto decía que mientras llega tu media naranja, ve comiendo mandarinas.
Pero no quiero comer mandarinas ahora. Estando a unos meses de llegar a mi primer
cuarto de siglo, cada vez estoy más segura de mis decisiones y si no
quiero mandarinas porque no se me antojan, ¡no tengo por qué comerlas,
carajo! También decía que por estar esperando a una persona más
compatible con mi manera de pensar podría estar dejando pasar muchas
oportunidades. ¿Y saben qué? Me vale tres hectáreas de invertebrada
porque esperar no representa un problema para mí. Esperé mucho tiempo
para que llegara Alan Zam y aunque ya no está, tengo la certeza de que
así como él llegó, llegará alguien más. Tengo muchas cosas de qué
ocuparme mientras espero, así que no estaré aburriéndome.
6
Por la tarde le conté a mi hermano de la salida con Roberto, con
detalles y contexto. Mi hermano es mi confidente y aunque es cinco años
menor que yo, podemos hablar perfectamente de cualquier tema, así que
después de contarle todo, en pocas palabras, dijo lo que ya se sabe:
Roberto es un imbécil y me aconsejó no seguir hablando con él. Por
supuesto que no seguiré haciéndolo, y menos después de ese fracaso de
cita y de los tuits ardidos que ha estado escribiendo en forma de
indirectas. Aparte de imbécil, cobarde. Meh.
7
Sabía que no podía esperar mucho de alguien que ni siquiera hizo el esfuerzo de verme en alguna estación intermedia del metrobús porque la suya le quedaba a unos pasos de su casa, con el pretexto de que sería poco práctico verme más cerca para luego volver a la parada del bus. Y que al momento del regreso hacia nuestras casas ni siquiera me preguntó si podía acompañarme a la mía. Su máxima preocupación fue pedirme que le avisara cuando llegara. Al contrario, Alan M. sí me regresó desde la primera cita; Alan Z. también quiso hacerlo y aunque yo tenía que ver a Benito en su tienda, al menos me acompañó hasta la entrada. A lo que voy es que quería todo tan fácil y hacer el mínimo esfuerzo, que sólo puedo pensar: easy come, easy go.
8
Finalmente, quiero a mi lado a una persona que pueda seguirme el paso emocional, mental y sexualmente, no a alguien que quiera adelantarse con pretextos estúpidos y que no respete mis tiempos. Quiero a alguien con quién compartir parte de mi vida y estar atenta y presente en la suya y superar nuestras dificultades juntos por muy grandes que parezcan, en lugar de acobardarse en la primera. Quiero a alguien con quién celebrar mis triunfos, llorar mis tristezas, desahogar mis enojos y superar mis miedos sin sentirme ridícula por hacerlo. Quiero todo esto porque sé que puedo darlo y sabré esperar.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ALAN M.,
ALAN Z.,
ATTITUDE,
DAMN,
DANIEL,
GIRLY / CURSI,
XXIM RESPONDE
5 comentarios:
22 enero 2015
De heridas que creías cerradas…
¿Cómo se hace para que una persona deje de doler tanto? Ya no recordaba lo que era sufrir una ruptura después de tanto tiempo. Ya pasaron poco más de dos meses de que Zam y yo terminamos y creí que ya lo había superado porque ya no había vuelto a llorar pero… qué equivocada estaba.
Anoche estuve platicando un rato con Fer por el chat de facebook y ahí fue cuando no pude aguantar más y me rompí. No le dije que lloré, pero supongo que lo imaginó. Es que estoy segura de lo que le escribí y por eso me duele tanto: Zam fue el primero al que amé de verdad. No quiero decir que a los demás no los haya querido, porque sí los quise y mucho, pero con Zam fue distinto. Fue sublime, fue constructivo, fue maduro, fue mi apoyo… Fue único, ¿sabes? Fue amor de verdad y me lo merecía. Pero cada día me convenzo más de que también fue un cobarde que no quiso seguir porque le dio miedo pasar de la etapa de «todo es rosita y feliz» a la de «no todo es rosita y tenemos que enfrentar dificultades y ya no sé si quiero vivir esa transición», porque creo en que una vez que pasas esa transición es cuando viene el amor de verdad. ¡Y yo sí estaba dispuesta a vivirlo! Incluso pienso que íbamos a ritmo distinto, porque yo ya me había dado cuenta de que la relación ya estaba cambiando para convertirse en una más fuerte y profunda y estaba segura de aceptar ese cambio. Pero él no, él tenía miedo y eso sí no lo merezco.
Lo peor es que en la noche soñé con él. Sentí horrible porque en el sueño nos veíamos y salíamos a hacer unas compras como cuando estábamos juntos; me abrazaba, me tomaba de la mano y me llamaba pero ambos sabíamos, sin decirlo abiertamente, que ya no éramos nada. Y lo veía vestido con una camisa suya que era mi favorita y al verlo sonreírme sentía un dolor por dentro de ésos en los que tienes que aparentar ser fuerte. Y cuando desperté no quería ni levantarme de la cama. ¿Será que, lo que tengo que hacer es aparentar ser fuerte y luego serlo de verdad? O mejor dicho, ¿empezar a ser fuerte de verdad? En este par de meses lo he aparentado, pero en cuanto alguien me pregunta por él siempre me derrumbo y las lágrimas no se quedan adentro. ¿Por qué?
No sé ni qué debo pensar, todavía me siento confundida. Por ahora iré a dormir, que me hace mucha falta descansar y tengo que dejar de desvelarme. Sólo espero no volver a soñarlo.
Anoche estuve platicando un rato con Fer por el chat de facebook y ahí fue cuando no pude aguantar más y me rompí. No le dije que lloré, pero supongo que lo imaginó. Es que estoy segura de lo que le escribí y por eso me duele tanto: Zam fue el primero al que amé de verdad. No quiero decir que a los demás no los haya querido, porque sí los quise y mucho, pero con Zam fue distinto. Fue sublime, fue constructivo, fue maduro, fue mi apoyo… Fue único, ¿sabes? Fue amor de verdad y me lo merecía. Pero cada día me convenzo más de que también fue un cobarde que no quiso seguir porque le dio miedo pasar de la etapa de «todo es rosita y feliz» a la de «no todo es rosita y tenemos que enfrentar dificultades y ya no sé si quiero vivir esa transición», porque creo en que una vez que pasas esa transición es cuando viene el amor de verdad. ¡Y yo sí estaba dispuesta a vivirlo! Incluso pienso que íbamos a ritmo distinto, porque yo ya me había dado cuenta de que la relación ya estaba cambiando para convertirse en una más fuerte y profunda y estaba segura de aceptar ese cambio. Pero él no, él tenía miedo y eso sí no lo merezco.
Lo peor es que en la noche soñé con él. Sentí horrible porque en el sueño nos veíamos y salíamos a hacer unas compras como cuando estábamos juntos; me abrazaba, me tomaba de la mano y me llamaba pero ambos sabíamos, sin decirlo abiertamente, que ya no éramos nada. Y lo veía vestido con una camisa suya que era mi favorita y al verlo sonreírme sentía un dolor por dentro de ésos en los que tienes que aparentar ser fuerte. Y cuando desperté no quería ni levantarme de la cama. ¿Será que, lo que tengo que hacer es aparentar ser fuerte y luego serlo de verdad? O mejor dicho, ¿empezar a ser fuerte de verdad? En este par de meses lo he aparentado, pero en cuanto alguien me pregunta por él siempre me derrumbo y las lágrimas no se quedan adentro. ¿Por qué?
No sé ni qué debo pensar, todavía me siento confundida. Por ahora iré a dormir, que me hace mucha falta descansar y tengo que dejar de desvelarme. Sólo espero no volver a soñarlo.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ALAN Z.,
DAMN,
FERS
2 comentarios:
14 diciembre 2014
El último desvelo
…o el último post del 2O14 que originalmente había publicado en el otro blog. Enjoy!
Estas palabras, que escribí a una persona importante que ya forma parte de mis ganancias, son sólo una breve descripción de lo afortunada que fui este año. Di lo mejor en todo, de verdad, en todo. En los dos concursos grupales de danza donde participé ganamos el segundo lugar. En el maratón de danza no llegué a estar entre las finalistas, pero superé mi marca personal (de 2h12' a 3h55') con una gripe terrible encima. También terminé el servicio social y cada vez veo más cerca el día de recibir mi título y cédula. Y en la búsqueda de empleo descarté lugares que no me parecían tan buenos y fui rechazada de otros, pero esas entrevistas no fueron tiempo perdido porque me ayudaron a entrenarme para las siguientes y me sirvieron para encontrar un lugar muy bueno en el que estoy segura de querer quedarme y en el que, por cierto, desde el 6 de noviembre estoy en proceso de selección.
No fue, sin embargo, un año perfecto. También tuve muchos tropiezos y cometí errores: lastimé gente, fui lastimada y me lastimé a mí misma sintiéndome mediocre en varias ocasiones, impotente por no poder avanzar al ritmo que me hubiera gustado (aunque al final comprendí que a veces es mejor dar un paso a la vez) y frustrada por detenerme cuando no debí hacerlo. De igual manera, lloré todas las lágrimas que había acumulado durante meses y escupí mucho veneno de formas inapropiadas.
Pero viví la relación más constructiva, agridulce y libre que he tenido en mucho tiempo, que terminó como todo lo finito que existe y de la que no puedo decir más que cosas buenas —porque además me dejó una amiga nueva—. Fue medular en este recuento porque esa persona estuvo presente en todo lo que mencioné anteriormente y me hizo entender que en la medida que me esfuerce en lo que sea, obtendré una recompensa proporcional. En pocas palabras, fue una relación épica.
The aftermath
af•ter•math: n. 1. A consequence, esp. of a disaster or misfortune.
Fuente: The American Heritage Dictionary.
El año pasado, por el contrario, fue un aftermath y tuve que limpiar parte de los desastres que no provoqué. Fue de lágrimas, pérdidas, negación y rencor. Fue un 2013 triste y frustrante, ensombrecido por personas equivocadas y malas decisiones. Hubo decepciones y engaños y berrinches que ahora no son más que el recuerdo de un mal sueño.
A pesar de que también sucedieron cosas alegres y dignas de recordar en ese año, fueron muchas menos que en éste. Entre las que recuerdo, están haber terminado la escuela con buenas notas, las clases nocturnas de Fotografía, sacar adelante el horrible proyecto de titulación, las salidas random con Miguel y el descubrimiento de La Verdad, de Riikka Pulkkinen, en la FIL Minería; haber empezado mi pequeño negocio de sublimes postres, la celebración de mi cumpleaños en una pizzería con billar y el viaje a Vallarta. Y hasta ahí, porque desde días antes del cumpleaños comenzaron los meses difíciles.
Creo que por eso ahora me siento agradecida por este año. Mejoró mucho respecto al anterior, maduré en varios aspectos —y me tiene trabajando en otros— y ahora sólo puedo pedir que el siguiente sea aún mejor. Yo también lo seré.
❝ Faltan un par de semanas para que el año termine, y por cursi que parezca, por estas fechas tengo la costumbre de hacer un balance anual y uno semestral de las cosas que hice. Para mí es importante hacerlos porque me enriquece comparar mi año actual con el anterior. Y con el de este año me doy cuenta de que gané más de lo que perdí o dejé. ❞
Estas palabras, que escribí a una persona importante que ya forma parte de mis ganancias, son sólo una breve descripción de lo afortunada que fui este año. Di lo mejor en todo, de verdad, en todo. En los dos concursos grupales de danza donde participé ganamos el segundo lugar. En el maratón de danza no llegué a estar entre las finalistas, pero superé mi marca personal (de 2h12' a 3h55') con una gripe terrible encima. También terminé el servicio social y cada vez veo más cerca el día de recibir mi título y cédula. Y en la búsqueda de empleo descarté lugares que no me parecían tan buenos y fui rechazada de otros, pero esas entrevistas no fueron tiempo perdido porque me ayudaron a entrenarme para las siguientes y me sirvieron para encontrar un lugar muy bueno en el que estoy segura de querer quedarme y en el que, por cierto, desde el 6 de noviembre estoy en proceso de selección.
No fue, sin embargo, un año perfecto. También tuve muchos tropiezos y cometí errores: lastimé gente, fui lastimada y me lastimé a mí misma sintiéndome mediocre en varias ocasiones, impotente por no poder avanzar al ritmo que me hubiera gustado (aunque al final comprendí que a veces es mejor dar un paso a la vez) y frustrada por detenerme cuando no debí hacerlo. De igual manera, lloré todas las lágrimas que había acumulado durante meses y escupí mucho veneno de formas inapropiadas.
Pero viví la relación más constructiva, agridulce y libre que he tenido en mucho tiempo, que terminó como todo lo finito que existe y de la que no puedo decir más que cosas buenas —porque además me dejó una amiga nueva—. Fue medular en este recuento porque esa persona estuvo presente en todo lo que mencioné anteriormente y me hizo entender que en la medida que me esfuerce en lo que sea, obtendré una recompensa proporcional. En pocas palabras, fue una relación épica.
The aftermath
af•ter•math: n. 1. A consequence, esp. of a disaster or misfortune.
Fuente: The American Heritage Dictionary.
El año pasado, por el contrario, fue un aftermath y tuve que limpiar parte de los desastres que no provoqué. Fue de lágrimas, pérdidas, negación y rencor. Fue un 2013 triste y frustrante, ensombrecido por personas equivocadas y malas decisiones. Hubo decepciones y engaños y berrinches que ahora no son más que el recuerdo de un mal sueño.
A pesar de que también sucedieron cosas alegres y dignas de recordar en ese año, fueron muchas menos que en éste. Entre las que recuerdo, están haber terminado la escuela con buenas notas, las clases nocturnas de Fotografía, sacar adelante el horrible proyecto de titulación, las salidas random con Miguel y el descubrimiento de La Verdad, de Riikka Pulkkinen, en la FIL Minería; haber empezado mi pequeño negocio de sublimes postres, la celebración de mi cumpleaños en una pizzería con billar y el viaje a Vallarta. Y hasta ahí, porque desde días antes del cumpleaños comenzaron los meses difíciles.
Creo que por eso ahora me siento agradecida por este año. Mejoró mucho respecto al anterior, maduré en varios aspectos —y me tiene trabajando en otros— y ahora sólo puedo pedir que el siguiente sea aún mejor. Yo también lo seré.
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