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30 marzo 2018

The stupid, the proud

[ *El título del post es una canción de IAMX en donde la letra nada tiene qué ver con la entrada de hoy, sólo me sirve para preguntarme de qué lado estoy con lo que vengo a escribir: si soy stupid o soy proud. O ambas. ]


Aloha!

Siento que otra vez pasó mucho tiempo desde el último post hasta el día de hoy, pero he tenido mucho trabajo y poca energía emocional para venir, pero ahora que tengo el tiempo y las ganas para escribir no las voy a desperdiciar.

Siempre que estoy por escribir una nueva entrada, acostumbro leer primero lo último que publiqué, porque me sirve para saber en qué me quedé y si lo que sentía en ese momento sigue vigente o ya quedó enterrado para siempre y esta vez me encontré con que estaba muy enojada con mi mamá porque sentía que no me comprendía y porque su humor no era precisamente el más agradable. ¿Y qué creen? Que hoy sigo pensando eso.

El miércoles, que fue el último día antes de las vacaciones de semana santa (hoy es viernes santo), no vi a Zam porque se fue con su familia a Acámbaro desde el domingo en la tarde y regresarían ese día, pero no iba a poder verlo porque se quedaría en casa de sus papás para regresarse a su depa hasta el jueves en la mañana. Entonces regresé a casa después del trabajo como si fuera cualquier otro día de la semana. La dinámica es: una vez que llego a la estación del bus de por mi casa, le aviso a mi mamá para que vaya a recogerme —le da miedo, o eso dice, si me regreso sola por el peligro que implica atravesar la colonia de noche—, y la espero adentro de un Oxxo que hay por ahí o adentro de la estación del bus. Ese día todo parecía normal, seguí la dinámica de siempre y en cuanto me subí al coche y saludé a mi mamá, lo primero que me preguntó fue, en tono de reclamo:

«¿Qué día es hoy?»

Le respondí toda sacada de onda que «miércoles», y entonces empezó a gritarme que por qué no le había avisado que ese día fuera por mí, y le dije que sí le había comentado desde el fin de semana pasado sobre los planes de Zam, que se acordara que sí le platiqué, pero se enojó más porque me gritó que no era su obligación estar al pendiente de ese tipo de cosas y mucho menos recordarlas y que a la próxima vez me encargara de decirle bien y recordarle si había cambio en los planes.

Ya sé, ya sé que suena de lo más exagerado pero les juro que no estoy haciendo esto más grande de lo que en realidad era porque de verdad pasó así como lo estoy describiendo. Se enojó de la nada. No sé, y a estas alturas no me interesa saber, qué es lo que le sucede. Estoy harta de tratar de entenderla pero cada vez la entiendo menos porque cuando quiero explicarle cosas simplemente no tiene la disposición y así pienso que ya ni vale la pena desgastarme intentado abrir un diálogo ni nada de esas mierdas. Alv con la empatía, entonces. Después de un rato empecé a buscar lugares en renta para irme a vivir a otro lado, con mi filtro todo ridículo de poquitos pesos porque lol no me alcanza mi sueldo, pero los lugares que encontré están en zonas más feas que donde vivo actualmente o son depas todos descuidados y feos. Odio mi vida.

Luego, ayer por la tarde le pregunté si como cada viernes santo iríamos al paseo en Xochimilco con lo que queda de la familia pero me respondió que no, porque esos que quedan salieron a otras ciudades y ella no quería manejar sola hasta allá; sin embargo, me comentó que una de las tías que no salieron le sugirió ir hoy a un parque que casualmente es mi favorito, y me encargó comprar botanas y refresco para el kinda picnic que querían organizar. La verdad es que no tenía ganas de ir porque seguramente no iba a faltar el momento en que de la nada me hiciera pasar alguna vergüenza con uno de los comentarios pasivo-agresivos que acostumbra hacer y no quería que eso me arruinara justamente ese parque al que tanto me gusta ir. Pero con ella no tengo la opción de decir que no, así que fui muy a la fuerza y por lo tanto no hice nada: alternaba los juegos en el celular con un poco de botana o simplemente con mirar a la nada. No tenía ganas de ir a caminar con mis primas que también fueron y mucho menos de ir a ver el invernadero de orquídeas aunque me haya quedado con las ganas de entrar hace un par de semanas que fui con Zam porque ya estaban cerrando el parque aquella vez. Fue una salida horrible la de hoy.

A ratos pienso si no es ella la que me drena la energía emocional —por decirlo de alguna forma y sin la intención de sonar soberbia— porque, de verdad, no encuentro otra razón por la que me siento tan desganada los días posteriores a sus cambios todos horribles de humor. Ayer, por ejemplo, estuve a nada de cancelarle los planes a Zam porque lo único que tenía eran ganas de dormir; no quería salir, no quería arreglarme ni hacer limpieza ni absolutamente nada, pero mal hubiera hecho en ese caso, porque cuando lo vi y salimos me sentí mucho mejor y se me quitó el ánimo de dormir.

Una de las cosas que platicaba con Zam el miércoles, era que yo sabía que algún día llegará el momento en el que me vaya de casa de mi mamá y que cuando eso suceda, me gustaría que fuera en el mejor de los términos, es decir, salirme porque es parte de mis planes personales y no por el impulso de decir que me tiene harta. De verdad, aún con todo esto, quiero hacer las cosas bien, pero a veces parece que no vale la pena. Ya no sé qué pensar; trato de que no me afecten los comentarios de ella ni sus malas actitudes pero es muy difícil, cada día es más complicada.

Voy por un poco de agua para calmarme y hablar con Zam.

18 febrero 2018

Don't look back in anger

Hace dos días escribí que el Sharpie rojo que compré era el color que menos quería usar en el Year in pixeles (representa el cuadrito de «frustrated / angry day») y justamente hoy fue el día en que lo estrené. Bueno, supongo que en algún momento eso iba a suceder pero no creí que tan pronto.

Hoy fue día familiar de ir a la iglesia porque cada año conmemoramos así la partida de mi abuelita. No sé si muuuuy en el fondo eso me altere, a pesar de que me siento tranquila con eso, porque según quienes me vieron, me porté súper conflictiva. Todo empezó saliendo de la misa, cuando una de las tías a la que jamás en la vida veo, tomó un mechón de mi cabello y me jaló para hacerme voltear pero en realidad su pretexto era ver si no me había puesto extensiones. Like, really? Y no sólo lo hizo una vez, sino que se tomó el atrevimiento de seguir jalándome porque no creía que tuviera el cabello tan largo. Me desesperó tanto y tan rápido que en cuanto me soltó el cabello me lo amarré en un chongo frente a ella y frente a toda la familia, por lo que después de eso ya no me dijo nada. Como todas las tías se quedaron platicando y yo tenía antojo de papitas, aproveché el momento para ir con el hermono a la tienda de enfrente a comprarnos chucherías. Mientras cruzábamos la calle, le dije: «¿cuánto vas a que ahorita mi mamá me va a decir algo por amarrarme el cabello?», y efectivamente, ya que estábamos caminando hacia el coche, fue lo primero que me reclamó. Me dijo que qué insoportable y chocante me vi (pero con otras palabras), y aunque traté de explicarle en mi tono más neutral la razón de por qué lo hice, no logré hacerla comprender. Hace tiempo también le dije a otra sobrina encimosa, frente a sus papás y otros tíos, que me dejara en paz el cabello, y sólo así lo hizo. En su caso, también tenía razones importantes: esa mocosa siempre tiene piojos y yo no iba a dejar que me los contagiara obligándome a cortar el cabello porque lo voy a donar y no iba a desperdiciar años de dejármelo solamente por su evidente falta de higiene. Pero en el caso de hoy, el de la tía, la razón era simplemente que lo que hizo fue invasivo por no preguntar siquiera si podía hacerlo, y en el último de los casos, ¡¿qué le importa cómo traigo el cabello?! No, no traigo extensiones.

Pero el enojo no terminó ahí. Más tarde fuimos a la casa de mis abuelos a la comida familiar y cuando llegó la hora del té, estaba a mi lado un sobrino como de preescolar que jamás se sabe estar quieto. De verdad, no exagero. No sé si tiene un síndrome o algo pero, maldita sea, ¿han visto cómo se retuercen las lombrices cuando les espolvoreas sal? Pues así exactamente. Como estábamos sentados a la esquina de la mesa, sus pies quedaban frente a los míos y no dejaba de patearme la pantorrilla por más que yo tratara de moverme para que ya no me incomodara. En algún momento se volteó en la otra dirección de una forma tan brusca que me pegó en el codo y casi me tira mi té y entonces le grité: «¡Adrián, por favor, ya estate quieto que ya me pegaste!». Se hizo un silencio incómodo que se rompió rápido porque un primo le enseñó al mocoso un video de un perrito que se comió un labial, haha. Pero ante los ojos de mi mamá había hecho lo más terrible del mundo. Va, puede que tal vez exageré, pero también estaba desesperada porque nadie le dice al niño que se esté quieto ni que deje de ser tan encimoso: apenas te ve y casi te derriba de lo fuerte que corre a estrellarse contra ti, o si estás sentada y quedan a la misma altura, ya te está agarrando los aretes, el collar, el pin, los lentes o cualquier cosa que traigas puesta. ¡Caramba, enséñenle a respetar el espacio personal! Para colmo, mi mamá me reclamó llamándome intolerante. Ay, mamá, ojalá hubieras soportado la misma molestia que yo.

Y así fue como a la vista de todos, el día de hoy fui la peor persona del mundo por amarrarme el cabello y gritarle a un niñito encimoso. Pásenme el Sharpie rojo.

17 febrero 2018

Ya no quiero nada

Creo, quiero pensar, que mi mamá ya no está molesta conmigo. Unos días antes de comenzar el year in pixels (un jueves, y empecé el YIP el martes siguiente), se enojó mucho porque salí tardísimo de la oficina y olvidé avisarle que ya iba en camino. Sí, acepto que por mi descuido se quedó con la preocupación, pero me sacó de onda la manera en la que me gritó al teléfono. Para ese momento ya me encontraba a menos de cinco minutos en el coche —Zam pasó por mí al trabajo para llevarme a casa, pero a ella preferí decirle que tomé un uber— y a pesar de que no puse el altavoz, Zam escuchó todo el escándalo al teléfono; qué pena me dio. Y no voy a justificarme, sino a decir que estaba tan cansada mentalmente que, honestamente, olvidé avisarle que ya iba en camino. Estaba muy saturada, ya tenía mucho sueño y me dolían las piernas de estar tanto tiempo sentada. Desde ese día creo que transcurrió toda una semana sin que me hablara ni se despidiera de mí en las mañanas antes de irse al trabajo. Me conflictuó tanto su actitud, que en un arranque le dije a Zam que ya quería salirme de casa e irme a vivir por mi cuenta, y aunque hoy ya tengo la cabeza más fría, sigo pensando que ya es momento de irme.

Siento que desde que ella corrió de la casa a mi hermano menor, que para colmo fue el día de mi cumpleaños, comenzaron los problemas entre ella y yo. A veces me siento ignorada en lo que siento, que sólo la opinión de ella es la que cuenta, que sus emociones son las únicas que importan, y todo eso me lo hizo sentir a partir de aquel día. Me trata como si otra vez tuviera 16 años y tuviera que estar cuidando mi hora de llegada respecto a la que salí de casa cada vez que salgo con gente, cuando eso ya no sucedía desde hace unos seis años. En verdad no entiendo. No le he fallado tan terriblemente ni he sido una mala hija como para que me trate así.

En fin, toda esta introducción fue para dar un poco de contexto sobre el día de hoy. En general fue un día muy lindo con Zam: fuimos a nuestro sushi favorito, nos acurrucamos y dormimos un rato en su depa y después fuimos a una reunión en casa de unos amigos suyos para festejar que en unos meses van a ser papás. La reunión fue divertida, a pesar de que en cierto punto nos sentimos un poco fuera de lugar porque la mayoría eran médicos y hacían chistes locales con tantos tecnicismos que sólo nos quedaba reírnos por seguir la corriente. Ya cuando cambiaron el tema nos sentimos más incluidos. El tiempo se fue rápido y cuando Zam vio la hora me preguntó si ya quería que me regresara a casa. Me asusté un poco a pesar de que solamente eran las 22h, pues olvidé que salimos a eso de las 15h y seguramente al regresar mi mamá me iba a reclamar por enésima vez la hora de llegada porque «era mucho tiempo afuera». Afortunadamente no fue así porque cuando llegué ella ya estaba dormida.

Pero volví a pensar en lo que mencioné en la introducción de este post. Llega un momento en el que me entristece la actitud de mi mamá porque siento que cualquier esfuerzo que haga para demostrarle que no voy a defraudar su confianza es en vano y me estoy cansando de esto. No quiero llegar a un punto de indiferencia que rompa definitivamente la relación y sé que para que eso no suceda lo mejor será salirme. Ojalá pudiera hacerlo ahora pero mi sueldo no es suficiente y lo ideal es que no quiero roomies, pero tampoco puedo ponerme exigente.

Ya, de verdad, no sé cómo hacer para lidiar con su actitud. Trato mucho de convencerme de que no me afecte y de que ya no está en mí si entiende o no entiende que no soy mala hija, que estoy llegando al punto de darle por su lado porque sé que jamás voy a ser escuchada.

Y no está bien, no es sano mentalmente vivir con incertidumbres de que hoy puede estar muy bien de ánimos pero quién sabe mañana. Ella me ha dicho, entre broma y entre verdad, que me va a tocar aguantar sus cambios de humor ya que por la menopausia «va a estar como adolescente». Y puedo entender las consecuencias de la menopausia, pero lo que no, es que se justifique en eso para hacer sus desmanes.

Ya me voy a dormir a ver si se me pasan los feelz.

16 febrero 2018

Perfect Life

Musiquita del post:
Todo el disco Hand Cannot Erase de Steven Wilson.

Me gustaba mucho venir al centro, especialmente con Mique, porque me recuerda mis últimos semestres en la Universidad. Un día me acompañó a hacer una práctica de Fotografía en las fuentes de la Alameda:


Neptuno II, en mi flickr perdido.

En otra ocasión me acompañó a buscar un cuentahilos para la clase de Artes Gráficas. Otro día me llevó a la FIL Minería y gracias a eso encontré este libro que me gustó mucho, de una autora finlandesa:



Y desde entonces no dejé de ir a la FIL Minería:


FIL Minería 2014


FIL Minería 2017

Pero no había vuelto al centro desde que el patán de Manuel me hizo borrar una foto que le tomé frente a Bellas Artes sin que se diera cuenta, pero que a mí me había encantado por lo natural del momento:


Para efectos ilustrativos. Abril 2017.

Long story short: a los diez minutos de subirla a mi instagram, sin siquiera haberlo etiquetado en la imagen, me dijo en un comentario, sí, ahí publicado: «borra eso». Y la borré y me enojé tanto, que desde entonces no me quedaron ganas de regresar a ese lugar que, a pesar de que me gustaba tanto por los recuerdos bonitos, me fue arruinado por el comentario de un imbécil.

Pero hoy, a casi un año de ese incidente, regresé y le di a uno de mis lugares favoritos una segunda oportunidad. O mejor dicho, ese lugar me la dio a mí, y no me arrepiento:


Detalle de la fachada del Palacio de Bellas Artes.

Pedí permiso de faltar hoy al trabajo para ir a obtener mi número de seguridad social, que me pedían para tener sus registros en orden. Pensé que iba a tardar mucho tiempo pero no fue así, ya que mi papá me ayudó con un contacto suyo, y en quince minutos ya tenía mi trámite resuelto. La oficina a la que tenía que ir se encuentra atrás de Bellas Artes, y como terminé ese asunto rápido, tenía que aprovechar el resto del día. No podía ser en otra ocasión, hoy era el momento perfecto. Así que estuve recorriendo algunos de los lugares por los que Mique me acompañó. Empecé por la explanada del Palacio de Bellas Artes:


«El ruido generado por el choque de los cuerpos». Exposición de Jorge Marín.

Me detuve en un Starbucks y pedí la bebida que solía pedir con él:


Frappuccino Chip.

Continué mi camino y llegué a Lumen para comprar el Sharpie rojo que me faltaba para el año en pixeles —color que espero usar lo menos posible—. Después me disponía a ir por mi boleto para e concierto de Steven Wilson, pero no lo hice porque en el camino iba mensajeando con Zam y me pidió que le comprara uno también, y como no llevaba suficiente dinero para ambos ni él podía depositarme en ese momento, decidí posponer la compra al próximo fin de semana para comprarlos juntos, y entonces regresé a casa. Además hizo mucho calor y no quería que eso me provocara fatiga o migraña. En uno de los buses en camino a la taquilla del lugar donde será el concierto, una señora me dijo que qué bonito era mi cabello. Me alegró mucho.

Amé mucho este día por haber hecho las paces con mis lugares favoritos.

14 febrero 2018

¡Ya voy a ir a ver a Poets of the Fall!

Hace rato estaba pensando en que tal vez, gran parte de lo que escriba en esta serie de posts del year in pixels van a ser situaciones del trabajo. *caritapensando.emoji* Y primero pensé que eso podría resultar en algo aburrido, pero me regresé en el archivo del blog a principios del 2010 y vi que era igual de aburrida pero con temas de novios o de mis desvelos por hacer tarea de la universidad, y no importa.

Lo digo porque hoy tuve que bloquear de whatsapp a una chava del trabajo que es más bien como de esas tías piolinas, aunque no es taaan tía porque no es tan vieja y hay otras de su misma área que lo son más. Resulta que no dejaba de mandarme mensajes para darle seguimiento a mi trabajo pendiente y ya empezaba a hartarme, pero no quería ser grosera. Entonces pensé que si me tardaba en contestarle o si de plano no veía sus mensajes, eso la obligaría a marcar a la extensión de mi área para hablar conmigo o en el peor de los casos, vendría a preguntar. ¡Pero no lo hizo! Y tampoco es como que la oficina esté muy grande como para que sea muy cansado subir o bajar las escaleras (justamente para evitar esa fatiga nos pusieron el conmutador, lol). Así que aproveché un momento en el que ya no me estaba mandando nada, para darle block. Después, para blindarme un poco, le comenté eso a mi jefe y no tuvo problema. Entiendo que a veces olvido hacer algunos pendientes porque no los apunto y confío en mi memoria, pero nunca he provocado regaños a otras personas por mis descuidos, simplemente son cosas que pueden salir a primera hora del día siguiente y ya, o en el peor de los casos, me quedo tarde y lo termino si la urgencia es mucha. Pero en este caso, en mis pendientes de hoy, estaba concentrada porque tengo varios por entregar mañana; además, el viernes no vendré porque iré a tramitar mi número de seguro social. Calculé bien mis tiempos y pensé: «sí los termino todos». En eso estaba cuando comenzaron a llegar los mensajes de esta chava y aparte de quitarme el tiempo, lo que también me molestó fue el tono de mamá gallina en el que me escribía: «Xim, no olvides que mañana tenemos que entregarle al cliente A, B, C y D, porfa no se te olvide porque b l a b l a b l a». O después eran de: «¿Cómo vamos con esto del pendiente A?». Ugh, esa pregunta de «¿cómo vamos?» me súper pone de malas. En fin, llegó el momento del block y santo remedio. Otra cosa que me estresaba era que mi Office de Mac crasheaba a cada rato y eso me retrasaba más. :( Sucedía, sobre todo, cuando quería cambiar algún elemento por segunda vez. Por ejemplo, si a un texto le cambiaba el color a rojo pero elegía el equivocado, al momento de seleccionar el rojo correcto, el programa dejaba de responder y tenía que forzarlo a que se cerrara para abrirlo de nuevo. La primera vez que eso pasó no había guardado mis avances y tuve que hacerlos otra vez, pero ya a partir de ahí, cada tres segundos guardaba los cambios.

Cuando llegó mi hora de salida, solamente me quedé como diez minutos más para terminar la sección de la presentación en la que estaba trabajando para no dejarla inconclusa, pero una vez que terminé, cerré todo y apagué la compu antes de que se fuera primero la tía para que no me viera, porque es miércoles y los miércoles son mis días de ver a Zam entre semana; obviamente no iba a quitarle de nuestro tiempo por estar en la oficina. Además es día de San Valentín, así que nos fuimos por baguettes y frappé a nuestro café favorito porque ya teníamos mucho tiempo sin ir y queríamos consentirnos y celebrar nuestro amor, aaaw.

Estábamos esperando a que nos trajeran nuestra orden y en eso entré a googlear las fechas de los conciertos de Poets of the Fall en Finlandia porque ¡nos vamos a Finlandia! :D Vamos a estar allá un par de semanas y por supuesto que no me voy a perder a mi banda finlandesa favorita. Vimos que la fecha más conveniente es justamente el día que llegamos allá y sé que vamos a llegar destruidos pero sé también que vale la pena totalmente. Vamos a llegar al aeropuerto de Helsinki a eso de las 15h, luego tenemos que tomar el bus a Espoo, que es donde está nuestro airbnb porque los de Helsinki estaban carísimos o no tenían disponibilidad para nuestras fechas, y de ahí tomaremos el tren que nos llevará a Lahti, que es la ciudad donde será el concierto a las 21h. Seguramente correremos mucho pero mi yo de 18 años me dice que lo haga.

Aquí les pongo unos screens de los mapas para que se den una idea. El tren de Espoo a Lahti hace unos 50 minutos si es directo, o poquito más si hace escala en Pasila. Clic sobre las imágenes para verlas en su tamaño original. O búsquenlas en este link de Google Maps si quieren. :v


El mapa de Finlandia.


Las distancias entre Helsinki, Espoo y Lahti.

En la primera parte de este otro post les platicaba de la vez que Poets me respondieron un tuit de si vendrían alguna vez a México y con los años me di cuenta de que si quería verlos, era más probable que yo viajara y hoy, ocho años después, estoy a un par de meses de que eso suceda. En serio estoy muy feliz. Después de toda esa emoción llegaron nuestras baguettes y cenamos súper rico. Le dije a Zam que voy a llevarme una banderita de México en la maleta para sacarla en el concierto, haha.

13 febrero 2018

El 2018 en pixeles

Hello, beautiful people.

Como lo prometí en algún momento, he vuelto a desempolvar este blog que tenía en el abandono total. No recuerdo cuál fue el último post que escribí, pero el que sí recuerdo es en el que hablaba de Manuel —porque acabo de abrir en enlace, lol—. El tiempo pasó muy rápido y muchas cosas cambiaron. Terminé con él. Sí, ahora fui yo quien terminó una relación. Nunca me imaginé que eso sucedería porque les juro que lo quise mucho, pero aparentemente eso no era recíproco. Ya después les contaré de eso porque, a pesar de que yo di por terminado eso una semana después de mi cumpleaños 27 —hace exactamente ocho meses—, apareció de pronto en navidad, en año nuevo y a finales de enero y no fue nada agradable. Pero les digo que después hablaré de eso y de mi posterior regreso con Zam porque el motivo de mi regreso al blog es otro muy distinto.

La razón por la que regresé es porque quiero escribir mis feels como lo hacía antes, porque de verdad necesito algo así como mi safe space para desahogar todo lo que traigo en mi cabeza. Encontré hace poco una imagen que se llama Year in Pixels. Es un calendario muy burdo en el que coloreas el cuadrito correspondiente de cada día de acuerdo a una tabla de colores donde cada uno representa una emoción con la que definirías ese día.

Adjunto ejemplo (clic sobre la imagen para ver más grande):



«¿Adjunto ejemplo?» ¿Qué me pasa? Soné súper godínez. >:(

Entonces, decidí que para complementar este registro vendría, en la medida de lo posible, a escribir cómo estuvo mi día. Así nada más. Por el puro gusto y por tener más claro por qué me siento de tal o cual ánimo y hacer el balance general (¿balance general? ¿Otra vez godineando?) a finales de diciembre. No importa que ya haya transcurrido un mes y medio del año.

También adjunto el link de descarga del que yo hice aquí por si quieren imprimirlo, es tamaño carta.

Dicho todo esto, empiezo con el día de hoy.

Ando muy contentilla porque en la mañana, el dueño de la agencia donde trabajo me pidió que subiera a su oficina para hablar de un tema importante. Al principio sí me asusté porque minutos antes estaba quejándome de una brand leader de la oficina que está toda torpe y no sabe explicar las cosas que necesita; incluso creo que mi tono de voz fue bastante alto y me dio miedo que las otras brand torpes me hubieran escuchado y hubieran ido a acusarme, lol. Pero nada de eso sucedió, al contrario: el jefe quería hablar conmigo para primero, preguntarme cómo me he sentido a lo largo de estos meses trabajando en la agencia, y después de responderle que ha sido satisfactorio y productivo, hacerme saber que me iban a dar un incremento en el sueldo que correría a partir de esta quincena; además, tendría que enviarle mi RFC con homoclave y algo del seguro social para darme de alta en esas cosas que después te sirven para cotizar semanas de antigüedad. O sea, llevaba desde mayo que entré, sin prestaciones de ley. :( Pero ya me las van a dar. :)

Sin embargo, lo que me hizo más feliz de todo esto fue que su opinión sobre mí y mi trabajo es que es muy bueno, que está bien con lo que ha visto que hago y que la opinión general de la gente con la que trabajo también es positiva: que entrego rápido los pendientes, que soy bien hecha y comprometida. Y que lo único en lo que tengo que trabajar es en integrarme más con el equipo en el sentido de no tener miedo de preguntar cómo hacer algo que no sé; vaya, pedirle ayuda a mis compañeros que tienen más experiencia. Yo siento que sí lo hago, pero si me lo dijo fue por algo y estoy bien con eso. Le haré caso.

En otros temas, he estado tratando de mejorar mis hábitos de alimentación porque hace unos días tenía una sensación extraña en los brazos, como si se me cortara la circulación cuando los alzaba para peinarme, por ejemplo, o por el simple hecho de tenerlos flexionados. Ahora que lo pienso, se lo achaco a haber comido sushi muy seguido en ¿dos semanas? ¿Tres, tal vez? Porque ya tengo otras tres semanas sin comer sushi y ya no he tenido esa sensación. Dicen que los mariscos tienen mercurio y colesterol, quizá haya sido una especie de sobredosis o algo así. Así que decidí desayunar más saludable: llevo fruta picada, a veces avena, y sándwich de queso en pan integral a la oficina y me preparo un té allá porque no me da tiempo de desayunar en casa. Por lo mismo, procuro cenar un poquito tarde para que no sean tantas las horas de ayuno hasta el día siguiente. Pero a la hora de la comida es cuando más trabajo me cuesta porque aunque quedo satisfecha, me da mucho antojo de ir por helado o papitas con salsa inglesa y, ay, ya se me hizo agua la boca. :( A veces tengo tanto trabajo que se me olvida ir a la tienda o a los helados y cuando salgo de la oficina ya ni tengo el antojo porque siento que ya no son horas de comer chatarra. Pero cuando sí es muy fuerte el antojo no puedo resistirme. ¿Cómo le hacía a los 20 años para tener tanta fuerza de voluntad? :( En general creo que no voy tan mal pero sé que puedo ir mejor. Espero lograrlo.

También me prometí ir a dormir temprano y en eso sí he estado fallando durísimo. Por ejemplo, ahorita. Empecé a escribir este post a las 23h cuando a esa hora ya debería estar envuelta en las cobijas, aunque hoy decidí hacer una excepción porque a Zam le faltaba una hora de estudio y yo decidí hacer tiempo escribiendo esto.

Ya voy a desmaquillarme y prepararme para dormir.

Gracias por leer hasta aquí, regreso mañana y esta vez sí es en serio. :)