22 junio 2015

Absolutely zero

Musiquita del post:
Jason Mraz — Absolutely Zero

You, you were a friend
You were a friend of mine, I let you spend the night
You see, it was my fault, of course it was mine.

El fin de semana rompí el corazón de un dude y no me siento orgullosa de haberlo hecho, al contrario, me siento miserable por haberle hecho ilusiones para después decirle que no quería nada.

Se llamaba Octavio. Como es costumbre, empecé a tratarlo por twitter hace un par de semanas y nos llevábamos muy bien, incluso intercambiamos whats y por mensajes me decía que le agradaba mucho, tanto físicamente como por mi forma de ser. Confieso que también me dejé llevar un poco rápido al sentirme halagada por sus palabras, pues siempre tenía algo lindo qué decirme. Creí que también me gustaba después de haberlo escuchado por una notita de voz además de haber visto varias fotos suyas, puesto que salía bien y sabía enfocar sus ojos verdes, así que también comencé a corresponderle los mensajes. Todas las mañanas me escribía para desearme buenos días y platicar un poco antes de que yo tuviera que salir. Un día pensamos que sería buena idea vernos en persona y pasar la tarde, y entonces arreglamos todo para que el miércoles fuera el día indicado. Solamente fuimos a comer, ya que de último minuto le habían avisado en el trabajo que tendría que regresar en la tarde-noche. Con tal de verlo y evaluar si un ratito sería suficiente para decidir si quería verlo de nuevo o no, le respondí que no habría problema. Entonces llegó el momento: nos vimos donde habíamos acordado y luego de haber caminado algunas cuadras, al llegar hasta su coche me pidió un abrazo… y fue ahí cuando sentí que las cosas no irían tan bien, aunque no quise predisponerme. Lo abracé como al resto de mis amigos, pero él me abrazó más fuerte y olió mi cabello. Un amigo no huele tu cabello tan efusivamente. De alguna manera también quería besarme pero no lo dejé y me las arreglé para no hacer incómodo el momento y lograr que nos subiéramos al coche pronto para ir a comer. Abrió la puerta y, sorpresa, otra señal de incomodidad: por dentro estaba todo sin aspirar. Tal vez soy demasiado quisquillosa, tal vez otra persona no se hubiera fijado en eso… pero yo sí, y es algo que no me gusta porque me hace pensar que si no tienen cuidado con su coche, quizá no lo tengan para el resto de sus cosas o peor aún, para los demás. Tan incómoda me sentí que no quise dejar mi bolsa en el tapete como suelo hacerlo, sino que la acomodé a un lado como pude. Llegamos al restaurante y mientras él le ponía dinero al parquímetro, le quité su sombrero y descubrí que el pobre dude, a sus treinta años, ya sufría de alopecia, haha. D: Se volteó hacia mí y en su expresión noté claramente su incomodidad, así que rápidamente me puse su sombrero y le dije que sólo quería ver cómo me veía para tomarme una selfie (que después borré) y luego devolvérselo. Aquella incomodidad mía no fue por el aspecto físico sino que, como vi más adelante al sentarnos a la mesa, estaba más acomplejado de lo que parecía por su problema, al grado de no quitarse el sombrero para comer. La comida transcurrió alternando pláticas con algunos silencios y su mano tomando la mía o acariciando mi mejilla. Los silencios fueron incómodos porque para él lo eran; yo no tengo problema si de pronto no hay algo qué decir, pero la mayoría de la gente no piensa así y sienten que deben decir algo, lo que sea, y eso resulta a veces contraproducente.

Llegó el momento de irnos y cuando estuvimos de regreso en el coche me dio algunos besos en la mejilla después de oler nuevamente mi cabello. Nunca se aprovechó de la situación ni nada parecido, pero fue raro para mí tener ese tipo de trato en una primera cita. Algo apresurado, creo. Al menos al camino hacia la estación de regreso no le faltó plática, lo cual fue bueno porque el tránsito avanzaba lento y torpe por la lluvia. Llegamos, bajamos y me acompañó a despedirme hasta los torniquetes, donde quiso besarme por segunda ocasión. Tampoco lo dejé y esquivé ese beso como he aprendido a hacerlo; me despedí y cada uno se fue por su cuenta.

Al día siguiente no intercambiamos ningún mensaje, sino hasta el viernes. Me dijo que no había querido incomodarme en ningún momento y me reiteró que yo sería su prioridad y que quería que me sintiera bien, pero que le hiciera saber qué pensaba yo de todo eso. Oh, no, eso era una señal muy mala y debía frenarlo como fuera, pero amablemente y sin ser grosera para no lastimarlo (tanto). Todo el día estuve pensando en alguna respuesta lo más sutil posible y por ello le respondí hasta el sábado por la noche. Lo sé, tampoco debí haber tardado tanto, pero de que tendría una respuesta, eso era seguro. Usé las palabras más amables que encontré y le escribí agradeciéndole por la tarde que había pasado con él y que percibí que era un buen hombre, pero que me sentía rara por la rapidez con la que todo se estaba dando y que con ello me había dado cuenta de que realmente no me sentía lista para una relación (cosa que en parte era cierta). Me disculpé varias veces diciéndole que nunca quise jugar con él ni haberle hecho ilusiones (lo cual sí era totalmente cierto), y que si él aún lo quería, solamente podría ofrecerle mi amistad. Luego me despedí deseándole que encontrara a alguien que lo correspondiera como se merecía y que pasara buena noche. Su respuesta, al mediodía de ayer, me rompió lo poco que me quedaba de corazón sin romper. Me dijo que era algo que él ya presentía y también se disculpó por las incomodidades que pudo haberme causado, que tampoco fue su intención. Que no me preocupara, pues él no tenía memoria. Me agradeció por haberle dado un poco de mi tiempo y… se despidió. Era evidente que no le encantó la idea de la amistad y que mejor decidía alejarse.

Me sentí muy apenada, en verdad nunca quise jugar con él. Y aunque sé que él pudo haber ido algo rápido, también acepto que fue mi culpa haber alimentado sus esperanzas antes de tiempo. Todavía recuerdo todo eso y me siento un poco mal. Supongo que es algo que se me quitará con el tiempo, ¿pero y él? En fin, de todas formas, ya no hay vuelta atrás.