29 octubre 2013

There's glass in the park, II

Musiquita del post:
Glass in the Park — Alex Turner



Este post es paralelo al anterior.

¿Recuerdan la parte en que me quedé con Daniel en el metrobús y ya íbamos de regreso a casa? Bien, no supe en qué momento se bajó y se fue. Yo bajé unas estaciones después para hacer el transbordo y llegar a la estación de mi casa. Pero para ese momento, ya era muy tarde. Creo que era casi media noche, y como el viernes había tenido problemas con mi mamá, sucedió que cuando le marqué para que fuera por mí a la estación, no me contestó el celular y descolgó el teléfono de la casa, por lo que tuve que regresar sola, por mi cuenta. El problema es que desde la estación hasta mi casa, no hay otro medio para llegar más que caminando. No hay camiones ni nada, y las calles están solas y oscuras. Además, hace unos días me contaron de un tipo que anda rondando por ahí asaltando a las chicas, y trae cuchillos escondidos bajo el pantalón, pero eso yo no lo sabía ese día. La cuestión es que en esas condiciones regresé a mi casa. Y para colmo, empapada de los pies porque había llovido y no traía las botas de hule. Pero tenía más miedo que agua en los pies porque al llegar a la primera calle y dar vuelta, de inmediato sentí una presencia detrás de mí. Volteé pero no vi a nadie, en verdad no había una sola persona en la calle, pero yo sentía que había alguien a mis espaldas y esa sensación no se me quitó en todo el camino. Fue muy extraño porque tenía miedo pero al mismo tiempo sentía cierta calma, y muy en el fondo sabía que no me pasaría nada malo. Cuando llegué a casa se me quitó esa sensación. Era como si alguien me hubiera acompañado.

Y supongo que no podría haber sido nadie más que Miguel, porque él era la única persona entre todas en mi vida, que sin importar la hora que fuera o lo lejos que él viviera, siempre se aseguraba de que yo llegara bien a casa y me acompañaba hasta allá.

El domingo anterior, el del Corona, había soñado con él antes de que mi mamá me fuera a despertar. Soñé que iba a visitarlo a su casa y a pesar de ver que estaba enfermo, no lo veía mal. Tenía cosas de la quimio y el suero en su cuarto y no recuerdo si me decía algo, pero sí recuerdo haberlo abrazado muy efusiva en cuanto lo vi. Fue como el abrazo que me habría gustado darle antes de que muriera. Le contaba que había regresado de volar en parapente por la playa, jajaja, cuando la realidad es que jamás he hecho tal cosa, y que me daba mucho gusto verlo después de tanto tiempo.

Desde ese día, me ha sucedido que cuando volteo a ver el reloj, la mayoría de las veces es a las 3:26 (el 26 de marzo era su cumpleaños: 3/26), o alguna hora donde los minutos marcan 26. Como justo ahora. Llámenme cursi o loca, pero siento que desde algún lado Miguel me sigue cuidando y que cada vez que veo un 26 o las 3:26 en el reloj es porque está a mi lado.

Lo extraño muchísimo, me hace falta. Las noches de museos no son lo mismo sin él. O los paseos, el helado o las caminatas. Teníamos que hacer un maratón de El Mentalista para que entendiera por qué me gusta tanto. Íbamos a ver Submarine e incluso prometió regalarme el libro impreso porque lo encontró en internet. Íbamos a hacer muchas cosas. Iba a platicarle de Daniel, y sus zapes y sus consejos es lo que más me gustaría tener de él en este momento.

Eso sucede.

There's glass in the park, I

Musiquita del post:
Glass in the Park — Alex Turner



¡Aloha a todos los que aún me leen! () Pues, vengo a lo de siempre: a actualizarlos con los hechos recientes de mi aburrida vida y a pedirles que me dejen sus comentarios sobre lo que voy a platicarles porque no sé qué hacer y la situación, de sólo pensarla, me provoca ansiedad de la fea y tiene qué ver con Daniel D:

Aquí voy.

Sucede que, el fin de semana pasado, fue la fiesta de cumpleaños de uno de los amigos en común de Alfred y Daniel: Ed. Me voy a ahorrar la historia de lo que me pasó antes de llegar a la fiesta porque es aburrido y no viene al caso, pero sí debo mencionar que Daniel y yo llegamos juntos (juntos porque yo no conocía a Ed y aunque en el lugar ya estaba Alfred, sentí que no era ‘correcto’ llegar por separado, aunque aún no somos nada) bastante tiempo después de la hora a la que comenzó. También es importante decir que Daniel había pasado una mala tarde en el ministerio por ir a levantar el reporte de extravío de una de sus placas. Luego de una serie de contratiempos, llegamos al lugar y pasamos un rato súper agradable; conocí en persona a todos esos amigos de Alfred y Daniel que antes sólo había visto en twitter, y todos resultaron ser muy divertidos. No recuerdo el nombre de la cerveza que me recomendaron beber, pero tenía chocolate y estaba deliciosa. Si no se me olvida preguntar, luego les digo cómo se llama. En fin. Como en los lugares donde estábamos todos había mucha gente, sucedió que Daniel y yo estábamos súper juntitos, y en algún momento me empezó a tomar de la mano como siempre lo hace, y en el momento de las fotos, me tomaba de la cintura, y yo nada más sentía esas mariposas en el estómago como siempre. Y, bueno, en algún otro momento, tuve su cara frente a mí, pero de perfil, y no lo pensé dos veces para darle un picorete en la mejilla. Y entonces sucedió lo inevitable: otros momentos después nos besamos y, ¡oh god! Fueron de los mejores besos que he recibido ever. Después de un rato, la gente comenzó a irse y cuando quedábamos poquitos, decidimos irnos todos. Caminamos hacia la estación del metrobús y ya dentro, hubo un momento de confusión extraña en el que todos se subieron al metrobús, excepto Daniel y yo, y tuvimos que quedarnos ahí a esperar a que pasara el siguiente, pero ya era tan tarde que pasó 4O minutos después. Así que mientras esperábamos, él empezó a tomarme de la cintura para besarme y yo, en modo de juego y en el coqueteo, me salía de sus brazos y no dejaba que me besara, y me alejaba unos pasos para que me persiguiera y me volviera a abrazar.

Aquí es donde la historia se vuelve triste, Mare :(

Porque en un momento, aún en el coqueteo, le dije: «Ay, ya me voy» (con todo y sonrisita coqueta), mientras volvía a separarme de él para ir a sentarme porque, francamente, fue un día muy cansado. Pero ahí Daniel ya no me persiguió. Se quedó donde estaba. No le di tanta importancia a eso porque apenas me senté, lo primero en lo que pensé fue en Miguel y lo mucho que me habría gustado contarle sobre Daniel. Y así estuve hasta que por fin llegó el metrobús. Abordé, y supongo que también Daniel, pero cada uno por diferente lugar, y entonces me saqué mucho de onda porque ni ahí me fue a buscar. Yo tampoco lo busqué porque pensé que se había enojado. Y ya. No supe en qué momento se bajó, no nos despedimos ni nada.

Al día siguiente quise aclarar la situación, pero como el único medio que tenía a mi alcance era el celular, fue por mensaje —después le marqué, pero no me contestó—, y esto fue lo que pasó:

—¡Buenos días, Dan! Quería preguntarte, ¿(cuando estábamos en el metrobús de regreso) por qué te enojaste conmigo anoche?
—Jajaja, whaaaat? ¡Si fuiste tú quien se enojó y se fue! Yo nada más me cansé de perseguirte.
—Yo no me enojé, sólo me fui a sentar porque ya estaba cansada. Y luego ya no supe qué onda. Como no te acercaste de nuevo, pensé que te habías enojado. Ni siquiera nos despedimos :(
—Jajaja, me dijiste: «Ay, no ¿eh? Yo ya me voy», después de que te perseguí dos veces, so…
—So?
—Digo, no me enojé, pero me cansé de perseguirte. So, no voy a estar persiguiéndote forever.
—Uy. Era de juego. Pensé que simplemente estábamos jugando o algo así. Y de hecho la estaba pasando muy bien. Siempre que estoy contigo la paso bien, créeme, me gusta mucho estar contigo, y lo de ayer creí que era juego. No sé, perdón si pareció que me molestó (porque no fue así).

*Aquí tardó como tres horas en contestar, y fue cuando le llamé y no me contestó:*

—Ah, ¡no te preocupes, Xim! Perdón por no contestar pero estaba tapizando un sillón.

*Y a partir de ahí, los mensajes posteriores fueron sobre el sillón ése*
Pero, como le conté a Alfred, cuando dijo que se cansó después de dos veces y que no iba a estar ahí para siempre, me sentí muy mal. Porque sentí que lo único que quería de mí era besarme y ya cuando lo consiguió, ya podía olvidarse de mí :( Al día siguiente, el lunes, me habló como si nada y me dijo cosas sobre el sillón ése; hasta me mandó una foto y mencionó que le parecía la cosa más horrenda del mundo por la textura en relieve de la tela. Y fue divertido, pero siento que desde entonces ‘algo’ se rompió y no es lo mismo. Quedamos de vernos este fin de semana para ir al cine, yo lo invité porque mencionó que tenía muchas ganas de ver cierta película, y no sé si sea prudente, pero me gustaría hablarle sobre todo eso que sentí, ya para darle vuelta a la hoja, y quizás escuchar si él tiene alguna molestia qué externar. Sería igual de válido, supongo. Hace rato lo invité al Miss Aloha, que será dentro de dos fines de semana, pero como ese mismo día es el cumpleaños de la novia de Ed y a eso ya estaba invitado desde hace más tiempo, dudo que vaya a verme. Dijo que no estaba seguro de poder pero que me avisaría. Pero eso suena a un no.

En fin, ya veré qué pasa el sábado. Ya vendré a contarles, pero mientras, déjenme sus comentarios y díganme si estoy viendo cosas donde no las hay, o si sí rompí ‘algo’, o si me equivoqué en mi forma de actuar, o lo que sea. Porque eso sí, siento que necesito más un regaño que palabras de lástima, ¿eh? Tienen permiso >:)

Y ya me voy a dormir porque debía terminar este post hace una hora y media.

06 octubre 2013

Don't leave me now, don't say goodbye ~

Bien, como les había prometido hace un par de posts, hoy les cuento la continuación de aquella historia y la siguiente salida con Daniel. Mare: disfrútala, te va a encantar :)

Sucede que, por algunas situaciones suyas y otras mías, no nos vimos en todo el mes sino hasta ayer, y fue una salida fabulosa, me encantó. Quedamos de vernos por la tarde en el metro Buenavista para ir a la plaza que está saliendo de ahí, junto a la estación del Suburbano. Entramos al centro comercial y me encantó su cara de asombro porque el lugar es groseramente enorme y él nunca había estado ahí. Entramos al cine y aunque la película que elegimos no era gran cosa —porque ahorita no hay nada bueno en cartelera—, pues sí pasamos un rato agradable. Saliendo de la función fuimos a cenar a un café bien bonito que está ahí mismo, y que me encanta porque tiene una terraza con una vista maravillosa de la ciudad, pero como estaba lloviendo tuvimos que conformarnos con sentarnos en una mesa junto a la ventana.

Llegó un momento en el que nos preguntamos qué hora era, porque por estar platicando perdimos la noción del tiempo, y nos dimos cuenta de que ya era tarde y teníamos que irnos. De hecho varios comercios ya estaban cerrados. Mientras bajábamos por las escaleras eléctricas, él se paró un escalón abajo del mío para poder quedar a mi altura y tomarme de la cintura para abrazarme, y bueno, yo nada más sentía mariposas en el estómago y el corazón latiendo rapidísimo. Así fue en los tres pisos que tuvimos que bajar. Y cuando estábamos en el café, platicando, me tomaba de la mano igual que cuando fuimos aquella vez por el helado. También mientras caminábamos sin rumbo por el centro comercial. En cada oportunidad que tenía para abrazarme, lo hacía. Y yo, feliz de que lo hiciera. Es que, ay, me gusta mucho mucho y es súper lindo.

En todo momento él pagó las cuentas [entradas al cine, dulcería del cine y café] y no me dio oportunidad siquiera de que yo sacara mi cartera. No sé, por alguna razón me incomoda; siento que si nunca pago yo mi parte me veo abusiva :/ Pero si le nace hacerlo y además lo hace con gusto, bueno, agradezco el detalle. Ya casi no quedan chicos así.

Y al final, cuando estábamos por tomar nuestras respectivas direcciones de regreso a casa, me dijo:

— ¡Deberíamos ir al boliche! Sólo he ido como dos veces en la vida, y soy muy malo.
Yo he ido una vez nada más, y también soy muy mala, ¡pero es divertido! Vamos. Ponle fecha.
¿La próxima semana te parece bien? Déjame ver, es que siento que tengo algo que hacer ese día, pero hasta donde recuerdo, no.
En la semana me avisas.
O mañana, mañana te digo.
Sí, está bien.

Entonces, por ahora está pendiente, pero si todo sale bien y si no se le olvida avisarme, iremos al boliche :) Así que ya les estaré platicando qué pasó.