Pues, lo prometido es deuda, y vengo a pagar: en el post anterior quedó pendiente la historia de cómo es que Alfred y yo ya somos novios & stuff.
Fue inesperado, sinceramente jamás imaginé que podría suceder, pero así fue. El trato cotidiano, aunque virtual, con Alfred, empezó poco después de la fiesta de cumpleaños de Fer, donde lo conocí gracias a que aplicó la pésima pick-up line de Daniel. Al cabo de unas semanas, unos días después de que Miguel murió, Alfred escribió un post en su blog que hablaba sobre los corazones rotos, a lo que yo respondí en un comentario que cómo es que eso se arreglaba, y replicó que no sabía y que de ser así, habría escrito cosas bonitas, pero no era el caso. Para ese momento ambos ya nos habíamos agregado a varias redes sociales, pero la que más usamos para platicar es facebook, así que por ese medio me preguntó sobre mi corazón roto y le conté. Después él me contó sobre el suyo, y creo que a partir de ese momento se generó una confianza muy grande. Para mí seguía siendo extraño porque normalmente este tipo de cosas personales no se las cuentas a cualquiera, y menos a alguien que acabas de conocer, pero hubo una empatía muy especial y nos sentimos tan a gusto que… solamente sucedió y ya.
Poco a poco nuestras pláticas comenzaron a ser más frecuentes, aunque realmente nos veíamos en persona en las fiestas de los amigos en común entre él y Daniel, pero casi no teníamos oportunidad de conversar. Un día, de pronto, me agregó a un grupo privado de facebook en donde hizo la invitación para su fiesta de graduación. Otro día, así sin más, estaba acompañándolo junto con Carolina a comprar nuestras entradas para los Foo Fighters y horas después paseamos por el Zócalo viendo las ofrendas de día de muertos. Y ese último día lo aproveché para pagarle mi lugar en su fiesta.
Nunca apresuramos nada, pero empecé a notar que de repente y de manera muy sutil, después de contarle mi confusión por lo de Daniel, me escribía indirectas sobre una posible atracción que sentía hacia mí, aunque no le di tanta importancia al principio porque creí que era parte del tipo de bromas que hacía por ser amigos. Luego vi que podría ser en serio y le seguí el juego.
El día de mi concurso de danza era el mismo día en que Angie, la novia de Ed —uno de los mejores amigos de Alfred—, celebraba su cumpleaños, así que a pesar de haber hecho la invitación, tuve presente que era prácticamente imposible para los demás asistir a ambos eventos. En especial al mío, porque Angie ya había organizado su festejo con más anticipación. Pero aún con eso, y a pesar de que fue un día bastante ocupado para él, Alfred tuvo el grandísimo detalle de hacer un espacio en su apretada agenda del día para ir a verme, y eso, no tienen idea de cuánto lo aprecio. Cualquier otro simplemente habría dicho «oh, lo siento, Xim pero no puedo, ya tenía cosas que hacer», pero no fue el caso. Estuvo ahí solamente mientras duró mi participación de improvisación, y me tomó algunas fotos y un video que después me envió, y después se fue a entregar un encargo para finalmente llegar al evento de Angie, pero no sin antes insistir un poquito en que sería maravilloso si después del concurso pudiera ir un rato allá. Y así lo hice, aunque me costara la molestia de mi mamá. Cuando llegué al lugar le marqué para que saliera a recibirme y apenas lo vi, lo abracé tan efusivamente por la felicidad que tenía de haber ido a verme. Y ayer, en su declaración, me dijo que ese abrazo significó tanto para él, que se percató de que lo que sentía por mí era más que un cariño de amigos. Un rato después volví a abrazarlo, mientras le decía:
—¿Oye? No te vayas a asustar por lo que te voy a decir, pero… te quiero.
—Aw, Xim. No te vayas a asustar tú tampoco, pero… también te quiero.
Y el abrazo duró bastantes segundos. Él dice que fue justamente ese momento, cuando empezó a enamorarse de mí :3
Como recordarán, en el post anterior escribí que toda la semana pasada estuvo llena de festejos por su cumpleaños, pero que estuve presente solamente en la fiesta caótica del mal en casa de Vicky y en el sábado de desayuno, bolos y crepas. Para fines prácticos, lo que importa ahorita es lo que sucedió al final del sábado. Después de las crepas, fuimos todos a dar la vuelta por la plaza, aunque ya no había mucho qué hacer porque estábamos cansados. Solamente entramos a ver cosas a Mixup —de donde salí con Medianoche en París porque le prometí al hermono que veríamos esa película juntos algún día— y después, confirmarle a Mau (otro amigo suyo) de que dentro de la plaza hay un carrusel. Pasó. Y luego, cada uno tomaría su propio camino para llegar a sus respectivas casas. Gus, Daniel, Alfred y yo tomamos el mismo camino para llegar a la estación del metrobús, pero al llegar a una calle, a Alfred se le ocurrió la grandiosa idea de inventar una mentira piadosa para separarnos de ellos y poder hablar a gusto, a solas, y funcionó. Ellos se fueron por una ruta y nosotros por otra.
Y aquí empezó lo bonito. Primero, Alfred me preguntó qué tan lista me sentía para continuar las cosas como estaban sucediendo, a lo que respondí que lo suficientemente lista y que desde que tenía el corazón roto por la muerte de Miguel hasta el día de hoy, considero que he tenido un gran avance en mi estado emocional (aún me duele la ausencia, pero ya no me deprimo todo el día ni lloro con sólo acordarme). Que me siento feliz en este momento de mi vida y que a pesar de las cosas tristes y los desengaños, puedo seguir adelante con mi vida. Entonces, empezó a hacer una especie de recuento desde el día en que nos conocimos en el cumpleaños de Fer y a decir que desde ese momento le parecí atractiva y amena en mi plática. Y auténtica, por no fingir en mi conversación. Que desde ese día que mencioné que tendría un evento de danza quería ir a verme bailar y que el día del concurso le pareció una oportunidad perfecta. Que apreciaba mucho de mi parte haber ido al festejo de cumpleaños de Ed, aún sin conocer a nadie más que a él y a Daniel, e integrarme a la convivencia con todos. Lo mismo en lo de Angie. Y que aunque para entonces empezaba a hacerse evidente lo que sucedía entre Daniel y Victoria, no dejé que eso me molestara (o al menos no lo demostré) y, lejos de amargarme la vida, preferí ir a bailar un rato con todos mientras aquel par se aislaba del resto. Que en algún momento del baile, a pesar de estar todos en grupo, solamente éramos él y yo, algo casi épico porque en otras circunstancias, él no se levanta a bailar porque dice no saber hacerlo. Pero que por estar conmigo lo intentó. Vaya. Me acuerdo y sonrío. Entonces, tomó mis manos, las besó y me preguntó, tal cual: «Ximena, ¿quieres ser mi novia?» Y sentía que me derretía mientras le decía que sí.
Ya sé que en muchas ocasiones he dicho que nunca me ha pasado o nunca he sentido tal o cual cosa con mis anteriores novios, y ofrezco disculpas porque, no es que los niegue, simplemente hay cosas que a veces ya no recuerdo por haber sucedido hace tanto tiempo, pero lo que sí puedo asegurar, es que en ese instante sentí una especie de mariposas en el estómago, pero en lugar de ser en el estómago eran en mi pecho, y eso sí jamás lo había sentido. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que de verdad alguien tiene un interés sincero por mí, y siento también que en ese ámbito, estoy en paz con el karma porque ya pagué y sufrí lo que debía.
Y, nada más. Sólo llegué a casa, me quité las botas, me recosté en mi cama y dormí un rato con la sonrisa más grande que tenía. Y lo único que puedo decir al respecto es que si todo esto es obra de Miguel, no me queda más que agradecerle por no haberme dejado sola y mandarme tan bonitas cosas. Muchas gracias, Mique.
Eso sucedió.
