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02 enero 2014

¿Feliz? Año Nuevo

Sí, feliz, a pesar de la manera tan confusa en que terminó.

Alfredo y yo no duramos más que un par de semanas. Todo iba bien, o al menos eso parecía. Parecía que él estaba dispuesto a hacer su vida bien, pero no fue así. Al verlo tan aparentemente feliz, Caro empezó a actuar de manera chantajista, como cuando se perdió en alcohol en aquella fiesta en casa de Vicky. En otra ocasión, le dijo a Alfredo que había dejado a su novio Luis porque se dio cuenta de que con quien quería estar en realidad, era con él. En ese momento, Alfredo le dejó claro que era bueno el hecho de dejar una relación que la estaba dañando —porque, sí, Luis la maltrataba—, pero que así como anteriormente ella había dejado a Alfredo para regresar con Luis y lo obligó a continuar y ser feliz y demás cursilerías, ahora los papeles se invertían y debía ser ella quien siguiera adelante y ser feliz, porque ya no había vuelta atrás.

¿Entonces qué sucedió? Sucedió que, al salir del primer concierto de Foo Fighters, Alfredo me dijo que tenía que hablar conmigo. Yo creo que no era el momento más indicado, pero dada la importancia que esa plática tenía para él, accedí a hablar. Así que me dijo que no se sentía precisamente en el mejor momento de su vida: recién había terminado el último semestre de su carrera, probablemente no volvería a ver a sus cuatro amigos de casi toda la carrera (Vicky, Mau, Carlos y Caro) porque todos tomarían rumbos distintos debido a sus intereses profesionales y se sentía a la deriva. Claro que siempre tendría a Ed, su mejor amigo de siempre, pero había cosas que inevitablemente cambiarían en su vida y eso le provocaba confusión. Además, al no sentirse totalmente bien consigo mismo, pensaba que estaba mal no poder estar al 100 con una pareja, en este caso yo. Me dolió, pero ciertamente no podía hacer algo al respecto. Pero eso sí, que si más adelante existiera la posibilidad de empezar de cero en nuestra relación —y claro, si yo aún quería—, estaría encantado. Que quería que nos siguiéramos tratando como los amigos que éramos y un largo, largo etcétera. Eso sucedió aquel día. Los días posteriores continuó hablándome por el chat de facebook, pero a mí me resultaba extraño; digo, eso de platicar con un exnovio de un par de semanas como si no hubiera pasado nada no es precisamente lo mío. No dejé de ser cortés, pero la situación seguía siendo extraña.

Un par de semanas después volvió a contactarme por el mismo medio por la noche. Primero me contó sobre la introspección que había tenido durante ese tiempo —bastante extensa, a mi parecer, y con varios detalles que no venían al caso—, para al final decirle lo que no había querido decirle antes: que me lastimaba que me siguiera hablando como si nada, y me respondiera que precisamente porque no quería lastimarme más, que era mejor ser sincero. ¿Por qué? Porque regresaría con Caro. Sí, así, tan simple y llanamente.

Con todas las cosas que me platicó sobre ella desde que empezamos a tratarnos, de lo mucho que ella lo lastimó y del daño que le hizo en el pasado, lo único que sentí en ese momento fue confusión. ¿Cómo era posible que no aprendiera a irse de una vez por todas de donde solamente resultaba herido? ¿Por qué pensaba que esta vez, después de incontables ocasiones, las cosas entre ellos serían diferentes? No lo sé, pero más que entristecerme, me decepcionó. Lo creía sensato. También sentí cierta rabia hacia Caro, por ser tan buena manipuladora y por lo siguiente: Caro, teniendo 29 años (Alfredo recién cumplió 24), viene de una familia de Tlaxcala algo conservadora. La mayoría de los parientes de su edad ya se casaron, así que la siguiente que tendría que hacerlo es ella. Pero como ni siquiera tiene pareja, pensaría que sería bueno probar suerte con el primer incauto que tuviera a la mano. Y lo logró. Pudo chantajear lo suficiente a Alfredo para hacerlo regresar a ella. Y sé que no soy nadie para juzgar, aunque no deja de ser hasta lastimera esa manera de pensar. El miedo a estar sola, sin importar que te hagan daño y aferrarte a lo que ya conoces, simplemente no está bien.

Eso es algo que yo ya aprendí con mucho de lo que he vivido; sé dónde no hay amor, dónde se hace daño, dónde no sirve quedarse y cuándo es mejor decir adiós, pero ellos aún no lo comprenden y tendrán que hacerlo por la mala. Incluso podrían seguir pasando años hasta que eso suceda.

Por otra parte, también me confundía pensar en cómo trataría a sus amigos después de que supieran esa situación. Al principio creí que yo ya no tenía nada que hacer ahí y debía alejarme poco a poco y en silencio, pero ellos no dejaron de ser amables conmigo. ¿Entonces? Pues al ver que no resulté incómoda y que algunos de ellos demostraran que aún me querían en sus vidas, decidí quedarme y seguir tratándolos tan bien como lo habían hecho conmigo. :)

Así terminó mi 2013, pero ese dolor y tristeza se quedó ahí. Igual que el del 2012 cuando inició el 2013. Creo que no merecía semejante patada en el trasero, pero ya qué. Sucedió y ya, y no lo puedo cambiar, pero sí puedo no seguir sintiéndome mal por ello. Al rato me voy a la playa, con todo y el clima que parece no ser bueno, pero irme tal vez me haga bien.

Y respondiendo a la pregunta que da título al post, sí, es un feliz año nuevo para mí. Espero que también lo sea para ustedes, beautiful people. Gracias por aguantarme otro año leyendo mis tonterías.

26 noviembre 2013

Hello, beautiful people!

Hello, beautiful people!

Pues, lo prometido es deuda, y vengo a pagar: en el post anterior quedó pendiente la historia de cómo es que Alfred y yo ya somos novios & stuff.

Fue inesperado, sinceramente jamás imaginé que podría suceder, pero así fue. El trato cotidiano, aunque virtual, con Alfred, empezó poco después de la fiesta de cumpleaños de Fer, donde lo conocí gracias a que aplicó la pésima pick-up line de Daniel. Al cabo de unas semanas, unos días después de que Miguel murió, Alfred escribió un post en su blog que hablaba sobre los corazones rotos, a lo que yo respondí en un comentario que cómo es que eso se arreglaba, y replicó que no sabía y que de ser así, habría escrito cosas bonitas, pero no era el caso. Para ese momento ambos ya nos habíamos agregado a varias redes sociales, pero la que más usamos para platicar es facebook, así que por ese medio me preguntó sobre mi corazón roto y le conté. Después él me contó sobre el suyo, y creo que a partir de ese momento se generó una confianza muy grande. Para mí seguía siendo extraño porque normalmente este tipo de cosas personales no se las cuentas a cualquiera, y menos a alguien que acabas de conocer, pero hubo una empatía muy especial y nos sentimos tan a gusto que… solamente sucedió y ya.

Poco a poco nuestras pláticas comenzaron a ser más frecuentes, aunque realmente nos veíamos en persona en las fiestas de los amigos en común entre él y Daniel, pero casi no teníamos oportunidad de conversar. Un día, de pronto, me agregó a un grupo privado de facebook en donde hizo la invitación para su fiesta de graduación. Otro día, así sin más, estaba acompañándolo junto con Carolina a comprar nuestras entradas para los Foo Fighters y horas después paseamos por el Zócalo viendo las ofrendas de día de muertos. Y ese último día lo aproveché para pagarle mi lugar en su fiesta.

Nunca apresuramos nada, pero empecé a notar que de repente y de manera muy sutil, después de contarle mi confusión por lo de Daniel, me escribía indirectas sobre una posible atracción que sentía hacia mí, aunque no le di tanta importancia al principio porque creí que era parte del tipo de bromas que hacía por ser amigos. Luego vi que podría ser en serio y le seguí el juego.

El día de mi concurso de danza era el mismo día en que Angie, la novia de Ed —uno de los mejores amigos de Alfred—, celebraba su cumpleaños, así que a pesar de haber hecho la invitación, tuve presente que era prácticamente imposible para los demás asistir a ambos eventos. En especial al mío, porque Angie ya había organizado su festejo con más anticipación. Pero aún con eso, y a pesar de que fue un día bastante ocupado para él, Alfred tuvo el grandísimo detalle de hacer un espacio en su apretada agenda del día para ir a verme, y eso, no tienen idea de cuánto lo aprecio. Cualquier otro simplemente habría dicho «oh, lo siento, Xim pero no puedo, ya tenía cosas que hacer», pero no fue el caso. Estuvo ahí solamente mientras duró mi participación de improvisación, y me tomó algunas fotos y un video que después me envió, y después se fue a entregar un encargo para finalmente llegar al evento de Angie, pero no sin antes insistir un poquito en que sería maravilloso si después del concurso pudiera ir un rato allá. Y así lo hice, aunque me costara la molestia de mi mamá. Cuando llegué al lugar le marqué para que saliera a recibirme y apenas lo vi, lo abracé tan efusivamente por la felicidad que tenía de haber ido a verme. Y ayer, en su declaración, me dijo que ese abrazo significó tanto para él, que se percató de que lo que sentía por mí era más que un cariño de amigos. Un rato después volví a abrazarlo, mientras le decía:

—¿Oye? No te vayas a asustar por lo que te voy a decir, pero… te quiero.
—Aw, Xim. No te vayas a asustar tú tampoco, pero… también te quiero.

Y el abrazo duró bastantes segundos. Él dice que fue justamente ese momento, cuando empezó a enamorarse de mí :3

Como recordarán, en el post anterior escribí que toda la semana pasada estuvo llena de festejos por su cumpleaños, pero que estuve presente solamente en la fiesta caótica del mal en casa de Vicky y en el sábado de desayuno, bolos y crepas. Para fines prácticos, lo que importa ahorita es lo que sucedió al final del sábado. Después de las crepas, fuimos todos a dar la vuelta por la plaza, aunque ya no había mucho qué hacer porque estábamos cansados. Solamente entramos a ver cosas a Mixup —de donde salí con Medianoche en París porque le prometí al hermono que veríamos esa película juntos algún día— y después, confirmarle a Mau (otro amigo suyo) de que dentro de la plaza hay un carrusel. Pasó. Y luego, cada uno tomaría su propio camino para llegar a sus respectivas casas. Gus, Daniel, Alfred y yo tomamos el mismo camino para llegar a la estación del metrobús, pero al llegar a una calle, a Alfred se le ocurrió la grandiosa idea de inventar una mentira piadosa para separarnos de ellos y poder hablar a gusto, a solas, y funcionó. Ellos se fueron por una ruta y nosotros por otra.

Y aquí empezó lo bonito. Primero, Alfred me preguntó qué tan lista me sentía para continuar las cosas como estaban sucediendo, a lo que respondí que lo suficientemente lista y que desde que tenía el corazón roto por la muerte de Miguel hasta el día de hoy, considero que he tenido un gran avance en mi estado emocional (aún me duele la ausencia, pero ya no me deprimo todo el día ni lloro con sólo acordarme). Que me siento feliz en este momento de mi vida y que a pesar de las cosas tristes y los desengaños, puedo seguir adelante con mi vida. Entonces, empezó a hacer una especie de recuento desde el día en que nos conocimos en el cumpleaños de Fer y a decir que desde ese momento le parecí atractiva y amena en mi plática. Y auténtica, por no fingir en mi conversación. Que desde ese día que mencioné que tendría un evento de danza quería ir a verme bailar y que el día del concurso le pareció una oportunidad perfecta. Que apreciaba mucho de mi parte haber ido al festejo de cumpleaños de Ed, aún sin conocer a nadie más que a él y a Daniel, e integrarme a la convivencia con todos. Lo mismo en lo de Angie. Y que aunque para entonces empezaba a hacerse evidente lo que sucedía entre Daniel y Victoria, no dejé que eso me molestara (o al menos no lo demostré) y, lejos de amargarme la vida, preferí ir a bailar un rato con todos mientras aquel par se aislaba del resto. Que en algún momento del baile, a pesar de estar todos en grupo, solamente éramos él y yo, algo casi épico porque en otras circunstancias, él no se levanta a bailar porque dice no saber hacerlo. Pero que por estar conmigo lo intentó. Vaya. Me acuerdo y sonrío. Entonces, tomó mis manos, las besó y me preguntó, tal cual: «Ximena, ¿quieres ser mi novia?» Y sentía que me derretía mientras le decía que sí.

Ya sé que en muchas ocasiones he dicho que nunca me ha pasado o nunca he sentido tal o cual cosa con mis anteriores novios, y ofrezco disculpas porque, no es que los niegue, simplemente hay cosas que a veces ya no recuerdo por haber sucedido hace tanto tiempo, pero lo que sí puedo asegurar, es que en ese instante sentí una especie de mariposas en el estómago, pero en lugar de ser en el estómago eran en mi pecho, y eso sí jamás lo había sentido. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que de verdad alguien tiene un interés sincero por mí, y siento también que en ese ámbito, estoy en paz con el karma porque ya pagué y sufrí lo que debía.

Y, nada más. Sólo llegué a casa, me quité las botas, me recosté en mi cama y dormí un rato con la sonrisa más grande que tenía. Y lo único que puedo decir al respecto es que si todo esto es obra de Miguel, no me queda más que agradecerle por no haberme dejado sola y mandarme tan bonitas cosas. Muchas gracias, Mique.

Eso sucedió.

24 noviembre 2013

No rompí nada, putos

Muahaha, ¡cuántas cosas han pasado en un mes! Sí, ya sé que siempre que vengo a bloggear digo lo mismo, y tal vez debería venir más seguido, pero bueh. Les contaré cosas interesantes que se resumen a: mandé al diablo a Daniel y ahora Alfred y yo pues, pues, ya somos novios :3

¿Qué cosaaaa?

Sí, así como lo leen, personos bonitos. ¿Recuerdan que hace un par de posts escribí que estaba confundida por la actitud que tomó Daniel después de los besos que me dio; de cómo evadió el tema con lo del tapiz horrible de su sillón, y de que sentí que rompí algo? Bueno, sucedió que yo no rompí nada. Después de ese día, Daniel cambió totalmente su actitud para conmigo: dejó de mandarme los mensajitos de buenos días de siempre, ya no me contaba nada de sus cosas y tardaba demasiado en responder cualquier cosa que le escribiera. Esa semana transcurrió muy rara para mí. Lo invité al cine aquel fin de semana, así que para confirmar la cita, el viernes le pregunté dónde nos veríamos y a qué hora, pero le pareció más fácil cancelar la salida con un «no puedo, ¿podemos postergarlo? Tengo un problema en casa», cuando la realidad es que dichos problemas en casa fueron salidas a beber con no sé quién. Publicó fotos de eso, y no se molestó en reponer la salida. Todos esos días estuve pensando y dándole muchas vueltas al asunto, hasta que —con la ayuda de los comentarios de Mare (¡gracias, mujer!)—, llegué a la conclusión de que no valía la pena; supongo que Daniel se dio cuenta de que conmigo las cosas eran en serio y que no le iba a ser tan fácil obtener algo de mí. Aquel día en el metrobús, le pregunté de manera coqueta que con qué derecho se sentía para besarme, a lo que solamente respondió que porque quería. Así nada más. Y así no son las cosas conmigo. Eso, sumado al hecho de que me dijera en los mensajes que no iba a estar persiguiéndome forever, era una señal clarísima de que yo ya no tenía nada qué hacer ahí. También, nada más por no dejar, lo invité al Miss Aloha y quedó de confirmarme su asistencia porque no sabía si podría, pero nunca lo hizo. Y como dicen por acá: a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Por otro lado, después de que comenzó a ignorarme, al mismo tiempo empezó a tuitear demasiado con la mejor amiga de Alfred, Vicky, cuando antes ni siquiera la seguía. Alfred me contó brevemente la historia de Daniel: hace mucho tiempo, Daniel tenía una novia, pero terminaron, y a los pocos meses, Daniel empezó a seguir en twitter a todas las chicas con las que Alfred tuiteaba. En sus palabras, se convirtió en un tuitpronto (¡hahaha!) y así ha sido desde entonces. Mientras eso pasaba, decidí darle mute a Daniel: ojos que no ven… No lo dejé de seguir porque pensé que seguramente eso se iba a interpretar como que me quedé ardida, y no, no es la idea, pero tampoco iba a amargarme la vida cada vez que leyera mi timeline y me encontrara con tuits suyos. Sí admito que llegué a escribir algunos rants durante varios días, pero era en dosis breves. Un par de indirectas (¡oops!) contra él, en cualquier momento del día, y ya. Pero eso sí, nada contra Vicky porque, en primer lugar, es la mejor amiga de Alfred desde hace algunos años y él la quiere mucho; en segundo lugar, yo no quería que él se sintiera entre la espada y la pared por el aprecio que siente por ambas, y en tercer lugar, porque Vicky no sabía nada de lo que sucedió entre Daniel y yo (y Vicky me aprecia también). Creo que sigue sin saberlo, y al menos por ahora, por mi parte no lo sabrá si no me pregunta directamente.

Además, resulta que hace unas horas Daniel volvió a buscarme por DM, aunque no le respondí. No tiene caso. Dice:

Sí, dude, claro…

Al principio estuve a punto de enojarme, pero tampoco tiene caso. Y si de verdad tiene tantas intenciones de hablar conmigo, pues, qué carajos espera. El celular no sirve solamente para tuitear, ¿eh? Ah, lo de Whatsapp lo dijo porque seguro ya se dio cuenta de que lo bloqueé. También borré su número de mis contactos y le di acceso restringido en facebook, pero eso fue desde que comenzó a ignorarme. Alguna vez alguien me dijo que lo que más le duele a cualquier ser humano es ser ignorado. Y eso he hecho con él, tanto en internet como en las ocasiones que he tenido que ver su cara en vivo y soportar su presencia. Hubiera apreciado que desde el principio me dijera que sólo buscaba divertirse para no hacerme ilusiones estúpidas. Ya fue, sólo no puedo evitar enojarme un poco por lo relativamente reciente de la situación. En fin, no pienso contestarle los mensajes. ¿Ahora sí le interesa buscarme? Qué patético. «No soy tu persona favorita», blahblah, lo mismo que me dijo Mandujano en su momento. Ay, Daniela, vaya joyita que te encontraste. Y sinceramente, no espero escuchar nada nuevo; ya he tenido suficiente de patanes como para no saber qué van a decir.

En fin.

Esta semana estuvo llena de festejos porque el jueves fue el cumpleaños de Alfred, así que entre los eventos a los que asistí, uno fue su fiesta sorpresa de no-cumpleaños en casa de Vicky el domingo pasado —que resultó ser un completo desastre, según él—, y el otro fue ayer, que empezó con un desayuno cerca de Portales y continuó en el boliche para terminar en una comida-cena en Crepes & Waffles. Lo de ayer fue fantástico, todos la pasamos muy felices y ni se diga del cumpleañero :) Pero la fiesta sorpresa fue… bueno, yo no tengo tantas quejas, me divertí mucho con todos sus amigos a pesar de que Daniel se la pasaba besando a Vicky justo frente a mi cara, aunque Alfred sí prefiere olvidar casi todo lo que pasó ese par de días. Como el detalle de que Caro, su amiga y anteriormente su novia, que le hizo cosas malas entonces, se perdió totalmente en alcohol al darse cuenta de que Alfred hablaba muy en serio cuando le decía que no quiere que lo vuelva a buscar para pretender regresar porque ahora estaba enamorándose de otra chica: yo. Y Caro me aprecia, entonces todo esto la conflictuó.

La fiesta fue hasta morir, entonces algunos nos quedamos a dormir en casa de Vicky. Ed, Alfred y yo dormimos en la sala, sobre unas colchonetas y varias cobijas que Vicky nos prestó. Ed cayó bastante rápido después de la sesión de chistes groseros y albures después de apagar la luz, hahaha, pero Alfred y yo tardamos un poco más, porque me enfermé y tenía una tos horrible que no me dejaba en paz. Esa noche fue muy hermosa por muchas cosas: Alfred me prestó una sudadera suya y me dijo: «toma, por favor tápate», y curiosamente dejé de toser en cuanto me la puse; luego nos volvimos a abrigar con las cobijas y me mantuvo abrazada toda la noche, también me hizo piojito un buen rato y me daba besitos en la cara. Creo que fueron muchos más de los que percibí, porque sí me di cuenta de algunos. Eso sí, nunca se aprovechó de la situación y jamás me acarició con malas intenciones; ni siquiera me besó en los labios a pesar de tener la oportunidad. Esa noche, además, me di cuenta de que sentía por él algo más que un simple cariño de amigos, pero preferí ir despacio y dejar que pasaran los días y continuara el trato como hasta entonces.

Y bueh, transcurrió esta semana, y cada día, las indirectas directas de Alfred hacia mí en nuestras pláticas eran cada vez más, y he de confesar que me halagaban mucho y que de repente yo hacía lo mismo. Había veces en las que me sorprendía a mí misma sonriendo sólo de pensar en él y en las cosas bonitas que me decía. Pero la declaración merece estar en un post aparte. Fue MUY bonito :) Mañana continúo, porque ahorita ya tengo sueño.