30 marzo 2018

The stupid, the proud

[ *El título del post es una canción de IAMX en donde la letra nada tiene qué ver con la entrada de hoy, sólo me sirve para preguntarme de qué lado estoy con lo que vengo a escribir: si soy stupid o soy proud. O ambas. ]


Aloha!

Siento que otra vez pasó mucho tiempo desde el último post hasta el día de hoy, pero he tenido mucho trabajo y poca energía emocional para venir, pero ahora que tengo el tiempo y las ganas para escribir no las voy a desperdiciar.

Siempre que estoy por escribir una nueva entrada, acostumbro leer primero lo último que publiqué, porque me sirve para saber en qué me quedé y si lo que sentía en ese momento sigue vigente o ya quedó enterrado para siempre y esta vez me encontré con que estaba muy enojada con mi mamá porque sentía que no me comprendía y porque su humor no era precisamente el más agradable. ¿Y qué creen? Que hoy sigo pensando eso.

El miércoles, que fue el último día antes de las vacaciones de semana santa (hoy es viernes santo), no vi a Zam porque se fue con su familia a Acámbaro desde el domingo en la tarde y regresarían ese día, pero no iba a poder verlo porque se quedaría en casa de sus papás para regresarse a su depa hasta el jueves en la mañana. Entonces regresé a casa después del trabajo como si fuera cualquier otro día de la semana. La dinámica es: una vez que llego a la estación del bus de por mi casa, le aviso a mi mamá para que vaya a recogerme —le da miedo, o eso dice, si me regreso sola por el peligro que implica atravesar la colonia de noche—, y la espero adentro de un Oxxo que hay por ahí o adentro de la estación del bus. Ese día todo parecía normal, seguí la dinámica de siempre y en cuanto me subí al coche y saludé a mi mamá, lo primero que me preguntó fue, en tono de reclamo:

«¿Qué día es hoy?»

Le respondí toda sacada de onda que «miércoles», y entonces empezó a gritarme que por qué no le había avisado que ese día fuera por mí, y le dije que sí le había comentado desde el fin de semana pasado sobre los planes de Zam, que se acordara que sí le platiqué, pero se enojó más porque me gritó que no era su obligación estar al pendiente de ese tipo de cosas y mucho menos recordarlas y que a la próxima vez me encargara de decirle bien y recordarle si había cambio en los planes.

Ya sé, ya sé que suena de lo más exagerado pero les juro que no estoy haciendo esto más grande de lo que en realidad era porque de verdad pasó así como lo estoy describiendo. Se enojó de la nada. No sé, y a estas alturas no me interesa saber, qué es lo que le sucede. Estoy harta de tratar de entenderla pero cada vez la entiendo menos porque cuando quiero explicarle cosas simplemente no tiene la disposición y así pienso que ya ni vale la pena desgastarme intentado abrir un diálogo ni nada de esas mierdas. Alv con la empatía, entonces. Después de un rato empecé a buscar lugares en renta para irme a vivir a otro lado, con mi filtro todo ridículo de poquitos pesos porque lol no me alcanza mi sueldo, pero los lugares que encontré están en zonas más feas que donde vivo actualmente o son depas todos descuidados y feos. Odio mi vida.

Luego, ayer por la tarde le pregunté si como cada viernes santo iríamos al paseo en Xochimilco con lo que queda de la familia pero me respondió que no, porque esos que quedan salieron a otras ciudades y ella no quería manejar sola hasta allá; sin embargo, me comentó que una de las tías que no salieron le sugirió ir hoy a un parque que casualmente es mi favorito, y me encargó comprar botanas y refresco para el kinda picnic que querían organizar. La verdad es que no tenía ganas de ir porque seguramente no iba a faltar el momento en que de la nada me hiciera pasar alguna vergüenza con uno de los comentarios pasivo-agresivos que acostumbra hacer y no quería que eso me arruinara justamente ese parque al que tanto me gusta ir. Pero con ella no tengo la opción de decir que no, así que fui muy a la fuerza y por lo tanto no hice nada: alternaba los juegos en el celular con un poco de botana o simplemente con mirar a la nada. No tenía ganas de ir a caminar con mis primas que también fueron y mucho menos de ir a ver el invernadero de orquídeas aunque me haya quedado con las ganas de entrar hace un par de semanas que fui con Zam porque ya estaban cerrando el parque aquella vez. Fue una salida horrible la de hoy.

A ratos pienso si no es ella la que me drena la energía emocional —por decirlo de alguna forma y sin la intención de sonar soberbia— porque, de verdad, no encuentro otra razón por la que me siento tan desganada los días posteriores a sus cambios todos horribles de humor. Ayer, por ejemplo, estuve a nada de cancelarle los planes a Zam porque lo único que tenía eran ganas de dormir; no quería salir, no quería arreglarme ni hacer limpieza ni absolutamente nada, pero mal hubiera hecho en ese caso, porque cuando lo vi y salimos me sentí mucho mejor y se me quitó el ánimo de dormir.

Una de las cosas que platicaba con Zam el miércoles, era que yo sabía que algún día llegará el momento en el que me vaya de casa de mi mamá y que cuando eso suceda, me gustaría que fuera en el mejor de los términos, es decir, salirme porque es parte de mis planes personales y no por el impulso de decir que me tiene harta. De verdad, aún con todo esto, quiero hacer las cosas bien, pero a veces parece que no vale la pena. Ya no sé qué pensar; trato de que no me afecten los comentarios de ella ni sus malas actitudes pero es muy difícil, cada día es más complicada.

Voy por un poco de agua para calmarme y hablar con Zam.

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