Hace dos días escribí que el Sharpie rojo que compré era el color que menos quería usar en el Year in pixeles (representa el cuadrito de «frustrated / angry day») y justamente hoy fue el día en que lo estrené. Bueno, supongo que en algún momento eso iba a suceder pero no creí que tan pronto.
Hoy fue día familiar de ir a la iglesia porque cada año conmemoramos así la partida de mi abuelita. No sé si muuuuy en el fondo eso me altere, a pesar de que me siento tranquila con eso, porque según quienes me vieron, me porté súper conflictiva. Todo empezó saliendo de la misa, cuando una de las tías a la que jamás en la vida veo, tomó un mechón de mi cabello y me jaló para hacerme voltear pero en realidad su pretexto era ver si no me había puesto extensiones. Like, really? Y no sólo lo hizo una vez, sino que se tomó el atrevimiento de seguir jalándome porque no creía que tuviera el cabello tan largo. Me desesperó tanto y tan rápido que en cuanto me soltó el cabello me lo amarré en un chongo frente a ella y frente a toda la familia, por lo que después de eso ya no me dijo nada. Como todas las tías se quedaron platicando y yo tenía antojo de papitas, aproveché el momento para ir con el hermono a la tienda de enfrente a comprarnos chucherías. Mientras cruzábamos la calle, le dije: «¿cuánto vas a que ahorita mi mamá me va a decir algo por amarrarme el cabello?», y efectivamente, ya que estábamos caminando hacia el coche, fue lo primero que me reclamó. Me dijo que qué insoportable y chocante me vi (pero con otras palabras), y aunque traté de explicarle en mi tono más neutral la razón de por qué lo hice, no logré hacerla comprender. Hace tiempo también le dije a otra sobrina encimosa, frente a sus papás y otros tíos, que me dejara en paz el cabello, y sólo así lo hizo. En su caso, también tenía razones importantes: esa mocosa siempre tiene piojos y yo no iba a dejar que me los contagiara obligándome a cortar el cabello porque lo voy a donar y no iba a desperdiciar años de dejármelo solamente por su evidente falta de higiene. Pero en el caso de hoy, el de la tía, la razón era simplemente que lo que hizo fue invasivo por no preguntar siquiera si podía hacerlo, y en el último de los casos, ¡¿qué le importa cómo traigo el cabello?! No, no traigo extensiones.
Pero el enojo no terminó ahí. Más tarde fuimos a la casa de mis abuelos a la comida familiar y cuando llegó la hora del té, estaba a mi lado un sobrino como de preescolar que jamás se sabe estar quieto. De verdad, no exagero. No sé si tiene un síndrome o algo pero, maldita sea, ¿han visto cómo se retuercen las lombrices cuando les espolvoreas sal? Pues así exactamente. Como estábamos sentados a la esquina de la mesa, sus pies quedaban frente a los míos y no dejaba de patearme la pantorrilla por más que yo tratara de moverme para que ya no me incomodara. En algún momento se volteó en la otra dirección de una forma tan brusca que me pegó en el codo y casi me tira mi té y entonces le grité: «¡Adrián, por favor, ya estate quieto que ya me pegaste!». Se hizo un silencio incómodo que se rompió rápido porque un primo le enseñó al mocoso un video de un perrito que se comió un labial, haha. Pero ante los ojos de mi mamá había hecho lo más terrible del mundo. Va, puede que tal vez exageré, pero también estaba desesperada porque nadie le dice al niño que se esté quieto ni que deje de ser tan encimoso: apenas te ve y casi te derriba de lo fuerte que corre a estrellarse contra ti, o si estás sentada y quedan a la misma altura, ya te está agarrando los aretes, el collar, el pin, los lentes o cualquier cosa que traigas puesta. ¡Caramba, enséñenle a respetar el espacio personal! Para colmo, mi mamá me reclamó llamándome intolerante. Ay, mamá, ojalá hubieras soportado la misma molestia que yo.
Y así fue como a la vista de todos, el día de hoy fui la peor persona del mundo por amarrarme el cabello y gritarle a un niñito encimoso. Pásenme el Sharpie rojo.
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18 febrero 2018
17 febrero 2018
Ya no quiero nada
Creo, quiero pensar, que mi mamá ya no está molesta conmigo. Unos días antes de comenzar el year in pixels (un jueves, y empecé el YIP el martes siguiente), se enojó mucho porque salí tardísimo de la oficina y olvidé avisarle que ya iba en camino. Sí, acepto que por mi descuido se quedó con la preocupación, pero me sacó de onda la manera en la que me gritó al teléfono. Para ese momento ya me encontraba a menos de cinco minutos en el coche —Zam pasó por mí al trabajo para llevarme a casa, pero a ella preferí decirle que tomé un uber— y a pesar de que no puse el altavoz, Zam escuchó todo el escándalo al teléfono; qué pena me dio. Y no voy a justificarme, sino a decir que estaba tan cansada mentalmente que, honestamente, olvidé avisarle que ya iba en camino. Estaba muy saturada, ya tenía mucho sueño y me dolían las piernas de estar tanto tiempo sentada. Desde ese día creo que transcurrió toda una semana sin que me hablara ni se despidiera de mí en las mañanas antes de irse al trabajo. Me conflictuó tanto su actitud, que en un arranque le dije a Zam que ya quería salirme de casa e irme a vivir por mi cuenta, y aunque hoy ya tengo la cabeza más fría, sigo pensando que ya es momento de irme.
Siento que desde que ella corrió de la casa a mi hermano menor, que para colmo fue el día de mi cumpleaños, comenzaron los problemas entre ella y yo. A veces me siento ignorada en lo que siento, que sólo la opinión de ella es la que cuenta, que sus emociones son las únicas que importan, y todo eso me lo hizo sentir a partir de aquel día. Me trata como si otra vez tuviera 16 años y tuviera que estar cuidando mi hora de llegada respecto a la que salí de casa cada vez que salgo con gente, cuando eso ya no sucedía desde hace unos seis años. En verdad no entiendo. No le he fallado tan terriblemente ni he sido una mala hija como para que me trate así.
En fin, toda esta introducción fue para dar un poco de contexto sobre el día de hoy. En general fue un día muy lindo con Zam: fuimos a nuestro sushi favorito, nos acurrucamos y dormimos un rato en su depa y después fuimos a una reunión en casa de unos amigos suyos para festejar que en unos meses van a ser papás. La reunión fue divertida, a pesar de que en cierto punto nos sentimos un poco fuera de lugar porque la mayoría eran médicos y hacían chistes locales con tantos tecnicismos que sólo nos quedaba reírnos por seguir la corriente. Ya cuando cambiaron el tema nos sentimos más incluidos. El tiempo se fue rápido y cuando Zam vio la hora me preguntó si ya quería que me regresara a casa. Me asusté un poco a pesar de que solamente eran las 22h, pues olvidé que salimos a eso de las 15h y seguramente al regresar mi mamá me iba a reclamar por enésima vez la hora de llegada porque «era mucho tiempo afuera». Afortunadamente no fue así porque cuando llegué ella ya estaba dormida.
Pero volví a pensar en lo que mencioné en la introducción de este post. Llega un momento en el que me entristece la actitud de mi mamá porque siento que cualquier esfuerzo que haga para demostrarle que no voy a defraudar su confianza es en vano y me estoy cansando de esto. No quiero llegar a un punto de indiferencia que rompa definitivamente la relación y sé que para que eso no suceda lo mejor será salirme. Ojalá pudiera hacerlo ahora pero mi sueldo no es suficiente y lo ideal es que no quiero roomies, pero tampoco puedo ponerme exigente.
Ya, de verdad, no sé cómo hacer para lidiar con su actitud. Trato mucho de convencerme de que no me afecte y de que ya no está en mí si entiende o no entiende que no soy mala hija, que estoy llegando al punto de darle por su lado porque sé que jamás voy a ser escuchada.
Y no está bien, no es sano mentalmente vivir con incertidumbres de que hoy puede estar muy bien de ánimos pero quién sabe mañana. Ella me ha dicho, entre broma y entre verdad, que me va a tocar aguantar sus cambios de humor ya que por la menopausia «va a estar como adolescente». Y puedo entender las consecuencias de la menopausia, pero lo que no, es que se justifique en eso para hacer sus desmanes.
Ya me voy a dormir a ver si se me pasan los feelz.
Siento que desde que ella corrió de la casa a mi hermano menor, que para colmo fue el día de mi cumpleaños, comenzaron los problemas entre ella y yo. A veces me siento ignorada en lo que siento, que sólo la opinión de ella es la que cuenta, que sus emociones son las únicas que importan, y todo eso me lo hizo sentir a partir de aquel día. Me trata como si otra vez tuviera 16 años y tuviera que estar cuidando mi hora de llegada respecto a la que salí de casa cada vez que salgo con gente, cuando eso ya no sucedía desde hace unos seis años. En verdad no entiendo. No le he fallado tan terriblemente ni he sido una mala hija como para que me trate así.
En fin, toda esta introducción fue para dar un poco de contexto sobre el día de hoy. En general fue un día muy lindo con Zam: fuimos a nuestro sushi favorito, nos acurrucamos y dormimos un rato en su depa y después fuimos a una reunión en casa de unos amigos suyos para festejar que en unos meses van a ser papás. La reunión fue divertida, a pesar de que en cierto punto nos sentimos un poco fuera de lugar porque la mayoría eran médicos y hacían chistes locales con tantos tecnicismos que sólo nos quedaba reírnos por seguir la corriente. Ya cuando cambiaron el tema nos sentimos más incluidos. El tiempo se fue rápido y cuando Zam vio la hora me preguntó si ya quería que me regresara a casa. Me asusté un poco a pesar de que solamente eran las 22h, pues olvidé que salimos a eso de las 15h y seguramente al regresar mi mamá me iba a reclamar por enésima vez la hora de llegada porque «era mucho tiempo afuera». Afortunadamente no fue así porque cuando llegué ella ya estaba dormida.
Pero volví a pensar en lo que mencioné en la introducción de este post. Llega un momento en el que me entristece la actitud de mi mamá porque siento que cualquier esfuerzo que haga para demostrarle que no voy a defraudar su confianza es en vano y me estoy cansando de esto. No quiero llegar a un punto de indiferencia que rompa definitivamente la relación y sé que para que eso no suceda lo mejor será salirme. Ojalá pudiera hacerlo ahora pero mi sueldo no es suficiente y lo ideal es que no quiero roomies, pero tampoco puedo ponerme exigente.
Ya, de verdad, no sé cómo hacer para lidiar con su actitud. Trato mucho de convencerme de que no me afecte y de que ya no está en mí si entiende o no entiende que no soy mala hija, que estoy llegando al punto de darle por su lado porque sé que jamás voy a ser escuchada.
Y no está bien, no es sano mentalmente vivir con incertidumbres de que hoy puede estar muy bien de ánimos pero quién sabe mañana. Ella me ha dicho, entre broma y entre verdad, que me va a tocar aguantar sus cambios de humor ya que por la menopausia «va a estar como adolescente». Y puedo entender las consecuencias de la menopausia, pero lo que no, es que se justifique en eso para hacer sus desmanes.
Ya me voy a dormir a ver si se me pasan los feelz.
13 febrero 2018
El 2018 en pixeles
Hello, beautiful people.
Como lo prometí en algún momento, he vuelto a desempolvar este blog que tenía en el abandono total. No recuerdo cuál fue el último post que escribí, pero el que sí recuerdo es en el que hablaba de Manuel —porque acabo de abrir en enlace, lol—. El tiempo pasó muy rápido y muchas cosas cambiaron. Terminé con él. Sí, ahora fui yo quien terminó una relación. Nunca me imaginé que eso sucedería porque les juro que lo quise mucho, pero aparentemente eso no era recíproco. Ya después les contaré de eso porque, a pesar de que yo di por terminado eso una semana después de mi cumpleaños 27 —hace exactamente ocho meses—, apareció de pronto en navidad, en año nuevo y a finales de enero y no fue nada agradable. Pero les digo que después hablaré de eso y de mi posterior regreso con Zam porque el motivo de mi regreso al blog es otro muy distinto.
La razón por la que regresé es porque quiero escribir mis feels como lo hacía antes, porque de verdad necesito algo así como mi safe space para desahogar todo lo que traigo en mi cabeza. Encontré hace poco una imagen que se llama Year in Pixels. Es un calendario muy burdo en el que coloreas el cuadrito correspondiente de cada día de acuerdo a una tabla de colores donde cada uno representa una emoción con la que definirías ese día.
Adjunto ejemplo (clic sobre la imagen para ver más grande):
«¿Adjunto ejemplo?» ¿Qué me pasa? Soné súper godínez. >:(
Entonces, decidí que para complementar este registro vendría, en la medida de lo posible, a escribir cómo estuvo mi día. Así nada más. Por el puro gusto y por tener más claro por qué me siento de tal o cual ánimo y hacer el balance general (¿balance general? ¿Otra vez godineando?) a finales de diciembre. No importa que ya haya transcurrido un mes y medio del año.
También adjunto el link de descarga del que yo hice aquí por si quieren imprimirlo, es tamaño carta.
Dicho todo esto, empiezo con el día de hoy.
Ando muy contentilla porque en la mañana, el dueño de la agencia donde trabajo me pidió que subiera a su oficina para hablar de un tema importante. Al principio sí me asusté porque minutos antes estaba quejándome de una brand leader de la oficina que está toda torpe y no sabe explicar las cosas que necesita; incluso creo que mi tono de voz fue bastante alto y me dio miedo que las otras brand torpes me hubieran escuchado y hubieran ido a acusarme, lol. Pero nada de eso sucedió, al contrario: el jefe quería hablar conmigo para primero, preguntarme cómo me he sentido a lo largo de estos meses trabajando en la agencia, y después de responderle que ha sido satisfactorio y productivo, hacerme saber que me iban a dar un incremento en el sueldo que correría a partir de esta quincena; además, tendría que enviarle mi RFC con homoclave y algo del seguro social para darme de alta en esas cosas que después te sirven para cotizar semanas de antigüedad. O sea, llevaba desde mayo que entré, sin prestaciones de ley. :( Pero ya me las van a dar. :)
Sin embargo, lo que me hizo más feliz de todo esto fue que su opinión sobre mí y mi trabajo es que es muy bueno, que está bien con lo que ha visto que hago y que la opinión general de la gente con la que trabajo también es positiva: que entrego rápido los pendientes, que soy bien hecha y comprometida. Y que lo único en lo que tengo que trabajar es en integrarme más con el equipo en el sentido de no tener miedo de preguntar cómo hacer algo que no sé; vaya, pedirle ayuda a mis compañeros que tienen más experiencia. Yo siento que sí lo hago, pero si me lo dijo fue por algo y estoy bien con eso. Le haré caso.
En otros temas, he estado tratando de mejorar mis hábitos de alimentación porque hace unos días tenía una sensación extraña en los brazos, como si se me cortara la circulación cuando los alzaba para peinarme, por ejemplo, o por el simple hecho de tenerlos flexionados. Ahora que lo pienso, se lo achaco a haber comido sushi muy seguido en ¿dos semanas? ¿Tres, tal vez? Porque ya tengo otras tres semanas sin comer sushi y ya no he tenido esa sensación. Dicen que los mariscos tienen mercurio y colesterol, quizá haya sido una especie de sobredosis o algo así. Así que decidí desayunar más saludable: llevo fruta picada, a veces avena, y sándwich de queso en pan integral a la oficina y me preparo un té allá porque no me da tiempo de desayunar en casa. Por lo mismo, procuro cenar un poquito tarde para que no sean tantas las horas de ayuno hasta el día siguiente. Pero a la hora de la comida es cuando más trabajo me cuesta porque aunque quedo satisfecha, me da mucho antojo de ir por helado o papitas con salsa inglesa y, ay, ya se me hizo agua la boca. :( A veces tengo tanto trabajo que se me olvida ir a la tienda o a los helados y cuando salgo de la oficina ya ni tengo el antojo porque siento que ya no son horas de comer chatarra. Pero cuando sí es muy fuerte el antojo no puedo resistirme. ¿Cómo le hacía a los 20 años para tener tanta fuerza de voluntad? :( En general creo que no voy tan mal pero sé que puedo ir mejor. Espero lograrlo.
También me prometí ir a dormir temprano y en eso sí he estado fallando durísimo. Por ejemplo, ahorita. Empecé a escribir este post a las 23h cuando a esa hora ya debería estar envuelta en las cobijas, aunque hoy decidí hacer una excepción porque a Zam le faltaba una hora de estudio y yo decidí hacer tiempo escribiendo esto.
Ya voy a desmaquillarme y prepararme para dormir.
Gracias por leer hasta aquí, regreso mañana y esta vez sí es en serio. :)
Como lo prometí en algún momento, he vuelto a desempolvar este blog que tenía en el abandono total. No recuerdo cuál fue el último post que escribí, pero el que sí recuerdo es en el que hablaba de Manuel —porque acabo de abrir en enlace, lol—. El tiempo pasó muy rápido y muchas cosas cambiaron. Terminé con él. Sí, ahora fui yo quien terminó una relación. Nunca me imaginé que eso sucedería porque les juro que lo quise mucho, pero aparentemente eso no era recíproco. Ya después les contaré de eso porque, a pesar de que yo di por terminado eso una semana después de mi cumpleaños 27 —hace exactamente ocho meses—, apareció de pronto en navidad, en año nuevo y a finales de enero y no fue nada agradable. Pero les digo que después hablaré de eso y de mi posterior regreso con Zam porque el motivo de mi regreso al blog es otro muy distinto.
La razón por la que regresé es porque quiero escribir mis feels como lo hacía antes, porque de verdad necesito algo así como mi safe space para desahogar todo lo que traigo en mi cabeza. Encontré hace poco una imagen que se llama Year in Pixels. Es un calendario muy burdo en el que coloreas el cuadrito correspondiente de cada día de acuerdo a una tabla de colores donde cada uno representa una emoción con la que definirías ese día.
Adjunto ejemplo (clic sobre la imagen para ver más grande):
«¿Adjunto ejemplo?» ¿Qué me pasa? Soné súper godínez. >:(
Entonces, decidí que para complementar este registro vendría, en la medida de lo posible, a escribir cómo estuvo mi día. Así nada más. Por el puro gusto y por tener más claro por qué me siento de tal o cual ánimo y hacer el balance general (¿balance general? ¿Otra vez godineando?) a finales de diciembre. No importa que ya haya transcurrido un mes y medio del año.
También adjunto el link de descarga del que yo hice aquí por si quieren imprimirlo, es tamaño carta.
Dicho todo esto, empiezo con el día de hoy.
Ando muy contentilla porque en la mañana, el dueño de la agencia donde trabajo me pidió que subiera a su oficina para hablar de un tema importante. Al principio sí me asusté porque minutos antes estaba quejándome de una brand leader de la oficina que está toda torpe y no sabe explicar las cosas que necesita; incluso creo que mi tono de voz fue bastante alto y me dio miedo que las otras brand torpes me hubieran escuchado y hubieran ido a acusarme, lol. Pero nada de eso sucedió, al contrario: el jefe quería hablar conmigo para primero, preguntarme cómo me he sentido a lo largo de estos meses trabajando en la agencia, y después de responderle que ha sido satisfactorio y productivo, hacerme saber que me iban a dar un incremento en el sueldo que correría a partir de esta quincena; además, tendría que enviarle mi RFC con homoclave y algo del seguro social para darme de alta en esas cosas que después te sirven para cotizar semanas de antigüedad. O sea, llevaba desde mayo que entré, sin prestaciones de ley. :( Pero ya me las van a dar. :)
Sin embargo, lo que me hizo más feliz de todo esto fue que su opinión sobre mí y mi trabajo es que es muy bueno, que está bien con lo que ha visto que hago y que la opinión general de la gente con la que trabajo también es positiva: que entrego rápido los pendientes, que soy bien hecha y comprometida. Y que lo único en lo que tengo que trabajar es en integrarme más con el equipo en el sentido de no tener miedo de preguntar cómo hacer algo que no sé; vaya, pedirle ayuda a mis compañeros que tienen más experiencia. Yo siento que sí lo hago, pero si me lo dijo fue por algo y estoy bien con eso. Le haré caso.
En otros temas, he estado tratando de mejorar mis hábitos de alimentación porque hace unos días tenía una sensación extraña en los brazos, como si se me cortara la circulación cuando los alzaba para peinarme, por ejemplo, o por el simple hecho de tenerlos flexionados. Ahora que lo pienso, se lo achaco a haber comido sushi muy seguido en ¿dos semanas? ¿Tres, tal vez? Porque ya tengo otras tres semanas sin comer sushi y ya no he tenido esa sensación. Dicen que los mariscos tienen mercurio y colesterol, quizá haya sido una especie de sobredosis o algo así. Así que decidí desayunar más saludable: llevo fruta picada, a veces avena, y sándwich de queso en pan integral a la oficina y me preparo un té allá porque no me da tiempo de desayunar en casa. Por lo mismo, procuro cenar un poquito tarde para que no sean tantas las horas de ayuno hasta el día siguiente. Pero a la hora de la comida es cuando más trabajo me cuesta porque aunque quedo satisfecha, me da mucho antojo de ir por helado o papitas con salsa inglesa y, ay, ya se me hizo agua la boca. :( A veces tengo tanto trabajo que se me olvida ir a la tienda o a los helados y cuando salgo de la oficina ya ni tengo el antojo porque siento que ya no son horas de comer chatarra. Pero cuando sí es muy fuerte el antojo no puedo resistirme. ¿Cómo le hacía a los 20 años para tener tanta fuerza de voluntad? :( En general creo que no voy tan mal pero sé que puedo ir mejor. Espero lograrlo.
También me prometí ir a dormir temprano y en eso sí he estado fallando durísimo. Por ejemplo, ahorita. Empecé a escribir este post a las 23h cuando a esa hora ya debería estar envuelta en las cobijas, aunque hoy decidí hacer una excepción porque a Zam le faltaba una hora de estudio y yo decidí hacer tiempo escribiendo esto.
Ya voy a desmaquillarme y prepararme para dormir.
Gracias por leer hasta aquí, regreso mañana y esta vez sí es en serio. :)
01 junio 2016
Resumen tardío del 2015, parte 2: Manuel.
Manuel.
Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.
Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.
Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3
Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.
Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.
Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.
Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.
Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3
Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.
Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.
Resumen tardío del 2015, parte 1: El caos.
Uf, damn 2015, qué año. Sé que otra vez me desaparecí mucho tiempo y ahora que regresé, pensé primero en escribir un post por cada día relevante, pero la verdad es que fueron tantos que mejor decidí escribir el resumen de todo lo que dejé sin concluir y extenderme un poquito más en un par de asuntos más importantes. Vaya que la segunda mitad del año fue vertiginosa.
El resumen
Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.
Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.
Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.
Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.
Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.
Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.
Así fue la primera mitad de mi 2015.
El resumen
Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.
Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.
Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.
Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.
Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.
Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.
Así fue la primera mitad de mi 2015.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ALAN Z.,
ATTITUDE,
DAMN,
HÉCTOR,
JAVIER
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16 abril 2015
No siempre puedo tener 16 años
Otra vez es de madrugada y ya debería estar durmiendo; hoy con más razón porque Héctor está de viaje y seguro me va a mensajear a las 6:00 o 7:00 h de aquí (por la diferencia de horarios). Pero en lugar de eso, escribo esta entrada porque me siento inspirada y porque me gustaría escribir más seguido.
Es sobre la edad. Últimamente he hecho hincapié en que ya casi tengo 25 años, ya sea aquí o en twitter, y no sé si se trate de una crisis porque no siento que esté actuando a destiempo haciendo ahora lo que no pude hacer algunos años atrás, pero han sucedido varias situaciones que me han hecho preguntarme si en realidad sea una pequeña crisis o si sólo son alucinaciones mías.
En parte es por lo de mi titulación. ¡Así es! Ya casi me titulo, este es el año. Para el trámite, la universidad me pide el certificado del bachillerato, pero resulta que por más que busqué, no lo tengo en casa. Atravesé toda la ciudad para llegar a la rectoría y preguntar si estaba ahí, pero me mostraron un documento en el que firmé de recibido y que ellos ya no lo tenían, por lo que entonces me quedaban dos opciones:
a) Seguir buscando como loca en la casa
b) Preguntar en el bachillerato por la reposición
Y como eso de buscar en la casa no sonaba tan divertido, opté por la segunda. Ese día después del viaje inútil a rectoría, antes de las vacaciones de Semana Santa, pasé al bachillerato a pedir información y me dijeron que sí realizan el trámite y que no es tan tardado, en 30 días hábiles ya está listo. Sólo requerían un pago y un par de fotos. Llegar a la escuela fue… raro. El vigilante me reconoció de inmediato, nos saludamos con mucho gusto y luego de contarle por qué me aparecí tan inesperadamente me dejó pasar a Control Escolar.
Por alguna razón que desconozco (la verdad es que perdí la noción del tiempo), apenas esta semana regresé para hacer el pago y entregar las fotos. Volví a platicar un poquito con el vigilante y recordé cuando el señor me preguntaba por Mayra. Ay, Mayra. Mayra fue la persona más importante para mí en esa época. A resumidas cuentas, Mayra me dejó poner mi nombre en un trabajo de Fotografía cuando el resto del salón dejó de hablarme de repente aún cuando casi los tres años me porté súper grosera con ella. Pero mi forma de ser tan miserable de preparatoriana no es el tema principal de esto, así que continúo con lo importante.
Procedí a entregar los documentos a Control Escolar y la secretaria me dijo que me llamaría en cuanto tuviera el certificado. A los pocos días de la primera visita a la escuela empezaron los conflictos de la edad, pues en casa encontré una libretita en la que apuntaba las canciones que más me gustaban en esos tiempos, separadas por ciclo escolar (secundaria) o semestre (prepa). Se me ocurrió hacer una selección —porque algunas sí son muy vergonzosas— para armar un playlist en Spotify al que nombré «Siempre puedo tener 16 años». Ese título es más bien simbólico, porque así como recuerdo que fui la persona más miserable y maldita, también sé que tuve una seguridad en mí misma muy grande para actuar sin miedo al ridículo o a la opinión ajena y eso pretendí rescatar con el playlist.
Con el pretexto de buscar el certificado, comencé a poner orden en mi cuarto y a depurar todo aquello que ya no me sirviera. Saqué mucha basura, sí, pero entre las cosas que encontré, estaban mis diarios de secundaria y prepa. Algo así como este blog, pero en papel y más ridícula. Volví a leer los de secundaria junto con mi hermano y nos reímos mucho, pero al día siguiente los tiré. El de prepa lo encontré hace un par de días, lo leí a solas y no lo he tirado… Es que es diferente. Ahí me leí como si se tratara de otra persona; una Xim que sentía intensamente y que era demasiado inocente como para ver la maldad en otra gente, por eso le hicieron tanto daño. No le tengo lástima, es sólo que si hubiera sabido lo que ahora sé, habría evitado desgastarse inútilmente con tantas personas estúpidas y dañinas incluído su papá. Me habría gustado que supiera que no todo era tan malo como parecía.
Respecto al playlist, se trata de un montón de canciones pop mainstream en español —excepto la de JD Natasha; respect Natasha, motherf*ckers!— y me sorprendí de cómo es que pudieron gustarme, pero cuando las volví a escuchar me movieron fibras muy profundas y entonces lo entendí. Primero, me quedó claro aquello de la seguridad en mí que quería recuperar a esos niveles (sin ser miserable otra vez, claro está), y en segundo lugar, son canciones tan mías que no tendría razón para sentir culpa por escucharlas. Tercero, me ayudaron a ver en retrospectiva lo mucho que he avanzado y de alguna manera me dieron pauta para saber hacia dónde ir.
Todo esto me inspiró también para escribir las dos entradas anteriores. Cada día que pasa me siento más segura de mis pasos, no sólo con Héctor, sino en todos los aspectos de mi vida. Recordarme así a los 16 estando tan cerca de los 25 me hizo ver que quiero llegar al primer cuarto de siglo:
• Sin miedo a enfrentar a la gente que quisiera hacerme enojar.
• Sacando de mi vida lo que ya no me sirva, simbólica y literalmente hablando, incluyendo personas y rencores.
• Viviendo libre bajo lo que yo crea, quiera y desee. Mención especial en este punto a Mare.
• Saludable, fuerte y equilibrada.
• Dejando de postergar los deberes.
Así que lo que sigue es llevar estos puntos a cabo. No me quiero detener por miedo. Hola, primeros 25 años.
Es sobre la edad. Últimamente he hecho hincapié en que ya casi tengo 25 años, ya sea aquí o en twitter, y no sé si se trate de una crisis porque no siento que esté actuando a destiempo haciendo ahora lo que no pude hacer algunos años atrás, pero han sucedido varias situaciones que me han hecho preguntarme si en realidad sea una pequeña crisis o si sólo son alucinaciones mías.
En parte es por lo de mi titulación. ¡Así es! Ya casi me titulo, este es el año. Para el trámite, la universidad me pide el certificado del bachillerato, pero resulta que por más que busqué, no lo tengo en casa. Atravesé toda la ciudad para llegar a la rectoría y preguntar si estaba ahí, pero me mostraron un documento en el que firmé de recibido y que ellos ya no lo tenían, por lo que entonces me quedaban dos opciones:
a) Seguir buscando como loca en la casa
b) Preguntar en el bachillerato por la reposición
Y como eso de buscar en la casa no sonaba tan divertido, opté por la segunda. Ese día después del viaje inútil a rectoría, antes de las vacaciones de Semana Santa, pasé al bachillerato a pedir información y me dijeron que sí realizan el trámite y que no es tan tardado, en 30 días hábiles ya está listo. Sólo requerían un pago y un par de fotos. Llegar a la escuela fue… raro. El vigilante me reconoció de inmediato, nos saludamos con mucho gusto y luego de contarle por qué me aparecí tan inesperadamente me dejó pasar a Control Escolar.
Por alguna razón que desconozco (la verdad es que perdí la noción del tiempo), apenas esta semana regresé para hacer el pago y entregar las fotos. Volví a platicar un poquito con el vigilante y recordé cuando el señor me preguntaba por Mayra. Ay, Mayra. Mayra fue la persona más importante para mí en esa época. A resumidas cuentas, Mayra me dejó poner mi nombre en un trabajo de Fotografía cuando el resto del salón dejó de hablarme de repente aún cuando casi los tres años me porté súper grosera con ella. Pero mi forma de ser tan miserable de preparatoriana no es el tema principal de esto, así que continúo con lo importante.
Procedí a entregar los documentos a Control Escolar y la secretaria me dijo que me llamaría en cuanto tuviera el certificado. A los pocos días de la primera visita a la escuela empezaron los conflictos de la edad, pues en casa encontré una libretita en la que apuntaba las canciones que más me gustaban en esos tiempos, separadas por ciclo escolar (secundaria) o semestre (prepa). Se me ocurrió hacer una selección —porque algunas sí son muy vergonzosas— para armar un playlist en Spotify al que nombré «Siempre puedo tener 16 años». Ese título es más bien simbólico, porque así como recuerdo que fui la persona más miserable y maldita, también sé que tuve una seguridad en mí misma muy grande para actuar sin miedo al ridículo o a la opinión ajena y eso pretendí rescatar con el playlist.
Con el pretexto de buscar el certificado, comencé a poner orden en mi cuarto y a depurar todo aquello que ya no me sirviera. Saqué mucha basura, sí, pero entre las cosas que encontré, estaban mis diarios de secundaria y prepa. Algo así como este blog, pero en papel y más ridícula. Volví a leer los de secundaria junto con mi hermano y nos reímos mucho, pero al día siguiente los tiré. El de prepa lo encontré hace un par de días, lo leí a solas y no lo he tirado… Es que es diferente. Ahí me leí como si se tratara de otra persona; una Xim que sentía intensamente y que era demasiado inocente como para ver la maldad en otra gente, por eso le hicieron tanto daño. No le tengo lástima, es sólo que si hubiera sabido lo que ahora sé, habría evitado desgastarse inútilmente con tantas personas estúpidas y dañinas incluído su papá. Me habría gustado que supiera que no todo era tan malo como parecía.
Respecto al playlist, se trata de un montón de canciones pop mainstream en español —excepto la de JD Natasha; respect Natasha, motherf*ckers!— y me sorprendí de cómo es que pudieron gustarme, pero cuando las volví a escuchar me movieron fibras muy profundas y entonces lo entendí. Primero, me quedó claro aquello de la seguridad en mí que quería recuperar a esos niveles (sin ser miserable otra vez, claro está), y en segundo lugar, son canciones tan mías que no tendría razón para sentir culpa por escucharlas. Tercero, me ayudaron a ver en retrospectiva lo mucho que he avanzado y de alguna manera me dieron pauta para saber hacia dónde ir.
Todo esto me inspiró también para escribir las dos entradas anteriores. Cada día que pasa me siento más segura de mis pasos, no sólo con Héctor, sino en todos los aspectos de mi vida. Recordarme así a los 16 estando tan cerca de los 25 me hizo ver que quiero llegar al primer cuarto de siglo:
• Sin miedo a enfrentar a la gente que quisiera hacerme enojar.
• Sacando de mi vida lo que ya no me sirva, simbólica y literalmente hablando, incluyendo personas y rencores.
• Viviendo libre bajo lo que yo crea, quiera y desee. Mención especial en este punto a Mare.
• Saludable, fuerte y equilibrada.
• Dejando de postergar los deberes.
Así que lo que sigue es llevar estos puntos a cabo. No me quiero detener por miedo. Hola, primeros 25 años.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ATTITUDE,
GIRLY / CURSI,
HÉCTOR
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11 abril 2015
Cuando lo conocí tenía 16…, pt. 1
Se supone que ya debería estar dormida o de lo contrario no podré levantarme temprano (sí, aunque sea sábado), así que intentaré no tardar mucho redactando el post de hoy.
Quería venir a contarles que traigo un montón de sentimientos encontrados desde hace un par de semanas. Conocí a alguien nuevo, se llama Héctor y me lo presentó Valeria, mi mejor amiga, el día del concierto de Sonata Arctica (domingo, 22 de marzo). Que, por cierto, estuvo de lujo; lo disfruté muchísimo, especialmente cuando tocaron I Have A Right, pero ése tal vez sea tema de otro post. O tal vez no. Hay que mencionar que Héctor es compañero/amigo del trabajo de Valeria.
Damn, me he desconectado tanto de la compu que ahora tengo muchos typos mientras escribo en el teclado. El teléfono me está haciendo mal. :(
Ese día quedé de verme con Valeria para ir a la Cineteca, porque Héctor quería ver Whiplash y le preguntó si ella podría acompañarlo; Valeria le explicó que ya tenía plan conmigo pero él le respondió que no tenía problema en ir a dejarnos al concierto después de la función, así que estuvo bien. Al día siguiente, Héctor me agregó a facebook pero no fue sino hasta en la noche que comenzamos a escribirnos por el chat. Bueno, él lo hizo primero. Fue una plática… cool, me cayó bien, y después de contarme que su postre favorito era el pay de limón y responderle que el mío no queda nada mal —modesta la muchacha, ¿verdad?— me invitó a salir por uno en el transcurso de la semana a un café que le queda cerca del trabajo. Ese día fue increíble porque por la mañana fui a una entrevista de trabajo de la que sí escribiré más adelante, pero por ahora puedo decir que todo salió perfectamente bien; por la tarde regresé a casa y después de regresar de nuevo porque tuve que ir al banco, me arreglé para la cita. La verdad es que sí estaba emocionada por verlo y como me había hablado maravillas de ese pay, no podía dejar de probarlo. Quedamos de vernos por la tarde-noche en una estación de metrobús y de ahí caminaríamos al café.
La velada fue maravillosa. Héctor resultó ser muy agradable y muy interesante: no hubo un solo momento de silencios incómodos en la plática. También fue comprensivo cuando le expliqué que olvidé llevarle mi portafolio como le había prometido y que, no sólo eso, sino que me percaté de que no traía mi cartera cuando llegué a la estación del metrobús. El problema no era pagar mi cuenta pues se trataba de una invitación, sino que entonces no habría tenido modo de regresarme sola si algo salía mal porque además tenía poco saldo en el celular como para pedir un taxi de app y mi tarjeta del DF estaba en ceros. Pero nada de eso sucedió y él, muy amablemente, me dijo que no me preocupara por la cuenta del café. Y al final me llevó de regreso a casa; su coche estaba a unas cuadras de ahí.
El domingo por la tarde volvimos a vernos y como en esta ocasión era mi turno de elegir lugar, le sugerí la heladería bonita que conocí gracias a Efren. Quedó encantado, o eso dijo: la música era agradable, el menú era amplio y los postres deliciosos. Después de refrescarnos por el calor tan insano que hacía ese día fuimos a caminar por las calles cercanas. Debo señalar que no son muy seguras, pero algo me decía en el fondo que no pasaría nada y que si así fuera, mejor ni lo pensara. Fue muy divertido caminar con él mientras me contaba sobre su vida, sus pasatiempos, su trabajo… además del ataque de cosquillas que me hizo. Nunca aguanto mucho tiempo las cosquillas y me rindo muy rápido porque no puedo dejar de reír, pero me agradaba pensar en la idea de quedar rodeada en sus brazos. Ya saben, romántica la mujer, igual que cuando le pedí que me enseñara algunos pasos de baile. Y luego fuimos a un bar bonito en la Roma-Condesa que tenía una terraza fabulosa. Me mareé un poco con la bebida, pero se me quitó con la comida y la plática. Al cabo de un rato me regresó a casa, pero antes de bajarme del coche me abrazó y me dio un beso tan largo y tan delicioso que sonrío cuando lo recuerdo.
Y el miércoles nos vimos de nuevo porque él tenía ganas de ir a Coyocán. Para mí fue inevitable recordar la última vez que estuve ahí por el incómodo de Roberto, pero meh. ¿Han escuchado esa frase que dice que los caballeros no tienen memoria? Pues las damas tampoco. ¡Les digo que soy una romántica! Aunque, eso sí, me enojé cuando vi a Héctor porque me dejó esperándolo media hora. Una hora antes de lo acordado me avisó que llegaría tarde y fijó otra hora con la que no tuve problema porque yo también sentía que iba algo tarde —y terminé llegando a la hora original—, pero cuando fue la nueva hora me avisó que tardaría aún más. No sabía si esperarlo o irme porque, de verdad, no saben cuánto odio que me hagan eso. Cuando al fin llegó y me subí al coche, me metí en mi papel de mujer enojada y le advertí que fuera la última vez que hiciera eso. Ja, ya me imagino cómo se debió haber sentido, pero ni modo. Y en realidad no estaba tan enojada como lo fingí, pero como le dije a Franco: es la única forma que tengo de educar a la gente con mi tiempo, aún si se trata de alguien que me guste mucho, como Héctor.
Regresando al tema de la cita, en vez de pensar en aquella salida con Roberto, estuve observando las calles y casi de inmediato reconocí algunas por donde ya había pasado mientras imaginaba el café y los churros tan ricos de los que Héctor me hablaba. Entonces, después de estacionarnos fuimos a conseguirlos y luego buscamos una banca para sentarnos. No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero de nuevo terminé encantada con su plática. A veces me trollea y es divertido también. Caminamos otro poco y luego me regresó a casa. Y sí, antes de bajar del coche me besó otra vez y me volvió a gustar. Me hizo estremecer, de verdad. No puedo esperar para verlo de nuevo.
Sé que sonará demasiado apresurado, pero siento que podría querer intensamente a este hombre. Físicamente, me encanta que sea alto; por lo demás, sus pláticas siempre son divertidas; es interesante: tiene dos ingenierías y una maestría, toma clases de guitarra y de salsa, sabe aikido y algo de krav maga, habla alemán y japonés, da clases de ingeniería en una universidad y… es unos años mayor que yo. Sí, ya sé que la edad no es garantía de nada —de hecho, nada lo es—, pero este detalle me llama la atención porque no acostumbro salir con chicos que me llevan algo de tiempo. En realidad no es tanto… creo; son seis años. La última vez que salí con alguien que me llevaba seis años fue en la universidad, con Adán; yo tenía 19. Fue un fracaso y no duramos ni un mes, pero viéndolo en retrospectiva, en parte fue porque él ¡obviamente! ya no era de manita sudada y yo aún tenía miedo de pensar en tener sexo porque me parecía muy pronto. De hecho, ahora que lo pienso, sí era muy inmadura y miedosa para muchas cosas. Luego, Alan M., que me llevaba cinco: yo tenía 21 y él, 26. Tampoco funcionó, pero duramos unos meses más. Aunque ahora que he estado saliendo con Héctor, siento que ya no soy esa de antes y que ya no hay razón para sentir los miedos de entonces. Me gusta mucho cómo me abraza para besarme y lo que me provoca después del beso, pero aún no le dejo acariciarme más de lo debido y mucho menos pensaría en acostarme con él si llevo tan poco tiempo de conocerlo.
Pero a veces me siento como en ciertos versos de la canción Tatuaje, de JD Natasha:
Y yo no quiero quedarme ciega, pero sí me veo viviendo cosas muy intensas a su lado aún sabiendo el riesgo de quedar tatuada que ello implica.
Quería venir a contarles que traigo un montón de sentimientos encontrados desde hace un par de semanas. Conocí a alguien nuevo, se llama Héctor y me lo presentó Valeria, mi mejor amiga, el día del concierto de Sonata Arctica (domingo, 22 de marzo). Que, por cierto, estuvo de lujo; lo disfruté muchísimo, especialmente cuando tocaron I Have A Right, pero ése tal vez sea tema de otro post. O tal vez no. Hay que mencionar que Héctor es compañero/amigo del trabajo de Valeria.
Damn, me he desconectado tanto de la compu que ahora tengo muchos typos mientras escribo en el teclado. El teléfono me está haciendo mal. :(
Ese día quedé de verme con Valeria para ir a la Cineteca, porque Héctor quería ver Whiplash y le preguntó si ella podría acompañarlo; Valeria le explicó que ya tenía plan conmigo pero él le respondió que no tenía problema en ir a dejarnos al concierto después de la función, así que estuvo bien. Al día siguiente, Héctor me agregó a facebook pero no fue sino hasta en la noche que comenzamos a escribirnos por el chat. Bueno, él lo hizo primero. Fue una plática… cool, me cayó bien, y después de contarme que su postre favorito era el pay de limón y responderle que el mío no queda nada mal —modesta la muchacha, ¿verdad?— me invitó a salir por uno en el transcurso de la semana a un café que le queda cerca del trabajo. Ese día fue increíble porque por la mañana fui a una entrevista de trabajo de la que sí escribiré más adelante, pero por ahora puedo decir que todo salió perfectamente bien; por la tarde regresé a casa y después de regresar de nuevo porque tuve que ir al banco, me arreglé para la cita. La verdad es que sí estaba emocionada por verlo y como me había hablado maravillas de ese pay, no podía dejar de probarlo. Quedamos de vernos por la tarde-noche en una estación de metrobús y de ahí caminaríamos al café.
La velada fue maravillosa. Héctor resultó ser muy agradable y muy interesante: no hubo un solo momento de silencios incómodos en la plática. También fue comprensivo cuando le expliqué que olvidé llevarle mi portafolio como le había prometido y que, no sólo eso, sino que me percaté de que no traía mi cartera cuando llegué a la estación del metrobús. El problema no era pagar mi cuenta pues se trataba de una invitación, sino que entonces no habría tenido modo de regresarme sola si algo salía mal porque además tenía poco saldo en el celular como para pedir un taxi de app y mi tarjeta del DF estaba en ceros. Pero nada de eso sucedió y él, muy amablemente, me dijo que no me preocupara por la cuenta del café. Y al final me llevó de regreso a casa; su coche estaba a unas cuadras de ahí.
El domingo por la tarde volvimos a vernos y como en esta ocasión era mi turno de elegir lugar, le sugerí la heladería bonita que conocí gracias a Efren. Quedó encantado, o eso dijo: la música era agradable, el menú era amplio y los postres deliciosos. Después de refrescarnos por el calor tan insano que hacía ese día fuimos a caminar por las calles cercanas. Debo señalar que no son muy seguras, pero algo me decía en el fondo que no pasaría nada y que si así fuera, mejor ni lo pensara. Fue muy divertido caminar con él mientras me contaba sobre su vida, sus pasatiempos, su trabajo… además del ataque de cosquillas que me hizo. Nunca aguanto mucho tiempo las cosquillas y me rindo muy rápido porque no puedo dejar de reír, pero me agradaba pensar en la idea de quedar rodeada en sus brazos. Ya saben, romántica la mujer, igual que cuando le pedí que me enseñara algunos pasos de baile. Y luego fuimos a un bar bonito en la Roma-Condesa que tenía una terraza fabulosa. Me mareé un poco con la bebida, pero se me quitó con la comida y la plática. Al cabo de un rato me regresó a casa, pero antes de bajarme del coche me abrazó y me dio un beso tan largo y tan delicioso que sonrío cuando lo recuerdo.
Y el miércoles nos vimos de nuevo porque él tenía ganas de ir a Coyocán. Para mí fue inevitable recordar la última vez que estuve ahí por el incómodo de Roberto, pero meh. ¿Han escuchado esa frase que dice que los caballeros no tienen memoria? Pues las damas tampoco. ¡Les digo que soy una romántica! Aunque, eso sí, me enojé cuando vi a Héctor porque me dejó esperándolo media hora. Una hora antes de lo acordado me avisó que llegaría tarde y fijó otra hora con la que no tuve problema porque yo también sentía que iba algo tarde —y terminé llegando a la hora original—, pero cuando fue la nueva hora me avisó que tardaría aún más. No sabía si esperarlo o irme porque, de verdad, no saben cuánto odio que me hagan eso. Cuando al fin llegó y me subí al coche, me metí en mi papel de mujer enojada y le advertí que fuera la última vez que hiciera eso. Ja, ya me imagino cómo se debió haber sentido, pero ni modo. Y en realidad no estaba tan enojada como lo fingí, pero como le dije a Franco: es la única forma que tengo de educar a la gente con mi tiempo, aún si se trata de alguien que me guste mucho, como Héctor.
Regresando al tema de la cita, en vez de pensar en aquella salida con Roberto, estuve observando las calles y casi de inmediato reconocí algunas por donde ya había pasado mientras imaginaba el café y los churros tan ricos de los que Héctor me hablaba. Entonces, después de estacionarnos fuimos a conseguirlos y luego buscamos una banca para sentarnos. No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero de nuevo terminé encantada con su plática. A veces me trollea y es divertido también. Caminamos otro poco y luego me regresó a casa. Y sí, antes de bajar del coche me besó otra vez y me volvió a gustar. Me hizo estremecer, de verdad. No puedo esperar para verlo de nuevo.
Sé que sonará demasiado apresurado, pero siento que podría querer intensamente a este hombre. Físicamente, me encanta que sea alto; por lo demás, sus pláticas siempre son divertidas; es interesante: tiene dos ingenierías y una maestría, toma clases de guitarra y de salsa, sabe aikido y algo de krav maga, habla alemán y japonés, da clases de ingeniería en una universidad y… es unos años mayor que yo. Sí, ya sé que la edad no es garantía de nada —de hecho, nada lo es—, pero este detalle me llama la atención porque no acostumbro salir con chicos que me llevan algo de tiempo. En realidad no es tanto… creo; son seis años. La última vez que salí con alguien que me llevaba seis años fue en la universidad, con Adán; yo tenía 19. Fue un fracaso y no duramos ni un mes, pero viéndolo en retrospectiva, en parte fue porque él ¡obviamente! ya no era de manita sudada y yo aún tenía miedo de pensar en tener sexo porque me parecía muy pronto. De hecho, ahora que lo pienso, sí era muy inmadura y miedosa para muchas cosas. Luego, Alan M., que me llevaba cinco: yo tenía 21 y él, 26. Tampoco funcionó, pero duramos unos meses más. Aunque ahora que he estado saliendo con Héctor, siento que ya no soy esa de antes y que ya no hay razón para sentir los miedos de entonces. Me gusta mucho cómo me abraza para besarme y lo que me provoca después del beso, pero aún no le dejo acariciarme más de lo debido y mucho menos pensaría en acostarme con él si llevo tan poco tiempo de conocerlo.
Pero a veces me siento como en ciertos versos de la canción Tatuaje, de JD Natasha:
“Vengo para liberarme de mi estúpida inocencia”El resto de la canción no tiene mucho qué ver con cómo me siento porque habla de que el hombre del que se enamoró la dejó, pero sí me identifico con la manera tan intensa que ella cuenta que lo quiso porque le dejó recuerdos muy marcados… como tatuajes. También habla de cuánto puedes llegar a cambiar tu esencia cuando quieres o crees querer a alguien con tal intensidad porque te deslumbra tanto que te deja ciega.
“Cuando lo conocí tenía 16,
me enamoré de sus ojos que me desnudaban”
“Sin querer me hipnotizó con su sexy inmoralidad”
Y yo no quiero quedarme ciega, pero sí me veo viviendo cosas muy intensas a su lado aún sabiendo el riesgo de quedar tatuada que ello implica.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ATTITUDE,
HÉCTOR,
VALERIA
3 comentarios:
02 marzo 2015
I guess we can just agree to disagree, pt. 2
He aquí el review con mis conclusiones del post anterior. Durante gran parte del día me dediqué a pensar lo que escribí, a recordar experiencias anteriores y a definir qué es lo que quiero y por qué actúo como lo hago. Enumeré todos los puntos, aunque no necesariamente tengan continuidad unos con otros; los escribí según los fui pensando.
1
En primer lugar, recordé que Daniel tenía una manera similar de pensar a Roberto. Así empezó con Vicky y creo que ya llevan más de un año juntos. Qué bueno por ellos si les funcionó irse a la cama y luego ver si aparecía algún sentimiento después del sexo. Yo no pienso así y así he estado perfecto durante estos años, y es una pena por Roberto que él no lo entienda, pero tampoco voy a desgastarme discutiendo con alguien que no entiende razones.
2
Haciendo memoria, recordé un post que escribí aquí cuando apenas empezaba el blog. Lo enlazaría, pero lo borré. Tenía 19 años y en ese entonces me gustaba mucho un dude de otro grupo de la carrera que se llamaba Samuel. Un día al final del trimestre, después de clases, me lo encontré cerca de los talleres de Industrial. Después de vagar por un poco por los pasillos de la escuela nos encerramos en un salón vacío para besarnos y fajar. Al principio me sentí otra persona, pues había hecho algo que nunca antes y extrañamente me sentí bien: atrevida, diferente y renovada. Creí que al cabo de unos días él llegaría a decirme que quería algo más formal, pero lo que encontré fue peor: el día de la exposición de trabajos finales lo vi abrazando de la cintura y besando a una chica mucho mejor: guapa, delgada, bien vestida y maquillada. Todo lo contrario a lo que era yo en ese momento: gorda, medio fodonga
para vestir, no me maquillaba y tenía el cutis lleno de acné. Me sentí chinche y quise salir corriendo de ahí. Pasó mucho tiempo para que volviera a sentirme tan ligera como el día del encerrón.
3
La siguiente vez fue a los 21. Sexteé con un follower —a quien llamaremos F y que nunca me gustó físicamente— durante algunos días, pero de él no hay mucho qué contar pues desapareció al cabo de un par de semanas y no volví a saber de él hasta hace unos meses. Sólo lo vi una vez, antes del sexteo y nunca volvimos a tocar el tema. Luego de otro par de años, mientras le platicaba a Mique sobre F le confesé lo que hice y el nulo gusto que le tenía, a lo que me respondió:—Si el dude no te iba, ¿por qué sexteaste?Luego llegó Alan M. y olvidé ese mood despreocupado. En ese momento decidí de nuevo que eso no era lo mío.
—Pues porque estaba en un mood tan despreocupado, que me importaba un pepino lo que sucediera con X o Y dude.
—¿Qué despreocupada, eh? Qué valemadres…
4
Entonces, ayer por la mañana recordé la pregunta de Mique pero en el transcurso de la tarde con Roberto pensé que no perdía nada por algunos besos, y en caso de que me gustaran, yo decidiría si le seguía el paso para dejarme llevar, por eso le correspondí el primero que me robó. Pero no fue así y como faltaba poco tiempo para irnos, pues ya me dio lo mismo recibirle los siguientes besos. Y decidí por tercera vez que eso de ser tan ligera no iba conmigo, aunque en esta ocasión ya estoy segura de ello.
5
Entre otras cosas, Roberto decía que mientras llega tu media naranja, ve comiendo mandarinas.
Pero no quiero comer mandarinas ahora. Estando a unos meses de llegar a mi primer
cuarto de siglo, cada vez estoy más segura de mis decisiones y si no
quiero mandarinas porque no se me antojan, ¡no tengo por qué comerlas,
carajo! También decía que por estar esperando a una persona más
compatible con mi manera de pensar podría estar dejando pasar muchas
oportunidades. ¿Y saben qué? Me vale tres hectáreas de invertebrada
porque esperar no representa un problema para mí. Esperé mucho tiempo
para que llegara Alan Zam y aunque ya no está, tengo la certeza de que
así como él llegó, llegará alguien más. Tengo muchas cosas de qué
ocuparme mientras espero, así que no estaré aburriéndome.
6
Por la tarde le conté a mi hermano de la salida con Roberto, con
detalles y contexto. Mi hermano es mi confidente y aunque es cinco años
menor que yo, podemos hablar perfectamente de cualquier tema, así que
después de contarle todo, en pocas palabras, dijo lo que ya se sabe:
Roberto es un imbécil y me aconsejó no seguir hablando con él. Por
supuesto que no seguiré haciéndolo, y menos después de ese fracaso de
cita y de los tuits ardidos que ha estado escribiendo en forma de
indirectas. Aparte de imbécil, cobarde. Meh.
7
Sabía que no podía esperar mucho de alguien que ni siquiera hizo el esfuerzo de verme en alguna estación intermedia del metrobús porque la suya le quedaba a unos pasos de su casa, con el pretexto de que sería poco práctico verme más cerca para luego volver a la parada del bus. Y que al momento del regreso hacia nuestras casas ni siquiera me preguntó si podía acompañarme a la mía. Su máxima preocupación fue pedirme que le avisara cuando llegara. Al contrario, Alan M. sí me regresó desde la primera cita; Alan Z. también quiso hacerlo y aunque yo tenía que ver a Benito en su tienda, al menos me acompañó hasta la entrada. A lo que voy es que quería todo tan fácil y hacer el mínimo esfuerzo, que sólo puedo pensar: easy come, easy go.
8
Finalmente, quiero a mi lado a una persona que pueda seguirme el paso emocional, mental y sexualmente, no a alguien que quiera adelantarse con pretextos estúpidos y que no respete mis tiempos. Quiero a alguien con quién compartir parte de mi vida y estar atenta y presente en la suya y superar nuestras dificultades juntos por muy grandes que parezcan, en lugar de acobardarse en la primera. Quiero a alguien con quién celebrar mis triunfos, llorar mis tristezas, desahogar mis enojos y superar mis miedos sin sentirme ridícula por hacerlo. Quiero todo esto porque sé que puedo darlo y sabré esperar.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ALAN M.,
ALAN Z.,
ATTITUDE,
DAMN,
DANIEL,
GIRLY / CURSI,
XXIM RESPONDE
5 comentarios:
14 diciembre 2014
El último desvelo
…o el último post del 2O14 que originalmente había publicado en el otro blog. Enjoy!
Estas palabras, que escribí a una persona importante que ya forma parte de mis ganancias, son sólo una breve descripción de lo afortunada que fui este año. Di lo mejor en todo, de verdad, en todo. En los dos concursos grupales de danza donde participé ganamos el segundo lugar. En el maratón de danza no llegué a estar entre las finalistas, pero superé mi marca personal (de 2h12' a 3h55') con una gripe terrible encima. También terminé el servicio social y cada vez veo más cerca el día de recibir mi título y cédula. Y en la búsqueda de empleo descarté lugares que no me parecían tan buenos y fui rechazada de otros, pero esas entrevistas no fueron tiempo perdido porque me ayudaron a entrenarme para las siguientes y me sirvieron para encontrar un lugar muy bueno en el que estoy segura de querer quedarme y en el que, por cierto, desde el 6 de noviembre estoy en proceso de selección.
No fue, sin embargo, un año perfecto. También tuve muchos tropiezos y cometí errores: lastimé gente, fui lastimada y me lastimé a mí misma sintiéndome mediocre en varias ocasiones, impotente por no poder avanzar al ritmo que me hubiera gustado (aunque al final comprendí que a veces es mejor dar un paso a la vez) y frustrada por detenerme cuando no debí hacerlo. De igual manera, lloré todas las lágrimas que había acumulado durante meses y escupí mucho veneno de formas inapropiadas.
Pero viví la relación más constructiva, agridulce y libre que he tenido en mucho tiempo, que terminó como todo lo finito que existe y de la que no puedo decir más que cosas buenas —porque además me dejó una amiga nueva—. Fue medular en este recuento porque esa persona estuvo presente en todo lo que mencioné anteriormente y me hizo entender que en la medida que me esfuerce en lo que sea, obtendré una recompensa proporcional. En pocas palabras, fue una relación épica.
The aftermath
af•ter•math: n. 1. A consequence, esp. of a disaster or misfortune.
Fuente: The American Heritage Dictionary.
El año pasado, por el contrario, fue un aftermath y tuve que limpiar parte de los desastres que no provoqué. Fue de lágrimas, pérdidas, negación y rencor. Fue un 2013 triste y frustrante, ensombrecido por personas equivocadas y malas decisiones. Hubo decepciones y engaños y berrinches que ahora no son más que el recuerdo de un mal sueño.
A pesar de que también sucedieron cosas alegres y dignas de recordar en ese año, fueron muchas menos que en éste. Entre las que recuerdo, están haber terminado la escuela con buenas notas, las clases nocturnas de Fotografía, sacar adelante el horrible proyecto de titulación, las salidas random con Miguel y el descubrimiento de La Verdad, de Riikka Pulkkinen, en la FIL Minería; haber empezado mi pequeño negocio de sublimes postres, la celebración de mi cumpleaños en una pizzería con billar y el viaje a Vallarta. Y hasta ahí, porque desde días antes del cumpleaños comenzaron los meses difíciles.
Creo que por eso ahora me siento agradecida por este año. Mejoró mucho respecto al anterior, maduré en varios aspectos —y me tiene trabajando en otros— y ahora sólo puedo pedir que el siguiente sea aún mejor. Yo también lo seré.
❝ Faltan un par de semanas para que el año termine, y por cursi que parezca, por estas fechas tengo la costumbre de hacer un balance anual y uno semestral de las cosas que hice. Para mí es importante hacerlos porque me enriquece comparar mi año actual con el anterior. Y con el de este año me doy cuenta de que gané más de lo que perdí o dejé. ❞
Estas palabras, que escribí a una persona importante que ya forma parte de mis ganancias, son sólo una breve descripción de lo afortunada que fui este año. Di lo mejor en todo, de verdad, en todo. En los dos concursos grupales de danza donde participé ganamos el segundo lugar. En el maratón de danza no llegué a estar entre las finalistas, pero superé mi marca personal (de 2h12' a 3h55') con una gripe terrible encima. También terminé el servicio social y cada vez veo más cerca el día de recibir mi título y cédula. Y en la búsqueda de empleo descarté lugares que no me parecían tan buenos y fui rechazada de otros, pero esas entrevistas no fueron tiempo perdido porque me ayudaron a entrenarme para las siguientes y me sirvieron para encontrar un lugar muy bueno en el que estoy segura de querer quedarme y en el que, por cierto, desde el 6 de noviembre estoy en proceso de selección.
No fue, sin embargo, un año perfecto. También tuve muchos tropiezos y cometí errores: lastimé gente, fui lastimada y me lastimé a mí misma sintiéndome mediocre en varias ocasiones, impotente por no poder avanzar al ritmo que me hubiera gustado (aunque al final comprendí que a veces es mejor dar un paso a la vez) y frustrada por detenerme cuando no debí hacerlo. De igual manera, lloré todas las lágrimas que había acumulado durante meses y escupí mucho veneno de formas inapropiadas.
Pero viví la relación más constructiva, agridulce y libre que he tenido en mucho tiempo, que terminó como todo lo finito que existe y de la que no puedo decir más que cosas buenas —porque además me dejó una amiga nueva—. Fue medular en este recuento porque esa persona estuvo presente en todo lo que mencioné anteriormente y me hizo entender que en la medida que me esfuerce en lo que sea, obtendré una recompensa proporcional. En pocas palabras, fue una relación épica.
The aftermath
af•ter•math: n. 1. A consequence, esp. of a disaster or misfortune.
Fuente: The American Heritage Dictionary.
El año pasado, por el contrario, fue un aftermath y tuve que limpiar parte de los desastres que no provoqué. Fue de lágrimas, pérdidas, negación y rencor. Fue un 2013 triste y frustrante, ensombrecido por personas equivocadas y malas decisiones. Hubo decepciones y engaños y berrinches que ahora no son más que el recuerdo de un mal sueño.
A pesar de que también sucedieron cosas alegres y dignas de recordar en ese año, fueron muchas menos que en éste. Entre las que recuerdo, están haber terminado la escuela con buenas notas, las clases nocturnas de Fotografía, sacar adelante el horrible proyecto de titulación, las salidas random con Miguel y el descubrimiento de La Verdad, de Riikka Pulkkinen, en la FIL Minería; haber empezado mi pequeño negocio de sublimes postres, la celebración de mi cumpleaños en una pizzería con billar y el viaje a Vallarta. Y hasta ahí, porque desde días antes del cumpleaños comenzaron los meses difíciles.
Creo que por eso ahora me siento agradecida por este año. Mejoró mucho respecto al anterior, maduré en varios aspectos —y me tiene trabajando en otros— y ahora sólo puedo pedir que el siguiente sea aún mejor. Yo también lo seré.
12 agosto 2014
Mousse rico
¡Aloha! Varios de estos días no han sido muy emocionantes ni tan productivos hasta ahora —excepto hoy, hoy sí fue un buen día—, pero igual vendré a platicarles lo que ha sucedido.
En primer lugar, supongo que no me quedé en el lugar explotador que les conté porque no me han llamado para que regrese. Y qué bueno, porque no quería sufrir a lo uei. Después de esa ocasión no volví a buscar ofertas ni llamé a los otros lugares a donde mandé mi CV. No hice nada hasta hoy.
¡Maldita sea! ¡Y tampoco puedo escribir bien en el teclado con las uñas largas! >:(
Les decía, no había hecho nada hasta hoy. Por flojera, por indiferencia, por incongruente. No sé por qué, pero por algo no me había movido. Hasta que anoche, mientras hablaba por teléfono con Alan, me preguntó qué había hecho en el día, y le respondí que nada. Creo que sólo estuve jugando Candy Crush, pero no hice otra cosa. Y él sólo contestó un «chale…», para enseguida cambiar el tema de la conversación. Ese «chale…» sonó muy feo en mi mente. Sonó a que me estaba desperdiciando a mí misma, a que estaba perdiendo de vista la orilla por ir tan despreocupadamente a la deriva y a que si continuaba así, empezaría a perder cosas en verdad importantes. Ay ay. O en palabras más simples, corría el riesgo de que Alan se alejara de mí por improductiva e indiferente. Y no quería eso, así que tenía que hacer algo al respecto. Antes de ir a dormir hice una lista de cosas por hacer hoy y tenía que terminar la mayoría hoy, antes de salir de casa para ir al dentista, ¿y qué creen? Cumplí 8 de 11.
Tal vez mi motivación diaria se resuma a hacer listas antes de dormir.
En otras noticias, el sábado fue el festejo de cumpleaños de Fers y estuvo divertido, aún cuando Zam y yo fuimos los únicos que asistieron de entre todos sus invitados. :( ¡Y no fue Caro, yay! Haha, bueno, de cualquier forma no me iba a detener por esa mustia mujer, pero habría sido un poco incómodo. Y como no sabía qué darle de regalo a Fers, decidí que sería buena idea regalarle un postre porque, ¡dude, yo soy la amiga que prepara y vende los postres ricos! Por la mañana fui a desayunar antes de comprar los ingredientes, para empezar a prepararlo en cuanto regresara a casa. Y como me quedó bien rico, les voy a compartir la receta. :) Lo subrayado y con asterisquito son anotaciones mías.
Les juro que sabe delicioso, Fers lo comprobó. ;)
¿Qué mas he hecho…? Ah, junté mis dineros y me compré un nuevo iPhone. Está bien chulo, es el 5c,donde la C es para Croc. Madre me ayudó con el resto de los dineros y se lo iré pagando conforme pueda, pero tengo que saldarle antes de que termine octubre para no pagar los intereses del Sears de donde lo compramos. El miércoles pasado fui a comprarle una fundita de plástico, Zam me acompañó. Ahora siento que tengo de regreso parte de mí porque, vamos, todo el mundo tiene una parte de sí mismo guardada en su teléfono. Y estoy feliz.
Y ya. Ahora iré a desmaquillarme para ir a dormir. Buenas. :)
En primer lugar, supongo que no me quedé en el lugar explotador que les conté porque no me han llamado para que regrese. Y qué bueno, porque no quería sufrir a lo uei. Después de esa ocasión no volví a buscar ofertas ni llamé a los otros lugares a donde mandé mi CV. No hice nada hasta hoy.
¡Maldita sea! ¡Y tampoco puedo escribir bien en el teclado con las uñas largas! >:(
Les decía, no había hecho nada hasta hoy. Por flojera, por indiferencia, por incongruente. No sé por qué, pero por algo no me había movido. Hasta que anoche, mientras hablaba por teléfono con Alan, me preguntó qué había hecho en el día, y le respondí que nada. Creo que sólo estuve jugando Candy Crush, pero no hice otra cosa. Y él sólo contestó un «chale…», para enseguida cambiar el tema de la conversación. Ese «chale…» sonó muy feo en mi mente. Sonó a que me estaba desperdiciando a mí misma, a que estaba perdiendo de vista la orilla por ir tan despreocupadamente a la deriva y a que si continuaba así, empezaría a perder cosas en verdad importantes. Ay ay. O en palabras más simples, corría el riesgo de que Alan se alejara de mí por improductiva e indiferente. Y no quería eso, así que tenía que hacer algo al respecto. Antes de ir a dormir hice una lista de cosas por hacer hoy y tenía que terminar la mayoría hoy, antes de salir de casa para ir al dentista, ¿y qué creen? Cumplí 8 de 11.
Tal vez mi motivación diaria se resuma a hacer listas antes de dormir.
En otras noticias, el sábado fue el festejo de cumpleaños de Fers y estuvo divertido, aún cuando Zam y yo fuimos los únicos que asistieron de entre todos sus invitados. :( ¡Y no fue Caro, yay! Haha, bueno, de cualquier forma no me iba a detener por esa mustia mujer, pero habría sido un poco incómodo. Y como no sabía qué darle de regalo a Fers, decidí que sería buena idea regalarle un postre porque, ¡dude, yo soy la amiga que prepara y vende los postres ricos! Por la mañana fui a desayunar antes de comprar los ingredientes, para empezar a prepararlo en cuanto regresara a casa. Y como me quedó bien rico, les voy a compartir la receta. :) Lo subrayado y con asterisquito son anotaciones mías.
• Galletas de chocolate. *Yo utilicé 18 piezas de Oreo.
• 1/8 de queso crema. *Sí, es muy poco.
• 1/2 barra de mantequilla.
• 1 cucharadita de saborizante. *Yo usé vainilla, pero puedes probar con el que más te guste.
• Jugo de 1 limón.
• 1/2 taza de crema para batir.
• 1 lata de leche condensada.
• 3/4 de cucharadita de grenetina. *O lo equivalente a dos sobrecitos.
• 3/4 de taza de agua natural.
• 1 molde mediano para pay.
• Colorantes vegetales. *También es a tu gusto, yo usé rojo y azul para hacer morado.
• Frutitas para decorar. *Yo le puse moras.
Empecemos.
Para la base:
Tritura las galletas en la licuadora. Si usas Oreo, quítales la cremita y sepárala de las galletas antes de triturarlas.Con la mantequilla a temperatura ambiente haz una mezcla con las galletas que trituraste y si usaste las Oreo, agrega la cremita a la mezcla. Una vez que sea homogénea, viértela en el molde y aplástala con una pala o cuchara y refrigera.
Para el mousse:
Mezcla la crema para batir, la leche condensada, el limón, el saborizante y el queso crema hasta eliminar grumos. Después, calienta el agua y añade la grenetina. No tiene que hervir, pero sí tiene que estar lo suficientemente caliente para que la grenetina se incorpore bien. Deja enfriar un poco esa agua y luego añádela a la mezcla que has batido. Vuelve a batir e integra perfectamente. Aquí viene la parte divertida. :D Saca el molde con la base que refrigeraste previamente. Puedes usar tantos colores como quieras para tu mousse, sólo tienes que verter parte de la mezcla en diferentes bolsas de plástico, añadirle un color, hacerles un nudo, mezclar bien y cortar una de las esquinas para ir agregando cada color en distinto orden al molde. Cuando tengas el molde lleno de mousse vuelve a refrigerarlo y déjalo una hora. Como aún no ha terminado de cuajar, sácalo para decorarlo con las frutas que elegiste —porque si las agregas antes, se hunden por completo— y llévalo de nuevo al refrigerador. Déjalo al menos tres horas y quedará listo.
Les juro que sabe delicioso, Fers lo comprobó. ;)
¿Qué mas he hecho…? Ah, junté mis dineros y me compré un nuevo iPhone. Está bien chulo, es el 5c,
Y ya. Ahora iré a desmaquillarme para ir a dormir. Buenas. :)
05 julio 2014
El recuento de los daños
Es difícil darle continuidad a un post después de un mes de haberlo escrito, sobre todo porque el feeling que tenía en ese momento ya se fue o ya estoy pensando en temas distintos. Pero, bueno, intentaré hacerlo.
Me quedé en que les contaría por qué fue difícil tener 23 años desde ese cumpleaños y el balance que hice cuando cumplí los 24.
Unos días antes de cumplir los 23 años, a Mique le diagnosticaron la recaída en la leucemia. Fue a finales de mayo, creo que el 31. Curiosamente, ese día yo también fui a un hospital, a donar sangre porque Alex me lo había pedido. Esa tarde entré al blog de Mique y leí su último post, donde se desahogaba porque no era justo volver a pasar por toda esa situación. Y era cierto. Desde que empezamos de cero y volvimos a ser amigos, dejó claro con sus acciones y actitudes, que estaba dispuesto a enmendar los errores que había cometido, no sólo conmigo, sino en todos los aspectos de su vida. De verdad había cambiado. Cuando leí su post, lo primero que hice fue redactarle un mail para ofrecerle mi ayuda en lo que necesitara. Obviamente, lo primero que me pidió fue sangre y me sentí apenada al tener que responderle que habría que esperar, pues ese mismo día lo había hecho. Y lo que menos había era tiempo.
La noticia no me cayó muy bien. Quería que estuviera en mi cumpleaños y que conociera a mis amigos, a la gente de la que le platicaba y que fuera divertido reír y trollear como siempre, pero no se podía porque el día de la recaída tenía que arreglar sus papeles del hospital para ser internado de inmediato. No había tiempo qué perder.
Cuando pasaron los 45 días reglamentarios para volver a donar sangre, por alguna u otra razón no pude hacerlo: empecé a enfermarme y tener malestares de gripe, pero no quería tomar medicinas en mi afán de tener mi sangre lo más limpia posible —siempre he creído que tardo mucho tiempo en desecharlas de mi cuerpo por completo— y si no era eso, era mi periodo. He leído que eso ya no es impedimento para donar, pero no encontré fuentes que lo corroboraran y preferí no arriesgarme. El día que fui a lo de Alex me sentí físicamente muy mal y por eso creí que no era buena idea donar estando en mi periodo. Y cuando finalmente pude hacerlo, ya era imposible. Había fallecido.
Se fue en septiembre. En agosto fui al festejo de cumpleaños de Fer, donde conocí a Alfredo y Carolina sin imaginarme lo que viviría con este par. Sí tuve buenos momentos con ellos y el resto de sus amigos, pero al final, nosotros tres no terminamos bien. Por Alfredo (y twitter) conocí a Daniel. Comenzamos a salir y todo parecía ir bien, aunque un poco rápido. La pasé bien con él, pero entre mi estupidez y sus patanerías también todo terminó mal. Ahora que hago el recuento, puedo ver que pasó poco tiempo entre el fin con Daniel y el inicio con Alfredo y que, a pesar de haberlos disfrutado, me habría gustado no ser tan ciega con ambos. No era amor, nunca lo fue.
Terminé ese año triste y enojada conmigo misma. Como ya eran los últimos días de diciembre, pensé que sería buena idea sacar esos malos sentimientos y sufrirlos como mejor me pareciera. Lo lloré, lo hablé y lo escribí. Y al mismo tiempo, y de manera simbólica, también empecé a sacar cosas de mi cuarto que ya no me servían. Depuré y me deshice de mucha basura antes de que terminara el año para dar espacio a otras nuevas que llegaran a partir del nuevo año. Suena a cliché, pero funcionó. Enero fue un mes tranquilo, pude regresar a una especie de balance interno y me hizo bien seguir en danza. Y en febrero…
En febrero son las inscripciones.
Ok, no.
En febrero, Alan Zam empezó a escribirme DMs just for the lulz. Para platicar de… cosas. Empezó mandándome un chiste malo y preguntándome si era lo suficientemente malo como para no ser contado, a lo que le respondí que sí era muy malo, pero que también me había hecho reír. Y así pasamos casi un mes, escribiéndonos todos los días y platicando de nuestros asuntos, del día a día. Del trabajo, del servicio social, de música, de danza polinesia. Hasta que, en marzo, me invitó a vernos un día e ir por un café. Llegó el día y aunque sentí miedo, ahí fui. ¿Qué podría salir mal? Ese día resultó fantástico: fuimos por helado, luego al cine y terminó llevándome con mis amigos. Días después de conocernos, estuvo apoyándome por mensajes en el concurso de danza al que fui con la ohana a Puebla. Desde entonces todo ha sido increíble. Abril, mayo y junio fueron meses muy felices.
Todavía me acuerdo de Mique y siempre deseo que siguiera aquí. Me gustaría contarle mil cosas y salir a pasear como siempre lo hacíamos. De alguna manera sigue presente. La ausencia ya no duele tanto pero cuando duele, ahí está Alan Zam conmigo.
Así que, después de tantas palabras, puedo concluir que tuve razón cuando dije hace unos meses que siempre llegan épocas bonitas después de épocas feas, y que agradezco que hayan sucedido de esa manera pues me ayudaron a tomar perspectiva de mí misma. Veo todo lo que pasé y me da gusto poder decir que crecí como persona. Ese fue mi balance: gané más de lo que perdí.
Me quedé en que les contaría por qué fue difícil tener 23 años desde ese cumpleaños y el balance que hice cuando cumplí los 24.
Unos días antes de cumplir los 23 años, a Mique le diagnosticaron la recaída en la leucemia. Fue a finales de mayo, creo que el 31. Curiosamente, ese día yo también fui a un hospital, a donar sangre porque Alex me lo había pedido. Esa tarde entré al blog de Mique y leí su último post, donde se desahogaba porque no era justo volver a pasar por toda esa situación. Y era cierto. Desde que empezamos de cero y volvimos a ser amigos, dejó claro con sus acciones y actitudes, que estaba dispuesto a enmendar los errores que había cometido, no sólo conmigo, sino en todos los aspectos de su vida. De verdad había cambiado. Cuando leí su post, lo primero que hice fue redactarle un mail para ofrecerle mi ayuda en lo que necesitara. Obviamente, lo primero que me pidió fue sangre y me sentí apenada al tener que responderle que habría que esperar, pues ese mismo día lo había hecho. Y lo que menos había era tiempo.
Why's it feel, like it kills, when you're leaving me
Am I still hanging on to the ends of yesterday in me
When I was crying for my fears, bitter tears
But you made me see we're crazy running
Crazy running like we're running out of time
Running Out Of Time — Poets of the Fall
La noticia no me cayó muy bien. Quería que estuviera en mi cumpleaños y que conociera a mis amigos, a la gente de la que le platicaba y que fuera divertido reír y trollear como siempre, pero no se podía porque el día de la recaída tenía que arreglar sus papeles del hospital para ser internado de inmediato. No había tiempo qué perder.
Cuando pasaron los 45 días reglamentarios para volver a donar sangre, por alguna u otra razón no pude hacerlo: empecé a enfermarme y tener malestares de gripe, pero no quería tomar medicinas en mi afán de tener mi sangre lo más limpia posible —siempre he creído que tardo mucho tiempo en desecharlas de mi cuerpo por completo— y si no era eso, era mi periodo. He leído que eso ya no es impedimento para donar, pero no encontré fuentes que lo corroboraran y preferí no arriesgarme. El día que fui a lo de Alex me sentí físicamente muy mal y por eso creí que no era buena idea donar estando en mi periodo. Y cuando finalmente pude hacerlo, ya era imposible. Había fallecido.
Se fue en septiembre. En agosto fui al festejo de cumpleaños de Fer, donde conocí a Alfredo y Carolina sin imaginarme lo que viviría con este par. Sí tuve buenos momentos con ellos y el resto de sus amigos, pero al final, nosotros tres no terminamos bien. Por Alfredo (y twitter) conocí a Daniel. Comenzamos a salir y todo parecía ir bien, aunque un poco rápido. La pasé bien con él, pero entre mi estupidez y sus patanerías también todo terminó mal. Ahora que hago el recuento, puedo ver que pasó poco tiempo entre el fin con Daniel y el inicio con Alfredo y que, a pesar de haberlos disfrutado, me habría gustado no ser tan ciega con ambos. No era amor, nunca lo fue.
Terminé ese año triste y enojada conmigo misma. Como ya eran los últimos días de diciembre, pensé que sería buena idea sacar esos malos sentimientos y sufrirlos como mejor me pareciera. Lo lloré, lo hablé y lo escribí. Y al mismo tiempo, y de manera simbólica, también empecé a sacar cosas de mi cuarto que ya no me servían. Depuré y me deshice de mucha basura antes de que terminara el año para dar espacio a otras nuevas que llegaran a partir del nuevo año. Suena a cliché, pero funcionó. Enero fue un mes tranquilo, pude regresar a una especie de balance interno y me hizo bien seguir en danza. Y en febrero…
En febrero, Alan Zam empezó a escribirme DMs just for the lulz. Para platicar de… cosas. Empezó mandándome un chiste malo y preguntándome si era lo suficientemente malo como para no ser contado, a lo que le respondí que sí era muy malo, pero que también me había hecho reír. Y así pasamos casi un mes, escribiéndonos todos los días y platicando de nuestros asuntos, del día a día. Del trabajo, del servicio social, de música, de danza polinesia. Hasta que, en marzo, me invitó a vernos un día e ir por un café. Llegó el día y aunque sentí miedo, ahí fui. ¿Qué podría salir mal? Ese día resultó fantástico: fuimos por helado, luego al cine y terminó llevándome con mis amigos. Días después de conocernos, estuvo apoyándome por mensajes en el concurso de danza al que fui con la ohana a Puebla. Desde entonces todo ha sido increíble. Abril, mayo y junio fueron meses muy felices.
Todavía me acuerdo de Mique y siempre deseo que siguiera aquí. Me gustaría contarle mil cosas y salir a pasear como siempre lo hacíamos. De alguna manera sigue presente. La ausencia ya no duele tanto pero cuando duele, ahí está Alan Zam conmigo.
Así que, después de tantas palabras, puedo concluir que tuve razón cuando dije hace unos meses que siempre llegan épocas bonitas después de épocas feas, y que agradezco que hayan sucedido de esa manera pues me ayudaron a tomar perspectiva de mí misma. Veo todo lo que pasé y me da gusto poder decir que crecí como persona. Ese fue mi balance: gané más de lo que perdí.
08 marzo 2014
08
¡Sobreviví! Y me río mucho de mi paranoia estúpida, hahaha. La verdad es que pasé un día fantástico con Alan; me pareció muy buena onda y me cayó muy bien con todo y sus chistes malos. Me confesó que nunca había conocido a alguien de internet, entonces, por eso creo que mi paranoia fue estúpida. Seguramente él habría estado igual o más nervioso.
Llegué puntual (¡por fin!) al café que me sugirió, pero cuando estuve ahí me pareció una mala broma porque el lugar estaba cerrado y no vi a alguien cerca que se pareciera a él. Ayer por la mañana me envió su número por si acaso, y estaba a punto de mandarle un mensajey luego echarme a correr para preguntarle que si aquella cita era en serio cuando lo vi atravesar la calle mientras me saludaba:
Caminamos hacia donde estaba su coche mientras platicábamos de cosas random: primero hablamos creo que de comida y a los pocos minutos hablábamos de otro tema totalmente distinto; eso me encanta. Me gustó que al llegar me abriera la puerta para entrar y lo volviera hacer para bajar. Puede que sea algo chapada, pero esas cortesías siempre hacen considerar a un chico en serio, sea amigo, familiar, novio o lo que sea. Lo guié bien por el camino y llegamos a la heladería; no sé cuánto tiempo estuvimos ahí platicando, pero la idea que tuvo para la conversación fue fabulosa: propuso a que, por turnos, jugáramos a decir qué es lo que pensábamos el uno del otro con base en lo poquito que nos hemos escrito por DMs, y al final desmentir —o confirmar— esas suposiciones. Su idea, debo decirlo, fue un gran acierto y resultó muy divertida. Así estuvimos ese rato y después me sugirió ir a caminar por las calles cercanas mientras continuábamos con el jueguito de la plática. Mientras caminábamos, la verdad es que no me fijaba mucho en dónde daba mis pasos por mirarlo a los ojos y, nada, en un pedazo feo de banqueta me caí enfrente de él pero ni me inmuté porque no es la primera vez que eso me pasa. Ya me acostumbré a ese tipo de osos :( Me ayudó a levantarme y después nos sentamos mientras se me pasaba el dolor y el desarrollo de la plática volvió a cambiar para tocar el tema de las películas recientes que hemos querido ver. Ahí, sugirió que fuéramos a algún cine cercano a ver si había algo bueno en cartelera. Terminamos en el centro comercial de Reforma y sí, la cartelera no estaba tan mal y decidimos ver 300, pero después de comer porque ya teníamos hambre. También me cayó muy bien que la comida fuera sushi porque es algo que a mí me encanta pero no a la mayoría de la gente con la que salgo y vaya, hasta en el sabor de nuestras bebidas coincidimos. ¡Y descubrimos que tenemos en común el interés por Finlandia! Amé eso también.
Continuamos con nuestra plática sobre algún otro tema random mientras comíamos y hacíamos tiempo para el inicio de la función y cuando salimos, me dijo que no podía quedarse por mucho rato porque una amiga suya estaba festejando su cumple y que iría a alcanzarla, peeeero… ¡se ofreció a llevarme a casa! Otro detalle lindo. Le dije que antes de eso yo también tenía planes de ver a un amigo que precisamente hoy abrió su nueva tienda/taller de bicis y que iría a saludarlo un rato antes de volver a casa. Y pues, me llevó a la tienda de Benito, que está muy cerca de donde estábamos; me acompañó hasta la entrada (y me ofreció su brazo mientras caminábamos buscando la dirección, para asegurarse de que no me pasara algo) y una vez ahí, nos despedimos.
En la tienda de Benito vi a los tool (mis amigos de la uni) y amé estar con ellos, aunque fuera un ratito breve, porque ya tenía mucho tiempo de no verlos. Pero mucho, en serio. Sentirlos igual que siempre y hacer nuestros chistes locales como siempre también fue muy divertido.
Todo el día la pasé muy cool. Le agradecí las invitaciones y quedamos en ir otro día por más helado por una apuesta que hicimos en el cine. No hay fecha aún para eso porque los fines de semana de este mes ambos tendremos cosas qué hacer, aunque es posible que me diga algo de vernos entre semana porque los horarios de su trabajo son muy flexibles. O eso dice. No sé, no quiero pensar en una fecha concreta por ahora. Dice que le gustará volvernos a ver… y a mí también, por supuesto. Ya veré si es en serio y si hay una tercera salida también.
Llegué puntual (¡por fin!) al café que me sugirió, pero cuando estuve ahí me pareció una mala broma porque el lugar estaba cerrado y no vi a alguien cerca que se pareciera a él. Ayer por la mañana me envió su número por si acaso, y estaba a punto de mandarle un mensaje
—¡Hola!
—Eh, ¡hola!
—¿Xim?
—Sí… Alan.
—Eh, me acabo de dar cuenta que te invité a un lugar que está cerrado…
—Jaja, sí, es lo que veo…
—¿Quieres que vayamos a otro café, o por un helado?
—¡Sí, helado! ¿Por aquí cerca?
*Xim pensando*
—Sí, ¿o tienes algo en mente?
—Pues… hay un lugar por Revolución donde venden un helado muy rico. Seguro te va a gustar.
—¿Sabes llegar?
—¡Claro!
—Bueno, pues vamos. Mi coche está por acá.
Caminamos hacia donde estaba su coche mientras platicábamos de cosas random: primero hablamos creo que de comida y a los pocos minutos hablábamos de otro tema totalmente distinto; eso me encanta. Me gustó que al llegar me abriera la puerta para entrar y lo volviera hacer para bajar. Puede que sea algo chapada, pero esas cortesías siempre hacen considerar a un chico en serio, sea amigo, familiar, novio o lo que sea. Lo guié bien por el camino y llegamos a la heladería; no sé cuánto tiempo estuvimos ahí platicando, pero la idea que tuvo para la conversación fue fabulosa: propuso a que, por turnos, jugáramos a decir qué es lo que pensábamos el uno del otro con base en lo poquito que nos hemos escrito por DMs, y al final desmentir —o confirmar— esas suposiciones. Su idea, debo decirlo, fue un gran acierto y resultó muy divertida. Así estuvimos ese rato y después me sugirió ir a caminar por las calles cercanas mientras continuábamos con el jueguito de la plática. Mientras caminábamos, la verdad es que no me fijaba mucho en dónde daba mis pasos por mirarlo a los ojos y, nada, en un pedazo feo de banqueta me caí enfrente de él pero ni me inmuté porque no es la primera vez que eso me pasa. Ya me acostumbré a ese tipo de osos :( Me ayudó a levantarme y después nos sentamos mientras se me pasaba el dolor y el desarrollo de la plática volvió a cambiar para tocar el tema de las películas recientes que hemos querido ver. Ahí, sugirió que fuéramos a algún cine cercano a ver si había algo bueno en cartelera. Terminamos en el centro comercial de Reforma y sí, la cartelera no estaba tan mal y decidimos ver 300, pero después de comer porque ya teníamos hambre. También me cayó muy bien que la comida fuera sushi porque es algo que a mí me encanta pero no a la mayoría de la gente con la que salgo y vaya, hasta en el sabor de nuestras bebidas coincidimos. ¡Y descubrimos que tenemos en común el interés por Finlandia! Amé eso también.
Continuamos con nuestra plática sobre algún otro tema random mientras comíamos y hacíamos tiempo para el inicio de la función y cuando salimos, me dijo que no podía quedarse por mucho rato porque una amiga suya estaba festejando su cumple y que iría a alcanzarla, peeeero… ¡se ofreció a llevarme a casa! Otro detalle lindo. Le dije que antes de eso yo también tenía planes de ver a un amigo que precisamente hoy abrió su nueva tienda/taller de bicis y que iría a saludarlo un rato antes de volver a casa. Y pues, me llevó a la tienda de Benito, que está muy cerca de donde estábamos; me acompañó hasta la entrada (y me ofreció su brazo mientras caminábamos buscando la dirección, para asegurarse de que no me pasara algo) y una vez ahí, nos despedimos.
En la tienda de Benito vi a los tool (mis amigos de la uni) y amé estar con ellos, aunque fuera un ratito breve, porque ya tenía mucho tiempo de no verlos. Pero mucho, en serio. Sentirlos igual que siempre y hacer nuestros chistes locales como siempre también fue muy divertido.
Todo el día la pasé muy cool. Le agradecí las invitaciones y quedamos en ir otro día por más helado por una apuesta que hicimos en el cine. No hay fecha aún para eso porque los fines de semana de este mes ambos tendremos cosas qué hacer, aunque es posible que me diga algo de vernos entre semana porque los horarios de su trabajo son muy flexibles. O eso dice. No sé, no quiero pensar en una fecha concreta por ahora. Dice que le gustará volvernos a ver… y a mí también, por supuesto. Ya veré si es en serio y si hay una tercera salida también.
hablo de:
ALAN Z.,
ATTITUDE,
GIRLY / CURSI
4 comentarios:
21 febrero 2014
Happiness is a warm gun
Hello, beautiful people!
Ya tenía rato que quería venir a postear, pero aquel asunto de la entrada anterior no me dejaba tranquila y básicamente, era lo único en lo que pensaba. Y qué flojera seguir hablando de lo mismo, supongo. Pero ya pasó y ya me siento mejor, y ya extrañaba venir a escribirles.
Hoy quiero contarles que han pasado cosas bonitas desde año nuevo, y que estoy feliz y me siento súper cool, goe… No, en serio, sí me siento súper cool. Primero, rescaté un blog que tenía olvidado en wordpress, en donde me desahogo de las cosas que me hace daño pensar. O sea, casi lo mismo que hago aquí, pero sin dar explicaciones (el tagline dice: «uso wordpress porque en algún lugar tenía que tirar la basura mental que no va en blogger»), y me ha servido mucho. Tengo la mala costumbre de callarme pensamientos en verdad venenosos porque no tengo a alguien con quién hablarlos en total libertad sin sentirme juzgada o cuestionada; sólo podía hacerlo con Miguel, pero él ya no está y como ya no podía seguir callándome lo que me lastimaba empecé a soltarlo allá. Ese wordpress también me ha ayudado a ver en retrospectiva y analizar fríamente sobre el pasado y las cosas que hice mal (porque aquí en blogger siempre tengo la razón); aceptar mis estupideces y dejarlas ir. No quería decirlo de la manera cursi, pero… me ayudó a perdonarme. Y cuando te perdonas es más fácil seguir. Es como si te liberaras de un ancla muy pesada.
Ok, basta de filosofía de libro de autoayuda de Sanborns.
Otra de las cosas lindas que me sucedieron fue la convivencia con el grupo de danza, mi ohana. En algún momento escribí una serie de tuits relatando mi historia con la ohana y cómo me salvó en una etapa difícil, y lo importante que es la danza para mí; tal vez la escriba aquí después. Esta vez no fue la excepción y me volvió a ayudar, sumado a que también bajé una talla de jeans. Los planes que hay para este año con ellos y las coreografías nuevas me tienen feliz y distraída de los pensamientos venenosos.
También retomé la venta de pay de limón. Momó es mi socia y nos va bien, y hemos perfeccionado la receta que Mare me dio (¡gracias, Mare!). A la gente de su trabajo le gusta mucho el pay y lo pide seguido. Pueden hacer sus pedidos, con confianza, cuando gusten. Les aseguro que lo van a amar.
Finlandia. Este punto es importante. Algunos de ustedes saben el amor que le tengo a este país y las ganas que tengo de viajar a Helsinki, su capital. Pues bien, el viaje que estaba planeando para pasar mi cumple dentro de dos años allá cambió un poco: ya no pienso irme de vacaciones, sino a estudiar mi maestría. Uno de mis primos me alentó y aunque al principio me pareció algo descabellado ya tomé la decisión. Ya encontré el programa y la universidad que quiero así como la información sobre las cuotas que hay que cubrir; convocatorias para becas… ¡hasta información del clima! Me emociona mucho y me gusta imaginarme allá.
Por ahora eso es lo que recuerdo. No me puedo quejar, al contrario, lo agradezco, sólo espero que no pase algo que lo arruine. Ya veremos…
Ya tenía rato que quería venir a postear, pero aquel asunto de la entrada anterior no me dejaba tranquila y básicamente, era lo único en lo que pensaba. Y qué flojera seguir hablando de lo mismo, supongo. Pero ya pasó y ya me siento mejor, y ya extrañaba venir a escribirles.
Hoy quiero contarles que han pasado cosas bonitas desde año nuevo, y que estoy feliz y me siento súper cool, goe… No, en serio, sí me siento súper cool. Primero, rescaté un blog que tenía olvidado en wordpress, en donde me desahogo de las cosas que me hace daño pensar. O sea, casi lo mismo que hago aquí, pero sin dar explicaciones (el tagline dice: «uso wordpress porque en algún lugar tenía que tirar la basura mental que no va en blogger»), y me ha servido mucho. Tengo la mala costumbre de callarme pensamientos en verdad venenosos porque no tengo a alguien con quién hablarlos en total libertad sin sentirme juzgada o cuestionada; sólo podía hacerlo con Miguel, pero él ya no está y como ya no podía seguir callándome lo que me lastimaba empecé a soltarlo allá. Ese wordpress también me ha ayudado a ver en retrospectiva y analizar fríamente sobre el pasado y las cosas que hice mal (porque aquí en blogger siempre tengo la razón); aceptar mis estupideces y dejarlas ir. No quería decirlo de la manera cursi, pero… me ayudó a perdonarme. Y cuando te perdonas es más fácil seguir. Es como si te liberaras de un ancla muy pesada.
Ok, basta de filosofía de libro de autoayuda de Sanborns.
Otra de las cosas lindas que me sucedieron fue la convivencia con el grupo de danza, mi ohana. En algún momento escribí una serie de tuits relatando mi historia con la ohana y cómo me salvó en una etapa difícil, y lo importante que es la danza para mí; tal vez la escriba aquí después. Esta vez no fue la excepción y me volvió a ayudar, sumado a que también bajé una talla de jeans. Los planes que hay para este año con ellos y las coreografías nuevas me tienen feliz y distraída de los pensamientos venenosos.
También retomé la venta de pay de limón. Momó es mi socia y nos va bien, y hemos perfeccionado la receta que Mare me dio (¡gracias, Mare!). A la gente de su trabajo le gusta mucho el pay y lo pide seguido. Pueden hacer sus pedidos, con confianza, cuando gusten. Les aseguro que lo van a amar.
Finlandia. Este punto es importante. Algunos de ustedes saben el amor que le tengo a este país y las ganas que tengo de viajar a Helsinki, su capital. Pues bien, el viaje que estaba planeando para pasar mi cumple dentro de dos años allá cambió un poco: ya no pienso irme de vacaciones, sino a estudiar mi maestría. Uno de mis primos me alentó y aunque al principio me pareció algo descabellado ya tomé la decisión. Ya encontré el programa y la universidad que quiero así como la información sobre las cuotas que hay que cubrir; convocatorias para becas… ¡hasta información del clima! Me emociona mucho y me gusta imaginarme allá.
Por ahora eso es lo que recuerdo. No me puedo quejar, al contrario, lo agradezco, sólo espero que no pase algo que lo arruine. Ya veremos…
15 abril 2013
El verano es mi pretexto ♡
Sí, con todo y corazoncito en el título.
Resulta que, como me lo había prometido, hoy empiezo a correr. ¿El motivo? Quiero estar en forma para el viaje de generación que será en agosto. Iremos a Vallarta y tengo muchas expectativas de ese viaje de tres días. Como es playa, quiero que no me dé pena estar en un traje de baño D: No me avergüenzo de mi cuerpo, pero creo que podría estar algo más decente. Así que, con la promesa de los tres mejores días de este año, empezaré oficialmente a ejercitarme y hacer todas esas cosas saludables que la gente bonita hace. No sé, me da mucha emoción. Y para alimentar toda esa emoción hice un playlist de música de verano (?). Inna, Alexandra Stan y lo que se agregue. No me odien por mis gustos culposos D:
En fin, post cortito, pero es que ya es de madrugada y debo dormir. ¡Aaaah! Porque sí, también me prometí dejar de desvelarme tanto; en gran parte por eso me cuesta tanto trabajo despertar temprano y eso ya me ha causado varios problemas. Ya no más.
Estoy feliz :)
Resulta que, como me lo había prometido, hoy empiezo a correr. ¿El motivo? Quiero estar en forma para el viaje de generación que será en agosto. Iremos a Vallarta y tengo muchas expectativas de ese viaje de tres días. Como es playa, quiero que no me dé pena estar en un traje de baño D: No me avergüenzo de mi cuerpo, pero creo que podría estar algo más decente. Así que, con la promesa de los tres mejores días de este año, empezaré oficialmente a ejercitarme y hacer todas esas cosas saludables que la gente bonita hace. No sé, me da mucha emoción. Y para alimentar toda esa emoción hice un playlist de música de verano (?). Inna, Alexandra Stan y lo que se agregue. No me odien por mis gustos culposos D:
En fin, post cortito, pero es que ya es de madrugada y debo dormir. ¡Aaaah! Porque sí, también me prometí dejar de desvelarme tanto; en gran parte por eso me cuesta tanto trabajo despertar temprano y eso ya me ha causado varios problemas. Ya no más.
Estoy feliz :)
hablo de:
ATTITUDE
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11 febrero 2013
¿Nostalgia? No sé
Hace tiempo que no escuchaba ese disquito de Flyleaf, Remember to Live. Me gusta mucho, pero solamente lo escucho en ciertas épocas; es que es de esa música que me trae recuerdos bonitos y no tan bonitos de momentos muy específicos y me provoca sentimientos encontrados y casi siempre me hace llorar. No sé, es una sensación muy rara y difícil de explicar. Es demasiado personal.
Hoy lo volví a escuchar y volvieron a mi mente un montón de recuerdos, e imaginé que cierta persona en una situación hipotética de lo que hubiera sucedido el día de hoy –si no me hubiera sentido enferma– me hacía la siguiente pregunta:
Y la respuesta, beautiful people, es: sí. Es extraño, porque uno de mis ideales es vivir sin arrepentirme de nada, y en retrospectiva, creo que nada de lo que he hecho hasta ahora merece ningún tipo de arrepentimiento; siento que he vivido bastante tranquila. Pero hay una cosa de la que sí me arrepiento o me hubiera gustado que fuera diferente, y tiene qué ver con Leo, ese novio que conocí hace poco más de un año en el servicio social y del que ahora no sé nada. Y es, que no lo valoré como se merecía. Siempre fue muy lindo y muy atento conmigo, siempre se preocupó porque me sintiera bien, en todos los aspectos, y era bromista y, vaya, era muchas cosas que había soñado hasta entonces. ¿Y luego? Bueno, tengo que reconocer que no era precisamente mi mejor época como para andar con alguien. Fue cuando en mi familia supimos que mi tío tenía cáncer y el pronóstico de los médicos no era alentador; fue cuando apenas habían pasado dos meses de terminar una relación con alguien que no valía tanto la pena como aparentaba; fue cuando no había avances en el equipo del proyecto de titulación… Fueron muchas circunstancias y además me sentía vacía; como que iba a la deriva porque había olvidado para qué elegí esta carrera. A pesar de todo eso, Leo siempre estuvo ahí intentando hacer de mis días algo más llevadero, con pequeñas bromas pero, de verdad, no entiendo qué me pasaba. Hacía dramas por cosas insignificantes cuando jamás en la vida fui así y él me aguantó pero, como es lógico, en algún momento se le terminó la paciencia. Nunca me gritó, ni nada, pero insistía en que debía bajarle a mi neurosis y yo prometía que sería más cool y ese mood cool me duraba unos días y era un círculo vicioso. De pronto, un día, ya ninguno de los dos sentía nada por el otro. Las cosas pudieron ser distintas y esa relación muy duradera ¡si mi actitud hubiera sido distinta!
Hubiera…
Pudo ser…
Si yo…
Nada de eso fue, y es algo que a la fecha me sigue pesando un poco, pero sé que ya no hay nada por hacer. No sé si algún día lo volveré a ver o saber de él y mucho menos si, en algún universo paralelo o realidad alterna, regresaré con él. Supongo que no, porque yo soy la primera que se niega rotundamente a regresar con cualquiera de sus exes. Pero sí, me arrepiento de ello y no tienen idea.
No crean que lloré mientras escribí el post. Como sea, necesitaba terminar de sacar esto.
Hoy lo volví a escuchar y volvieron a mi mente un montón de recuerdos, e imaginé que cierta persona en una situación hipotética de lo que hubiera sucedido el día de hoy –si no me hubiera sentido enferma– me hacía la siguiente pregunta:
❝ Xim, ¿hay algo en tu vida de lo que te arrepientas? ❞
Y la respuesta, beautiful people, es: sí. Es extraño, porque uno de mis ideales es vivir sin arrepentirme de nada, y en retrospectiva, creo que nada de lo que he hecho hasta ahora merece ningún tipo de arrepentimiento; siento que he vivido bastante tranquila. Pero hay una cosa de la que sí me arrepiento o me hubiera gustado que fuera diferente, y tiene qué ver con Leo, ese novio que conocí hace poco más de un año en el servicio social y del que ahora no sé nada. Y es, que no lo valoré como se merecía. Siempre fue muy lindo y muy atento conmigo, siempre se preocupó porque me sintiera bien, en todos los aspectos, y era bromista y, vaya, era muchas cosas que había soñado hasta entonces. ¿Y luego? Bueno, tengo que reconocer que no era precisamente mi mejor época como para andar con alguien. Fue cuando en mi familia supimos que mi tío tenía cáncer y el pronóstico de los médicos no era alentador; fue cuando apenas habían pasado dos meses de terminar una relación con alguien que no valía tanto la pena como aparentaba; fue cuando no había avances en el equipo del proyecto de titulación… Fueron muchas circunstancias y además me sentía vacía; como que iba a la deriva porque había olvidado para qué elegí esta carrera. A pesar de todo eso, Leo siempre estuvo ahí intentando hacer de mis días algo más llevadero, con pequeñas bromas pero, de verdad, no entiendo qué me pasaba. Hacía dramas por cosas insignificantes cuando jamás en la vida fui así y él me aguantó pero, como es lógico, en algún momento se le terminó la paciencia. Nunca me gritó, ni nada, pero insistía en que debía bajarle a mi neurosis y yo prometía que sería más cool y ese mood cool me duraba unos días y era un círculo vicioso. De pronto, un día, ya ninguno de los dos sentía nada por el otro. Las cosas pudieron ser distintas y esa relación muy duradera ¡si mi actitud hubiera sido distinta!
Hubiera…
Pudo ser…
Si yo…
Nada de eso fue, y es algo que a la fecha me sigue pesando un poco, pero sé que ya no hay nada por hacer. No sé si algún día lo volveré a ver o saber de él y mucho menos si, en algún universo paralelo o realidad alterna, regresaré con él. Supongo que no, porque yo soy la primera que se niega rotundamente a regresar con cualquiera de sus exes. Pero sí, me arrepiento de ello y no tienen idea.
No crean que lloré mientras escribí el post. Como sea, necesitaba terminar de sacar esto.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ATTITUDE,
DAMN,
LEO
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26 enero 2013
Ciclos II
Se suponía que este post sería la continuación del anterior y les contaría cómo pasé las fiestas de Navidad y Año Nuevo, pero no. Ya no. La Navidad fue la más aburrida que haya pasado en mi vida, nadie traía actitud buena onda pero era comprensible, nos faltaba mi tío. Y el Año Nuevo, pues, como siempre, lo pasé haciendo esos rituales ridículos de los que todo el mundo se burla pero, ¿qué sería de la vida sin momentos ridículos?
Sigo en mi etapa cursi de introspección. Ya me deshice de [literal] montones de cosas inútiles que tenía guardadas en mi cuarto; ordené mis cajones, lavé ropa cual ama de casa y quemé fotos [ajá, fotos, por una foto solamente] que nada más me incomodaban por quien salía ahí. Lo ¿triste? es tener que recurrir a esta medida cuando se trata de una persona que, hasta hace unos meses, tenía en buena estima, pero que perdió mi respeto gracias a su estupenda idea de entrometerse en cosas de mi pasado. O al menos así lo interpreto porque qué otro motivo podría haber tenido. Y no es que hable mal de lo que alguna vez quise, sólo me decepcionó épicamente. En fin.
Paréntesis: hablado de personas, también me he estado alejando de twitter. No es que lo odie, pero cada día se vuelve más insoportable porque la gente se autocensura o pretende ser graciosa cuando ni al caso. Es de flojera leer tipas haciéndose pasar por sextuiteras tuiteando lo p i n c h e s mismo todos los días, así como a quienes se la pasan corrigiendo ortografía o a los wannabe revolucionarios de sillón en fechas nacionales. O a esos entes extraños a los que, de un día para otro, les lees exactamente las mismas expresiones que tú usas, como si las usaran desde siempre. De estos últimos, es como si te absorbieran tu alma hasta hacerla propia o yo que sé pero, qué oso, porque nada más parecen copias fotostáticas mal sacadas.
Por otra parte, esa introspección ha invadido también el plano físico. O sea: me hice chubby en estas fiestas, haha :( ¡Y eso no puede seeeer!, así que el jueves empecé a comer más saludable: ensalada y té. Tampoco es que me angustie exageradamente y empiece con ondas extrañas obsesivas sobre el peso, pero no quiero ser gorda. Además, el tan deseado viaje de graduación es en agosto y creo que tengo buen tiempo para estar en forma para la playa. Y es que también me quiero deshacer de malos hábitos. De lo que sea, y ese lo que sea incluye los de comer mal [adiós moka con chispitas del Oxxo, y capuccino de menta de la cafetería de la escuela].
También empecé proyectos nuevos. El primero, es el de hacer postrecitos ricos para vender y recaudar más fondos para Helsinki 2O16. Creo que no les conté, pero cuando cumpla 26 años, quiero pasar esa semana cumpleañera feliz en Helsinki. Ya saben, quiero viajar muchísimo en mi vida y me encantaría empezar por ahí. Después serán Berlín y Amsterdam 2O2O. Entonces, hice trufas de chocolate que regalé a ciertas personas de la Uni [para ver qué tan buena aceptación tendrían] y cakepops de Nutella que vendí entre mis compañeras de tahitiano y que, btw, les encantaron :) También hago brochetas de frutas bañadas en chocolate, pay de limón, pastel imposible y pan de naranja. Informes en los comentarios, haha. El segundo proyecto es como más ‘informal’ y lo hago más por ocio, pero me gusta también. Resulta que me hice una cuenta en Mixlr y cuando tengo ánimos, transmito música. Empecé el viernes pasado con musiquita de Poets of the Fall, con la idea de difundirlos para que empiecen a ser más conocidos en México y puedan considerar la idea de venir y dar conciertos. No se imaginan lo feliz que sería de verlos por acá. Si quieren escuchar mis sandeces éste es el link.
Ja, al final este post sí fue una continuación del anterior. Este año prometo bloggear más seguido y comentar como en los muy viejos tiempos.
Sigo en mi etapa cursi de introspección. Ya me deshice de [literal] montones de cosas inútiles que tenía guardadas en mi cuarto; ordené mis cajones, lavé ropa cual ama de casa y quemé fotos [ajá, fotos, por una foto solamente] que nada más me incomodaban por quien salía ahí. Lo ¿triste? es tener que recurrir a esta medida cuando se trata de una persona que, hasta hace unos meses, tenía en buena estima, pero que perdió mi respeto gracias a su estupenda idea de entrometerse en cosas de mi pasado. O al menos así lo interpreto porque qué otro motivo podría haber tenido. Y no es que hable mal de lo que alguna vez quise, sólo me decepcionó épicamente. En fin.
Paréntesis: hablado de personas, también me he estado alejando de twitter. No es que lo odie, pero cada día se vuelve más insoportable porque la gente se autocensura o pretende ser graciosa cuando ni al caso. Es de flojera leer tipas haciéndose pasar por sextuiteras tuiteando lo p i n c h e s mismo todos los días, así como a quienes se la pasan corrigiendo ortografía o a los wannabe revolucionarios de sillón en fechas nacionales. O a esos entes extraños a los que, de un día para otro, les lees exactamente las mismas expresiones que tú usas, como si las usaran desde siempre. De estos últimos, es como si te absorbieran tu alma hasta hacerla propia o yo que sé pero, qué oso, porque nada más parecen copias fotostáticas mal sacadas.
Por otra parte, esa introspección ha invadido también el plano físico. O sea: me hice chubby en estas fiestas, haha :( ¡Y eso no puede seeeer!, así que el jueves empecé a comer más saludable: ensalada y té. Tampoco es que me angustie exageradamente y empiece con ondas extrañas obsesivas sobre el peso, pero no quiero ser gorda. Además, el tan deseado viaje de graduación es en agosto y creo que tengo buen tiempo para estar en forma para la playa. Y es que también me quiero deshacer de malos hábitos. De lo que sea, y ese lo que sea incluye los de comer mal [adiós moka con chispitas del Oxxo, y capuccino de menta de la cafetería de la escuela].
También empecé proyectos nuevos. El primero, es el de hacer postrecitos ricos para vender y recaudar más fondos para Helsinki 2O16. Creo que no les conté, pero cuando cumpla 26 años, quiero pasar esa semana cumpleañera feliz en Helsinki. Ya saben, quiero viajar muchísimo en mi vida y me encantaría empezar por ahí. Después serán Berlín y Amsterdam 2O2O. Entonces, hice trufas de chocolate que regalé a ciertas personas de la Uni [para ver qué tan buena aceptación tendrían] y cakepops de Nutella que vendí entre mis compañeras de tahitiano y que, btw, les encantaron :) También hago brochetas de frutas bañadas en chocolate, pay de limón, pastel imposible y pan de naranja. Informes en los comentarios, haha. El segundo proyecto es como más ‘informal’ y lo hago más por ocio, pero me gusta también. Resulta que me hice una cuenta en Mixlr y cuando tengo ánimos, transmito música. Empecé el viernes pasado con musiquita de Poets of the Fall, con la idea de difundirlos para que empiecen a ser más conocidos en México y puedan considerar la idea de venir y dar conciertos. No se imaginan lo feliz que sería de verlos por acá. Si quieren escuchar mis sandeces éste es el link.
Ja, al final este post sí fue una continuación del anterior. Este año prometo bloggear más seguido y comentar como en los muy viejos tiempos.
19 agosto 2012
I thought about leaving, part II
Musiquita del post:
Chill - The Rasmus
Sí, ya sé que prometí escribir un update al día siguiente del post anterior. Obviamente tardé más de un día pero, meh, who cares.
Ese día [en el que prometí publicar este post] fue increíble porque lo pasé con Ricardo, en Coyoacán. Hace meses que moría por ir a Coyoacán, incluso había hecho planes con Alan alguna vez y con Leo en otra ocasión pero por razones que ya no recuerdo jamás se concretaron y me hizo feliz el hecho de que, en esta salida con Ricardo*, el paseo a ese lugar no fue planeado. Esa tarde ambos nos hicimos un tatuaje de henna; el de él era bastante más discreto que el mío y olvidé tomarle foto [ :( ] pero aquí está el mío:
Ah, y es que además ese día cerramos un trato, del que no les puedo contar mucho gracias a… la familia stalker. Meh. Once again, who cares.
Y.. bien.. *sigh*.. También prometí –o no– contarles por qué he estado pensando en irme.
De la ciudad.
A otra.
En otro estado.
Algo lejano.
A vivir.
Sola.
Sí, sola.
Durante algunos años.
Primero, porque creo que ya les había contado que quiero independizarme. Si no, bueh, lo saben ahora. Supongo que no hay mucho qué decir al respecto; es bastante claro.
Segundo, no me gusta la calidad de vida en mi casa. Familia stalker, esto les interesa: no me gusta la calidad de vida en mi casa porque, a dos años del divorcio de mis papás, mi papá sigue viviendo ahí a pesar de la orden que un juez estipuló en su momento, y no tienen la menor idea de lo exasperante que es eso. Parece que no pierde ninguna oportunidad para fastidiarnos. Así que prefiero vivir sola y lejos, pero tranquila, por salud mental y emocional.
Tercero, quiero alejarme lo más posible de todas aquellas personas [antiguos novios, principalmente] que se han entrometido en partes específicas de mi vida sin tener otro motivo más que el de molestar –porque eso es lo que parece– y que no sólo eso, también han estado demasiado atentos a los favoritos y RT's que he hecho en mi cuenta de twitter. Ja, como si no me diera cuenta. Tan lejos los quiero, que no me gustaría volver a encontrármelos jamás en la vida. O por lo menos no en esta ciudad ni en bastantes años. También por salud mental. Vivo con la ligera paranoia de encontrármelos cuando menos lo espere. Not even cool.
Y último, quiero conocer las playas del estado al que quiero irme. Leo solía platicarme algunas cosas bonitas de esos lugares.
Y ya.
*Paréntesis: No, Ricardo no es mi novio. No, no tengo novio. Y no, for a very long time tampoco me interesa tener uno.
Chill - The Rasmus
Sí, ya sé que prometí escribir un update al día siguiente del post anterior. Obviamente tardé más de un día pero, meh, who cares.
Ese día [en el que prometí publicar este post] fue increíble porque lo pasé con Ricardo, en Coyoacán. Hace meses que moría por ir a Coyoacán, incluso había hecho planes con Alan alguna vez y con Leo en otra ocasión pero por razones que ya no recuerdo jamás se concretaron y me hizo feliz el hecho de que, en esta salida con Ricardo*, el paseo a ese lugar no fue planeado. Esa tarde ambos nos hicimos un tatuaje de henna; el de él era bastante más discreto que el mío y olvidé tomarle foto [ :( ] pero aquí está el mío:
![]() |
| Florecillas hawaiianas, ¡no podía ser mejor! Gracias, Ricardo :) |
Ah, y es que además ese día cerramos un trato, del que no les puedo contar mucho gracias a… la familia stalker. Meh. Once again, who cares.
Y.. bien.. *sigh*.. También prometí –o no– contarles por qué he estado pensando en irme.
De la ciudad.
A otra.
En otro estado.
Algo lejano.
A vivir.
Sola.
Sí, sola.
Durante algunos años.
Primero, porque creo que ya les había contado que quiero independizarme. Si no, bueh, lo saben ahora. Supongo que no hay mucho qué decir al respecto; es bastante claro.
Segundo, no me gusta la calidad de vida en mi casa. Familia stalker, esto les interesa: no me gusta la calidad de vida en mi casa porque, a dos años del divorcio de mis papás, mi papá sigue viviendo ahí a pesar de la orden que un juez estipuló en su momento, y no tienen la menor idea de lo exasperante que es eso. Parece que no pierde ninguna oportunidad para fastidiarnos. Así que prefiero vivir sola y lejos, pero tranquila, por salud mental y emocional.
Tercero, quiero alejarme lo más posible de todas aquellas personas [antiguos novios, principalmente] que se han entrometido en partes específicas de mi vida sin tener otro motivo más que el de molestar –porque eso es lo que parece– y que no sólo eso, también han estado demasiado atentos a los favoritos y RT's que he hecho en mi cuenta de twitter. Ja, como si no me diera cuenta. Tan lejos los quiero, que no me gustaría volver a encontrármelos jamás en la vida. O por lo menos no en esta ciudad ni en bastantes años. También por salud mental. Vivo con la ligera paranoia de encontrármelos cuando menos lo espere. Not even cool.
Y último, quiero conocer las playas del estado al que quiero irme. Leo solía platicarme algunas cosas bonitas de esos lugares.
Y ya.
*Paréntesis: No, Ricardo no es mi novio. No, no tengo novio. Y no, for a very long time tampoco me interesa tener uno.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ATTITUDE,
DAMN
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31 julio 2012
I thought about leaving, part I
Han pasado muchas cosas desde el deceso de mi tío. Muchas que no imaginé. Algunas para bien y otras no tanto. Es difícil volver a escribir después de tanto tiempo, y ahora sí no sé por dónde comenzar.
Bien, first of all, por fin terminé el servicio social. Fue lindo, y todavía fui unos días después de que acabé, para pedir ayuda con mi tarea de DTP*. Debo decir que mi jefe es la onda [así como era Julete, haha]: ese día me dejó usar el cemento Iris para pegar una etiqueta sobre otra que arruiné. Uh, y ya que hablo de DTP… me enamoré de mi profesor. Oh gawd, sí. ¡Qué! Está guapillo el mushasho, además es buena onda y muy bueno como profesor. Es recién egresado de mi carrera y creo es un año mayor que yo. Hace un par de semanas teníamos que ir a su cubículo** por si teníamos dudas del proyecto final o simplemente para revisión, y me regaló una bolsa con cosas bonitas de un evento de Ilustración que también organiza la escuela. Miren :)
Ah, y no sólo eso: nunca lo hubiera imaginado, pero ¡me invitó a la presentación de una nueva revista del Departamento en el que trabaja!
Después del evento hubo morbvino de honor –o algo así–, pero no me atreví a acercarme a él porque me daba pena con el resto de las profesoras, y uno de los profesores que ya me conocía desde el día de la revisión creo, creeeeo que algo le sabe al de DTP. Hmm. Supe que a algunos les dio sueño por el vino tinto y después se fueron a algún lugar a seguir celebrando.
¿Qué más? Pues… reprobé la materia de mi proyecto de titulación. Así o más mediocre. Me siento frustrada y enojada conmigo misma y con las circunstancias. Verán, esta materia está dividida en 3 trimestres que equivalen a un año real. Reprobé la última parte. No hay examen de recuperación. No se abrirán grupos para el próximo trimestre. Mi salida de la universidad se va a retrasar más de lo que estaba planeado. ¿Y qué pasó? Que abandonamos el proyecto en el que habíamos estado trabajando en el equipo por falta de recursos del mismo Departamento para echar a andarlo –de lo cual nos dieron aviso demasiado tarde–; por las actitudes de dos tipos de otro Departamento (“pero pueden presentar el proyecto de manera hipotética”, nos dijeron); por un cambio radical de proyecto y por el tiempo limitado que teníamos para desarrollarlo desde cero. O sea: que todo el trabajo que hicimos en 8 meses tenía que salir en 5 semanas y además había que hacer la tesina, un manual de identidad, un catálogo de productos y un stand para la expo infernal. Not even cool. Éramos 3, pero entre 2 abrimos a la otra integrante porque no tuvimos noticias de ella en mucho tiempo y su desempeño en el primer proyecto era pobre. Entonces, no terminamos y el día de la expo infernal el profesor nos evaluó como insuficiente. Y valió un carajo. Y desde hoy tengo 8 meses para hacer otro.
También reprobé DTP. Sí, la del profe que me gusta [pero en ésta sí puedo aplicar recuperación]. Por darle más importancia al proyecto de titulación no terminé el final de DTP, que era sólo imprimirlo en pliego por ambas caras como si fuera archivo de imprenta y doblarlo como si estuviera terminado. No calculé bien mis tiempos y no fui a imprimirlo. Sólo tenía la documentación lista el día de la entrega, pero no quise sacar 6 porque sí le dediqué tiempo al resto de esa materia. Entonces decidí tener el 10 aunque fuera en recuperación.
¿Algo más? Sí. Una de mis profesoras, que se dedica al desarrollo personal, me ayudó a superar en gran parte la pérdida de mi tío :( Un día en su clase no pude con la tristeza y llorar fue inevitable. Así que salimos, me dio algo de terapia y me sentí mucho mejor. Como liberada. Además me ayudó muchísimo el hecho de regresar al hawaiiano.
Y ya, por el momento. Al rato hay update y puede que ahí sepan por qué he estado pensando en irme.
* DTP: Desktop Publishing.
** Cubículo, qué palabra tan rara.. y chistosa.
Bien, first of all, por fin terminé el servicio social. Fue lindo, y todavía fui unos días después de que acabé, para pedir ayuda con mi tarea de DTP*. Debo decir que mi jefe es la onda [así como era Julete, haha]: ese día me dejó usar el cemento Iris para pegar una etiqueta sobre otra que arruiné. Uh, y ya que hablo de DTP… me enamoré de mi profesor. Oh gawd, sí. ¡Qué! Está guapillo el mushasho, además es buena onda y muy bueno como profesor. Es recién egresado de mi carrera y creo es un año mayor que yo. Hace un par de semanas teníamos que ir a su cubículo** por si teníamos dudas del proyecto final o simplemente para revisión, y me regaló una bolsa con cosas bonitas de un evento de Ilustración que también organiza la escuela. Miren :)
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| Éste fue creo a principios del año y no fui, no recuerdo por qué. |
Ah, y no sólo eso: nunca lo hubiera imaginado, pero ¡me invitó a la presentación de una nueva revista del Departamento en el que trabaja!
Después del evento hubo morbvino de honor –o algo así–, pero no me atreví a acercarme a él porque me daba pena con el resto de las profesoras, y uno de los profesores que ya me conocía desde el día de la revisión creo, creeeeo que algo le sabe al de DTP. Hmm. Supe que a algunos les dio sueño por el vino tinto y después se fueron a algún lugar a seguir celebrando.
¿Qué más? Pues… reprobé la materia de mi proyecto de titulación. Así o más mediocre. Me siento frustrada y enojada conmigo misma y con las circunstancias. Verán, esta materia está dividida en 3 trimestres que equivalen a un año real. Reprobé la última parte. No hay examen de recuperación. No se abrirán grupos para el próximo trimestre. Mi salida de la universidad se va a retrasar más de lo que estaba planeado. ¿Y qué pasó? Que abandonamos el proyecto en el que habíamos estado trabajando en el equipo por falta de recursos del mismo Departamento para echar a andarlo –de lo cual nos dieron aviso demasiado tarde–; por las actitudes de dos tipos de otro Departamento (“pero pueden presentar el proyecto de manera hipotética”, nos dijeron); por un cambio radical de proyecto y por el tiempo limitado que teníamos para desarrollarlo desde cero. O sea: que todo el trabajo que hicimos en 8 meses tenía que salir en 5 semanas y además había que hacer la tesina, un manual de identidad, un catálogo de productos y un stand para la expo infernal. Not even cool. Éramos 3, pero entre 2 abrimos a la otra integrante porque no tuvimos noticias de ella en mucho tiempo y su desempeño en el primer proyecto era pobre. Entonces, no terminamos y el día de la expo infernal el profesor nos evaluó como insuficiente. Y valió un carajo. Y desde hoy tengo 8 meses para hacer otro.
También reprobé DTP. Sí, la del profe que me gusta [pero en ésta sí puedo aplicar recuperación]. Por darle más importancia al proyecto de titulación no terminé el final de DTP, que era sólo imprimirlo en pliego por ambas caras como si fuera archivo de imprenta y doblarlo como si estuviera terminado. No calculé bien mis tiempos y no fui a imprimirlo. Sólo tenía la documentación lista el día de la entrega, pero no quise sacar 6 porque sí le dediqué tiempo al resto de esa materia. Entonces decidí tener el 10 aunque fuera en recuperación.
¿Algo más? Sí. Una de mis profesoras, que se dedica al desarrollo personal, me ayudó a superar en gran parte la pérdida de mi tío :( Un día en su clase no pude con la tristeza y llorar fue inevitable. Así que salimos, me dio algo de terapia y me sentí mucho mejor. Como liberada. Además me ayudó muchísimo el hecho de regresar al hawaiiano.
Y ya, por el momento. Al rato hay update y puede que ahí sepan por qué he estado pensando en irme.
* DTP: Desktop Publishing.
** Cubículo, qué palabra tan rara.. y chistosa.
20 abril 2012
Godínez
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| Esta imagen no me pertenece. No molestes con tus ridículas políticas de Blogger, Google. |
Bueno, se suponía que iba a escribir este post hace como 4 horas, sin contar que también tengo que redactar otros dos ensayos para la escuela y que son para la siguiente semana. Anyway, who cares.
Estos días en el servicio social me he sentido muchas veces como una completa godínez. Ya saben, esa gente que trabaja en oficinas de 10 am a 18 pm que tiene que convivir con otros godínez, que casi nunca se mueven de su lugar –a no ser que haya un temblor–; que ocasionalmente sacan copias y tienen que hacer un registro de su hora de llegada y de salida. Antes me gustaba ir a la oficina, era divertido, pero dejó de serlo cuando hace un par de semanas comenzaron las vacaciones y mi jefe, sin preguntarnos a mí y a mis compañeritos, nos hizo ir a "trabajar" –lo escribo entre comillas porque no nos pagan por ir, pero siempre hay algo que hacer y tampoco es voluntario–.
Podría escribirles miles de cosas referentes a mi mediano gusto por ir a esa oficina, pero eso es tema para otro post. La razón por la que escribo éste tiene que ver con la foto de Ramona y con las libertades que tengo en la oficina: sí, teñir mi fleco de colores, sin que ningún jefe me lo prohiba. Incluso las secretarias, lejos de verme 'rara', varias veces me han dicho que les agrada, ja. Se supone que en diciembre terminaré la Universidad, entonces sí podré llamarme Diseñadora de la comunicación gráfica, y tendré que dedicarme a enviar curricula a diestra y siniestra hasta que algún lugar me contacte y me cite para una entrevista. Y obviamente hasta entonces me conocerán con todo y mi cabello de colores porque, ya saben, nunca se debe poner la foto en el curriculum. No quería pensar en ese futuro, pero es inevitable. ¿Qué impresión les causará ver a una chica con fleco magenta […o rojo, o verde, o azul, o violeta, o plateado]? ¿Será razón suficiente para que no me contraten? ¿Todavía tengo arraigadas esas ideas ochenteras sobre el hiring? Tal vez sí, algo de esto último. Mi papá, que ha sido gerente de RH por mucho tiempo y se ha encargado de contratar y despedir a mucha gente, alguna vez me comentó que no contrataría gente de apariencia 'extravagante': tatuajes, perforaciones, cabello teñido de colores llamativos [ :( ], etcétera, aunque esto va de la mano con las políticas* de la empresa en cuestión…
* Paréntesis: he leído que 'políticas' es otro de esos términos ochenteros, obsoletos, y que ahora se les llama 'lineamientos', ya que esta palabra remite a mayor flexibilidad y deja de lado la rigidez implícita en 'políticas'.
…por lo que sí me preocupa un poquito este punto, porque si bien es cierto que estos tiempos no son los mismos de hace 1O ó 12 años, todavía existe discriminación por la apariencia de la gente incluso por encima de sus capacidades y habilidades, lo cual me parece patético per se.
** Segundo paréntesis: No confundan mi idea de apariencia con descuido de apariencia personal: que no se bañen y les importe un pepino. Eso.
**Paréntesis del paréntesis: Una vez en la prepa, tres bandas de rock tocamos por ser día del estudiante. Un integrante de esas bandas, un tal Raven, que era dark estaba ayudando a sus respectivos compañeritos cuando, en algún momento, coincidimos en la mesa donde teníamos todas las guitarras. No les miento, estábamos a menos de un metro de distancia y su olor era muy desagradable: tenía días sin usar desodorante. Ew! Me alejé de él por eso. Y escribí este sub-paréntesis para ilustrar la idea del principal.
Además, ¿por qué no habrían de contratarme? No soy problemática, puedo adaptarme al trabajo en equipo y pongo atención a las indicaciones y especificaciones que se me piden. También me gusta usar agenda y aprender cosas nuevas, y defiendo mi trabajo [desde la concepción de la idea hasta las condiciones de pago]. ¡Amo! mi carrera y siempre cuido mi apariencia. Actitud + aptitud: Combo breaker! ¿No vale esto más que un fleco teñido de magenta […o rojo, o verde, o azul, o violeta, o plateado]?
***Tercer paréntesis: Tampoco tengo tatuajes ni perforaciones, por si se lo preguntaban.
hablo de:
ATTITUDE,
I ❤ DESIGN..,
TEATRERA
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31 diciembre 2011
Fucking año 2O11
Sí, ya todos sabemos que es fin de año y que posiblemente el que está a unas horas de empezar sea el último ever. Que se va a acabar el mundo y todo eso. Y mientras, escribo un post cuando debería estar arreglándome para esta noche pero siendo sincera me da algo de flojera. En fin.
Quisiera poder decir pestes de este año pero no puedo, ha sido de los mejores que he tenido. A pesar de las recientes decepciones, de enterarme de que en realidad no estabas tan seguro de quererme. Sí, a pesar de eso fue un gran año, porque al tiempo que lo recuerdo y que me lastima, recuerdo también los viajes que hicimos juntos y todo lo que vivimos, y sonrío por ello y te agradezco. Aún estoy enojada contigo, y podré decir mil cosas pero nunca –o por lo menos hasta ahora– que eres un patán, porque no.
Cerré bien el año, como ya es costumbre me fui a la playa; regresé hace un par de horas. Tomé muchas fotos, alrededor de 4OO. Siempre son buenos esos viajes.
De verdad espero irme a Helsinki, es lo único que quiero.
Quisiera poder decir pestes de este año pero no puedo, ha sido de los mejores que he tenido. A pesar de las recientes decepciones, de enterarme de que en realidad no estabas tan seguro de quererme. Sí, a pesar de eso fue un gran año, porque al tiempo que lo recuerdo y que me lastima, recuerdo también los viajes que hicimos juntos y todo lo que vivimos, y sonrío por ello y te agradezco. Aún estoy enojada contigo, y podré decir mil cosas pero nunca –o por lo menos hasta ahora– que eres un patán, porque no.
Btw, no sé si leas esto porque no dejas comments, pero supongo que sí. Bien, ya que estoy hablando de ti, quiero que sepas que mi promesa de amistad sigue en pie, si así aún lo quieres pero ahora soy yo quien te pide tiempo. Pero no para pensar nada, sino para que se me pase el enojo porque, siendo bien sincera, aún te quiero. No he querido ser cortante contigo ni pretendo serlo [si es que eso he parecido], no es la intención, sólo que aún no sé cómo manejar lo que sucedió. Quiero que sea de la mejor manera. Igual y ni te importaría, estarás viajando tanto que probablemente en pocos días ya no te acordarás de mí.Y ahora miro al futuro. Hace unos días tracé mis planes para los próximos 5 años, que incluyen aprender a manejar, comprarme un coche, trabajar en mi actual oficina de servicio social, viajar mucho y si se puede, irme unos días el próximo año a Helsinki por ser la capital mundial del diseño 2O12. Aún no sé si irme a vivir sola, pero no lo descarto. Certificarme en inglés y continuar con francés, mejorar mi fotografía y estudiar una maestría. Ya no me da miedo mirar al futuro, pero sigo sintiendo incertidumbre como lo dije en el post anterior. No sobre ese asunto en especial, sino por la que me genera el no conocer lo que sucederá, en general.
Cerré bien el año, como ya es costumbre me fui a la playa; regresé hace un par de horas. Tomé muchas fotos, alrededor de 4OO. Siempre son buenos esos viajes.
De verdad espero irme a Helsinki, es lo único que quiero.
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