Mostrando las entradas con la etiqueta VALERIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta VALERIA. Mostrar todas las entradas

31 mayo 2015

I never learn

• 2015 •

Durante estos días me he sentido un poco (muy) melancólica, entre los hechos relativamente recientes y entre memorias lejanas que todavía no me dejan en paz. A veces me gustaría no recordar con tanta exactitud aquello que de alguna manera me lastima. Y la música que no me ayuda; esta vez es el disco I Never Learn, de Lykke Li, que me gusta mucho pero siempre me da right in the feelz. Hoy, por ejemplo, serían dos años de que a Miguel le diagnosticaron la recaída en la leucemia y como tenía que ser ingresado de urgencia al hospital, ya no pudo ir conmigo al festejo de mi cumple. Ya falta poco, btw. Por otra parte, también hoy pero hace un año tuve una discusión tan fuerte con Zam que pensé que terminaría muy mal, ay, y todo empezó por una tontería y la incongruencia de mi mamá. Últimamente recuerdo mucho a Zam; no en el sentido de querer regresar con él ni nada por el estilo, sino porque muchas de las cosas que viví con él aplican ahora como aprendizajes sobre cómo debo o no actuar en ciertas situaciones. Él me dejó marcas más profundas de lo que pude imaginar.

Héctor no volvió a mensajearme y aunque pretendo que no me importa, en el fondo debo aceptar que aún me duele un poco. Valeria no me ha escrito nada al respecto y yo decidí alejarme de él. Hace unos días fue su cumpleaños y sí lo recordé y tuve muchas ganas de escribirle una felicitación, pero no lo hice. Me detuvo pensar en lo terrible que me sentiría si me ignoraba. ¿Otra vez? No, gracias.

• 2014 •

Aquella discusión con Zam fue muy fuerte, todo derivó en un malentendido muy grave que se resolvió porque él fue a buscarme después del trabajo al lugar a donde voy a ensayar. Me llamó para pedirme que saliera, pero ese día no había ensayo y le dije que estaba en casa. «¿Puedo ir a tu casa?», me preguntó. Le respondí que si quería, lo hiciera y al cabo de cinco minutos llegó. Bajé, fuimos a su coche y hablamos entre muchas lágrimas. Me partió verlo llorar. Me dio una explicación larga de cómo se sentía, de lo mal que le fue ese día y me dijo que me quería. Y era cierto. Hoy, después de un año, también es cierto lo que tanto escuché en mi vida:

Quien en verdad esté interesado en ti, encontrará hasta el último recurso para buscarte.

• 2015 •

Zam lo demostró en su momento. Y ahora que lo sé de primera mano, no hay pretexto que valga. Por eso me confunde recordar cuando Héctor me dijo que era muy difícil que una chica le gustara y que tuviera tantas atenciones conmigo cuando después se alejó sin al menos despedirse.

Ah, y Javier. De él no hay mucho qué decir. Aquel día que me canceló el desayuno, me preguntó si estaría libre en la tarde, pues él también se desocuparía. Le contesté que no porque ya tenía planes… Mentira, no tenía planes. Bueno, sí los tenía pero sola, para ir al FILUX —que ni estuvo tan padre, ¿eh?—. Pero tampoco se trataba de estar a su disposición.
—Perdón, Xim, en verdad quería verte hoy. Vas a pensar que soy una mala persona y ya no querrás volver a verme.
—Descuida, pero al menos me hubieras avisado antes. Porque me cancelas a la mera hora y así no juego.
—:(
Y ya. Después de eso no volvió a buscarme. Menos mal. No sé si en verdad se habría sentido apenado o si solamente era una salida más, pero al menos me evité la pena de mandarlo al diablo de una manera más fea.

Como si no fuera suficiente con todo eso, también me molesté con Valeria. Por la mañana del viernes pasado le envié un mensajito para contarle un chisme importante de algo que me pasó pero que no puedo contar por acá, y no tuve respuesta hasta el domingo por la tarde. ¡Domingo por la tarde! El problema no es el tiempo que tardó (a veces yo también tardo tanto en contestar mensajes), sino que la vi en facebook haciendo un check-in en no sé dónde y luego subiendo algunas fotos, todo durante los días que no respondió. Chale. En su mensaje me pedía que le contara el chisme, pero la verdad es que me desanimé con eso que pasó y ya ni me dieron ganas de responderle.

Ya casi es mi cumpleaños y, a diferencia de otros años, éste no quiero celebrarlo. No tengo ánimos. Quiero estar sola, hacer un viaje corto a la playa y desaparecer por unos días. Si no, solamente ir a jugar billar mientras tomo una cerveza. Es triste porque para mí es importante esta edad: es el cuarto de siglo y logré algo importante antes de alcanzarlo cuando parecía que las probabilidades estaban en mi contra. No sé qué decidiré, sólo espero que mi humor mejore un poquito.

09 mayo 2015

Así me quedo

Musiquita del post:
Motel — Así me quedo

Pero al final juegas y luego te vas
sólo en un instante mueves todo y pierdo la razón
y así me quedo en la confusión
de no poder encontrar
la razón que usaste para divertir tu corazón
y así me quedo yo, no, no, no…

Disculpen mi música de teenager.

Como siempre, tuve que regresar a la página principal para ver en qué me quedé y cuándo escribí por última vez. Ya recordé y no me gustó.

Me quedé en el malentendido con este hombre y en que me sentía insoportable. Pues bien, hice lo contrario a lo que le dije a Valeria y lo busqué. El martes le mandé un mensajito por whats solamente para saludarlo… o no. En realidad lo hice para saber que si no me contestaba, ya no habría nada más por hacer. A buen entendedor…, dicen por ahí. Pero al cabo de unas horas me respondió:
—¡Hola, fresa!
—¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Ya no estás tan enojada?
—No, ya no estoy enojada. ¿Tú cómo estás?
—Bien, llegando de dar clase. […]
Platicamos algunas líneas más y sentí que las cosas ya se habían calmado un poco, pero no estuve muy segura. Al día siguiente me sorprendió porque me mandó un mensaje de buenos días sin que yo le hubiera dicho nada primero y aproveché para preguntarle si podría verlo hoy porque quería invitarlo a un lugar sorpresa. Mentira… mentira a medias. Sí quería verlo y sí quería llevarlo a un lugar sorpresa —todavía ni sé a dónde lo llevaría—, pero sólo era un pretexto para verlo y hablar de frente sobre el malentendido porque ya no quise tocar ese tema por whats para no estar molestando con lo mismo, pero no me ha respondido. Sólo me preguntó a qué hora, pero hasta ahora no me ha confirmado nada. Meh. Y tampoco he platicado con Valeria desde la semana pasada, ya que aunque me dijo que ella debía hablar con él, no sé si pudo hacerlo y tampoco he querido preguntarle porque tampoco quiero hartarla. No sé, no me gusta dejar los malentendidos sin arreglar, pero cuando la otra persona no quiere hablar, tampoco puedo hacer mucho. Ya no quedó en mí.

Por otra parte, ¿recuerdan que escribí sobre un tal Javier? Pues haber platicado en la semana con él coincidió más o menos con los momentos en que hablaba también con Héctor. Y no me cayó mal, parece buena persona. Hasta me mandó captura de pantalla de una oferta de trabajo. Lo que me cae mal es que soy una chocante grammar nazi que odia la mala puntuación de Javier. Ah, y que use tantos emojis. Si yo fuera otra persona, también me caería mal por ser tan chocante. El punto es que quedamos en ir a desayunar… en unas horas, así que tengo que ir a dormir pronto para no llegar tarde. Hay detalles que aún me ¿sorprenden? por decirlo de alguna forma, como el hecho de que me haya pedido mi face para agregarme. ¡Dude, tenemos cinco días platicando poquito! Le acepté la solicitud y vi que en su muro tiene casi las mismas publicaciones enlazadas de su twitter y no interactúa ni nada. Y es algo vanidoso: sube más selfies que una señorita. Pero es fotogénico. Ya veré al rato, jaja.

En realidad ni sé si lo veré, lo último que dijo fue ¡sí, vamos ahí!, pero no me confirmó si la hora que le propuse estaba bien. Eso fue el miércoles por la noche. Ayer le mandé un whats y tampoco contestó y no sé si la tonta app está fallando o qué demonios pasa que Héctor tampoco ha visto los mensajitos de buenos días que le mandé el jueves junto con la pregunta de si podría verlo. Me voy a enojar mucho si me despierto temprano y no veo a Javier. Y me estoy haciendo a la idea de que sí se rompió algo entre Héctor y yo y que posiblemente ya no volveré a verlo. Ojalá me equivoque.

Odio hacerme tantas historias en la cabeza, ¡parezco adolescente! Siento que no sé hacia dónde ir y que volveré a mandar al mundo al diablo si las cosas me salen mal, pero tengo un plan B por si eso pasa.

Por lo pronto, iré a desmaquillarme y a dormir, que me hace mucha falta.

Update 1. 8:44 a.m.: Este dude me acaba de avisar que no podrá ir al desayuno por un compromiso familiar o algo así. Meh. Habría podido seguir durmiendo.

Update 2. 12:31 p.m.: Ya había dicho que no quería seguir los malos consejos de mi mamá —y mantengo mi postura—, pero hace un rato me dijo uno que tal vez sí aplique porque suena medianamente cuerdo:

A los hombres hay que educarlos para que no piensen que pueden disponer de ti cuando les dé la gana. Si Javier te habla de nuevo y te dice que se vean otro día, acepta, y le cancelas ese mismo día. ¡Que sienta tu rigor!

Y tiene algo de razón. La verdad es que esas palabras me hicieron reír mucho por la maldad que implican y pensándolo bien, creo que la idea no suena tan descabellada… Y lo mismo aplicaría con Héctor. Sigue sin contestarme, ni siquiera ha leído mis mensajes. :( Quiero dejar de estresarme por este tipo de cosas, ¡ya basta! D:

03 mayo 2015

Perdona lo que te hice ayer

Ya vine a desahogarme porque me he vuelto insoportable conmigo misma. Sucede que tuve un malentendido con Héctor y hace una semana que no nos hablamos. :( El post tiene tres partes: el sábado, el domingo y después del domingo hasta ahora; intentaré no extenderme tanto en cada una para no hacerlo más confuso.

El sábado anterior salí con él y la pasamos increíble: nos vimos en Buenavista, como siempre, y de ahí nos fuimos a una bonita casa de té ubicada en la Condesa. En dos semáforos me pidió que cerrara los ojos para darme los regalos que me había comprado: uno era un tazón para cereal decorado con motivos de gatitos y un peluche de Rilakkuma; del otro hablaré más adelante. Escuchar sus anécdotas del viaje fue maravilloso; adoro platicar con gente que viaja porque me muestran un poquito del mundo y de culturas distantes, además de que me inspiran para no dejar nunca mis ganas de viajar a Finlandia. Le pregunté sobre algunas de las fotos que me mandó así como las que vi en su muro de facebook. Por haber sido un viaje de trabajo y tener contacto con empresas grandes, fue invitado varias veces a restaurantes nice. En uno de ellos, el postre fue una bola de helado de chocolate con una punta cubierta con una lámina delgada de oro. Otro día fue al mercado de mariscos, otro día a Akihabara… Me imaginé los escenarios según me los describía y aunque probablemente mis imágenes mentales no tengan nada qué ver con la realidad, sentir el viento en mi rostro y disfrutar mi té de frutos rojos mientras lo escuchaba hablar es algo que no quisiera olvidar. Después de acompañar nuestras bebidas con galletitas de mermelada fuimos a caminar a dos parques cercanos. En uno de ellos nos sentamos, lejos de donde hubiera tanta gente y continuamos platicando luego de la caminata divertida porque me hizo cosquillas otra vez. En algún momento sentí ganas de besarlo y sin pensarlo lo hice: me planté frente a él, lo tomé del rostro y me dejé llevar. Fue increíble porque me correspondió los besos y aunque también me acariciaba, no le dejaba tocar de más por estar en público. De hecho, vimos una pareja que estaba peor y a la que no me faltaron ganas de gritarles ¡váyanse a un cuarto! y echarme a correr, ja, pero no lo hice. En los mensajes que me mandó durante el viaje, varios tenían insinuaciones. Sí, de eso que están imaginando. Así pues, el segundo regalo que me dio no lo trajo de Japón, sino de una tienda de aquí y era un conjunto coqueto de lencería. No le creí cuando me comentó que sí sería capaz de regalarme algo así porque de broma de dije que sí se lo modelaría si me lo compraba, pero lo hizo. Y aunque le dije que tendría que esperar mucho tiempo para que eso pasara, lo consideré durante el paseo por el parque y finalmente acepté. Sí, ya sé que fue demasiado pronto, hasta mi hermano me llamó la atención (¡te estoy diciendo, pero eres necia!, me espetó), pero no me arrepiento porque en el fondo era algo que sí quería hacer. Sucedió después del parque, fuimos a un lugar bonito que estaba a unas calles de ahí.

El domingo tuve exhibición de danza con la ohana. Héctor ya sabía de esto porque en alguna de nuestras primeras salidas me pidió que le avisara cuando tuviera algún evento de danza para que fuera a verme, así que le comenté de esta última pero sin ilusionarme tanto porque la muestra fue en Teotihuacán —en un balneario horrible, por cierto—, pero aún así insistió en ir y el sábado quedamos en que aunque él llegaría por su cuenta, ahí estaría. Yo llegué primero junto con la ohana porque el registro de entrada para grupos era temprano y tenían que entrar completos. Tomé una foto de la fachada y se la envié por whats junto con otros mensajes: uno de buenos días, otros para confirmarle la hora en que sería el turno del grupo y uno más para avisarle media hora antes que ya no podría contestarle hasta después de la participación… pero no contestó ninguno, de hecho, ni siquiera los vio. Me sentí mal y varias veces pensé en que sólo me había usado el día anterior, pero no quise darle tantas vueltas al asunto en ese momento porque mis amigas querían que nos aventáramos a la alberca juntas. Olvidé el problema un rato y estuve con ellas nadando y posando para las fotitos. De regreso a casa estuve dormida durante la mitad del camino. El esposo de una de mis amigas pasó por nosotras y nos dejaron en una estación del metro a otra amiga y a mí, ya que ellos se desviarían mucho para regresar a su casa, pero estuvo bien porque me hacía falta caminar. Cuando llegué a casa volví a conectarme al whats pero seguía sin tener respuesta de Héctor. Me enojé mucho y luego de acomodar mis cosas y la ropa que lavaría al día siguiente, me quedé dormida.

No tuve respuesta de Héctor sino hasta el lunes a mediodía. Su mensaje tenía una disculpa por no haber ido ni contestado el día anterior y algo que más o menos se entendía como que se había quedado sin celular, pero no se explicaba bien y no dijo nada más. Después de un par de horas, lo único que le respondí fue un habla con la mano que obviamente no contestó. Para ese momento ya no me sentía tan enojada, más bien estaba desconcertada y si agregamos que su mensaje tan breve no decía mucho, pues también estaba confundida y con ganas de mandar al mundo al demonio por unas horas, pero luego de un rato me arrepentí de haber sido tan grosera. Por la noche hablé con Valeria y le conté todo lo que pasó; me aconsejó marcarle y hablar con él para disculparme (le mandé una notita de voz porque no tengo mucho saldo) y siguiendo sus palabras, también le dije que cuando pudiera, querría platicar con él. No sirvió de nada porque desde entonces no he tenido respuesta de él a pesar de que sí escuchó la notita… hasta el miércoles. Valeria me contó que ellos quedaron de platicar el jueves; ella le preguntó por mí pero él solamente respondió que hablaran el jueves cuando bajaran sus cargas de trabajo, pero no hablaron porque ella salió con su novio y él no dejó de tener tanto trabajo.

Así que ahora no sé nada. Después de la notita de voz no volví a mandarle ningún mensaje a Héctor por miedo a quedar como una rogona y porque además, tampoco sé si siga sin celular o algo así, y no he vuelto a tocar el tema con Valeria para no hartarla con lo mismo de siempre. Ella prometió darme noticias en cuanto supiera algo y sólo me queda esperar a que eso pase. Durante estos días, la mayor parte del tiempo me he sentido insoportable conmigo misma, pero he intentado no explotar con los demás porque no viene al caso. Admito que fui muy grosera con mi mensaje a Héctor y que probablemente me mandó al demonio porque ni siquiera le di oportunidad de explicarme lo que le pasó, pero no me parece justo que me ignorara después de haberle ofrecido disculpas. Estoy haciéndome historias en la cabeza, ¡justo lo que no quería!, pensando en que él ya no quiere saber nada de mí, recordando que el sábado me dijo que probablemente no lo vería sino hasta la siguiente semana por tanto trabajo que tendría e intentando resignarme a darle la vuelta a la página y dejar todo esto atrás. Es que no quiero. Para colmo, un dude de twitter me invitó a salir. Lo que me faltaba. Se llama Javier. Aún no hay fecha definida para vernos, pero la verdad es que no tengo ánimos para ir porque lo único que me interesa es arreglar las cosas con Héctor y estar con él; no quiero a alguien más. Tampoco quiero aferrarme a él, pues si no quiere hablar tampoco voy a obligarlo, pero es una pena que las cosas terminaran tan pronto y de una manera tan horrible.

Aaah, me gustaría adelantar los días y ya no estar dándole las mismas vueltas a todo este asunto. Me tengo harta.

11 abril 2015

Cuando lo conocí tenía 16…, pt. 1

Se supone que ya debería estar dormida o de lo contrario no podré levantarme temprano (sí, aunque sea sábado), así que intentaré no tardar mucho redactando el post de hoy.

Quería venir a contarles que traigo un montón de sentimientos encontrados desde hace un par de semanas. Conocí a alguien nuevo, se llama Héctor y me lo presentó Valeria, mi mejor amiga, el día del concierto de Sonata Arctica (domingo, 22 de marzo). Que, por cierto, estuvo de lujo; lo disfruté muchísimo, especialmente cuando tocaron I Have A Right, pero ése tal vez sea tema de otro post. O tal vez no. Hay que mencionar que Héctor es compañero/amigo del trabajo de Valeria.

Damn, me he desconectado tanto de la compu que ahora tengo muchos typos mientras escribo en el teclado. El teléfono me está haciendo mal. :(

Ese día quedé de verme con Valeria para ir a la Cineteca, porque Héctor quería ver Whiplash y le preguntó si ella podría acompañarlo; Valeria le explicó que ya tenía plan conmigo pero él le respondió que no tenía problema en ir a dejarnos al concierto después de la función, así que estuvo bien. Al día siguiente, Héctor me agregó a facebook pero no fue sino hasta en la noche que comenzamos a escribirnos por el chat. Bueno, él lo hizo primero. Fue una plática… cool, me cayó bien, y después de contarme que su postre favorito era el pay de limón y responderle que el mío no queda nada mal —modesta la muchacha, ¿verdad?— me invitó a salir por uno en el transcurso de la semana a un café que le queda cerca del trabajo. Ese día fue increíble porque por la mañana fui a una entrevista de trabajo de la que sí escribiré más adelante, pero por ahora puedo decir que todo salió perfectamente bien; por la tarde regresé a casa y después de regresar de nuevo porque tuve que ir al banco, me arreglé para la cita. La verdad es que sí estaba emocionada por verlo y como me había hablado maravillas de ese pay, no podía dejar de probarlo. Quedamos de vernos por la tarde-noche en una estación de metrobús y de ahí caminaríamos al café.

La velada fue maravillosa. Héctor resultó ser muy agradable y muy interesante: no hubo un solo momento de silencios incómodos en la plática. También fue comprensivo cuando le expliqué que olvidé llevarle mi portafolio como le había prometido y que, no sólo eso, sino que me percaté de que no traía mi cartera cuando llegué a la estación del metrobús. El problema no era pagar mi cuenta pues se trataba de una invitación, sino que entonces no habría tenido modo de regresarme sola si algo salía mal porque además tenía poco saldo en el celular como para pedir un taxi de app y mi tarjeta del DF estaba en ceros. Pero nada de eso sucedió y él, muy amablemente, me dijo que no me preocupara por la cuenta del café. Y al final me llevó de regreso a casa; su coche estaba a unas cuadras de ahí.

El domingo por la tarde volvimos a vernos y como en esta ocasión era mi turno de elegir lugar, le sugerí la heladería bonita que conocí gracias a Efren. Quedó encantado, o eso dijo: la música era agradable, el menú era amplio y los postres deliciosos. Después de refrescarnos por el calor tan insano que hacía ese día fuimos a caminar por las calles cercanas. Debo señalar que no son muy seguras, pero algo me decía en el fondo que no pasaría nada y que si así fuera, mejor ni lo pensara. Fue muy divertido caminar con él mientras me contaba sobre su vida, sus pasatiempos, su trabajo… además del ataque de cosquillas que me hizo. Nunca aguanto mucho tiempo las cosquillas y me rindo muy rápido porque no puedo dejar de reír, pero me agradaba pensar en la idea de quedar rodeada en sus brazos. Ya saben, romántica la mujer, igual que cuando le pedí que me enseñara algunos pasos de baile. Y luego fuimos a un bar bonito en la Roma-Condesa que tenía una terraza fabulosa. Me mareé un poco con la bebida, pero se me quitó con la comida y la plática. Al cabo de un rato me regresó a casa, pero antes de bajarme del coche me abrazó y me dio un beso tan largo y tan delicioso que sonrío cuando lo recuerdo.

Y el miércoles nos vimos de nuevo porque él tenía ganas de ir a Coyocán. Para mí fue inevitable recordar la última vez que estuve ahí por el incómodo de Roberto, pero meh. ¿Han escuchado esa frase que dice que los caballeros no tienen memoria? Pues las damas tampoco. ¡Les digo que soy una romántica! Aunque, eso sí, me enojé cuando vi a Héctor porque me dejó esperándolo media hora. Una hora antes de lo acordado me avisó que llegaría tarde y fijó otra hora con la que no tuve problema porque yo también sentía que iba algo tarde —y terminé llegando a la hora original—, pero cuando fue la nueva hora me avisó que tardaría aún más. No sabía si esperarlo o irme porque, de verdad, no saben cuánto odio que me hagan eso. Cuando al fin llegó y me subí al coche, me metí en mi papel de mujer enojada y le advertí que fuera la última vez que hiciera eso. Ja, ya me imagino cómo se debió haber sentido, pero ni modo. Y en realidad no estaba tan enojada como lo fingí, pero como le dije a Franco: es la única forma que tengo de educar a la gente con mi tiempo, aún si se trata de alguien que me guste mucho, como Héctor.

Regresando al tema de la cita, en vez de pensar en aquella salida con Roberto, estuve observando las calles y casi de inmediato reconocí algunas por donde ya había pasado mientras imaginaba el café y los churros tan ricos de los que Héctor me hablaba. Entonces, después de estacionarnos fuimos a conseguirlos y luego buscamos una banca para sentarnos. No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero de nuevo terminé encantada con su plática. A veces me trollea y es divertido también. Caminamos otro poco y luego me regresó a casa. Y sí, antes de bajar del coche me besó otra vez y me volvió a gustar. Me hizo estremecer, de verdad. No puedo esperar para verlo de nuevo.

Sé que sonará demasiado apresurado, pero siento que podría querer intensamente a este hombre. Físicamente, me encanta que sea alto; por lo demás, sus pláticas siempre son divertidas; es interesante: tiene dos ingenierías y una maestría, toma clases de guitarra y de salsa, sabe aikido y algo de krav maga, habla alemán y japonés, da clases de ingeniería en una universidad y… es unos años mayor que yo. Sí, ya sé que la edad no es garantía de nada —de hecho, nada lo es—, pero este detalle me llama la atención porque no acostumbro salir con chicos que me llevan algo de tiempo. En realidad no es tanto… creo; son seis años. La última vez que salí con alguien que me llevaba seis años fue en la universidad, con Adán; yo tenía 19. Fue un fracaso y no duramos ni un mes, pero viéndolo en retrospectiva, en parte fue porque él ¡obviamente! ya no era de manita sudada y yo aún tenía miedo de pensar en tener sexo porque me parecía muy pronto. De hecho, ahora que lo pienso, sí era muy inmadura y miedosa para muchas cosas. Luego, Alan M., que me llevaba cinco: yo tenía 21 y él, 26. Tampoco funcionó, pero duramos unos meses más. Aunque ahora que he estado saliendo con Héctor, siento que ya no soy esa de antes y que ya no hay razón para sentir los miedos de entonces. Me gusta mucho cómo me abraza para besarme y lo que me provoca después del beso, pero aún no le dejo acariciarme más de lo debido y mucho menos pensaría en acostarme con él si llevo tan poco tiempo de conocerlo.

Pero a veces me siento como en ciertos versos de la canción Tatuaje, de JD Natasha:
“Vengo para liberarme de mi estúpida inocencia”

“Cuando lo conocí tenía 16, 
me enamoré de sus ojos que me desnudaban”

“Sin querer me hipnotizó con su sexy inmoralidad”
El resto de la canción no tiene mucho qué ver con cómo me siento porque habla de que el hombre del que se enamoró la dejó, pero sí me identifico con la manera tan intensa que ella cuenta que lo quiso porque le dejó recuerdos muy marcados… como tatuajes. También habla de cuánto puedes llegar a cambiar tu esencia cuando quieres o crees querer a alguien con tal intensidad porque te deslumbra tanto que te deja ciega.

Y yo no quiero quedarme ciega, pero sí me veo viviendo cosas muy intensas a su lado aún sabiendo el riesgo de quedar tatuada que ello implica.

17 agosto 2010

Es como olvidar la letra de tu canción favorita

Seguramente a todos les ha pasado que esperan con ansias a que llegue cierto día, ¿no? Por la razón que sea: ver a alguien especial, el inicio de un curso, un viaje.. O al contrario, desearíamos que no llegara.. Poder saltarlo como si fuera una mala canción de nuestro playlist y continuar en el que sigue. O escucharla tantas veces hasta acostumbrarnos y, en cierta forma, tomarle cierto gusto.

HaHa, con esto último me acordé de Mario, cuando decía que odiaba el 'The Wall' y de cualquier forma terminó escuchándolo. Lo que ya no supe -o no recuerdo- es si al menos dejó de desagradarle tanto. Si llegas a leer esto.. *inserte algo qué decirle al cosito*. Bueh.. la verdad es que no sé qué decir. Sólo que extraño tu blog y olvidé decírtelo la última vez que me conecté.

Mientras tanto, yo no quiero que sea mañana. No quiero nada. Quiero irme lejos y no regresar en un buen rato.

Quiero y necesito ver a Valeria y a Alex.

Y como lo que quiero decir no puede ser publicado, me voy. Les dejo una canción de Regina Spektor: Eet.

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to feel the beat

Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet

You spent half of your life trying to fall behind
You’re using your headphones to drown out your mind
It was so easy, and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet

Eet, eet, eet, eet
Eet, eet, eet, eet

Someone’s deciding whether or not to steal
He opens the window just to feel the chill
He hears that outside a small boy just starting to cry
‘Cause it’s his turn but his brother won’t let him try

It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet

It was so easy and the words so sweet
You can’t remember, you try to feel the beat

31 julio 2010

Momentos de: Valeria & Xxim

En mi secundaria había una papelería pequeña, a la que podíamos ir a ciertas horas del día a comprar algún material que necesitáramos para las clases. A un lado había un baño muy pequeño que nunca estaba abierto; al otro estaba la enfermería, y arriba -creo- el laboratorio de antidoping, al que nunca fui. Ese pedacito de la escuela era el mejor para volarse las clases; a media mañana el sol se disfrutaba como ningún otro :). Pero ese no es el punto.
Un día Valeria y yo fuimos a la papelería a comprar unas cosas, no recuerdo para qué materia, y vimos que una persona entró al bañito. La puerta tenía un pasador como el de la foto:


Es importante mencionarlo, porque es por ello que viene lo más emocionante, HaHaHa. Entramos a la papelería y compré un lápiz, el más grande que hubiera. Valeria me preguntó que para qué quería un lápiz si ella me podía prestar uno en el salón, a lo que sólo le respondí: 'Ya verás'. Salimos lo más rápido de ahí, antes de que saliera la persona del bañito, y atoré el lápiz en el pasador de la puerta, donde se supone que se ponen los candados.. y nos echamos a correr. Ya no recuerdo si compramos el material, sólo que llegamos al patio con la respiración entrecortada y riéndonos por la travesura que hicimos. Sí, digo 'hicimos' porque ella fue mi cómplice! Ya desde entonces éramos las mejores amigas [aunque suene cursi].

:)

Y así muchas otras travesuras.