"Aún tengo esa pulserita que te quité alguna vez, ¿te acuerdas? Era café con cuentas de colores. Recuerdo lo que vivimos en esos días. Eran buenos tiempos a pesar de que muchos no estaban de acuerdo con lo que había entre nosotros. Me decían que no valías la pena, que fui sólo una diversión en tu vida y nada más. No lo sé, tal vez nunca lo sepa. Pero de una cosa sí estoy segura: hice lo que yo quería en ese momento, y era estar contigo sin importar lo demás. Te quise, aunque ahora sé que no lo supiste ver. Mi frase favorita en aquel momento era 'I will do what I feel like', y me sentí completamente bien conmigo misma por haber estado contigo a pesar de todo y de todos. Ahora eres parte de mis recuerdos. Cada vez que regresas a mi mente mis emociones se encuentran. Por una parte te recuerdo como algo de lo que no me arrepiento, pues me ayudaste a ver mi mundo desde otros puntos. Me enseñaste nuevas maneras de pensar y de actuar. Y aprendí, por mí misma, a no depender tanto de las personas. Y por otra parte recuerdo también todo lo que sufrí por ti y lo mucho que te lloré sabiendo que no valía la pena. Qué tonta, ¿no?
Desde aquel día que te quité la pulserita me prometí que jamás, por ningún motivo, me la iba a quitar. Siempre la traía conmigo, en mi muñeca izquierda, y cada vez que la veía me acordaba de cómo nos conocimos, de todas esas pláticas y de las veces que nos encontrábamos por sorpresa. De cómo nos llegamos a querer. Cuando te odié por haberme lastimado por segunda vez rompí mi promesa. Como pude deshice el nudo de esa pulsera que precisamente había hecho para no perderla, y la guardé en una cajita, junto a otras pulseras. Ahí se quedaría hasta que llegara el momento en el que en verdad te dejara de odiar y tal vez, sólo tal vez, esporádicamente la volvería a usar.
¿Sabes? Hoy la traigo puesta otra vez. No recuerdo cuándo la saqué de esa caja de metal, pero sí sé por qué. La traigo porque me hice una nueva promesa: me juré que cada vez que la mirara recordaría como NUNCA debería de ser. Me juré que jamás sería como tú, que no jugaría con los sentimientos de nadie, por mucho daño que ellos me hicieran, y no dejaría que ningún hombre pisara mi dignidad. Recordaría también lo amable que eras, única cosa que imitaría de ti, pero nada más. Y lo más importante: me prometí no dejarme caer ante el primer signo de dolor que me provocara tu recuerdo.
Hoy miré de nuevo tu pulsera y dudé de mi promesa. La veo y no puedo evitar pensar si lo que hice estuvo bien o si fui en contra de mí misma. Siento que fui como tú alguna vez lo fuiste conmigo y que dejé que alguien jugara con mis sentimientos. No sé lo que vaya a suceder en los próximos días, y tampoco sé si será como me gustaría. Lo único que sé es que quiero mantener mi promesa, sea como sea, y si es debido, a pesar de quien sea. Ahora sé qué se siente ser como tú, y aunque me niego, tendré que aprender a vivir así."
Desde aquel día que te quité la pulserita me prometí que jamás, por ningún motivo, me la iba a quitar. Siempre la traía conmigo, en mi muñeca izquierda, y cada vez que la veía me acordaba de cómo nos conocimos, de todas esas pláticas y de las veces que nos encontrábamos por sorpresa. De cómo nos llegamos a querer. Cuando te odié por haberme lastimado por segunda vez rompí mi promesa. Como pude deshice el nudo de esa pulsera que precisamente había hecho para no perderla, y la guardé en una cajita, junto a otras pulseras. Ahí se quedaría hasta que llegara el momento en el que en verdad te dejara de odiar y tal vez, sólo tal vez, esporádicamente la volvería a usar.
¿Sabes? Hoy la traigo puesta otra vez. No recuerdo cuándo la saqué de esa caja de metal, pero sí sé por qué. La traigo porque me hice una nueva promesa: me juré que cada vez que la mirara recordaría como NUNCA debería de ser. Me juré que jamás sería como tú, que no jugaría con los sentimientos de nadie, por mucho daño que ellos me hicieran, y no dejaría que ningún hombre pisara mi dignidad. Recordaría también lo amable que eras, única cosa que imitaría de ti, pero nada más. Y lo más importante: me prometí no dejarme caer ante el primer signo de dolor que me provocara tu recuerdo.
Hoy miré de nuevo tu pulsera y dudé de mi promesa. La veo y no puedo evitar pensar si lo que hice estuvo bien o si fui en contra de mí misma. Siento que fui como tú alguna vez lo fuiste conmigo y que dejé que alguien jugara con mis sentimientos. No sé lo que vaya a suceder en los próximos días, y tampoco sé si será como me gustaría. Lo único que sé es que quiero mantener mi promesa, sea como sea, y si es debido, a pesar de quien sea. Ahora sé qué se siente ser como tú, y aunque me niego, tendré que aprender a vivir así."