Cansancio. Eso es lo que dejan cuatro semanas consecutivas de prácticamente estar viviendo en la escuela. A veces pienso que debería dar de baja Tipografía; no me gusta quedarme toda la tarde esperando una materia de dos horas al final del día, pero es que sucede también que podría regresar a mi casa en la tarde, pero ahí no hago tarea. Procrastino demasiado. Es imposible hacer los deberes, además, con el detestable ruido de la tele de fondo cuando nadie la está viendo, o con el teléfono sonando a la mitad de la tarde, se tensa el ambiente.
Tengo también otros motivos -más interesantes, por cierto- para no desistir de esa materia: la Coordinación me ha asignado uno de los nuevos lockers. ¿Y qué con eso? Pues que los alumnos con buen rendimiento académico tuvimos preferencia para la asignación de los lockers; si doy de baja esa materia, probablemente el próximo trimestre no seré seleccionada en el sorteo de los casilleros. Sinceramente, no pensé que sería asignada, pero ver mi nombre publicado en la lista fue muy satisfactorio :).
Entonces supe que todo el esfuerzo de los trimestres anteriores había valido la pena. Los desvelos, con todo lo que implicaron, no fueron en vano, aún cuando muchas de esas cosas ahora ya no merezcan importancia.
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