20 octubre 2012

Adiós, mi amor

No sé cómo empezar a escribir esto. Las despedidas siempre son difíciles, y más cuando se trata de alguien que con el tiempo y su encanto pasó de ser una mascota a un miembro más de la familia.

Gigio es un perrito increíble, siempre que la gente me pregunta cómo es lo defino como “tierno y adorable”. ¿Alguna vez se preguntaron de niños, cómo serían sus animalitos de peluche si tuvieran vida? Bueno, pues algo así es Gigio. Es tan esponjoso y tiene una mirada tan tierna que inmediatamente te invita a abrazarlo o cepillarle su pelo, o simplemente mirarlo mientras duerme acurrucado en tu regazo. Cuando llegas a casa después de un día largo y cansado, te recibe brincando alrededor de ti, te lame las manos y va contigo hasta donde te sientes para que lo saludes también. Es como si te dijera:
– Oh, ¡ya llegaste! ¡Qué emoción! ¿Dónde estuviste? ¿Por qué tardaste tanto? Te quiero :3
Le encantan los niños y los ancianos y es cariñoso y juguetón con ellos; también con otros perritos, pero si se siente invadido reacciona y se defiende ladrando. También le gusta la comida de humano más que sus croquetas; puede comerse tu sándwich del desayuno y beber de tu vaso de leche sin que te des cuenta, pero el rastro que deja con sus huellitas lo delata. En serio, una vez me pasó y tuve que hacerme otro sándwich. Om ñom ñom!

Gigito y yo, recién llegado de la estética.

Llegó a nosotros como regalo de Navidad hace dos años. Cuando se asomó de la caja se veía un poco confundido, como preguntándose “¿Quiénes son ustedes? ¿Me abrazan?”. Yo fui quien lo sacó y lo cargó, mientras mis hermanos le hacían cariñitos y a los tres nos salían lágrimas de ternura y felicidad. “¡Gracias, mamá!”, exclamamos y sonreímos, y nos quedamos ahí con él un buen rato, hasta que le empezó a dar frío y se acurrucó. Lo guardamos de nuevo en su caja y cuando llegamos a casa no sabíamos si dejarlo ahí o permitirle dormir en el cuarto de mi mamá, porque estaba chillando poquito. Así que, durante las primeras semanas, lo dejamos dormir en nuestros cuartos para que no se sintiera solo, hasta que le acondicionamos un rincón con sus cobijas y su bandeja, y lo fuimos educando para que se acostumbrara a dormir ahí. Educarlo para que avisara de sus necesidades fue lo más difícil, arruinó la sala y en varias ocasiones manchó el piso e incluso mi cama alguna vez, pero lo logramos, y entonces cada vez que necesitaba salir rasguñaba la puerta principal, no sin varios castigos y regaños de por medio si desobedecía.

¡Greñitas! A ver, te cepillo :3

A veces, cuando me sentaba a la compu a hacer tarea, llegaba conmigo y se paraba en dos patas para que lo cargara, así que lo ponía en mis piernas y se dormía un rato. Verlo hecho bolita y sentirlo tibio era una sensación tan mágica y maravillosa, que aligeraba mi presión de las tareas para el día siguiente.

Pero hace unos meses empezó lo feo. No sabíamos que probablemente tenía una enfermedad renal congénita (ay Dios, eso se leyó tan de doctora, haha), y empezó a acumular líquido en su pancita, hasta que después de un par de semanas se le hinchó tanto que tuvimos que llevarlo al veterinario para que lo drenara. Esa primera vez creímos que quedaría bien, pero no fue así. Fue el comienzo de una serie de visitas al veterinario por la misma razón. El doctor nos recomendó cambiarle su alimento de siempre por uno especial para enfermedades de los riñones, y nos prescribió un diurético que teníamos que darle cada mañana durante tres días. Se suponía que con eso mejoraría, sin embargo, tampoco sucedió y las visitas eran cada vez más frecuentes. Creo que ya hasta se resignaba cuando le hacían la incisión, ya no chillaba, pero en sus ojitos se reflejaba el dolor. El doctor nos dijo que era peligroso estar abriéndolo tan seguido, y nos dijo que necesitaba practicarle un ultrasonido para ver qué tenía, pero, ah, es aquí cuando me siento más impotente y enojada conmigo misma, porque no teníamos dinero para llevarlo. Y peor aún cuando a mi mamá le robaron la tarjeta de débito, donde tenía algunos ahorros para situaciones de emergencia y, las personas que encontraron la tarjeta se los gastaron todos, ¡completos! ¡La dejaron en ceros! Qué maldita mala suerte y qué malditas basuras. O que probablemente habría que operarlo para ver qué estaba mal, cosa que tampoco se hizo, por la misma razón.

Con el tiempo le fue creciendo una bola. No sabemos si es un tumor o qué rayos, pero cada vez era más grande, y si le palpabas la panza la podías percibir. Ayer, el doctor nos dijo que Gigio tiene los ganglios y la vejiga muy inflamados y que, efectivamente, está perdiendo calidad de vida. Y ayer fue cuando más mal lo vi, de todas las veces que me ha tocado verlo mientras lo drenan. Esta semana fue crítica: notamos que algo estaba muy mal desde el momento en que dejó de avisar cuando quería hacer sus necesidades, y el color y la textura de éstos no era normal. Un par de veces llegó a orinar rojizo, como si fuera sangre diluida o qué se yo. De pronto encontrábamos el piso sucio, pero no era por capricho del perrito, sino porque quizás ya no puede controlar sus esfínteres. Cuando veía que nos dábamos cuenta y lo mirábamos corría a esconderse a su rincón antes de siquiera decirle algo, como si pensara que había hecho algo muy malo y pues, no.

Después de meditarlo entre todos concluimos, con todo el dolor del mundo, que lo mejor para Gigio es dormirlo. Que descanse de todos sus males antes de que empeoren. De por sí. Qué pena, yo me lo imaginaba con nosotros por varios años más. ¡Es que está chiquito! El viernes pasado (12 de octubre) apenas cumpió dos años. No merece morir tan pronto, ni así. Por la tarde lo llevaremos, y sus cenizas tendrán un lugar especial en el altar de Día de Muertos.

Mi niñito precioso, no sé qué voy a hacer sin ti. ¿Quién me va a recibir con tanto cariño cuando llegue de la escuela? ¿Quién va a ir a despertarme en la mañana para que no se me haga tarde? ¿Con quién voy a jugar a la pelota? Llegaste a nosotros cuando las cosas entre mamá y papá estaban verdaderamente mal, nos aligeraste la tristeza y nos la cambiaste por muchos momentos felices. Nos enseñaste el cariño incondicional y el amor por los animales. Nos ayudaste a ser algo más responsables, porque cuidar a una mascota requiere dedicación y mucho, pero mucho amor. Y sobre todo, nos amaste por encima de los regaños y nuestra inexperiencia para cuidar a un animalito. Eres nuestro primer perro y eso jamás va a cambiar. Ningún otro va a ocupar tu lugar ni tu rincón. Qué más quisiera yo que esto no estuviera sucediendo, que estuvieras sano y que fueras para siempre, pero dicen que así es la vida y que estas cosas suceden.

Yo sé que vas a seguir cuidándonos desde donde vayas a estar, y que nos vas a recibir con el mismo cariño de siempre cuando lleguemos contigo.

Al rato te alcanzo, corazón. Disculpa si me tardo un poco. Te quiero mucho.




Adiós, mi amor.

4 comentarios:

enzo lovers dijo...

dios!!!lo siento muchisimo!!!
yo tengo uno y para mi es mas que un hijo!
es mi vida!!!
de nuevo lo siento!
un abrazo inmenso
te sigo
enzolovers

Memories of what I wanted dijo...

Y lo afirmo, el amor de un animal es incondicional, es el amor más puro que puedes recibir; sentí horrible leer tu entrada; a lo mejor estoy en contra de dormir animales, ya que opino que deberían hacer lo mismo con las personas dónde su destino es la muerte. Pero, finalmente, Gigio estará en todo momento con ustedes, para mi consideración, la pérdida de un animal, es de las más dolorosas, ya que no sólo son mascotas, sino pasan a formar parte de tu vida, son cómo tus hijos, o tus amigos... Pero ahora Gigio estará en un lugar mejor, dónde nada le dolerá, dónde dejará de sufrir esas visitas horribles al veterinario, dónde dejará de verlos sufrir por verlos mal, y si hay de verdad una vida después de la muerte, Gigio estará allá esperándolos, tan jugetón y cariñoso cómo lo fue en vida...

Un fuerte abrazo.

Jinete_Enmascarado dijo...

me da mucha pena por lo qu estas pasando, y lo entiendo puesto que mi perro max tambien murio y no habia nada que me consolara, y no puedo decir nada mas que decirte que el esta en un lugar mejor y estoy seguro que fue muy feliz a tu lado.

Xim dijo...

Gracias a todos por sus palabras, de verdad. Y perdón por responder hasta ahora, no había abierto el mail en donde me llegan las notificaciones de los comentarios.

Gigio, por ahora, está bien. No lo dormimos, fuimos con otra veterinaria a pedir una segunda opinión, y le realizarán ultrasonidos para dar exactamente con lo que tiene y entonces sí, tener un diagnóstico certero. Lo que sí, es que lo tuvieron que rapar porque ya tenía demasiado pelo, y le compramos un suéter para que no sintiera tan fuerte el frío.

Sus comentarios tienen algo en común: el amor de un animal es la cosa más pura y hermosa que un humano puede sentir. Y se van convirtiendo de mascotas a un integrante más de la familia. Su amor es tan incondicional que cuando se van, ah, se queda uno con un vacío enorme. Ustedes entienden bastante bien de lo que hablo.

Aún no sé qué será de Gigio; yo sólo espero lo mejor y mientras sucede lo que tenga que suceder, me ocuparé de que tenga la mejor calidad de vida posible.

Un abrazo de vuelta a todos. <3