11 noviembre 2012

No fue un adiós

A casi un mes de la última entrada, regreso feliz (aunque un poco retrasada) para contarles que Gigio está vivo; no lo tuvimos que dormir porque fuimos a pedir una segunda opinión. Esta doctora le realizará un par de ultrasonidos: uno abdominal para ver mejor qué tiene el perrito en el vientre, y uno más a la altura del corazón y los pulmones. Se le tomaron muestras para laboratorio y los resultados son aún confusos: puede ser que lo que tenga sea una anomalía cardiaca, o puede ser hepática –por eso los ultrasonidos–. Aunque hay algo que me tiene preocupada: en esos resultados aparece también anemia severa. Y con ello viene también leucocitosis y linfocitosis, cosa que, según experiencias pasadas, son indicios de leucemia. Ay. Mi niño podría tener cáncer. ¿Por qué? No lo sé. Pero prefiero no ser fatalista.

En cuanto a ánimos, Gigio ha estado igual de alegre y cariñoso que siempre. A veces creo que en el fondo sabe que su fin no es lejano; se le nota cierto aire de melancolía en la mirada, pero a pesar de ello nos sigue amando como siempre lo ha hecho.

Que suceda lo que tenga que suceder, lo único que quiero es que, mientras esté con nosotros, tenga la mejor calidad de vida posible.

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