Quería escribir esto desde poco más de un mes. Éste es el tercer intento, espero que quede como quiero. La primera vez lo redacté y lo guardé como borrador. Fail, porque se me fue la inspiración, así que lo eliminé. La segunda vez fue con el pretexto de la tarjeta postal. De nuevo fail, porque no redacté nada por falta de tiempo. Y hoy es el tercer intento en vista de que no hay nada nuevo en la clase.
Antes de empezar, quiero aclarar que no estoy en contra de ninguna creencia. Las respeto, así que pido lo mismo a cambio.
Aquí voy.
Como el tema de la postal fue el respeto, al principio decidí hablar sobre el respeto a las creencias religiosas. Lo llegué a comentar con alguien que probablemente no tenía por qué saberlo, pero eso ahora ya no importa. Algunos ya saben que no me considero parte de ninguna religión, y que si en teoría soy católica, es por tradición familiar.
Cuando tenía 13 años, tuve una crisis un tanto rara pues empecé a cuestionarme la existencia de algún ser superior así como me lo enseñaron en mi familia. Con el paso del tiempo, la religión que tenía dejó de llenarme y busqué nuevas formas de creer, hasta que un día llegué a la Wicca. Y he de confesar que en los primeros dos años me sentía feliz haciendo conjuros inofensivos y rituales que cualquier adolescente haría sólo por diversión. Me gustaba prender velas, usar cuarzos y hacer ese tipo de cosas porque en verdad tenían significado para mí. Pero sin duda, lo más importante fue, y sigue siendo hasta ahora, aquella frase, ese precepto tan simple y tan poderoso a la vez: "No hagas daño a la Tierra, a tu prójimo ni a ti mismo".
Hoy podría parecer ridículo para muchos el hecho de creer en rituales, especialmente teniendo alrededor de 15 años, pero tengo la certeza de que si pones todo tu empeño y tu corazón en ellos, realmente funcionan. Y me consta.
Recuerdo que alguna vez pedí tener una especie de sexto sentido. Me tomó algunos años entender que, aunque se tratara de un deseo aparentemente inofensivo, no lo tendría de inmediato, y que tendría que aprender a vivir con ello con todo lo que implicara. ABSOLUTAMENTE TODO. Hoy estoy en eso, y analizando en retrospectiva, ya entiendo el por qué de muchas de mis crisis.
Hace tiempo dejé los rituales. Y hoy sólo creo en una frase:
[ I WILL DO WHAT I FEEL LIKE ]
Haré lo que sienta..
· ..que es mejor para mí.
· ..que es lo correcto.
· ..SIN MIEDO.
· ..en el momento.
· ..aceptando la responsabilidad.
· ..PARA NO ARREPENTIRME DE NADA.
Despierto cada día pensando en que será mejor que el anterior. Que poco a poco los malos momentos se quedarán atrás, y que algún día, al recordarlos, podré esbozar una sonrisa sin lágrimas. Que el desapego a quienes alguna vez quise me costará trabajo y quizás dolerá, pero me hará más fuerte e invencible. Que no tendré miedo de nada; que no me preocuparé por el abandono de nadie. Sólo tendré miedo el día en que me abandone a mí misma [no en sentido egoísta]. Que actuaré sin esperar nada a cambio y en cada cosa, en cada detalle, daré lo mejor de mí. Pero sobre todo, que seré feliz.
Eso es en lo que creo.
Antes de empezar, quiero aclarar que no estoy en contra de ninguna creencia. Las respeto, así que pido lo mismo a cambio.
Aquí voy.
Como el tema de la postal fue el respeto, al principio decidí hablar sobre el respeto a las creencias religiosas. Lo llegué a comentar con alguien que probablemente no tenía por qué saberlo, pero eso ahora ya no importa. Algunos ya saben que no me considero parte de ninguna religión, y que si en teoría soy católica, es por tradición familiar.
Cuando tenía 13 años, tuve una crisis un tanto rara pues empecé a cuestionarme la existencia de algún ser superior así como me lo enseñaron en mi familia. Con el paso del tiempo, la religión que tenía dejó de llenarme y busqué nuevas formas de creer, hasta que un día llegué a la Wicca. Y he de confesar que en los primeros dos años me sentía feliz haciendo conjuros inofensivos y rituales que cualquier adolescente haría sólo por diversión. Me gustaba prender velas, usar cuarzos y hacer ese tipo de cosas porque en verdad tenían significado para mí. Pero sin duda, lo más importante fue, y sigue siendo hasta ahora, aquella frase, ese precepto tan simple y tan poderoso a la vez: "No hagas daño a la Tierra, a tu prójimo ni a ti mismo".
Hoy podría parecer ridículo para muchos el hecho de creer en rituales, especialmente teniendo alrededor de 15 años, pero tengo la certeza de que si pones todo tu empeño y tu corazón en ellos, realmente funcionan. Y me consta.
Recuerdo que alguna vez pedí tener una especie de sexto sentido. Me tomó algunos años entender que, aunque se tratara de un deseo aparentemente inofensivo, no lo tendría de inmediato, y que tendría que aprender a vivir con ello con todo lo que implicara. ABSOLUTAMENTE TODO. Hoy estoy en eso, y analizando en retrospectiva, ya entiendo el por qué de muchas de mis crisis.
Hace tiempo dejé los rituales. Y hoy sólo creo en una frase:
[ I WILL DO WHAT I FEEL LIKE ]
Haré lo que sienta..
· ..que es mejor para mí.
· ..que es lo correcto.
· ..SIN MIEDO.
· ..en el momento.
· ..aceptando la responsabilidad.
· ..PARA NO ARREPENTIRME DE NADA.
Despierto cada día pensando en que será mejor que el anterior. Que poco a poco los malos momentos se quedarán atrás, y que algún día, al recordarlos, podré esbozar una sonrisa sin lágrimas. Que el desapego a quienes alguna vez quise me costará trabajo y quizás dolerá, pero me hará más fuerte e invencible. Que no tendré miedo de nada; que no me preocuparé por el abandono de nadie. Sólo tendré miedo el día en que me abandone a mí misma [no en sentido egoísta]. Que actuaré sin esperar nada a cambio y en cada cosa, en cada detalle, daré lo mejor de mí. Pero sobre todo, que seré feliz.
Eso es en lo que creo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario