18 febrero 2013

It's too important for us to forget

Musiquita del post:
Okay – Flyleaf
Light in your eyes – Flyleaf


Aloha.

Hoy no estoy como con el mejor ánimo del mundo. Ayer falleció mi abuelita materna. Me cuentan que se fue en un sueño, que se quedó dormida para no despertar otra vez. Me dijeron que no sufrió pero, ¿quiénes son para saberlo? Mi abuelita no solía expresar sus dolencias. Como sea. Y me siento desolada. No tengo palabras para describir lo difícil que fue ver de nuevo a mi familia sufriendo por otra pérdida, especialmente a mi abuelito y a mi mamá. Pero lo más difícil fue la forma en que supe la noticia: desperté por la mañana y, como es mi costumbre, lo primero que hice fue tomar mi teléfono para revisar si tenía notificaciones de twitter y facebook. Terminé de leer y responder las de twitter para pasar a las de facebook y haciendo scroll down, vi que dos de mis primos habían publicado una foto de mi abue con un texto adjunto de tristeza y agradecimiento. ¡¿Por qué?! ¿Por qué ese afán de la gente por hacer público un dolor que debería ser privado? ¿Y por qué no tienen respeto por el dolor ajeno? ¿Por qué dar por hecho que absolutamente todos, a las 8 am, ya estaban enterados? ¡Eso no se hace! Creo que, de todas las formas posibles que existieran para enterarme de tal noticia, el medio virtual es la última que habría preferido. Digo, porque no vivo en un país a 17 horas de diferencia del suyo como para tener que enterarme de tal manera, y a quien le correspondía darlo a conocer, en todo caso, era a mi mamá y sus hermanas.

El día anterior, mi mamá me llamó para que fuera al hospital, porque probablemente serían las últimas horas y pues, tendría que despedirme de mi abue. Porque lo que la mantenía con vida era el oxígeno; su corazón ya estaba muy forzado y desde el viernes por la tarde le había bajado la frecuencia cardíaca, pero ya no había nada por hacer. Entré a su habitación, la saludé y vi cómo ni siquiera podía articular una palabra; sólo movía la cabeza para asentir o negar a lo que le preguntaran. Y entonces entendí que, efectivamente, quedaba poco o nada qué esperar para su recuperación.

Hoy no he querido llorar, no por hacerme la fuerte o la valiente, sino porque tengo la piel de las mejillas y de los párpados tan irritada que me duele apenas con una lágrima. A lo largo del día he estado ocupada con mis quehaceres de casa y escuchando música, con tal de no hundirme… más, pero llevo mi tristeza como puedo. Total, ya se me pasará la irritación y podré llorar a gusto en unos días.




Y en los detalles que menos importan:

– No he querido aparecerme en twitter. De repente paso a leer qué dice la gente, pero no quiero escribir nada y tampoco les pongo mucha atención.
– El domingo por la mañana hubo un brunch de comida finlandesa al que evidentemente ya no fui. Pay de salmón, pan deshidratado con mantequilla, café con cardamomo, jugo de frutos rojos y galletas típicas fue lo que se sirvió. Supongo que tendré que esperar hasta el 2O16.
– Aún tengo secuelas del llanto de ayer –además de la piel irritada–. Por momentos me quiere doler la cabeza y tengo más hambre de lo normal.
– Tengo mi cel en modo ‘no molestar’. Aunque nadie me llama, por ahora no quiero recibir llamadas de nadie si es que alguien llega a marcar.


Y ya.

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