08 marzo 2014

08

¡Sobreviví! Y me río mucho de mi paranoia estúpida, hahaha. La verdad es que pasé un día fantástico con Alan; me pareció muy buena onda y me cayó muy bien con todo y sus chistes malos. Me confesó que nunca había conocido a alguien de internet, entonces, por eso creo que mi paranoia fue estúpida. Seguramente él habría estado igual o más nervioso.

Llegué puntual (¡por fin!) al café que me sugirió, pero cuando estuve ahí me pareció una mala broma porque el lugar estaba cerrado y no vi a alguien cerca que se pareciera a él. Ayer por la mañana me envió su número por si acaso, y estaba a punto de mandarle un mensaje y luego echarme a correr para preguntarle que si aquella cita era en serio cuando lo vi atravesar la calle mientras me saludaba:

—¡Hola!
—Eh, ¡hola!
—¿Xim?
—Sí… Alan.
—Eh, me acabo de dar cuenta que te invité a un lugar que está cerrado…
—Jaja, sí, es lo que veo…
—¿Quieres que vayamos a otro café, o por un helado?
—¡Sí, helado! ¿Por aquí cerca?
*Xim pensando*
—Sí, ¿o tienes algo en mente?
—Pues… hay un lugar por Revolución donde venden un helado muy rico. Seguro te va a gustar.
—¿Sabes llegar?
—¡Claro!
—Bueno, pues vamos. Mi coche está por acá.

Caminamos hacia donde estaba su coche mientras platicábamos de cosas random: primero hablamos creo que de comida y a los pocos minutos hablábamos de otro tema totalmente distinto; eso me encanta. Me gustó que al llegar me abriera la puerta para entrar y lo volviera hacer para bajar. Puede que sea algo chapada, pero esas cortesías siempre hacen considerar a un chico en serio, sea amigo, familiar, novio o lo que sea. Lo guié bien por el camino y llegamos a la heladería; no sé cuánto tiempo estuvimos ahí platicando, pero la idea que tuvo para la conversación fue fabulosa: propuso a que, por turnos, jugáramos a decir qué es lo que pensábamos el uno del otro con base en lo poquito que nos hemos escrito por DMs, y al final desmentir —o confirmar— esas suposiciones. Su idea, debo decirlo, fue un gran acierto y resultó muy divertida. Así estuvimos ese rato y después me sugirió ir a caminar por las calles cercanas mientras continuábamos con el jueguito de la plática. Mientras caminábamos, la verdad es que no me fijaba mucho en dónde daba mis pasos por mirarlo a los ojos y, nada, en un pedazo feo de banqueta me caí enfrente de él pero ni me inmuté porque no es la primera vez que eso me pasa. Ya me acostumbré a ese tipo de osos :( Me ayudó a levantarme y después nos sentamos mientras se me pasaba el dolor y el desarrollo de la plática volvió a cambiar para tocar el tema de las películas recientes que hemos querido ver. Ahí, sugirió que fuéramos a algún cine cercano a ver si había algo bueno en cartelera. Terminamos en el centro comercial de Reforma y sí, la cartelera no estaba tan mal y decidimos ver 300, pero después de comer porque ya teníamos hambre. También me cayó muy bien que la comida fuera sushi porque es algo que a mí me encanta pero no a la mayoría de la gente con la que salgo y vaya, hasta en el sabor de nuestras bebidas coincidimos. ¡Y descubrimos que tenemos en común el interés por Finlandia! Amé eso también.

Continuamos con nuestra plática sobre algún otro tema random mientras comíamos y hacíamos tiempo para el inicio de la función y cuando salimos, me dijo que no podía quedarse por mucho rato porque una amiga suya estaba festejando su cumple y que iría a alcanzarla, peeeero… ¡se ofreció a llevarme a casa! Otro detalle lindo. Le dije que antes de eso yo también tenía planes de ver a un amigo que precisamente hoy abrió su nueva tienda/taller de bicis y que iría a saludarlo un rato antes de volver a casa. Y pues, me llevó a la tienda de Benito, que está muy cerca de donde estábamos; me acompañó hasta la entrada (y me ofreció su brazo mientras caminábamos buscando la dirección, para asegurarse de que no me pasara algo) y una vez ahí, nos despedimos.

En la tienda de Benito vi a los tool (mis amigos de la uni) y amé estar con ellos, aunque fuera un ratito breve, porque ya tenía mucho tiempo de no verlos. Pero mucho, en serio. Sentirlos igual que siempre y hacer nuestros chistes locales como siempre también fue muy divertido.

Todo el día la pasé muy cool. Le agradecí las invitaciones y quedamos en ir otro día por más helado por una apuesta que hicimos en el cine. No hay fecha aún para eso porque los fines de semana de este mes ambos tendremos cosas qué hacer, aunque es posible que me diga algo de vernos entre semana porque los horarios de su trabajo son muy flexibles. O eso dice. No sé, no quiero pensar en una fecha concreta por ahora. Dice que le gustará volvernos a ver… y a mí también, por supuesto. Ya veré si es en serio y si hay una tercera salida también.

06 marzo 2014

Paranoia

Al principio del post anterior mencioné que sentía un poco de miedo porque, de la nada, Alan Z. empezó a platicar conmigo por DM y que la vocecita en mi cabeza me decía que tuviera cuidado. Bueno, pues como no me quedé tranquila, debo confesar que googleé su username para ver qué encontraba. La verdad es que no siempre hago esas cosas, me choca stalkear, pero los resultados que arrojó el buscador sí me calmaron un poco. Y fue hasta que encontré su perfil de G+ cuando me calmé por completo. Vi algunas fotos suyas de hace un par de años y sí se parece a la que tiene en twitter, haha. También coincide la información de la uni donde me dijo que estudió y aunque de todas formas eso no me asegura nada por completo, defiendo mi sensación de seguridad porque creo que si tuviera algo qué esconder, no habría encontrado nada en el buscador. «Si no quieres que nadie se entere/sepa quién eres, no lo subas a internet», dicen por ahí.

Hm, ahora que lo escribo, me siento sucia contando eso que hice D:

Verán: tenía que asegurarme de que no se trataba de un fake porque… ayer me invitó a que saliéramos el sábado por un café. Me sugirió uno que creo que le gusta —y que me queda más o menos cerca de donde vivo— y me mandó el mapa con la ubicación del lugar, así que cuando llegué a casa lo abrí en la compu para verlo bien [por aquello de que es complicado ver mapas en la pantallita del iPhone] y saber en qué estación del metrobus tengo que bajar. Ahora bien: no muchos saben, pero tengo la costumbre de ir días antes de una cita a los lugares donde no he ido o no conozco para saber qué rutas me convienen para llegar. Sí, ya sé que para eso sirven los mapas de Google y de verdad abrí el mapa que Alan me mandó, pero el street view estaba todo chafa: de un lado de la calle las fotos eran del 2O11 y del otro, del 2OO9. WTF? Como no vi el lugar con el street view [supongo que entonces tiene máximo dos años desde que lo abrieron], por la tarde al salir de la escuela fui a buscar la dirección. Y sí, pensé que podría haber sido un fake y que al llegar a la cita no existiera el lugar y en vez de eso alguien me raptara o algo así, cosa que posiblemente no suceda porque aunque esté en el establo estado de México, el lugar sí existe, se ve bonito por dentro y las calles cercanas son tranquilas.

Entonces, si sobrevivo, ya les contaré cómo me fue el sábado. Si no, sepan que los quise mucho.

02 marzo 2014

Heaven

Y sí, las cosas bonitas continúan sucediendo. El sábado anterior, por ejemplo, de la nada empezó a hablarme por DM un dude con el que nunca había platicado. Me cayó bien; se llama Alan. Toda la semana hemos estado platicando por DM de… cosas. De cómo fue tu día, de qué música escuchas, de chistes malos. De esas cosas. No sé por qué, pero en el fondo siento un poco de miedo. Será que ya no quiero conocer gente por internet. No me había pasado antes, pero es como si una vocecita me dijera que tenga cuidado. No sé si sea paranoia, pero lo tendré en cuenta. Será…

El miércoles me fui de noche de museos con Mau y Gus al Museo del Tequila. Este museo todavía no entra propiamente en el programa de noches de museos, pero como entre semana cierra a las 10 de la noche resulta casi igual. Y está fabuloso: en el primer piso está la exposición permanente donde te explican paso a paso la elaboración del tequila y del mezcal y los tipos de agave que existen. También hay una colección enorme de botellas de formas extrañas e interesantes. Al otro lado de la sala se exhibe sobre la cultura de los mariachis: los instrumentos que tocan, las canciones más famosas, fotografías de la zona de Garibaldi y las cantinas más representativas. La entrada al museo incluye una degustación de tequila y mezcal que disfrutas en la terraza que está en el segundo piso. Desde ahí tienes una vista maravillosa de la plaza de Garibaldi y de las fachadas de las cantinas iluminadas con luces que cambian de color. La brisa es muy agradable y los meseros te ofrecen la carta de botanas y bebidas por si quieres consumir algo. ¡Y la música de los mariachis que se escucha desde la plaza! Todo forma un escenario fantástico; perfecto, en palabras de Gus, para pedir matrimonio, haha.

El viernes fui a la Feria del Libro del Palacio de Minería y el sábado regresé por un libro que vi el viernes y que no pude comprar porque me quedé corta de dinero. Esta vez no compré tantos libros como el año pasado pero estuvo bien porque todavía tengo muchos que leer. El viernes compré un ejemplar (muy) atrasado de la Algarabía; la segunda parte de una saga que me encanta (El Temor de un Hombre Sabio) y una edición en inglés de Sentido y Sensibilidad, de Jane Austen, porque el señor británico que atendía el stand me cayó muy bien. ¡Y le hablé en inglés! Haha, sé que suena un poco ridículo, pero es que a veces me da pánico hablarle a los extranjeros en inglés si no es en clase. Pero ese día fue un epic win.

En cambio, el sábado que regresé resultó un poco… diferente. Entré a la Feria con algo de prisa por el miedo de no encontrar el libro que buscaba y cuando lo encontré, efectivamente, sólo quedaba un ejemplar en el estante. Bendita suerte :) Fui a la caja a pagarlo y después fui a dar la vuelta al stand de otra editorial a ver si de casualidad tenían algún otro libro de aquella autora finlandesa que descubrí el año pasado —Riikka Pulkkinen—, pero el intento fue fallido, no había nada de ella esta vez. Salí de la Feria con algo de hambre y después de pensar en las opciones que tenía para ir a cenar decidí a ir aquel Starbucks donde pasé la tarde que conocí a Daniel. Hace unos meses me había prometido no regresar nunca a ese lugar, pero eso fue hace tanto tiempo que honestamente ahora me vale madre.

Ahí fue cuando algo dentro de mí se volvió a romper. Pedí mi bebida y mi panini, busqué una mesa libre y me senté a comer. A pesar de que lo que pedí fue lo que más me gusta del menú, no me supo igual. Mi bebida era un frappuccino chip. A Miguel también le gustaba. Mi panini era de tres quesos. Lo probé por primera vez después de que Miguel fue a verme al Miss Aloha de hace dos años. El año pasado descubrí la FIL porque él quería llevarme antes de aceptar la invitación que alguien más le había hecho para ir. Y asistir sola, sin nadie con quién trollear títulos absurdos, publicaciones vacías, portadas ridículas o snobs patéticos con toda la confianza del mundo no tenía mucho sentido.

Ciertamente, podría haber invitado a cualquier otra persona si la intención era ir acompañada, aunque hacerlo implicaba olvidar lo que hacía con Miguel. Y ya sé, bien me lo dijo Efrén: «[…] no es bueno vivir en la nostalgia del pasado; recordar cosas es lindo, pero no quedarse siempre ahí». Pero es que hay cosas que toma tiempo asimilar. La ausencia de Miguel me duele y no sé cuánto tiempo más continúe así. Aprender a vivir con la ausencia es más difícil de lo que imaginé. Sé que muy a su manera sigue haciéndose presente. Hoy fue con una canción que Alan me compartió: Alone in Heaven, de Sonata Arctica.

❝ Heaven. What the hell would I do
in that place without you?


I'll never leave you behind
It's one for all, and all for life. ❞

…Y sí, le gustaba ese grupo. A pesar de ser una felicidad incompleta, celebro todas las cosas que hice y que conocí con Miguel y agradezco que hayan sucedido. Me atrevo a decir que, a mi no tan corta edad, sé qué es el amor porque todo eso fue una forma del mismo.

A veces creo que me hace daño pensar tanto en eso y que incluso tal vez necesite algún tipo de terapia, pero no me siento lista aún. Ese día casi hago el oso en el Starbucks con mis ojos vidriosos porque comer llorando siempre me ha parecido ridículo, pero como prácticamente ya había terminado mi panini, sólo me levanté, me colgué la bolsa al hombro y tomé mi café para salir de ahí lo más invisible que pude.

Por ahora me refugiaré en los libros, queridos.
Gracias por leer.

21 febrero 2014

Happiness is a warm gun

Hello, beautiful people!

Ya tenía rato que quería venir a postear, pero aquel asunto de la entrada anterior no me dejaba tranquila y básicamente, era lo único en lo que pensaba. Y qué flojera seguir hablando de lo mismo, supongo. Pero ya pasó y ya me siento mejor, y ya extrañaba venir a escribirles.

Hoy quiero contarles que han pasado cosas bonitas desde año nuevo, y que estoy feliz y me siento súper cool, goe… No, en serio, sí me siento súper cool. Primero, rescaté un blog que tenía olvidado en wordpress, en donde me desahogo de las cosas que me hace daño pensar. O sea, casi lo mismo que hago aquí, pero sin dar explicaciones (el tagline dice: «uso wordpress porque en algún lugar tenía que tirar la basura mental que no va en blogger»), y me ha servido mucho. Tengo la mala costumbre de callarme pensamientos en verdad venenosos porque no tengo a alguien con quién hablarlos en total libertad sin sentirme juzgada o cuestionada; sólo podía hacerlo con Miguel, pero él ya no está y como ya no podía seguir callándome lo que me lastimaba empecé a soltarlo allá. Ese wordpress también me ha ayudado a ver en retrospectiva y analizar fríamente sobre el pasado y las cosas que hice mal (porque aquí en blogger siempre tengo la razón); aceptar mis estupideces y dejarlas ir. No quería decirlo de la manera cursi, pero… me ayudó a perdonarme. Y cuando te perdonas es más fácil seguir. Es como si te liberaras de un ancla muy pesada.

Ok, basta de filosofía de libro de autoayuda de Sanborns.

Otra de las cosas lindas que me sucedieron fue la convivencia con el grupo de danza, mi ohana. En algún momento escribí una serie de tuits relatando mi historia con la ohana y cómo me salvó en una etapa difícil, y lo importante que es la danza para mí; tal vez la escriba aquí después. Esta vez no fue la excepción y me volvió a ayudar, sumado a que también bajé una talla de jeans. Los planes que hay para este año con ellos y las coreografías nuevas me tienen feliz y distraída de los pensamientos venenosos.

También retomé la venta de pay de limón. Momó es mi socia y nos va bien, y hemos perfeccionado la receta que Mare me dio (¡gracias, Mare!). A la gente de su trabajo le gusta mucho el pay y lo pide seguido. Pueden hacer sus pedidos, con confianza, cuando gusten. Les aseguro que lo van a amar.

Finlandia. Este punto es importante. Algunos de ustedes saben el amor que le tengo a este país y las ganas que tengo de viajar a Helsinki, su capital. Pues bien, el viaje que estaba planeando para pasar mi cumple dentro de dos años allá cambió un poco: ya no pienso irme de vacaciones, sino a estudiar mi maestría. Uno de mis primos me alentó y aunque al principio me pareció algo descabellado ya tomé la decisión. Ya encontré el programa y la universidad que quiero así como la información sobre las cuotas que hay que cubrir; convocatorias para becas… ¡hasta información del clima! Me emociona mucho y me gusta imaginarme allá.

Por ahora eso es lo que recuerdo. No me puedo quejar, al contrario, lo agradezco, sólo espero que no pase algo que lo arruine. Ya veremos…