Sucede que ayer por la tarde recibí una llamada de uno de los tres lugares a los que envié mi CV la semana pasada, para concertar una entrevista. Será el lunes 28 a las 15 h. Me dio mucha emoción, tomé el recado y en cuanto colgué, busqué la dirección para saber cómo llegar. Para calcular rutas de transporte, usé una página que me recomendó Zam y creo que ya sé por dónde iré. Estaba muy emocionada porque por fin me llamaron y procedí a buscar la página del lugar, pero no la tienen. Ni siquiera una de facebook, por lo que se me hizo un poco sospechoso y desde ahí mi emoción empezó a disminuir. :( En el street view parece una casa, con fachada azul y rejas blancas. Otra cosa que tampoco me agradó tanto fue que durante la llamada, el señorcito me dijo que tendría que tener unas dos horas y media para la entrevista. No me encanta, a menos que sea para hacer pruebas psicométricas o esas cosas, aunque creo que es muy pronto para tenerlas. Al final decidí que sólo iré a que me tomen la entrevista pero no le daré seguimiento, no quiero quedarme en ese lugar. Además, el rumbo está medio feo y algo me da mala espina. ¡Temo por mi vida! D:
Sé que a veces soy muy paranoica y que luego no es para tanto, pero aún así quiero estar segura. Voy a pedirle a Zam que me acompañe el fin de semana a buscar el lugar. Hace poco leí un caso medio creepy que contaba cómo a tres diseñadores les robaron sus computadoras durante una entrevista falsa. Qué puto coraje. >:(
Pero volviendo a lo de la entrevista, lo que sí haré será mi book impreso, me pidieron llevarlo junto con mi CV. Pero no sólo por eso, sino porque imagino que los otros lugares tampoco tardarán en llamarme y también debo llevarlo allá —a falta de una tablet donde pueda mostrarlo—. Hace un par de días se me ocurrió una idea para mi retícula, espero que funcione. La he estado imaginando y me gusta saber que está fundamentada científicamente, hell yeah.
Ah, y recordando un poco lo de la vestimenta, me falta conseguir unos zapatos decentes, haha. O tal vez use mis botines de siempre, no sé.
¡Deséenme suerte y rueguen por mi integridad! :D Si no, sepan de nuevo que los quise mucho.
25 julio 2014
17 julio 2014
De mi búsqueda de ropa y mi éxito casi seguro
Le dije a Zam que ya me iría a dormir, pero no podía dejar de escribir este post porque quiero volver a ser activa en Blogger. Prometo no tardar mucho; son las OO:26 h.
Vine a contarles que estoy emocionada porque el martes mandé mi CV a tres lugares diferentes, luego de que Zam me ayudara el fin de semana a buscar lugares bonitos para postularme. En ninguno me han contestado, pero dicen que a veces se tardan hasta una semana en hacerlo. Y también vine a contarles que mientras eso sucedía, ayer me fui a dar la vuelta a algunas tiendas de ropa para buscar algo qué usar para mis entrevistas. Me probé mucha ropa, pero no toda me gustó cómo se me veía y confirmé que odio usar trajes sastre. Por lo menos los que son de pantalón. No, no. Por más que me veía al espejo y me cambiaba una y otra vez las prendas, no me sentía auténtica ni cómoda. Curiosamente, con los vestidos me sucedió lo contrario.
Me he documentado sobre la vestimenta que se debe usar en entrevistas y con base en eso estuve escogiendo la ropa, pero además de no convencerme nada, me sentía confundida: ¿debería ir de colores muy sobrios aunque mi carrera sea Diseño? Zam me había aconsejado: «trata de no ir taaaan formal», pero no me sentía muy segura. Así estuve cerca de dos horas en una tienda y al final decidí no comprar nada ahí para seguir buscando en otras. Hice un break para comer y luego continuar con mi búsqueda, lo cual me ayudó mucho porque de pronto me vino una pregunta interesante a la mente: «¿quién dice que lo formal no puede llevar ligeros toques de color? No tengo que ir toda aburrida sólo de azul marino y blusa blanca». Con esa premisa en mente, seguí recorriendo tiendas hasta que llegué a una donde encontré prendas que sí me gustaron: un vestido blanco, una falda negra con toques naranjas, una blusa blanca y un blazer negro. Me sentí orgullosa de mi selección. Sólo faltaron los zapatos. Lo único malo es que, por ser época de rebajas, había mucha gente, tanto para entrar a los probadores como para pagar. Y como Zam había llegado por mí mientras yo estaba en esa tienda, no quise tenerlo ahí desesperándose cuando me dijo que no le gustaban las tiendas con demasiada gente. Mañana, bueno, hoy regresaré temprano. No me encanta hacer eso, pero esta vez es necesario. Dejé las prendas a donde las había tomado, al fin que ya sabía dónde estaban, pero con el miedito de no encontrar mis tallas. :(
Espero que me gusten cuando me vea al espejo. Y que me queden, porque era tienda lowcost donde tienen tallas pequeñas. También espero que ya me contesten los mails, ¡ya quiero trabajar! Hahaha. Al rato les contaré qué sucedió.
Y ya terminé el post. Es la 1:O6 h.
Update: 18 de julio, 02:18 h.
Pues sí encontré lo que quería, nadie se llevó mi talla de falda bonita y en otra tienda encontré una blusa que le hace juego. Y cuando me miré al espejo, me di cuenta de que si la llevo dentro de la falda, parece un vestido. Estoy muy feliz con mis compras.
En cuanto llegué a casa, saqué las prendas de la bolsa donde las llevaba para mostrárselas a mamá, quien me felicitó por mi buen gusto, o algo así. Ya sólo faltan los zapatos, pero para conseguirlos iré a otro centro comercial. En la tienda encontré otro blazer que me gustó, pero tenía una parte del forro muy descosida y no me di cuenta hasta que entré al probador, así que se la entregué a la encargada cuando salí de ahí. Y al final decidí no comprar el vestido que había encontrado ayer, porque aunque me gustó y me quedó, recordé que ya tenía uno en casa. El otro blazer, el negro, lo tomé sólo para ver cómo se veía con la falda que sí compré, porque también tengo uno.
Así, pues, fue como tuve éxito en mi búsqueda de ropa decente para las entrevistas. Sólo falta que me respondan mis correos. :(
Vine a contarles que estoy emocionada porque el martes mandé mi CV a tres lugares diferentes, luego de que Zam me ayudara el fin de semana a buscar lugares bonitos para postularme. En ninguno me han contestado, pero dicen que a veces se tardan hasta una semana en hacerlo. Y también vine a contarles que mientras eso sucedía, ayer me fui a dar la vuelta a algunas tiendas de ropa para buscar algo qué usar para mis entrevistas. Me probé mucha ropa, pero no toda me gustó cómo se me veía y confirmé que odio usar trajes sastre. Por lo menos los que son de pantalón. No, no. Por más que me veía al espejo y me cambiaba una y otra vez las prendas, no me sentía auténtica ni cómoda. Curiosamente, con los vestidos me sucedió lo contrario.
Me he documentado sobre la vestimenta que se debe usar en entrevistas y con base en eso estuve escogiendo la ropa, pero además de no convencerme nada, me sentía confundida: ¿debería ir de colores muy sobrios aunque mi carrera sea Diseño? Zam me había aconsejado: «trata de no ir taaaan formal», pero no me sentía muy segura. Así estuve cerca de dos horas en una tienda y al final decidí no comprar nada ahí para seguir buscando en otras. Hice un break para comer y luego continuar con mi búsqueda, lo cual me ayudó mucho porque de pronto me vino una pregunta interesante a la mente: «¿quién dice que lo formal no puede llevar ligeros toques de color? No tengo que ir toda aburrida sólo de azul marino y blusa blanca». Con esa premisa en mente, seguí recorriendo tiendas hasta que llegué a una donde encontré prendas que sí me gustaron: un vestido blanco, una falda negra con toques naranjas, una blusa blanca y un blazer negro. Me sentí orgullosa de mi selección. Sólo faltaron los zapatos. Lo único malo es que, por ser época de rebajas, había mucha gente, tanto para entrar a los probadores como para pagar. Y como Zam había llegado por mí mientras yo estaba en esa tienda, no quise tenerlo ahí desesperándose cuando me dijo que no le gustaban las tiendas con demasiada gente. Mañana, bueno, hoy regresaré temprano. No me encanta hacer eso, pero esta vez es necesario. Dejé las prendas a donde las había tomado, al fin que ya sabía dónde estaban, pero con el miedito de no encontrar mis tallas. :(
Espero que me gusten cuando me vea al espejo. Y que me queden, porque era tienda lowcost donde tienen tallas pequeñas. También espero que ya me contesten los mails, ¡ya quiero trabajar! Hahaha. Al rato les contaré qué sucedió.
Y ya terminé el post. Es la 1:O6 h.
Update: 18 de julio, 02:18 h.
Pues sí encontré lo que quería, nadie se llevó mi talla de falda bonita y en otra tienda encontré una blusa que le hace juego. Y cuando me miré al espejo, me di cuenta de que si la llevo dentro de la falda, parece un vestido. Estoy muy feliz con mis compras.
En cuanto llegué a casa, saqué las prendas de la bolsa donde las llevaba para mostrárselas a mamá, quien me felicitó por mi buen gusto, o algo así. Ya sólo faltan los zapatos, pero para conseguirlos iré a otro centro comercial. En la tienda encontré otro blazer que me gustó, pero tenía una parte del forro muy descosida y no me di cuenta hasta que entré al probador, así que se la entregué a la encargada cuando salí de ahí. Y al final decidí no comprar el vestido que había encontrado ayer, porque aunque me gustó y me quedó, recordé que ya tenía uno en casa. El otro blazer, el negro, lo tomé sólo para ver cómo se veía con la falda que sí compré, porque también tengo uno.
Así, pues, fue como tuve éxito en mi búsqueda de ropa decente para las entrevistas. Sólo falta que me respondan mis correos. :(
hablo de:
ALAN Z.,
DAMN,
TEATRERA
No hay comentarios.:
16 julio 2014
La vida sin smartphone es horrible
No sé cómo podía vivir sin uno cuando tenía 2O años.
Por otro lado, el iPhone también era mi medio para entretenerme y jugar. Ya saben, subir fotos a instagram, ver twitter y reírme de los mames por tonterías, ganarle a Zam en Apalabrados (¡muahaha!) y buscar lugares tontos en foursquare. No sé cómo podía vivir sin todo eso a los 2O años, pero seguramente era muy aburrido.
Ahora estoy como hace dos años, guardando todo el dinero que pueda para juntarlo y comprar otro iPhone. ¿Pero por qué un iPhone, Xim, si hay muchos otros smartphones más bonitos y baratos? Porque me gusta mucho la interfaz intuitiva de Apple; nunca he podido acostumbrarme a la de algún Android y porque me parece incongruente comprar un Windows Phone teniendo una Mac. La interfaz Metro de Windows no sirve para nada más que para verse bonita. No sé, pero seguramente es un enredo a la hora de sincronizarlos con la compu. Y porque simplemente es muy cómodo para mí.
Así que, lo único que queda es esperar a tener muchos dineros y ser más cuidadosa con mi información cuando tenga el nuevo teléfono. :(
Les cuento rápidamente: Hace más o menos un mes, algún malparido me robó el iPhone mientras estaba en una presentación de danza, y no conforme con eso, hizo llamadas de mal gusto a mis contactos: le marcó a Zam para no sé qué rayos, y luego a mi madre para decirle que me tenían secuestrada. ¡Por dios! Pinche gente estúpida sin nada qué hacer. Obviamente, mi madre no se lo creyó e inmediatamente colgó. Cuando regresamos a casa, Zam me prestó su teléfono para reportar el robo del mío, y ya. Bloquearon el número IMEI, así que no funcionará nunca aunque le cambien la SIM. O eso dicen. Luego cambié todas mis contraseñas y nos fuimos a comer. En fin. Tenía que terminar de desahogar mi tragedia en algún lugar. :(Ahora vuelvo al punto inicial: no soporto no tener smartphone. Ya llevo un mes con un celular de chicles que me prestó mi mamá, y aunque agradezco tener al menos ese medio para estar comunicada —porque sí lo necesito—, me desespera tener que estar pegada a una computadora para darle seguimiento a información que es importante para mí. Desde las notificaciones de facebook para saber si habrá clase de danza hasta los mails desde donde mandé CVs. En el momente intermedio desde que me lo robaron hasta que lo reporté, me sentí muy vulnerable: mis cuentas de mail, mis contactos, mi foursquare. Es increíble cómo guardamos un registro detallado de toda nuestra vida en ese aparatito. Y es creepy hasta que te pones a pensar en eso. Lo único que me encanta no tener es Whatsapp; siempre lo odié.
Por otro lado, el iPhone también era mi medio para entretenerme y jugar. Ya saben, subir fotos a instagram, ver twitter y reírme de los mames por tonterías, ganarle a Zam en Apalabrados (¡muahaha!) y buscar lugares tontos en foursquare. No sé cómo podía vivir sin todo eso a los 2O años, pero seguramente era muy aburrido.
Ahora estoy como hace dos años, guardando todo el dinero que pueda para juntarlo y comprar otro iPhone. ¿Pero por qué un iPhone, Xim, si hay muchos otros smartphones más bonitos y baratos? Porque me gusta mucho la interfaz intuitiva de Apple; nunca he podido acostumbrarme a la de algún Android y porque me parece incongruente comprar un Windows Phone teniendo una Mac. La interfaz Metro de Windows no sirve para nada más que para verse bonita. No sé, pero seguramente es un enredo a la hora de sincronizarlos con la compu. Y porque simplemente es muy cómodo para mí.
Así que, lo único que queda es esperar a tener muchos dineros y ser más cuidadosa con mi información cuando tenga el nuevo teléfono. :(
hablo de:
DAMN,
TEATRERA
No hay comentarios.:
05 julio 2014
El recuento de los daños
Es difícil darle continuidad a un post después de un mes de haberlo escrito, sobre todo porque el feeling que tenía en ese momento ya se fue o ya estoy pensando en temas distintos. Pero, bueno, intentaré hacerlo.
Me quedé en que les contaría por qué fue difícil tener 23 años desde ese cumpleaños y el balance que hice cuando cumplí los 24.
Unos días antes de cumplir los 23 años, a Mique le diagnosticaron la recaída en la leucemia. Fue a finales de mayo, creo que el 31. Curiosamente, ese día yo también fui a un hospital, a donar sangre porque Alex me lo había pedido. Esa tarde entré al blog de Mique y leí su último post, donde se desahogaba porque no era justo volver a pasar por toda esa situación. Y era cierto. Desde que empezamos de cero y volvimos a ser amigos, dejó claro con sus acciones y actitudes, que estaba dispuesto a enmendar los errores que había cometido, no sólo conmigo, sino en todos los aspectos de su vida. De verdad había cambiado. Cuando leí su post, lo primero que hice fue redactarle un mail para ofrecerle mi ayuda en lo que necesitara. Obviamente, lo primero que me pidió fue sangre y me sentí apenada al tener que responderle que habría que esperar, pues ese mismo día lo había hecho. Y lo que menos había era tiempo.
La noticia no me cayó muy bien. Quería que estuviera en mi cumpleaños y que conociera a mis amigos, a la gente de la que le platicaba y que fuera divertido reír y trollear como siempre, pero no se podía porque el día de la recaída tenía que arreglar sus papeles del hospital para ser internado de inmediato. No había tiempo qué perder.
Cuando pasaron los 45 días reglamentarios para volver a donar sangre, por alguna u otra razón no pude hacerlo: empecé a enfermarme y tener malestares de gripe, pero no quería tomar medicinas en mi afán de tener mi sangre lo más limpia posible —siempre he creído que tardo mucho tiempo en desecharlas de mi cuerpo por completo— y si no era eso, era mi periodo. He leído que eso ya no es impedimento para donar, pero no encontré fuentes que lo corroboraran y preferí no arriesgarme. El día que fui a lo de Alex me sentí físicamente muy mal y por eso creí que no era buena idea donar estando en mi periodo. Y cuando finalmente pude hacerlo, ya era imposible. Había fallecido.
Se fue en septiembre. En agosto fui al festejo de cumpleaños de Fer, donde conocí a Alfredo y Carolina sin imaginarme lo que viviría con este par. Sí tuve buenos momentos con ellos y el resto de sus amigos, pero al final, nosotros tres no terminamos bien. Por Alfredo (y twitter) conocí a Daniel. Comenzamos a salir y todo parecía ir bien, aunque un poco rápido. La pasé bien con él, pero entre mi estupidez y sus patanerías también todo terminó mal. Ahora que hago el recuento, puedo ver que pasó poco tiempo entre el fin con Daniel y el inicio con Alfredo y que, a pesar de haberlos disfrutado, me habría gustado no ser tan ciega con ambos. No era amor, nunca lo fue.
Terminé ese año triste y enojada conmigo misma. Como ya eran los últimos días de diciembre, pensé que sería buena idea sacar esos malos sentimientos y sufrirlos como mejor me pareciera. Lo lloré, lo hablé y lo escribí. Y al mismo tiempo, y de manera simbólica, también empecé a sacar cosas de mi cuarto que ya no me servían. Depuré y me deshice de mucha basura antes de que terminara el año para dar espacio a otras nuevas que llegaran a partir del nuevo año. Suena a cliché, pero funcionó. Enero fue un mes tranquilo, pude regresar a una especie de balance interno y me hizo bien seguir en danza. Y en febrero…
En febrero son las inscripciones.
Ok, no.
En febrero, Alan Zam empezó a escribirme DMs just for the lulz. Para platicar de… cosas. Empezó mandándome un chiste malo y preguntándome si era lo suficientemente malo como para no ser contado, a lo que le respondí que sí era muy malo, pero que también me había hecho reír. Y así pasamos casi un mes, escribiéndonos todos los días y platicando de nuestros asuntos, del día a día. Del trabajo, del servicio social, de música, de danza polinesia. Hasta que, en marzo, me invitó a vernos un día e ir por un café. Llegó el día y aunque sentí miedo, ahí fui. ¿Qué podría salir mal? Ese día resultó fantástico: fuimos por helado, luego al cine y terminó llevándome con mis amigos. Días después de conocernos, estuvo apoyándome por mensajes en el concurso de danza al que fui con la ohana a Puebla. Desde entonces todo ha sido increíble. Abril, mayo y junio fueron meses muy felices.
Todavía me acuerdo de Mique y siempre deseo que siguiera aquí. Me gustaría contarle mil cosas y salir a pasear como siempre lo hacíamos. De alguna manera sigue presente. La ausencia ya no duele tanto pero cuando duele, ahí está Alan Zam conmigo.
Así que, después de tantas palabras, puedo concluir que tuve razón cuando dije hace unos meses que siempre llegan épocas bonitas después de épocas feas, y que agradezco que hayan sucedido de esa manera pues me ayudaron a tomar perspectiva de mí misma. Veo todo lo que pasé y me da gusto poder decir que crecí como persona. Ese fue mi balance: gané más de lo que perdí.
Me quedé en que les contaría por qué fue difícil tener 23 años desde ese cumpleaños y el balance que hice cuando cumplí los 24.
Unos días antes de cumplir los 23 años, a Mique le diagnosticaron la recaída en la leucemia. Fue a finales de mayo, creo que el 31. Curiosamente, ese día yo también fui a un hospital, a donar sangre porque Alex me lo había pedido. Esa tarde entré al blog de Mique y leí su último post, donde se desahogaba porque no era justo volver a pasar por toda esa situación. Y era cierto. Desde que empezamos de cero y volvimos a ser amigos, dejó claro con sus acciones y actitudes, que estaba dispuesto a enmendar los errores que había cometido, no sólo conmigo, sino en todos los aspectos de su vida. De verdad había cambiado. Cuando leí su post, lo primero que hice fue redactarle un mail para ofrecerle mi ayuda en lo que necesitara. Obviamente, lo primero que me pidió fue sangre y me sentí apenada al tener que responderle que habría que esperar, pues ese mismo día lo había hecho. Y lo que menos había era tiempo.
Why's it feel, like it kills, when you're leaving me
Am I still hanging on to the ends of yesterday in me
When I was crying for my fears, bitter tears
But you made me see we're crazy running
Crazy running like we're running out of time
Running Out Of Time — Poets of the Fall
La noticia no me cayó muy bien. Quería que estuviera en mi cumpleaños y que conociera a mis amigos, a la gente de la que le platicaba y que fuera divertido reír y trollear como siempre, pero no se podía porque el día de la recaída tenía que arreglar sus papeles del hospital para ser internado de inmediato. No había tiempo qué perder.
Cuando pasaron los 45 días reglamentarios para volver a donar sangre, por alguna u otra razón no pude hacerlo: empecé a enfermarme y tener malestares de gripe, pero no quería tomar medicinas en mi afán de tener mi sangre lo más limpia posible —siempre he creído que tardo mucho tiempo en desecharlas de mi cuerpo por completo— y si no era eso, era mi periodo. He leído que eso ya no es impedimento para donar, pero no encontré fuentes que lo corroboraran y preferí no arriesgarme. El día que fui a lo de Alex me sentí físicamente muy mal y por eso creí que no era buena idea donar estando en mi periodo. Y cuando finalmente pude hacerlo, ya era imposible. Había fallecido.
Se fue en septiembre. En agosto fui al festejo de cumpleaños de Fer, donde conocí a Alfredo y Carolina sin imaginarme lo que viviría con este par. Sí tuve buenos momentos con ellos y el resto de sus amigos, pero al final, nosotros tres no terminamos bien. Por Alfredo (y twitter) conocí a Daniel. Comenzamos a salir y todo parecía ir bien, aunque un poco rápido. La pasé bien con él, pero entre mi estupidez y sus patanerías también todo terminó mal. Ahora que hago el recuento, puedo ver que pasó poco tiempo entre el fin con Daniel y el inicio con Alfredo y que, a pesar de haberlos disfrutado, me habría gustado no ser tan ciega con ambos. No era amor, nunca lo fue.
Terminé ese año triste y enojada conmigo misma. Como ya eran los últimos días de diciembre, pensé que sería buena idea sacar esos malos sentimientos y sufrirlos como mejor me pareciera. Lo lloré, lo hablé y lo escribí. Y al mismo tiempo, y de manera simbólica, también empecé a sacar cosas de mi cuarto que ya no me servían. Depuré y me deshice de mucha basura antes de que terminara el año para dar espacio a otras nuevas que llegaran a partir del nuevo año. Suena a cliché, pero funcionó. Enero fue un mes tranquilo, pude regresar a una especie de balance interno y me hizo bien seguir en danza. Y en febrero…
En febrero, Alan Zam empezó a escribirme DMs just for the lulz. Para platicar de… cosas. Empezó mandándome un chiste malo y preguntándome si era lo suficientemente malo como para no ser contado, a lo que le respondí que sí era muy malo, pero que también me había hecho reír. Y así pasamos casi un mes, escribiéndonos todos los días y platicando de nuestros asuntos, del día a día. Del trabajo, del servicio social, de música, de danza polinesia. Hasta que, en marzo, me invitó a vernos un día e ir por un café. Llegó el día y aunque sentí miedo, ahí fui. ¿Qué podría salir mal? Ese día resultó fantástico: fuimos por helado, luego al cine y terminó llevándome con mis amigos. Días después de conocernos, estuvo apoyándome por mensajes en el concurso de danza al que fui con la ohana a Puebla. Desde entonces todo ha sido increíble. Abril, mayo y junio fueron meses muy felices.
Todavía me acuerdo de Mique y siempre deseo que siguiera aquí. Me gustaría contarle mil cosas y salir a pasear como siempre lo hacíamos. De alguna manera sigue presente. La ausencia ya no duele tanto pero cuando duele, ahí está Alan Zam conmigo.
Así que, después de tantas palabras, puedo concluir que tuve razón cuando dije hace unos meses que siempre llegan épocas bonitas después de épocas feas, y que agradezco que hayan sucedido de esa manera pues me ayudaron a tomar perspectiva de mí misma. Veo todo lo que pasé y me da gusto poder decir que crecí como persona. Ese fue mi balance: gané más de lo que perdí.
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