02 marzo 2015

I guess we can just agree to disagree, pt. 2

He aquí el review con mis conclusiones del post anterior. Durante gran parte del día me dediqué a pensar lo que escribí, a recordar experiencias anteriores y a definir qué es lo que quiero y por qué actúo como lo hago. Enumeré todos los puntos, aunque no necesariamente tengan continuidad unos con otros; los escribí según los fui pensando.

 1
En primer lugar, recordé que Daniel tenía una manera similar de pensar a Roberto. Así empezó con Vicky y creo que ya llevan más de un año juntos. Qué bueno por ellos si les funcionó irse a la cama y luego ver si aparecía algún sentimiento después del sexo. Yo no pienso así y así he estado perfecto durante estos años, y es una pena por Roberto que él no lo entienda, pero tampoco voy a desgastarme discutiendo con alguien que no entiende razones.

2
Haciendo memoria, recordé un post que escribí aquí cuando apenas empezaba el blog. Lo enlazaría, pero lo borré. Tenía 19 años y en ese entonces me gustaba mucho un dude de otro grupo de la carrera que se llamaba Samuel. Un día al final del trimestre, después de clases, me lo encontré cerca de los talleres de Industrial. Después de vagar por un poco por los pasillos de la escuela nos encerramos en un salón vacío para besarnos y fajar. Al principio me sentí otra persona, pues había hecho algo que nunca antes y extrañamente me sentí bien: atrevida, diferente y renovada. Creí que al cabo de unos días él llegaría a decirme que quería algo más formal, pero lo que encontré fue peor: el día de la exposición de trabajos finales lo vi abrazando de la cintura y besando a una chica mucho mejor: guapa, delgada, bien vestida y maquillada. Todo lo contrario a lo que era yo en ese momento: gorda, medio fodonga para vestir, no me maquillaba y tenía el cutis lleno de acné. Me sentí chinche y quise salir corriendo de ahí. Pasó mucho tiempo para que volviera a sentirme tan ligera como el día del encerrón.

3
La siguiente vez fue a los 21. Sexteé con un follower —a quien llamaremos F y que nunca me gustó físicamente— durante algunos días, pero de él no hay mucho qué contar pues desapareció al cabo de un par de semanas y no volví a saber de él hasta hace unos meses. Sólo lo vi una vez, antes del sexteo y nunca volvimos a tocar el tema. Luego de otro par de años, mientras le platicaba a Mique sobre F le confesé lo que hice y el nulo gusto que le tenía, a lo que me respondió:
—Si el dude no te iba, ¿por qué sexteaste?
—Pues porque estaba en un mood tan despreocupado, que me importaba un pepino lo que sucediera con X o Y dude.
—¿Qué despreocupada, eh? Qué valemadres…
Luego llegó Alan M. y olvidé ese mood despreocupado. En ese momento decidí de nuevo que eso no era lo mío.

4
Entonces, ayer por la mañana recordé la pregunta de Mique pero en el transcurso de la tarde con Roberto pensé que no perdía nada por algunos besos, y en caso de que me gustaran, yo decidiría si le seguía el paso para dejarme llevar, por eso le correspondí el primero que me robó. Pero no fue así y como faltaba poco tiempo para irnos, pues ya me dio lo mismo recibirle los siguientes besos. Y decidí por tercera vez que eso de ser tan ligera no iba conmigo, aunque en esta ocasión ya estoy segura de ello.

5
Entre otras cosas, Roberto decía que mientras llega tu media naranja, ve comiendo mandarinas. Pero no quiero comer mandarinas ahora. Estando a unos meses de llegar a mi primer cuarto de siglo, cada vez estoy más segura de mis decisiones y si no quiero mandarinas porque no se me antojan, ¡no tengo por qué comerlas, carajo! También decía que por estar esperando a una persona más compatible con mi manera de pensar podría estar dejando pasar muchas oportunidades. ¿Y saben qué? Me vale tres hectáreas de invertebrada porque esperar no representa un problema para mí. Esperé mucho tiempo para que llegara Alan Zam y aunque ya no está, tengo la certeza de que así como él llegó, llegará alguien más. Tengo muchas cosas de qué ocuparme mientras espero, así que no estaré aburriéndome.


6
Por la tarde le conté a mi hermano de la salida con Roberto, con detalles y contexto. Mi hermano es mi confidente y aunque es cinco años menor que yo, podemos hablar perfectamente de cualquier tema, así que después de contarle todo, en pocas palabras, dijo lo que ya se sabe: Roberto es un imbécil y me aconsejó no seguir hablando con él. Por supuesto que no seguiré haciéndolo, y menos después de ese fracaso de cita y de los tuits ardidos que ha estado escribiendo en forma de indirectas. Aparte de imbécil, cobarde. Meh.

7
Sabía que no podía esperar mucho de alguien que ni siquiera hizo el esfuerzo de verme en alguna estación intermedia del metrobús porque la suya le quedaba a unos pasos de su casa, con el pretexto de que sería poco práctico verme más cerca para luego volver a la parada del bus. Y que al momento del regreso hacia nuestras casas ni siquiera me preguntó si podía acompañarme a la mía. Su máxima preocupación fue pedirme que le avisara cuando llegara. Al contrario, Alan M. sí me regresó desde la primera cita; Alan Z. también quiso hacerlo y aunque yo tenía que ver a Benito en su tienda, al menos me acompañó hasta la entrada. A lo que voy es que quería todo tan fácil y hacer el mínimo esfuerzo, que sólo puedo pensar: easy come, easy go.

8
Finalmente, quiero a mi lado a una persona que pueda seguirme el paso emocional, mental y sexualmente, no a alguien que quiera adelantarse con pretextos estúpidos y que no respete mis tiempos. Quiero a alguien con quién compartir parte de mi vida y estar atenta y presente en la suya y superar nuestras dificultades juntos por muy grandes que parezcan, en lugar de acobardarse en la primera. Quiero a alguien con quién celebrar mis triunfos, llorar mis tristezas, desahogar mis enojos y superar mis miedos sin sentirme ridícula por hacerlo. Quiero todo esto porque sé que puedo darlo y sabré esperar.

01 marzo 2015

I guess we can just agree to disagree, pt. 1

Hoy tuve la cita más horrible de mi corta vida. No sé ni cómo redactar el contexto, estoy de malas: sólo comí un helado, tengo mucha sed, las botas me cansaron y ya me quiero dormir.

Sucedió así: ayer por la noche, mientras comentaba en twitter sobre los libros que conseguí en la FIL Minería —y con los que salí muy feliz—, el follower Roberto, Software Developer, empezó a preguntarme por el de Front End (HTML, CSS3 y Javascript) y platicamos un poco sobre ello. Me dijo que un día debería verlo porque también a él le interesaba repasar esos temas. Luego pasamos a los DMs y ahí comenzó a insinuarse preguntando qué día podríamos vernos. Le respondí que dentro de dos semanas, pero a él le pareció demasiado tiempo, así que en el transcurso de la plática me invitó a salir hoy.


Medio le seguí el juego en sus mensajes pues, for the lulz, a sus comentarios del tipo en el intermedio, te abrazo por la cintura y te mando besos porque en esos casos, un beso no significa nada y tampoco te compromete, aunque también llegó a decirme cosas más subiditas de tono a las que respondí que no estaba de acuerdo pero aún así él no parecía entender que eso no iba conmigo. A fin de cuentas, no dejaba de ser un desconocido. Él respondía que así era su forma de ser, que no era un hombre de seguir protocolos (tomarse tiempo para conocer poco a poco a la chica o esas cosas que normalmente hace la gente antes de ser pareja) y que cuando se sentía atraído físicamente por alguien, simplemente se dejaba llevar a ver hasta dónde llegaba. Al principio creí que sería buena idea no cerrarme a la idea de probar maneras de actuar distintas, porque finalmente era válido decir si después de intentarlas no me gustaron. Pero después de decirle que no tendría esas cosas subiditas de tono aún (¡santo remedio!), dejó de insistir con el tema y se limitó a seguir mandándome besos para después invitarme a salir. Intercambiamos números para seguir escribiendo por whatsapp y confirmamos plan, lugar y hora.

Llegó el día y mucho salió mal desde el principio. Le avisé que llegaría tarde porque el fckn metrobús que tomé tuvo una falla. Detrás de ése venían otros que iban hacia la misma dirección, pero abordé el segundo o el tercero porque los otros se llenaron con los pasajeros de donde venía. Así que iban uno detrás de otro, haciendo la ruta aún más lenta de lo normal y llegué unos 20 minutos después de lo acordado. ¡Odio llegar tarde! Al fin llegué, nos vimos y caminamos a la parada de otro bus que nos dejaría cerca del centro de Coyoacán; supongo que llegamos hasta allá como en media hora.

Como fue una tarde muy calurosa, lo primero que hicimos fue ir por helado y sentarnos a disfrutarlo mientras platicábamos de nosotros: ¿a qué te dedicas?. El plan era ir por pizza y cerveza después del helado como lo hablamos en el bus, pero sólo se quedó en helado. Estuvimos platicando en esa banquita varias horas y cuando pensé que ya era algo tarde para comer, le pregunté si quería ir ya por la pizza. Yo no sentía hambre aún, pues desayuné tarde, pero él respondió que tampoco sentía hambre y seguimos sentados para entonces hablar del tema yo soy un hombre sin protocolos, déjate llevar; yo soy una chapada y no me encanta cómo piensas. Luego de un rato nos levantamos y fuimos a caminar randomly. En una calle muy tranquila me tomó por la cintura y me besó. Le correspondí, pero… no me gustó. No sentí nada. No besa tan bien como lo había dicho en sus mensajes y tampoco me sentí en el ánimo adecuado como para dejarme llevar. Seguimos caminando y de repente volvía a besarme, pero tampoco sentía nada. Luego sucedió algo similar a una de las salidas con Daniel: por un comentario tonto, de los de broma, tomamos diferentes direcciones, así que cuando no lo vi regresando hacia donde yo estaba fui a sentarme al parque. Pensé que se había ido porque seguía sin verlo, hasta que me mandó un whats diciendo algo como que te vaya bien, te vas con cuidado y después de decirle que estaba en el parque me respondió que él estaba en la parada del bus. Caminé hacia allá y le pregunté si se había enojado, pero como sólo respondió con evasivas, deduje que sí. Y no me importó. Ya no estoy para esos dramas tipo Daniel. En el trayecto que nos quedaba de regreso intentó besarme varias veces, pero ya no me dejé. Él se bajó antes del metro, así que nos despedimos de beso en la mejilla y me pidió que le avisara cuando llegara a casa.

Mientras escribía esto ignoré las notificaciones en el teléfono, aunque sí respondí las que tenía en facebook, y ahora que veo las de twitter, aproveché para ver también su TL y no sé si reír o sentir lástima por él y por el berrinche que está haciendo por mi frialdad. Meh.

Mañana escribo el review con mis conclusiones en el siguiente post, para no hacer éste todavía más extenso.

22 enero 2015

De heridas que creías cerradas…

¿Cómo se hace para que una persona deje de doler tanto? Ya no recordaba lo que era sufrir una ruptura después de tanto tiempo. Ya pasaron poco más de dos meses de que Zam y yo terminamos y creí que ya lo había superado porque ya no había vuelto a llorar pero… qué equivocada estaba.

Anoche estuve platicando un rato con Fer por el chat de facebook y ahí fue cuando no pude aguantar más y me rompí. No le dije que lloré, pero supongo que lo imaginó. Es que estoy segura de lo que le escribí y por eso me duele tanto: Zam fue el primero al que amé de verdad. No quiero decir que a los demás no los haya querido, porque sí los quise y mucho, pero con Zam fue distinto. Fue sublime, fue constructivo, fue maduro, fue mi apoyo… Fue único, ¿sabes? Fue amor de verdad y me lo merecía. Pero cada día me convenzo más de que también fue un cobarde que no quiso seguir porque le dio miedo pasar de la etapa de «todo es rosita y feliz» a la de «no todo es rosita y tenemos que enfrentar dificultades y ya no sé si quiero vivir esa transición», porque creo en que una vez que pasas esa transición es cuando viene el amor de verdad. ¡Y yo sí estaba dispuesta a vivirlo! Incluso pienso que íbamos a ritmo distinto, porque yo ya me había dado cuenta de que la relación ya estaba cambiando para convertirse en una más fuerte y profunda y estaba segura de aceptar ese cambio. Pero él no, él tenía miedo y eso sí no lo merezco.

Lo peor es que en la noche soñé con él. Sentí horrible porque en el sueño nos veíamos y salíamos a hacer unas compras como cuando estábamos juntos; me abrazaba, me tomaba de la mano y me llamaba pero ambos sabíamos, sin decirlo abiertamente, que ya no éramos nada. Y lo veía vestido con una camisa suya que era mi favorita y al verlo sonreírme sentía un dolor por dentro de ésos en los que tienes que aparentar ser fuerte. Y cuando desperté no quería ni levantarme de la cama. ¿Será que, lo que tengo que hacer es aparentar ser fuerte y luego serlo de verdad? O mejor dicho, ¿empezar a ser fuerte de verdad? En este par de meses lo he aparentado, pero en cuanto alguien me pregunta por él siempre me derrumbo y las lágrimas no se quedan adentro. ¿Por qué?

No sé ni qué debo pensar, todavía me siento confundida. Por ahora iré a dormir, que me hace mucha falta descansar y tengo que dejar de desvelarme. Sólo espero no volver a soñarlo.

19 enero 2015

Carta

A Mique.

¡Dude!

¿Adivina qué? Mañana (al rato) seré magenta otra vez. Recordé mis tiempos de flequito de colores y de un día en especial en el que paseábamos randomly por la Zona Rosa mientras hablábamos de cakepops y otras delicias de postres; del The 2nd Law —que te presté y olvidé pedirte de regreso, ojalá lo hayas disfrutado mucho y rockeado con Panic Station porque esa canción y su video tienen TODA la actitud— y del mal de amores que no me dejaba en paz. Creo que en ese momento mi fleco era un intento de azul que terminó fallidamente en verde.

¿Sabes? Aún hay días en los que sigo pensando que me gustaría contarte secretos, mostrarte música nueva o que solamente me dieras un abrazo como el de la última vez que soñé contigo. Pero he aprendido a lidiar con la ausencia física —muy a mi modo— y duele cada día un poquito menos, porque entendí que la parte de ti que se quedó conmigo para siempre, nadie me la va a poder quitar. Ahora sólo pido que, donde sea que te encuentres, estés bien.

Qué bonito se siente venir a escribirte.

Te quiero magentosamente.