26 enero 2013

Ciclos II

Se suponía que este post sería la continuación del anterior y les contaría cómo pasé las fiestas de Navidad y Año Nuevo, pero no. Ya no. La Navidad fue la más aburrida que haya pasado en mi vida, nadie traía actitud buena onda pero era comprensible, nos faltaba mi tío. Y el Año Nuevo, pues, como siempre, lo pasé haciendo esos rituales ridículos de los que todo el mundo se burla pero, ¿qué sería de la vida sin momentos ridículos?

Sigo en mi etapa cursi de introspección. Ya me deshice de [literal] montones de cosas inútiles que tenía guardadas en mi cuarto; ordené mis cajones, lavé ropa cual ama de casa y quemé fotos [ajá, fotos, por una foto solamente] que nada más me incomodaban por quien salía ahí. Lo ¿triste? es tener que recurrir a esta medida cuando se trata de una persona que, hasta hace unos meses, tenía en buena estima, pero que perdió mi respeto gracias a su estupenda idea de entrometerse en cosas de mi pasado. O al menos así lo interpreto porque qué otro motivo podría haber tenido. Y no es que hable mal de lo que alguna vez quise, sólo me decepcionó épicamente. En fin.

Paréntesis: hablado de personas, también me he estado alejando de twitter. No es que lo odie, pero cada día se vuelve más insoportable porque la gente se autocensura o pretende ser graciosa cuando ni al caso. Es de flojera leer tipas haciéndose pasar por sextuiteras tuiteando lo p i n c h e s mismo todos los días, así como a quienes se la pasan corrigiendo ortografía o a los wannabe revolucionarios de sillón en fechas nacionales. O a esos entes extraños a los que, de un día para otro, les lees exactamente las mismas expresiones que tú usas, como si las usaran desde siempre. De estos últimos, es como si te absorbieran tu alma hasta hacerla propia o yo que sé pero, qué oso, porque nada más parecen copias fotostáticas mal sacadas.

Por otra parte, esa introspección ha invadido también el plano físico. O sea: me hice chubby en estas fiestas, haha :( ¡Y eso no puede seeeer!, así que el jueves empecé a comer más saludable: ensalada y té. Tampoco es que me angustie exageradamente y empiece con ondas extrañas obsesivas sobre el peso, pero no quiero ser gorda. Además, el tan deseado viaje de graduación es en agosto y creo que tengo buen tiempo para estar en forma para la playa. Y es que también me quiero deshacer de malos hábitos. De lo que sea, y ese lo que sea incluye los de comer mal [adiós moka con chispitas del Oxxo, y capuccino de menta de la cafetería de la escuela].

También empecé proyectos nuevos. El primero, es el de hacer postrecitos ricos para vender y recaudar más fondos para Helsinki 2O16. Creo que no les conté, pero cuando cumpla 26 años, quiero pasar esa semana cumpleañera feliz en Helsinki. Ya saben, quiero viajar muchísimo en mi vida y me encantaría empezar por ahí. Después serán Berlín y Amsterdam 2O2O. Entonces, hice trufas de chocolate que regalé a ciertas personas de la Uni [para ver qué tan buena aceptación tendrían] y cakepops de Nutella que vendí entre mis compañeras de tahitiano y que, btw, les encantaron :) También hago brochetas de frutas bañadas en chocolate, pay de limón, pastel imposible y pan de naranja. Informes en los comentarios, haha. El segundo proyecto es como más ‘informal’ y lo hago más por ocio, pero me gusta también. Resulta que me hice una cuenta en Mixlr y cuando tengo ánimos, transmito música. Empecé el viernes pasado con musiquita de Poets of the Fall, con la idea de difundirlos para que empiecen a ser más conocidos en México y puedan considerar la idea de venir y dar conciertos. No se imaginan lo feliz que sería de verlos por acá. Si quieren escuchar mis sandeces éste es el link.

Ja, al final este post sí fue una continuación del anterior. Este año prometo bloggear más seguido y comentar como en los muy viejos tiempos.

08 enero 2013

Ciclos I

Hi there! Ahora sí, hace mucho que no venía a postear nada, ¡pero nada! Ni siquiera el recuento de fin de año que, aunque no es de vida o muerte, sí llega a ser un gran desahogo. Es que –por cuuursi que suene– he estado metida en introspección. Pues bien, les cuento lo que pasó desde aquella vez que vi a Miguel después de meses hasta ahora.

Empiezo con Gigio, ¿lo recuerdan? Yo sí, todos los días. Gigio murió. No merecía irse tan pronto, pero tampoco merecía seguir siendo azotado por tantos achaques. Durante esas últimas semanas, todos notamos que su ánimo había decaído como nunca; es más, ya ni siquiera le emocionaba que le amarráramos la correa para sacarlo a pasear. Hacerlo bajar de las escaleras era prácticamente imposible, se resistía con las poquitas fuerzas que le quedaban y solamente podíamos bajarlo cargándolo. Tal vez le dolía mucho y por eso no quería bajar.

Esos días fueron también los que más pasó conmigo en las mañanas: iba a despertarme pero mejor se acurrucaba a mi lado y dormíamos casi hasta medio día gracias a que mi raquítico horario escolar me lo permitía. Cuando hicimos la resolución definitiva de llevarlo a dormir, ni siquiera se inmutó en el camino al veterinario, como si supiera que ya no tenía por qué ponerse nervioso. Llegamos, le pusieron el aparatito para inyectarlo (¿catéter?) y la doctora nos preguntó si queríamos verlo por última vez. Mis hermanos no quisieron, y confieso que al principio yo tampoco, no podía soportar la idea de verlo irse, pero al pensar que no ser despedido por tus seres queridos debe ser la forma más triste de morir, de inmediato regresé a la sala, esperando no haber tardado demasiado. Y ahí estaba Gigito, sentado en la plancha, esperando el final. Ver su mirada fue… no sé, no encuentro la palabra, pero era como si me dijera “no llores, yo te quiero… gracias por estar conmigo”. Lo sostuve mientras la doctora lo inyectaba. Ella dijo que no sufriría porque la solución salina le iba a detener el corazón por la sobredosis, que primero entraría en coma y después vendría el infarto.

¿Y saben qué fue lo más horrible? Ver cómo se iba el brillo de su mirada. Como si ahí estuviera su alma y de pronto se apagara.

Desde entonces no dejo de extrañarlo.




En otros asuntos, a mediados de diciembre concursé en el Miss Aloha. Es el certamen en el que las bailarinas nuevas de los grupos de danza polinesia nos damos a conocer ante el jurado, y las que llevan más tiempo se gradúan y oficialmente pueden impartir clases, además de concursar en determinados tipos de danza polinesia. Y a decir verdad, es un evento increíble: cuando concursas en la categoría de improvisación, compites con cerca de 1OO chicas, pasando por parejas o tercias, y sientes la adrenalina en todo el cuerpo, pero una vez sobre el escenario, lo único que pasa por tu mente es relajarte, sentir la música y dejarte llevar. ¡En verdad lo disfrutas! Pocas cosas en la vida te hacen sentir así de libre. Obviamente por ser principiante no gané, pero tuve puntuaciones muy altas en mi vestuario; siendo sincera, me veía muy bonita con mi pareu amarillo y mi corona de astromelias, hawaiianas, hojas de lluvia y otras que se llaman cebollines, combinado con el top n.n Pero eso no habría sido posible sin la ayuda de Agus, que me ayudó desde la elección de las flores hasta el diseño de la corona. ¡Gracias, Agus! Ah, y cuando bajé del escenario, su felicitación se sintió tan satisfactoria: “¡MUY bien!”, me dijo con una enorme sonrisa, y yo estaba que no cabía de la emoción.

Terminando el concurso, Miguel y yo nos fuimos a tomar un café y trollear gente a un Starbucks. ¡Gracias a ti también por ir a verme, bestia!



Uhm, qué más. Oh sí. Me fue bien en la escuela, terminé con buenas notas el trimestre, excepto por una reprobatoria de una materia que previamente cursé como oyente pero que hasta ese trimestre pude dar de alta, y en donde el prof seguramente olvidó quién era y por eso la reprobé. Pero a pesar de eso, alcancé cupo en dos materias que quiero para este trimestre: la del proyecto terminal, y Fotografía de Estudio. La primera era más que evidente porque ese maestro es poco solicitado, pero sí me sorprendió lo de la segunda, porque es bastante cotizada y jamás, desde que recuerdo, había podido entrar ahí. Lo excéntrico de mi parte es que elegí cursarla en el horario vespertino, de 19 a 22 h, pero no me importa mucho pues como me encanta hacer fotografía, seguramente no me aburriré. Además, he escuchado buenas referencias de ese profesor, así que tengo la certeza de que será un curso fantástico y aprenderé mucho.

Y ya. Claro que pasaron más cosas, y las fiestas de Navidad y Año Nuevo no puedo pasarlas por alto, pero eso lo contaré en el siguiente post.


❅ Hyvää uutta vuotta! ❅

11 noviembre 2012

I'm OK

No tenía idea de lo bien que se siente estar en paz con el pasado (o con gran parte de él), hasta que lo enfrenté.

Eso fue lo que pensaba hace unas horas. Seguramente recuerdan algunas de las cosas que les contaba sobre los evil exes, y lo mal que llegué a hablar de uno de ellos: Miguel. Hm. No tengo justificación, pero sí puedo decir que estuve muy dolida cuando dije todas esas cosas; seguro fue visceral. Es que, para ser honesta, en esos momentos ni siquiera concebía la posibilidad de perdonarlo. No me imaginaba que por “azares” (yeah, azares…) del destino, en algún punto del futuro volvería a encontrármelo. Era lo que menos deseaba.

A principios de este año volvió a buscarme, para intentar arreglar los asuntos que quedaron pendientes. Igual seguía sin interesarme, pero después de tantas cosas que aprendí en estos meses con el divorcio de mis papás, en el fondo pensé que no tenía nada qué perder escuchándolo. Y eso hice. No me fue tan fácil dar mi brazo a torcer, sobre todo por la manera tan grosera en que terminó todo, pero poco a poco todo fue tomando lugar, y hoy me siento en cierto modo invencible al saber que al fin estoy bien con esa parte del pasado. Y conmigo misma. Porque han de saber que yo también me torturé mucho tiempo pensando que fui una imbécil, que no debí haber hecho tal o cual cosa, o que jamás iba a encontrar a alguien que me tomara en serio. Me costó mucho quitarme esos paradigmas, no era yo la imbécil ni la que actuó mal. Así que, después de mucho tiempo, retomé el contacto con Miguel.

Tan bien estoy ahora, que hace un par de semanas nos vimos para jugar Alan Wake, y ayer fuimos a tomar un café. Juro que hace dos años no pensaba ni remotamente que esto podía suceder. Y wow, no sé qué decir. Es tan increíble estar en paz. Cuando te das cuenta de lo corta que puede ser una vida es cuando más valoras la vida.

Miguel, si llegas a leer esto, en serio te pido que ya no te arrepientas. Lo que no fue en ese entonces, ya no será (it was brutal, haha). Pero ten por seguro que ya no te odio. Quédate tranquilo por eso. Estoy bien. Tú también deberías estarlo.

No fue un adiós

A casi un mes de la última entrada, regreso feliz (aunque un poco retrasada) para contarles que Gigio está vivo; no lo tuvimos que dormir porque fuimos a pedir una segunda opinión. Esta doctora le realizará un par de ultrasonidos: uno abdominal para ver mejor qué tiene el perrito en el vientre, y uno más a la altura del corazón y los pulmones. Se le tomaron muestras para laboratorio y los resultados son aún confusos: puede ser que lo que tenga sea una anomalía cardiaca, o puede ser hepática –por eso los ultrasonidos–. Aunque hay algo que me tiene preocupada: en esos resultados aparece también anemia severa. Y con ello viene también leucocitosis y linfocitosis, cosa que, según experiencias pasadas, son indicios de leucemia. Ay. Mi niño podría tener cáncer. ¿Por qué? No lo sé. Pero prefiero no ser fatalista.

En cuanto a ánimos, Gigio ha estado igual de alegre y cariñoso que siempre. A veces creo que en el fondo sabe que su fin no es lejano; se le nota cierto aire de melancolía en la mirada, pero a pesar de ello nos sigue amando como siempre lo ha hecho.

Que suceda lo que tenga que suceder, lo único que quiero es que, mientras esté con nosotros, tenga la mejor calidad de vida posible.