Una de las razones por las que dejé de escribir fue por la primita chismosa que un día vino a leer y malinterpretó cierta entrada que publiqué, donde me hablaba de que «madurara y fuera responsable» (cuando ella ni siquiera le cambiaba los pañales a su propio hijo). Incluso, eso dio pie a que muchas veces me guardara sentimientos difíciles que únicamente podía sacar por aquí, mi propio espacio, y evitara escribir sobre ello. ¿Cómo es posible que le haya dado tanta importancia a esa estúpida? No lo sé, pero tampoco volveré a censurarme.
Esos ya son tiempos muy lejanos y probablemente ya no se acuerde de mi blog. O eso espero.
Tengo tantas cosas qué contarles. La primera, y que tiene que ver con este tema tan difícil de la familia paterna, es que mi papá por fin ya se salió de la casa después de cinco años del divorcio. ¡Cinco años! ¿Se imaginan? Cinco años en los que la convivencia con él era dañina, tóxica. Nos hacía la vida pesada a todos. Como estudió psicología, sabe perfectamente cómo manipular a las personas y crearles sentimientos de culpa por cualquier cosa. En serio. Todo el tiempo, todos en casa estaban peleados o de malas. Invadía los espacios ajenos, se metía a escondidas al cuarto de mi mamá y a veces hasta al mío y se atrevía a dormir en mi cama cuando yo no estaba. Cuando se firmó el divorcio, hubo una orden del juez que establecía que él se tenía que salir de la casa, pero no lo hizo en todos esos años. Su pretexto era que como él pagaba la hipoteca del departamento, le pertenecía y por ello tenía derecho a quedarse, y siempre decía que en todo caso, los que teníamos que salirnos éramos mi mamá, mis hermanos y yo. Muchas veces llegué a pensar que es un enfermo mental y que necesita ayuda urgente. Mi mamá le había propuesto un trato en el que ella no le exigiría ninguno de sus bienes (la casa de Veracruz que se está cayendo a pedazos, y sus coches que también se están cayendo a pedazos), y que además absorbería la deuda de la hipoteca, pero mi papá nunca aceptó. O sea, ¿qué tan enfermo tienes que estar, que con tal de joder la existencia ajena no aceptas un trato que te beneficia económicamente? A ese grado él lo estaba, o está.
Todo eso cambió el día de la audiencia con el juez, a principios de mayo de este año. Lo que sé, es que en esa ocasión sus abogados no llegaron a la audiencia. Nadie sabe qué pasó, nunca le avisaron que no podrían ir y él no pudo comunicarse con ellos, lo que le dio una gran ventaja a mi mamá para ganar la audiencia, de tal forma que a mi papá no le quedó otra opción más que él mismo establecer la fecha en que se saldría. Un escribano redactó el documento que después ambos tuvieron que firmar y en caso de que él incumpliera, mi mamá podría proceder otra vez, con consecuencias peores para él. Y como no hay plazo que no se cumpla, por fin llegó el día, a mediados de junio. Después de eso, mi mamá pidió unos días de vacaciones para hacer limpieza y cambiar las chapas. Yo renuncié a mi empleo por razones que contaré en la siguiente entrada, aunque una de ellas era para vigilar que mi papá no entrara a escondidas a la casa mientras no había nadie y llamar a una patrulla en caso de ser necesario. Ya sé, se escucha horrible, pero no había otra salida. Afortunadamente, eso nunca sucedió.
Bueno, eso es en lo que respecta a la terrible relación entre ellos. En cuanto a mí, es difícil. Decidí cortar lo más posible los vínculos con él, porque también me hizo mucho daño. Y tengo sentimientos encontrados porque pues, tengo buenos recuerdos, especialmente de uno de los últimos viajes a Veracruz, pero por otro lado, también recuerdo el daño que me hizo y que aunque una parte de eso ya está sanado, aún me cuesta trabajo. Terminar una relación dañina no es tan difícil cuando se trata de un extraño, ya sea de amistad, de pareja, de trabajo, etc. Pero cuando es alguien de tu familia cercana, alguien con quien prácticamente has convivido toda tu vida casi 24/7, duele distinto y duele mucho… pero al final sabes que te alejas por tu propio bien, por tu bienestar y por tu salud mental.
Sólo tengo una canción para describir ese sentimiento, la pongo a continuación (no hagan caso al video):
Tiziano Ferro – A mi edad
Lo único que espero es que mi papá no se arrepienta de sus malas decisiones cuando ya sea muy tarde.