02 julio 2016

A mi edad

Qué raro se siente volver a blogger y ver que ya nadie escribe. Lo sé, yo también me alejé de estos rumbos por poco más de un año; no sé por qué, pero no volveré a hacerlo. Me prometí que volvería a escribir, no tan seguido como cuando empezaba, pero ya me encontrarán de nuevo por aquí.

Una de las razones por las que dejé de escribir fue por la primita chismosa que un día vino a leer y malinterpretó cierta entrada que publiqué, donde me hablaba de que «madurara y fuera responsable» (cuando ella ni siquiera le cambiaba los pañales a su propio hijo). Incluso, eso dio pie a que muchas veces me guardara sentimientos difíciles que únicamente podía sacar por aquí, mi propio espacio, y evitara escribir sobre ello. ¿Cómo es posible que le haya dado tanta importancia a esa estúpida? No lo sé, pero tampoco volveré a censurarme.

Esos ya son tiempos muy lejanos y probablemente ya no se acuerde de mi blog. O eso espero.

Tengo tantas cosas qué contarles. La primera, y que tiene que ver con este tema tan difícil de la familia paterna, es que mi papá por fin ya se salió de la casa después de cinco años del divorcio. ¡Cinco años! ¿Se imaginan? Cinco años en los que la convivencia con él era dañina, tóxica. Nos hacía la vida pesada a todos. Como estudió psicología, sabe perfectamente cómo manipular a las personas y crearles sentimientos de culpa por cualquier cosa. En serio. Todo el tiempo, todos en casa estaban peleados o de malas. Invadía los espacios ajenos, se metía a escondidas al cuarto de mi mamá y a veces hasta al mío y se atrevía a dormir en mi cama cuando yo no estaba. Cuando se firmó el divorcio, hubo una orden del juez que establecía que él se tenía que salir de la casa, pero no lo hizo en todos esos años. Su pretexto era que como él pagaba la hipoteca del departamento, le pertenecía y por ello tenía derecho a quedarse, y siempre decía que en todo caso, los que teníamos que salirnos éramos mi mamá, mis hermanos y yo. Muchas veces llegué a pensar que es un enfermo mental y que necesita ayuda urgente. Mi mamá le había propuesto un trato en el que ella no le exigiría ninguno de sus bienes (la casa de Veracruz que se está cayendo a pedazos, y sus coches que también se están cayendo a pedazos), y que además absorbería la deuda de la hipoteca, pero mi papá nunca aceptó. O sea, ¿qué tan enfermo tienes que estar, que con tal de joder la existencia ajena no aceptas un trato que te beneficia económicamente? A ese grado él lo estaba, o está.

Todo eso cambió el día de la audiencia con el juez, a principios de mayo de este año. Lo que sé, es que en esa ocasión sus abogados no llegaron a la audiencia. Nadie sabe qué pasó, nunca le avisaron que no podrían ir y él no pudo comunicarse con ellos, lo que le dio una gran ventaja a mi mamá para ganar la audiencia, de tal forma que a mi papá no le quedó otra opción más que él mismo establecer la fecha en que se saldría. Un escribano redactó el documento que después ambos tuvieron que firmar y en caso de que él incumpliera, mi mamá podría proceder otra vez, con consecuencias peores para él. Y como no hay plazo que no se cumpla, por fin llegó el día, a mediados de junio. Después de eso, mi mamá pidió unos días de vacaciones para hacer limpieza y cambiar las chapas. Yo renuncié a mi empleo por razones que contaré en la siguiente entrada, aunque una de ellas era para vigilar que mi papá no entrara a escondidas a la casa mientras no había nadie y llamar a una patrulla en caso de ser necesario. Ya sé, se escucha horrible, pero no había otra salida. Afortunadamente, eso nunca sucedió.

Bueno, eso es en lo que respecta a la terrible relación entre ellos. En cuanto a mí, es difícil. Decidí cortar lo más posible los vínculos con él, porque también me hizo mucho daño. Y tengo sentimientos encontrados porque pues, tengo buenos recuerdos, especialmente de uno de los últimos viajes a Veracruz, pero por otro lado, también recuerdo el daño que me hizo y que aunque una parte de eso ya está sanado, aún me cuesta trabajo. Terminar una relación dañina no es tan difícil cuando se trata de un extraño, ya sea de amistad, de pareja, de trabajo, etc. Pero cuando es alguien de tu familia cercana, alguien con quien prácticamente has convivido toda tu vida casi 24/7, duele distinto y duele mucho… pero al final sabes que te alejas por tu propio bien, por tu bienestar y por tu salud mental.

Sólo tengo una canción para describir ese sentimiento, la pongo a continuación (no hagan caso al video):



Tiziano Ferro – A mi edad

Lo único que espero es que mi papá no se arrepienta de sus malas decisiones cuando ya sea muy tarde.

01 junio 2016

Resumen tardío del 2015, parte 2: Manuel.

Manuel.

Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.

Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.

Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3

Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.

Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.

Resumen tardío del 2015, parte 1: El caos.

Uf, damn 2015, qué año. Sé que otra vez me desaparecí mucho tiempo y ahora que regresé, pensé primero en escribir un post por cada día relevante, pero la verdad es que fueron tantos que mejor decidí escribir el resumen de todo lo que dejé sin concluir y extenderme un poquito más en un par de asuntos más importantes. Vaya que la segunda mitad del año fue vertiginosa.

El resumen

Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.

Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.

Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.

Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.

Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.

Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.

Así fue la primera mitad de mi 2015.

22 junio 2015

Absolutely zero

Musiquita del post:
Jason Mraz — Absolutely Zero

You, you were a friend
You were a friend of mine, I let you spend the night
You see, it was my fault, of course it was mine.

El fin de semana rompí el corazón de un dude y no me siento orgullosa de haberlo hecho, al contrario, me siento miserable por haberle hecho ilusiones para después decirle que no quería nada.

Se llamaba Octavio. Como es costumbre, empecé a tratarlo por twitter hace un par de semanas y nos llevábamos muy bien, incluso intercambiamos whats y por mensajes me decía que le agradaba mucho, tanto físicamente como por mi forma de ser. Confieso que también me dejé llevar un poco rápido al sentirme halagada por sus palabras, pues siempre tenía algo lindo qué decirme. Creí que también me gustaba después de haberlo escuchado por una notita de voz además de haber visto varias fotos suyas, puesto que salía bien y sabía enfocar sus ojos verdes, así que también comencé a corresponderle los mensajes. Todas las mañanas me escribía para desearme buenos días y platicar un poco antes de que yo tuviera que salir. Un día pensamos que sería buena idea vernos en persona y pasar la tarde, y entonces arreglamos todo para que el miércoles fuera el día indicado. Solamente fuimos a comer, ya que de último minuto le habían avisado en el trabajo que tendría que regresar en la tarde-noche. Con tal de verlo y evaluar si un ratito sería suficiente para decidir si quería verlo de nuevo o no, le respondí que no habría problema. Entonces llegó el momento: nos vimos donde habíamos acordado y luego de haber caminado algunas cuadras, al llegar hasta su coche me pidió un abrazo… y fue ahí cuando sentí que las cosas no irían tan bien, aunque no quise predisponerme. Lo abracé como al resto de mis amigos, pero él me abrazó más fuerte y olió mi cabello. Un amigo no huele tu cabello tan efusivamente. De alguna manera también quería besarme pero no lo dejé y me las arreglé para no hacer incómodo el momento y lograr que nos subiéramos al coche pronto para ir a comer. Abrió la puerta y, sorpresa, otra señal de incomodidad: por dentro estaba todo sin aspirar. Tal vez soy demasiado quisquillosa, tal vez otra persona no se hubiera fijado en eso… pero yo sí, y es algo que no me gusta porque me hace pensar que si no tienen cuidado con su coche, quizá no lo tengan para el resto de sus cosas o peor aún, para los demás. Tan incómoda me sentí que no quise dejar mi bolsa en el tapete como suelo hacerlo, sino que la acomodé a un lado como pude. Llegamos al restaurante y mientras él le ponía dinero al parquímetro, le quité su sombrero y descubrí que el pobre dude, a sus treinta años, ya sufría de alopecia, haha. D: Se volteó hacia mí y en su expresión noté claramente su incomodidad, así que rápidamente me puse su sombrero y le dije que sólo quería ver cómo me veía para tomarme una selfie (que después borré) y luego devolvérselo. Aquella incomodidad mía no fue por el aspecto físico sino que, como vi más adelante al sentarnos a la mesa, estaba más acomplejado de lo que parecía por su problema, al grado de no quitarse el sombrero para comer. La comida transcurrió alternando pláticas con algunos silencios y su mano tomando la mía o acariciando mi mejilla. Los silencios fueron incómodos porque para él lo eran; yo no tengo problema si de pronto no hay algo qué decir, pero la mayoría de la gente no piensa así y sienten que deben decir algo, lo que sea, y eso resulta a veces contraproducente.

Llegó el momento de irnos y cuando estuvimos de regreso en el coche me dio algunos besos en la mejilla después de oler nuevamente mi cabello. Nunca se aprovechó de la situación ni nada parecido, pero fue raro para mí tener ese tipo de trato en una primera cita. Algo apresurado, creo. Al menos al camino hacia la estación de regreso no le faltó plática, lo cual fue bueno porque el tránsito avanzaba lento y torpe por la lluvia. Llegamos, bajamos y me acompañó a despedirme hasta los torniquetes, donde quiso besarme por segunda ocasión. Tampoco lo dejé y esquivé ese beso como he aprendido a hacerlo; me despedí y cada uno se fue por su cuenta.

Al día siguiente no intercambiamos ningún mensaje, sino hasta el viernes. Me dijo que no había querido incomodarme en ningún momento y me reiteró que yo sería su prioridad y que quería que me sintiera bien, pero que le hiciera saber qué pensaba yo de todo eso. Oh, no, eso era una señal muy mala y debía frenarlo como fuera, pero amablemente y sin ser grosera para no lastimarlo (tanto). Todo el día estuve pensando en alguna respuesta lo más sutil posible y por ello le respondí hasta el sábado por la noche. Lo sé, tampoco debí haber tardado tanto, pero de que tendría una respuesta, eso era seguro. Usé las palabras más amables que encontré y le escribí agradeciéndole por la tarde que había pasado con él y que percibí que era un buen hombre, pero que me sentía rara por la rapidez con la que todo se estaba dando y que con ello me había dado cuenta de que realmente no me sentía lista para una relación (cosa que en parte era cierta). Me disculpé varias veces diciéndole que nunca quise jugar con él ni haberle hecho ilusiones (lo cual sí era totalmente cierto), y que si él aún lo quería, solamente podría ofrecerle mi amistad. Luego me despedí deseándole que encontrara a alguien que lo correspondiera como se merecía y que pasara buena noche. Su respuesta, al mediodía de ayer, me rompió lo poco que me quedaba de corazón sin romper. Me dijo que era algo que él ya presentía y también se disculpó por las incomodidades que pudo haberme causado, que tampoco fue su intención. Que no me preocupara, pues él no tenía memoria. Me agradeció por haberle dado un poco de mi tiempo y… se despidió. Era evidente que no le encantó la idea de la amistad y que mejor decidía alejarse.

Me sentí muy apenada, en verdad nunca quise jugar con él. Y aunque sé que él pudo haber ido algo rápido, también acepto que fue mi culpa haber alimentado sus esperanzas antes de tiempo. Todavía recuerdo todo eso y me siento un poco mal. Supongo que es algo que se me quitará con el tiempo, ¿pero y él? En fin, de todas formas, ya no hay vuelta atrás.