Hello, beautiful people.
Como lo prometí en algún momento, he vuelto a desempolvar este blog que tenía en el abandono total. No recuerdo cuál fue el último post que escribí, pero el que sí recuerdo es en el que hablaba de Manuel —porque acabo de abrir en enlace, lol—. El tiempo pasó muy rápido y muchas cosas cambiaron. Terminé con él. Sí, ahora fui yo quien terminó una relación. Nunca me imaginé que eso sucedería porque les juro que lo quise mucho, pero aparentemente eso no era recíproco. Ya después les contaré de eso porque, a pesar de que yo di por terminado eso una semana después de mi cumpleaños 27 —hace exactamente ocho meses—, apareció de pronto en navidad, en año nuevo y a finales de enero y no fue nada agradable. Pero les digo que después hablaré de eso y de mi posterior regreso con Zam porque el motivo de mi regreso al blog es otro muy distinto.
La razón por la que regresé es porque quiero escribir mis feels como lo hacía antes, porque de verdad necesito algo así como mi safe space para desahogar todo lo que traigo en mi cabeza. Encontré hace poco una imagen que se llama Year in Pixels. Es un calendario muy burdo en el que coloreas el cuadrito correspondiente de cada día de acuerdo a una tabla de colores donde cada uno representa una emoción con la que definirías ese día.
Adjunto ejemplo (clic sobre la imagen para ver más grande):
«¿Adjunto ejemplo?» ¿Qué me pasa? Soné súper godínez. >:(
Entonces, decidí que para complementar este registro vendría, en la medida de lo posible, a escribir cómo estuvo mi día. Así nada más. Por el puro gusto y por tener más claro por qué me siento de tal o cual ánimo y hacer el balance general (¿balance general? ¿Otra vez godineando?) a finales de diciembre. No importa que ya haya transcurrido un mes y medio del año.
También adjunto el link de descarga del que yo hice aquí por si quieren imprimirlo, es tamaño carta.
Dicho todo esto, empiezo con el día de hoy.
Ando muy contentilla porque en la mañana, el dueño de la agencia donde trabajo me pidió que subiera a su oficina para hablar de un tema importante. Al principio sí me asusté porque minutos antes estaba quejándome de una brand leader de la oficina que está toda torpe y no sabe explicar las cosas que necesita; incluso creo que mi tono de voz fue bastante alto y me dio miedo que las otras brand torpes me hubieran escuchado y hubieran ido a acusarme, lol. Pero nada de eso sucedió, al contrario: el jefe quería hablar conmigo para primero, preguntarme cómo me he sentido a lo largo de estos meses trabajando en la agencia, y después de responderle que ha sido satisfactorio y productivo, hacerme saber que me iban a dar un incremento en el sueldo que correría a partir de esta quincena; además, tendría que enviarle mi RFC con homoclave y algo del seguro social para darme de alta en esas cosas que después te sirven para cotizar semanas de antigüedad. O sea, llevaba desde mayo que entré, sin prestaciones de ley. :( Pero ya me las van a dar. :)
Sin embargo, lo que me hizo más feliz de todo esto fue que su opinión sobre mí y mi trabajo es que es muy bueno, que está bien con lo que ha visto que hago y que la opinión general de la gente con la que trabajo también es positiva: que entrego rápido los pendientes, que soy bien hecha y comprometida. Y que lo único en lo que tengo que trabajar es en integrarme más con el equipo en el sentido de no tener miedo de preguntar cómo hacer algo que no sé; vaya, pedirle ayuda a mis compañeros que tienen más experiencia. Yo siento que sí lo hago, pero si me lo dijo fue por algo y estoy bien con eso. Le haré caso.
En otros temas, he estado tratando de mejorar mis hábitos de alimentación porque hace unos días tenía una sensación extraña en los brazos, como si se me cortara la circulación cuando los alzaba para peinarme, por ejemplo, o por el simple hecho de tenerlos flexionados. Ahora que lo pienso, se lo achaco a haber comido sushi muy seguido en ¿dos semanas? ¿Tres, tal vez? Porque ya tengo otras tres semanas sin comer sushi y ya no he tenido esa sensación. Dicen que los mariscos tienen mercurio y colesterol, quizá haya sido una especie de sobredosis o algo así. Así que decidí desayunar más saludable: llevo fruta picada, a veces avena, y sándwich de queso en pan integral a la oficina y me preparo un té allá porque no me da tiempo de desayunar en casa. Por lo mismo, procuro cenar un poquito tarde para que no sean tantas las horas de ayuno hasta el día siguiente. Pero a la hora de la comida es cuando más trabajo me cuesta porque aunque quedo satisfecha, me da mucho antojo de ir por helado o papitas con salsa inglesa y, ay, ya se me hizo agua la boca. :( A veces tengo tanto trabajo que se me olvida ir a la tienda o a los helados y cuando salgo de la oficina ya ni tengo el antojo porque siento que ya no son horas de comer chatarra. Pero cuando sí es muy fuerte el antojo no puedo resistirme. ¿Cómo le hacía a los 20 años para tener tanta fuerza de voluntad? :( En general creo que no voy tan mal pero sé que puedo ir mejor. Espero lograrlo.
También me prometí ir a dormir temprano y en eso sí he estado fallando durísimo. Por ejemplo, ahorita. Empecé a escribir este post a las 23h cuando a esa hora ya debería estar envuelta en las cobijas, aunque hoy decidí hacer una excepción porque a Zam le faltaba una hora de estudio y yo decidí hacer tiempo escribiendo esto.
Ya voy a desmaquillarme y prepararme para dormir.
Gracias por leer hasta aquí, regreso mañana y esta vez sí es en serio. :)
13 febrero 2018
02 julio 2016
A mi edad
Qué raro se siente volver a blogger y ver que ya nadie escribe. Lo sé, yo también me alejé de estos rumbos por poco más de un año; no sé por qué, pero no volveré a hacerlo. Me prometí que volvería a escribir, no tan seguido como cuando empezaba, pero ya me encontrarán de nuevo por aquí.
Una de las razones por las que dejé de escribir fue por la primita chismosa que un día vino a leer y malinterpretó cierta entrada que publiqué, donde me hablaba de que «madurara y fuera responsable» (cuando ella ni siquiera le cambiaba los pañales a su propio hijo). Incluso, eso dio pie a que muchas veces me guardara sentimientos difíciles que únicamente podía sacar por aquí, mi propio espacio, y evitara escribir sobre ello. ¿Cómo es posible que le haya dado tanta importancia a esa estúpida? No lo sé, pero tampoco volveré a censurarme.
Esos ya son tiempos muy lejanos y probablemente ya no se acuerde de mi blog. O eso espero.
Tengo tantas cosas qué contarles. La primera, y que tiene que ver con este tema tan difícil de la familia paterna, es que mi papá por fin ya se salió de la casa después de cinco años del divorcio. ¡Cinco años! ¿Se imaginan? Cinco años en los que la convivencia con él era dañina, tóxica. Nos hacía la vida pesada a todos. Como estudió psicología, sabe perfectamente cómo manipular a las personas y crearles sentimientos de culpa por cualquier cosa. En serio. Todo el tiempo, todos en casa estaban peleados o de malas. Invadía los espacios ajenos, se metía a escondidas al cuarto de mi mamá y a veces hasta al mío y se atrevía a dormir en mi cama cuando yo no estaba. Cuando se firmó el divorcio, hubo una orden del juez que establecía que él se tenía que salir de la casa, pero no lo hizo en todos esos años. Su pretexto era que como él pagaba la hipoteca del departamento, le pertenecía y por ello tenía derecho a quedarse, y siempre decía que en todo caso, los que teníamos que salirnos éramos mi mamá, mis hermanos y yo. Muchas veces llegué a pensar que es un enfermo mental y que necesita ayuda urgente. Mi mamá le había propuesto un trato en el que ella no le exigiría ninguno de sus bienes (la casa de Veracruz que se está cayendo a pedazos, y sus coches que también se están cayendo a pedazos), y que además absorbería la deuda de la hipoteca, pero mi papá nunca aceptó. O sea, ¿qué tan enfermo tienes que estar, que con tal de joder la existencia ajena no aceptas un trato que te beneficia económicamente? A ese grado él lo estaba, o está.
Todo eso cambió el día de la audiencia con el juez, a principios de mayo de este año. Lo que sé, es que en esa ocasión sus abogados no llegaron a la audiencia. Nadie sabe qué pasó, nunca le avisaron que no podrían ir y él no pudo comunicarse con ellos, lo que le dio una gran ventaja a mi mamá para ganar la audiencia, de tal forma que a mi papá no le quedó otra opción más que él mismo establecer la fecha en que se saldría. Un escribano redactó el documento que después ambos tuvieron que firmar y en caso de que él incumpliera, mi mamá podría proceder otra vez, con consecuencias peores para él. Y como no hay plazo que no se cumpla, por fin llegó el día, a mediados de junio. Después de eso, mi mamá pidió unos días de vacaciones para hacer limpieza y cambiar las chapas. Yo renuncié a mi empleo por razones que contaré en la siguiente entrada, aunque una de ellas era para vigilar que mi papá no entrara a escondidas a la casa mientras no había nadie y llamar a una patrulla en caso de ser necesario. Ya sé, se escucha horrible, pero no había otra salida. Afortunadamente, eso nunca sucedió.
Bueno, eso es en lo que respecta a la terrible relación entre ellos. En cuanto a mí, es difícil. Decidí cortar lo más posible los vínculos con él, porque también me hizo mucho daño. Y tengo sentimientos encontrados porque pues, tengo buenos recuerdos, especialmente de uno de los últimos viajes a Veracruz, pero por otro lado, también recuerdo el daño que me hizo y que aunque una parte de eso ya está sanado, aún me cuesta trabajo. Terminar una relación dañina no es tan difícil cuando se trata de un extraño, ya sea de amistad, de pareja, de trabajo, etc. Pero cuando es alguien de tu familia cercana, alguien con quien prácticamente has convivido toda tu vida casi 24/7, duele distinto y duele mucho… pero al final sabes que te alejas por tu propio bien, por tu bienestar y por tu salud mental.
Sólo tengo una canción para describir ese sentimiento, la pongo a continuación (no hagan caso al video):
Lo único que espero es que mi papá no se arrepienta de sus malas decisiones cuando ya sea muy tarde.
Una de las razones por las que dejé de escribir fue por la primita chismosa que un día vino a leer y malinterpretó cierta entrada que publiqué, donde me hablaba de que «madurara y fuera responsable» (cuando ella ni siquiera le cambiaba los pañales a su propio hijo). Incluso, eso dio pie a que muchas veces me guardara sentimientos difíciles que únicamente podía sacar por aquí, mi propio espacio, y evitara escribir sobre ello. ¿Cómo es posible que le haya dado tanta importancia a esa estúpida? No lo sé, pero tampoco volveré a censurarme.
Esos ya son tiempos muy lejanos y probablemente ya no se acuerde de mi blog. O eso espero.
Tengo tantas cosas qué contarles. La primera, y que tiene que ver con este tema tan difícil de la familia paterna, es que mi papá por fin ya se salió de la casa después de cinco años del divorcio. ¡Cinco años! ¿Se imaginan? Cinco años en los que la convivencia con él era dañina, tóxica. Nos hacía la vida pesada a todos. Como estudió psicología, sabe perfectamente cómo manipular a las personas y crearles sentimientos de culpa por cualquier cosa. En serio. Todo el tiempo, todos en casa estaban peleados o de malas. Invadía los espacios ajenos, se metía a escondidas al cuarto de mi mamá y a veces hasta al mío y se atrevía a dormir en mi cama cuando yo no estaba. Cuando se firmó el divorcio, hubo una orden del juez que establecía que él se tenía que salir de la casa, pero no lo hizo en todos esos años. Su pretexto era que como él pagaba la hipoteca del departamento, le pertenecía y por ello tenía derecho a quedarse, y siempre decía que en todo caso, los que teníamos que salirnos éramos mi mamá, mis hermanos y yo. Muchas veces llegué a pensar que es un enfermo mental y que necesita ayuda urgente. Mi mamá le había propuesto un trato en el que ella no le exigiría ninguno de sus bienes (la casa de Veracruz que se está cayendo a pedazos, y sus coches que también se están cayendo a pedazos), y que además absorbería la deuda de la hipoteca, pero mi papá nunca aceptó. O sea, ¿qué tan enfermo tienes que estar, que con tal de joder la existencia ajena no aceptas un trato que te beneficia económicamente? A ese grado él lo estaba, o está.
Todo eso cambió el día de la audiencia con el juez, a principios de mayo de este año. Lo que sé, es que en esa ocasión sus abogados no llegaron a la audiencia. Nadie sabe qué pasó, nunca le avisaron que no podrían ir y él no pudo comunicarse con ellos, lo que le dio una gran ventaja a mi mamá para ganar la audiencia, de tal forma que a mi papá no le quedó otra opción más que él mismo establecer la fecha en que se saldría. Un escribano redactó el documento que después ambos tuvieron que firmar y en caso de que él incumpliera, mi mamá podría proceder otra vez, con consecuencias peores para él. Y como no hay plazo que no se cumpla, por fin llegó el día, a mediados de junio. Después de eso, mi mamá pidió unos días de vacaciones para hacer limpieza y cambiar las chapas. Yo renuncié a mi empleo por razones que contaré en la siguiente entrada, aunque una de ellas era para vigilar que mi papá no entrara a escondidas a la casa mientras no había nadie y llamar a una patrulla en caso de ser necesario. Ya sé, se escucha horrible, pero no había otra salida. Afortunadamente, eso nunca sucedió.
Bueno, eso es en lo que respecta a la terrible relación entre ellos. En cuanto a mí, es difícil. Decidí cortar lo más posible los vínculos con él, porque también me hizo mucho daño. Y tengo sentimientos encontrados porque pues, tengo buenos recuerdos, especialmente de uno de los últimos viajes a Veracruz, pero por otro lado, también recuerdo el daño que me hizo y que aunque una parte de eso ya está sanado, aún me cuesta trabajo. Terminar una relación dañina no es tan difícil cuando se trata de un extraño, ya sea de amistad, de pareja, de trabajo, etc. Pero cuando es alguien de tu familia cercana, alguien con quien prácticamente has convivido toda tu vida casi 24/7, duele distinto y duele mucho… pero al final sabes que te alejas por tu propio bien, por tu bienestar y por tu salud mental.
Sólo tengo una canción para describir ese sentimiento, la pongo a continuación (no hagan caso al video):
Tiziano Ferro – A mi edad
Lo único que espero es que mi papá no se arrepienta de sus malas decisiones cuando ya sea muy tarde.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
DAMN,
XXIM RESPONDE
2 comentarios:
01 junio 2016
Resumen tardío del 2015, parte 2: Manuel.
Manuel.
Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.
Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.
Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3
Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.
Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.
Una semana después del inesperado mail de Zam, que además me provocó sentimientos encontrados, conocí a Manuel.
Según yo, me había prometido a mí misma que nunca más volvería a salir con alguien de twitter, Según yo, aún no estaba lista para iniciar una relación y menos después de lo que había pasado con Octavio, Héctor y el estúpido de Roberto. Según yo, no quería conocer a nadie. Por eso es que siempre debes tener cuidado con lo que dices, porque cuando menos lo esperas, te ves a ti mismo retractándote.
Y así fue. Manuel ya me había dicho que vendría aquel fin de semana de Morelia, su ciudad, a la CDMX (¿wtf con estas iniciales?), a ver a un proveedor, o algo así, y que tal vez podríamos vernos para desayunar. Llegó el sábado en la mañana, nos vimos en los torniquetes del metro Buenavista y fuimos a desayunar. La idea era sólo desayunar, pero después fuimos a dar la vuelta al centro comercial, platicamos un rato y después entramos a jugar hockey de mesa. Luego llegó la hora de la comida y fuimos por hamburguesas. A media tarde fue a dejarme a casa porque después de ahí iría a un bar con su hermana y, creo, a una tipa que quería con él o algo así, pero nunca se dio —no me pregunten, a la fecha no tengo muy claro qué pasó con la mujer en cuestión que resultó ser una loca—. Antes de irse, le marcó a la mujer loca para preguntarle dónde la vería, pero nunca le contestó. Entonces me preguntó si quería acompañarlo, jaja, y le dije que sí. Quedamos de ver a su hermana y a un amigo de ellos cerca del bar. Llegamos al lugar y pasamos algunas horas bebiendo, platicando y tomándonos algunas selfies. Cuando salimos del bar hacía frío y estaba lloviendo un poco, así que Manuel se quitó su sudadera y me la prestó. :3
Al día siguiente me marcó temprano para preguntarme si quería ir a comer con él antes de regresarse a Morelia. La verdad es que no estaba segura porque me sentía mal y me dolía la cabeza, pero de todas formas no perdía nada con ir y la había pasado muy bien el día anterior, así que empecé a arreglarme para verlo. Pasó por mí y fuimos por ensalada. Antes de irse, fue a dejarme a mi casa y cuando nos estábamos despidiendo, ¡me robó un beso! Él dice que no, que fui yo, pero no le crean, fue él. A la mitad de su trayecto de regreso a Morelia, me estuvo mandando algunos mensajes, en los que me decía que también se había divertido mucho y que le gustaría seguir viéndome. También me dijo que me veía muy guapa ese día.
Y así fue como empezó nuestra relación a distancia, a los dos días de conocernos. Ya estamos a pocos días de cumplir un año y en serio no me la creo, es la primera vez que duro tanto tiempo con alguien y estoy muy feliz.
Resumen tardío del 2015, parte 1: El caos.
Uf, damn 2015, qué año. Sé que otra vez me desaparecí mucho tiempo y ahora que regresé, pensé primero en escribir un post por cada día relevante, pero la verdad es que fueron tantos que mejor decidí escribir el resumen de todo lo que dejé sin concluir y extenderme un poquito más en un par de asuntos más importantes. Vaya que la segunda mitad del año fue vertiginosa.
El resumen
Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.
Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.
Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.
Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.
Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.
Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.
Así fue la primera mitad de mi 2015.
El resumen
Perdí todo el contacto con Héctor. Con el transcurso de un par de meses me quedó muy claro que no había nada qué hacer ahí. Al principio estaba muy confundida, pero entendí que cuando una persona no demuestra el mismo interés en ti que el que tú tienes por él/ella… pues es porque te pasas de ingenua (¡mensa!), y lo único que te queda es salvar lo poquito que te quede de dignidad alejándote.
Con Javier tampoco volví a hablar, pero fue porque me desesperó su necesidad de atención: se la pasaba subiendo selfies y hablando de necesitar otro corte de cabello ¡a una semana de haberse hecho uno! Sé que suena políticamente incorrecto lo que diré, pero, a veces se portaba más señorita que yo, con dramas incluidos. No. Bye.
Arreglé el malentendido que había tenido con Valeria y ahora que lo pienso con calma, admito que lo hice más grande de lo que era; en realidad no tenía tanta importancia. Pero vamos, nada es más fuerte que una amistad de 13 años y un par de cervezas. Y yo debo dejar de ser tan dramática.
Conseguí empleo. Aunque me gusta lo que hago, hay veces que lo percibo monótono y siento que empiezo a estancarme. He aprendido mucho, sí, y a pesar de que aún no me siento preparada para salir del nivel de trainee, creo que ya es tiempo de hacer un salto. Nunca se está preparado para los cambios, pero si no se hacen, te pudres porque te estancas. Embrace the change.
Zam me escribió un mail que nunca le respondí. Por más veces que lo leí, no logré entender cuál era su verdadera intención, aunque me pareció que tenía algo de culpa por… no sé, tal vez por la manera en que terminó la relación. Decía que quería retomar el contacto y, creo, entablar amistad. Me contó que tiempo atrás, después de cortar, había tenido un problema con su cuenta de twitter en donde supuestamente una persona se filtró y le borró followings; yo, entre varios de ellos. Yo pensé que había cortado tajantemente y le correspondí el unfollow. Entonces, al final del mail, hacía una comparación muy burda mencionando que volvería a seguirme en twitter con la sensación de hacerlo también en la vida real convencido de que, si algún día nos encontrábamos de nuevo, nos saludaríamos con cordialidad. O algo así. Es difícil describirlo, espero haberlo hecho bien.
Conocí a los mejores amigos de Dulce (Dulces), la mejor amiga de Zam. Cuando terminó su maestría en Alemania, Dul regresó a México a pasar las vacaciones de verano y a hacer un mega festejo todo un fin de semana: celebraba el fin de su maestría y el inicio de su doctorado; su cumpleaños y el fin de la licenciatura de su hermano. La fiesta fue una comida y campamento en el pueblo de su mamá, en una comunidad tan lejana en medio de la carretera a donde no llega ni la señal de celular, pero con paisajes hermosos. Los sopes que nos prepararon para el desayuno del domingo estaban hechos con masa de maíz recién cosechado, ¡wow! Unas semanas después, Dules volvió a convocar a otras reuniones más pequeñas, pero en ninguna vi a Zam. Y no quería.
Así fue la primera mitad de mi 2015.
hablo de:
ABOUT FEELINGS AND MEMORIES,
ALAN Z.,
ATTITUDE,
DAMN,
HÉCTOR,
JAVIER
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